Capítulo 1 de 3
Hay cosas que deben estar ocultas. Cosas que nadie debe de saber que existen.
Eso fue lo que hice. Esconderla para que nadie sepa de su existencia.
El llanto de un bebé robó mi atención. Me giré hacia la enfermera y caminé lentamente hacia ella. Sostenía un pequeño bulto que no dejaba de llorar.
— Es una pequeña muy saludable— susurra la enfermera sin soltarla, aún la estaba limpiando.
Mi mirada pasó automáticamente hacia la bebé. Mi bebé.
Su cuerpo era pequeño, sus ojos estaban cerrados y no dejaba de llorar. Se veía tan frágil y a la vez tan linda…
—¿Puedo… cargarla?— mi voz sale cortada, trago saliva despacio sin dejar de verla.
La enfermera asiente y me ayuda a cargarla. Cuando la sostengo firmemente entre mis brazos mi respiración se corta, la bebé se calma y mis lágrimas amenazan con salir. Finalmente me siento completo, tengo todo lo que había deseado: una esposa, un lugar al que puedo llamar hogar y ahora… mi bebé.
Mi bebé… no… no es mi bebé.
La semilla será mía, la mujer que la ha parido es mi esposa, mujer a la que he amado desde hace 9 años, pero… lo que me obligaron a hacer… quita lo que también debería ser 100% mío…
Nos quedamos 5 días más en el hospital después de que naciera nuestra bebé. No la podíamos tener lejos, su cuna estaba en la misma habitación de mi esposa. Perderla sería lo peor, no solo por el dolor que llevaría a nosotros, sino por la razón de su existir…
—Amor…— la voz frágil de mi esposa me hizo salir de mis pensamientos —No quiero…
— ¿No quieres qué amor?— respondí dejando el libro que fingía leer de lado y mi vista fue hacia ella. Lo último que rondaba en mi cabeza era como mantenerlas a salvo de todo, pero por fuera debía fingir que todo estaba bien para que nadie sospechara y ella se pudiera sentir tranquila.
— Entregarla…— una lágrima recorrió su mejilla. Llevé mi mano a su rostro para limpiarle la lágrima.
Alejó su rostro al momento en que mi mano la toco y se levantó hacia nuestra bebé que yacía dormida en la cuna, la tomó y la cargó en sus brazos, aferrándose a ella.
— Dime que podemos alejarla de todo esto… — su voz entrecortada hizo que mi pecho se apretara.
— Amor…
— ¡Dime que podemos!— su grito me dejó paralizado en donde me encontraba —Podemos crearnos una nueva identidad… una nueva vida…
— Ellie… sabes que si lo hacemos, ellos no dejarán de buscarnos y cuando lo hagan… la van a utilizar para lo que fue hecha…
— Daría mi vida por ella…
— Y yo la mía…
Me acerqué a ambas y coloqué una mano sobre la cabeza de nuestra bebé.
Alejarla de todo esto es lo que más deseo, pero cuando noten que nos fuimos junto con la bebé no tardarán en buscarnos y en cuanto nos encuentren todo estará acabado.
Pero… es un riesgo que estoy dispuesto a hacer, daría mi vida para que ellas dos pudieran vivir una vida tranquila, una vida normal…
— Mañana por la mañana nos iremos, no le diremos ni a las enfermeras… — mi voz salió segura y sin pensar, lo que la hizo levantar su mirada hacia la mía —hagamos nuestra propia familia lejos de todo.
— Edgar… — pronunció mi nombre con aquella voz tan suave que me encanta y una sonrisa acompañada de lágrimas adornó su rostro.
Sin pensarlo las envolví en un abrazo, tratando de transmitirles la tranquilidad de una nueva vida, tratando de convencerme a mí y a ellas de que aún era posible tener una vida normal.
Al otro día logramos nuestro propósito, nos fuimos sin levantar sospechas en el hospital y nos dirigimos a una nueva vida.
Los primeros años fueron difíciles, cambiamos de ciudad varias veces porque ninguna se sentía realmente segura para nuestra bebe. Pero con los años logramos crear una nueva identidad y encontramos un nuevo lugar donde vivir en otro país, un lugar donde nadie preguntaba de más o lucia sospechosa.
Y así pasaron 20 años desde aquel día, nuestra hija ahora es una jovencita que empieza a explorar el mundo de manera distinta. Solo espero que esta paz pueda mantenerse por siempre en su vida.
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