Capítulo 3 de 3
Todos tenemos dos caras: las que le mostramos a los demás y la original. Pero hay quienes tienen más de dos y una de ellas puede ser peor de lo que imaginas.
Zoé
— ¿Lista, pequeño diamante?— me pregunta Jared mientras caminamos a la salida de mi casa.
Jared había llegado diez minutos antes de lo que mencionó en la nota y cuando supo que había logrado descifrar con éxito su nuevo reto, sonrió orgulloso.
Mi pecho se apretó de felicidad en ese momento. Siempre me había gustado la sensación de saber que otra persona está orgullosa de mí, que estén felices de que pude lograrlo.
Después no dijo nada, solo un “hay que irnos”. No se a que se deba que traiga tanta prisa ahora, pero no le cuestiono nada y lo sigo.
— ¡Regreso al rato!— les gritó como de costumbre a mis padres antes de salir.
— ¡Con cuidado!— responden al unísono.
Sonrió y ambos salimos de mi casa.
— Si es que regresas— Jared me susurra junto al oído provocandome un escalofrío.
¿Qué demonios planea? Claro que regresare.
Sonríe y comienza a caminar metiéndose entre calles, mientras que yo lo sigo, tratando de ir a su misma velocidad. El hecho de que él mida como 30 centímetros más que yo, le da una gran ventaja cuando caminamos.
Seguimos por unos minutos y Jared se detiene junto a una moto deportiva color negro, con dos cascos sobre ella.
De seguro también se le hizo hermosa.
Paso por su lado ignorando la moto. Pero al voltear de reojo veo a Jared tomar los cascos de la moto con total confianza.
Me regreso rápido y lo enfrento.
— ¿Qué carajos crees que haces?— le reprendo cuando estoy a su lado.
— Amm… ¿tomar lo que te pondrás quizás?— habla mientras me extiende el casco.
Me niego a tomarlo empujando el casco con la mano.
— Ni siquiera es tu moto para que tomes las cosas con tanta confianza— le recuerdo —. Ahora vámonos antes de que crean que somos delincuentes y nos metan a la cárcel.
Estoy segura que no es su moto como para que tome las cosas como si fueran suyas. Ni siquiera existe probabilidad de que tenga moto o carro, él me había contado hace tiempo que no sabe manejar.
Así que debe ser otra de sus pruebas, últimamente me hace muchas, así que esta vez no caeré.
Jared suelta una carcajada.
— ¿Quién dice que no?— se atreve a cuertionarme en cuanto logra controlar su risa.
— Yo— me mantengo firme en lo que digo y lo que dice mi lógica.
— Pues estás muy equivocada en esa parte.
— ¿Cómo voy a estar equivocada en esa parte? Tú mismo me lo contaste.
— Solo toma el casco ¿quieres?— su voz adquiere un tono molesto y a la vez autoritario.
Abrí la boca para seguir discutiendo esta parte, pero no me atrevo y la cierro tragándome mis palabras.
Suspire rendida y tomé el casco aun sintiéndome desconfiada de esto.
Nos meterán a la cárcel por su culpa.
Sin decir nada, Jared toma el otro casco y se lo pone. Sube a la moto y gira hacia mí.
— ¿Mucha sorpresa, mi pequeño diamante?
Ese comentario me hizo darme cuenta de lo tenso que tenía la mandíbula y como mis nudillos ya se habían tornado blancos de lo fuerte que apretaba el casco
Juraría que me está mirando, pero no puedo comprobarlo por el casco que le cubre todo el rostro.
— Tranquila, es mi moto— confiesa —, ahora… Ponte el casco y sube— ordena acomodándose en la moto. Su voz suena más tranquila y sin tanta molestia como hace unos momentos
Aun así me niego a moverme, mi cabeza es un torbellino de preguntas en este momento.
Él me había contado que no sabía manejar ni tenía moto y ¿ahora me sale con que me mintió en eso?, ¿por qué demonios me lo ocultaría?
— ¿Desde cuándo tienes moto?— la pregunta sale de mis labios antes de pensar tan siquiera si era bueno preguntarle.
— Desde los 17 años… - responde poniéndose unos guantes —, pero aprendí a manejar una desde la secundaria.
Desde los 17 años… Jared tiene 24 ahorita… eso quiere decir que lleva 7 años manejando su propia moto y nunca me contó, es más, me mintió diciéndome que no sabía y que alguna vez quisiera aprender.
Maldito mentiroso. Hombre tenías que ser Jared.
— ¿Por qué nunca me…?
— Te entro tu lado preguntona eh— me interrumpe y cierro la boca al momento —. Cuando veas todo tal vez lo entiendas, ahora solo sube, ¿okey?
Me trago las preguntas que invaden mi mente y bajo la mirada hacia el casco.
Es de una tonalidad azul oscuro, con unas franjas negras. Muy Jared, para ser sinceros.
Me lo pongo a como Dios me da a entender y subo con algo de dificultad a la moto. Es la primera vez que subo a una y no sé ni de dónde debo agarrarme durante el trayecto.
Pasa sus manos hacia mí haciéndome señal de que pusiera las mías contra las suyas. Cuando las pongo, cierra sus manos contra las mías y las pasa hacia adelante, dejándome en una posición donde lo abrazo por detrás.
— Agárrate fuerte y no te sueltes— dice soltando mis manos.
Le hago caso y me sostengo de él con la poca fuerza que soy capaz de tener en estos momentos.
Arranca la moto y por instinto cierro los ojos aferrandome al cuerpo de Jared.
El sonido de la moto encendiéndose inunda mis oídos.
La vibración de la moto se refleja en mi cuerpo.
Cuando finalmente nos ponemos en movimiento, puedo sentir cada curva que toma. Se siente suave, delicado, no es tan horrible como creía.
Jared es realmente bueno manejando una moto.
Aunque había momentos en que sentía se me subía el estómago.
Pero a pesar de confiar en Jared ahora como conductor, no me atrevía a abrir los ojos.
— Abre los ojos y mira a tu alrededor— dice Jared como si supiera que los llevará cerrados —. Sé que te gustará.
— ¿Y si no?— pregunto aún desconfiada.
— Sé que te gustara, pequeño diamante. Confía en mí.
Respiro hondo y decido hacerle caso.
— Lo hago desde ese día… — susurro esperando que no me escuchara.
Abro los ojos y miro a mi alrededor.
Toda la ciudad aparece frente a mí de una manera que nunca la había visto antes. Pasa borroso, pero a la vez hay mucha luz y la brisa se siente tan… tan bien… ¿Siempre se había visto y sentido así la ciudad o solo esto lo pueden disfrutar los motociclistas?
Mi mirada y mi mente se pierden, incluso mi agarre en Jared se suaviza, solo disfruto de lo que veo y lo que siento al estar sobre la moto.
Es una especie de libertad que nunca había experimentado…
Me encanta como se siente.
Tengo tantas ganas de levantar los brazos y extenderlos para terminar de disfrutar esta libertad. Pero no puedo hacerlo. Significaría golpearme contra una rama, contra otro carro o, peor aún, contra otro motociclista en donde todas esas posibilidades terminan conmigo besando el suelo. No, gracias. Prefiero seguir viva.
Luego de un rato, Jared toma una ruta por unas calles… feas por así decirlo.
Terminamos deteniéndonos frente a una casa blanca, algo maltratada por fuera.
Pero dentro de mí quiere creer que solo es la fachada.
Siempre dicen eso, ¿no?. No juzgues a un libro por su portada.
Apaga la moto y se quita el casco.
— Baja— ordena sin girar a verme.
La postura de su cuerpo es diferente. Se ve más tenso, serio, como si fuera otro Jared.
Lo suelto para evitar su enojo y, al igual que él, me quito el casco.
— Y… ¿Cómo se baja?
Miro a ambos lados buscando como apoyarme para bajar.
Escuchó un suspiro de resignación.
— De igual forma que como subiste— responde como si fuera lo más obvio y fácil del mundo.
— Nooo, ¿en serio?— digo con sarcasmo.
Se gira viéndome con molestia.
— Okey okey, bajaré— respondo rendida.
Creo que ahorita no tiene paciencia a lo que vaya a decir.
Solo así quita su mirada de mi y quita las llaves de su moto.
Paso una pierna por encima del asiento mientras que la otra lo acerco lo más que puedo al suelo, pero cuando al fin una toca el suelo, se me tuerce y la poca estabilidad que tenía se va al carajo.
Bravo Zoé, él creyendo que ya me podría cuidar cuando me trajera y me caigo de la forma más tonta posible.
Y lo peor, de nuevo de nalgas.
A este paso quedaré sin nalgas de tanta caída así que me doy.
Siento como si todo pasara en cámara lenta. Escuchó el casco golpear el piso, el mundo a mi alrededor se mueve, no he de tardar en ser la siguiente en el suelo.
Cierro los ojos cuando siento que estoy cerca de tocar el suelo.
Pero no pasa, no toco el suelo, pero en su lugar, siento un brazo rodear mi cintura.
Por instinto giro hacia la persona que me sostiene. En cuanto lo veo, mi corazón se acelera y siento como la sangre abandona mi rostro.
Un hombre de complexión grande, con músculos marcados y con unos grandes tatuajes que cubren su brazo, aparece en mi campo de visión. Su rostro refleja ira, sus ojos están ensombrecidos y me mira como si fuera su siguiente presa.
Trago saliva con dificultad, hago un intento de sonrisa esperando que con eso me deje ir.
Pero su mirada se oscurece más y su mandíbula se aprieta.
Hola Dios, soy yo de nuevo.
— Ya puedes soltarla, grandulón— la voz de Jared interrumpe la situación y ambos lo miramos.
Ya se había bajado de la moto y nos observaba con los brazos cruzados.
— ¿Quién es?— le cuestiona el hombre.
Mi mirada vuelve de nuevo hacia el hombre. Mira Jared con un detenimiento y un… ¿brillo de admiración en los ojos?
— Lo sabrás después— es lo único que le responde.
El hombre suspira y al instante me mueve como si fuera una muñeca de trapo elevándome unos centímetros del suelo y me pone de nuevo de pie contra el piso.
Recupero rápido mi equilibrio y me alejo rápidamente yendo a refugiarme con Jared. Me aferro a su brazo y miro al hombre.
Su expresión no cambia, se mantiene serio; pero los músculos de sus brazos lucen más relajados y ese brillo peculiar en su mirada se mantiene.
— Tranquila, no te hará daño— asegura Jared posando su mano sobre la mía —. ¿Verdad, grandulón?— se dirigió al hombre.
— Así es, señor— le responde.
¿”Señor”? ¿Enserio lo llamó “señor”?
— ¿Qué dije de que me llamaran así?— le regaña, el tono de de su voz cambia por completo, se vuelve más autoritaria.
— Lo siento se… Jared— trata de corregirse.
Jared suspira resignado rascándose levemente la cabeza.
— Entra con los demás y avísales que nos vamos, ahora— le ordena.
El hombre asiente sin decir nada y entra a la casa blanca.
¿Irnos ahora? ¿Qué demo…?
— ¿Te molesta si esperamos?— pregunta cambiando su tono de voz.
— No, ningún… problema— logro decir pero mi mente está siendo invadida de muchas preguntas en este momento.
¿A dónde iremos?
¿Por quienes entró ese grandulón?
Pienso en irme, pero también sé que en este punto no me conviene echarme para atrás, primero porque no sé dónde estoy y segundo, la curiosidad me empieza a invadir tanto que necesito saciarla con respuestas.
Fin de la lectura
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