Capítulo 2 de 3
Para conseguir lo que quieres, tienes que esforzarte para demostrar que eres digna de ello.
Zoé
— Recuerda, de tu victoria depende si te muestro lo que tanto quieres saber, mi pequeño diamante— me dice Jared masajeando mis hombros.
A mi izquierda Ethan me ofrece agua desde un popote. No lo rechazo y bebo un trago para luego escupirlo en un recipiente.
La adrenalina recorría mi cuerpo, mis brazos temblaban y mi abdomen me dolía horrible, pero al menos mi rostro estaba casi intacto.
O al menos por el momento.
Respiro profundo tratando de dejar de lado el ardor y dolor que sentía.
No he parado de recibir golpes y aunque he logrado cubrir y responder varios, el cuerpo me empieza a pasar factura.
Cierro los ojos un momento. Debo concentrarme en encontrar una oportunidad para ganar.
— ¿Estas lista?— pregunta Ethan.
Asiento con la cabeza y abro los ojos.
Me ayudan a levantarme y luego salen del cuadrilátero dejándonos a solas para seguir la pelea. Ambas íbamos empatadas en los puntajes de cada round y este sería el que definiría todo, tanto el ganador de este encuentro y si soy digna para que Jared me muestre su mundo.
Me coloco en posición, lista para recibir una nueva rafaga de golpes y responderlos.
Carol hace lo mismo, acompañada de su mirada asesina que siempre la ha caracterizado. Y aunque sea mi mayor rival aquí, tengo que admitir que siempre la he admirado.
La campana suena y comenzamos con el último round.
Comenzamos a caminar alrededor del cuadrilátero sin despegar la mirada de la otra, esperando a ver quien da el primer golpe.
En un parpadeo ella acorta la distancia apuntando su puño hacia mi abdomen, pero soy mas rapida y logró cubrirlo con mi brazo.
El impacto duele, pero deja al descubierto parte de su abdomen y su rostro.
Aprovecho la distracción y yo soy quien le asesta un golpe en el costado del abdomen.
Un quejido ahogado escapa de sus labios.
Me muevo rápido para darle otro, pero reacciona rápido y vuelve a tomar distancia.
Vuelvo a cubrir mi rostro y al instante, soy yo quien se abalanza hacia Carol.
Los primeros golpes que logró darle, logra detenerlos, así que dejo de apuntar a su abdomen y estómago y pasó a su rostro.
Logro darle el primero, pero el segundo lo detiene y yo soy quien recibe uno en el estomago sacandome todo el aire.
Doy unos pasos atrás, pero ella me sigue y continúa golpeando mi abdomen.
Logro despegarme de ella y ocupó esos segundos para recuperar distancia. Mi mirada sube hacia ella, tratando de analizar su siguiente movimiento.
Su patrón es fácil de aprender, siempre la he analizado. Empieza con el puño izquierdo por ser zurda, pero tiene mayor fuerza en la derecha, así que si no sabes ese dato, el golpe te agarra de sorpresa; siempre golpea de frente y no sabe moverse para ganar terreno, lo que para mi es una gran ventaja.
No la pienso dos veces y vuelvo a lanzarme sobre ella. No puedo permitirme perder tiempo en espera de que ella sea quien se lance a mi.
Uso mi puño izquierdo como distracción en esta ocasión. Su concentración es desviada justo al puño en que quería y lo cubre con ambos brazos, pero su brazo izquierdo no cubre todo perfectamente.
Si se hubiera tomado el tiempo en analizarme antes, sabría que soy diestra y no zurda como ella como para distraerse en el brazo equivocado.
Perfecto.
La escena de mi puño volviéndose más fuerte invade mi mente. Siento como vibra y se refuerza.
Al siguiente instante, mi puño se encuentra contra su estómago aprovechando el hueco que dejaba su brazo.
Escucho como el aire escapa de sus pulmones, se tambalea pero no cae. Así que le doy otro en el rostro y esta vez da unos pasos hacia atrás.
Sonríe de lado mientras recupera aire y su mirada se oscurece.
Se va a descontrolar, ya lo he visto hacerlo contra otros. Ese gesto significa peligro, porque no mide su fuerza, solo ataca hasta dejarte inconsciente en el suelo.
Trago saliva y doy unos pasos atrás.
En un parpadeo aparece frente a mí y su puño impacta de forma brutal mi estómago.
El aire escapa de mi cuerpo y mi equilibrio se debilita.
Otro golpe impacta mi rostro y mi vista se vuelve borrosa.
Doy unos pasos atrás sin dejar de recibir los golpes de Carol y aunque intente protegerme de ellos, no soy lo suficientemente rápida como para cubrirme de todos, sobre todo el rostro donde ahora se desquita.
Adiós a mi bello rostro…
Pierdo el equilibrio y finalmente caigo de culo quedando contra la red.
Mi vista se vuelve borrosa y escucho todo como si estuviera lejos, como si me encontrara detrás de una cabina y se escuchara todo borroso.
Siento un líquido frío recorrer mi mentón.
Recupero mi vista unos segundos después.
Carol está levantando el puño asegurando su victoria.
Mi mirada pasa a Jared y los otros chicos.
Están gritando algo, pero no logro entenderles. Respiro profundo tratando de aclarar mis oídos.
— ¡Todavía puedes ganar!
— ¡Levántate, aún queda tiempo!
— Libera tu potencial, pequeño diamante.
No logro escuchar con claridad lo que me gritan, pero mi concentración se queda en esa última voz, la única que escucho con claridad.
Volteó a ver el reloj.
Quedan 30 segundos, la campana aún no suena. Aún no es tarde.
—¡Eres más de lo que crees!, así que ¡levanta tu culo del suelo y demuestra lo que eres!!
El grito de Jared me hace volver en mí.
Tiene razón, soy más de lo que estoy demostrando ahorita.
Me levante aun tambaleándome. El silencio de varios de los presentes invadió el lugar.
Carol giró hacia mí con un rostro de seriedad y sorpresa.
— Vaya… eres la primera en lograr levantarse después de eso.
— Y la primera que te derrotara— mi voz sale con dificultad.
Una risa burlona adorna su rostro y me hace un gesto con la mano para que me acerque.
Sonrió de lado y me pongo en posición. Me siento más débil de lo normal, pero no puedo dejar que eso me afecte.
Esa victoria debe ser mía.
La imagen de mi cuerpo reforzandose por completo inunda mi mente y con ello, mi cuerpo empieza a vibrar, como si me recargará de energía.
— No lograrás ni…
Me muevo rápidamente y de un golpe en el rostro la callo.
No cae al suelo pero da varios pasos hacia atrás tambaleándose mientras posa su puño sobre su mejilla, tratando de asimilar lo que pasó.
No la dejo recuperarse y voy hacia ella.
Otro golpe en el rostro, otro en el costado, otro en el estómago. Repito lo mismo que me hizo ella hace unos segundos.
Me apropió de su técnica con la que me mandó de culo al suelo.
Le doy varios golpes repetidamente sin darle oportunidad de respirar, mientras que ella trata de cubrir cada golpe sin conseguirlo en la mayoría.
Hasta que el árbitro —que es nuestro entrenador— nos separa y doy varios pasos hacia atrás.
Carol, quien lucía fuerte, finalmente cae de rodillas colocando una mano en su pecho y se escucha como busca aire desesperada.
Miro el reloj.
3… 2… 1…
Y entonces, la campana se hace escuchar.
El entrenador se acerca a mí tomando mi puño y levantándolo.
— Nuestra nueva campeona: Zoé— exclama el entrenador.
Al instante el lugar se llena de gritos, algunos exigiendo que sea Carol la campeona, otros solo aplaudían, pero los gritos que más se escuchaban eran los de mis amigos.
Estaban como locos.
En eso, subieron al ring y corrieron hacia mí para levantarme como si fuera un trofeo. Cada uno gritaba algo distinto y con el ruido no podía entender bien qué decían, pero una voz a la distancia resaltó entre todos.
—Bien hecho, mi pequeño diamante
Giré por instinto al lugar donde creí escuchar la voz y lo vi. Jared estaba recargado en la pared, con los brazos cruzados, mirándome con una sonrisa de orgullo en su rostro.
Aún podía sentir la adrenalina correr por mi cuerpo; mi puño vibraba por los golpes que había dado y eso que llevaba puestos los guantes, pero a la vez me sentía completa.
Sin dejar de mirarlo le sonreí orgullosa. Luego mi mirada volvió a mis amigos quienes seguían festejando mi victoria.
— ¿Podrían bajarla?— la voz seria de la doctora principal del gimnasio resonó en el lugar haciendo que nos quedemos estáticos en nuestro lugar.
Rápidamente me bajaron los chicos y me empujaron hacia la enfermera como si con eso pudieran evitar su enojo.
Esa doctora tenía algo que hacía que todos la admiraramos y que a la vez sintiéramos cierto miedo a su carácter. Y aunque haya pasado mucho tiempo con ella —debido a que casi siempre salía con alguna herida de las sparrings—, y puedo decir que es todo lo contrario, sigo teniendole miedo.
Era ya grande, con pelo castaño; su mirada pasaba sobre nosotros y siempre nos estaba analizando.
Es increíble.
— Carol—se dirigió a ella primero —, ¿te puedes levantar?
Ella asintió poniéndose con dificultad de pie y su respiración se encontraba ya regulada.
La doctora asintió y luego giró hacia mi.
Su mirada me recorrió de arriba a abajo y solo asintió con la cabeza.
Se dio la vuelta e hizo una seña para que la siguiéramos.
Le sonreí a mis amigos y caminé detrás de ella al igual que Carol.
Podía escuchar como respiraba con rabia y sus pasos eran pesados. Estaba realmente enojada.
Llegamos a la enfermería y nos atendió como si nada.
A Carol le colocó una venda alrededor de todo su abdomen, mientras que a mí solo me desinfectó la cortada del labio. Cuando salimos, la última pelea ya había terminado.
Salí con los chicos de ahí y cada uno tomó su camino a su casa. Solo quedabamos Jared, Ethan y yo.
Cuando llegamos a una calle bastante conocida para mí decidí seguir por mi cuenta hacia mi casa.
— Adiós chicos— dije haciendo un gesto con mi mano y me di la vuelta para irme.
— Espera— Jared me tomo de la manga de mi sudadera evitando que me fuera.
Me gire a él sin entender ese gesto.
— ¿Pasa algo, Jared?
— Toma— dijo tomando mi mano y dejando una caja en ella —. Ábrela al rato en tu casa, ¿entendido?
Siento cómo mi corazón se acelera. Mire la caja, era pequeña y envuelta con un papel violeta.
Luego miré a Jared confundida. ¿Qué significaba esto?
— ¿Qué…?
— Solo ábrelo en tu casa— me pide y se da la vuelta poniendo una mano sobre el hombro de Ethan.
— Okey… nos vemos— dije al final y me gire tomando mi camino hacia casa.
Pero durante todo el camino no pude dejar de ver la pequeña caja que me había dado. Era ligera y pequeña, y además, estaba envuelta con un papel de mi color favorito.
Me encanta que noten esos detalles de mi.
Llegando a mi casa, lo primero que hago es ponerme el pijama y tirarme sobre mi cama. Tomé la pequeña caja que me había dado Jared y le quité el papel que la envolvía.
Era una caja blanca, sin etiqueta alguna o algo escrito.
La abrí encontrándome con un celular y lo saque con cuidado.
Se veía nuevo, no tenía ningún rayón o algo roto. Lo encendí, pero no se prendió como si fuera nuevo.
No, alguien ya lo había programado.
El primer problema que encontré cuando prendió fue: pedía una maldita contraseña que nadie me dio.
Suspiro frustrada tomando la caja donde venía. Debía tener algo escrito sobre cómo desbloquearlo.
Siempre había sido así con Jared. Desde que lo conocí, parecía disfrutar ponerme pequeños desafíos frente a mí. Nunca me decía directamente qué esperaba que hiciera; simplemente dejaba las piezas frente a mí y esperaba a que yo descubriera cómo unirlas.
Y, por alguna razón, me encantaba.
Aunque a veces quisiera golpearlo.
Comienzo a analizar la caja buscando alguna nota o algo escrito dentro, pero no encuentro nada.
Frustrada, aviento la caja haciendo que golpee contra la pared, mientras que yo me hago bolita en mi cama.
Cómo quiere que adivine la clave de un celular si no me da tan siquiera una pista…
Miro la caja como está tirada de lado y con ayuda de la luz de mi habitación, las sombras de unos relieves en lo profundo de la caja mostraban que había algo más.
Como si hubieran escrito algo ahí sin dejar la tinta.
Me levanté de golpe de mi cama y tomé rapido la caja. Comienzo a jugar con la luz y en efecto, había algo escrito ahí.
¿Y si…?
Tome un lápiz de mi escritorio y empiece a dibujar por toda la caja.
Finalmente se hizo visible mis sospechas. Aparecieron 4 números en la caja y ahora sí se veía con claridad.
— Los cuatro dígitos que necesito para desbloquearlo— susurre con felicidad entendiendo su significado.
Tome el teléfono e ingrese los dígitos.
— Dos, seis, cero, nueve…— susurro cada dígito conforme lo voy ingresando.
Se desbloquea y sonrio victoriosa. En la pantalla principal sólo estaba puesta una aplicación.
La aplicación de notas.
La abro sintiendo la curiosidad recorrer mi mente y mi cuerpo.
Solo hay una nota guardada. La abro.
Probablemente te preguntes por qué te di este teléfono y por qué no te di la clave también.
La respuesta es sencilla. Solo necesitaba hacerte una prueba bastante sencilla, como las otras que ya te había hecho, para confirmar que realmente serás capaz de hacer todo sin dificultad estando ya dentro y una vez que conozcas todo.
Si lograste llegar hasta esta nota, quiere decir que no me equivoqué contigo. Realmente eres increíble y sé que podrás con todo lo que estoy a punto de presentarte.
Así que, felicidades.
Paso por ti mañana a las 6 de la tarde.
Hasta mañana, mi pequeño diamante.
Nota: Este teléfono es para ti. A partir de hoy, esta será nuestra única forma de contacto para nosotros y para el resto de las personas que te presentaré. Eso no quiere decir que ya no podamos hablar por otros medios, pero para muchos temas será mejor utilizar este. Mañana te explicaré todo con calma.
Atte. Jared.
Leo la nota una y otra vez.
No puedo evitar sentirme orgullosa, pero una parte se encuentra nerviosa y con una curiosidad insaciable
¿Otras personas?
Hasta ahora solo me había presentado a Ethan y Christian, y una que otra persona por ahí. Pero juraba que su círculo más cercano eran ellos y por su forma de ser —serio en muchas ocasiones— no creía que tuviera más personas con quien se relacionara.
¿Estar dentro? ¿Dentro de que Jared?
— ¿Qué demonios planeas Jared?— susurro.
Dejo escapar una pequeña risa y me dejo caer de espaldas sobre la cama.
No negaré que amo tus incógnitas, Jared. Pero siempre que lo haces me dejas pensando sobre qué planeas o que esperabas conseguir poniendome a prueba.
Y por primera vez en mucho tiempo, tengo la sensación de que algo está a punto de cambiar.
No sé qué.
No sé por qué.
Cierro los ojos y dejo que me invada el cansancio. Necesito recargar energías para lo que sea que me espere mañana.
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