Capítulo 9 de 16
-Señorita White ¿Es posible que pueda comprometerse conmigo?- le pregunto el caballero que estaba en audiencia con ella "a solas".
Aquel era el décimo hombre en las última semana y media que solicitaba una audiencia privada —tan privada como el decoro le permitía a una señorita soltera frente a un caballero— con el único propósito de obtener el permiso para pedir su mano formalmente ante los marqueses y el vizconde. Cualquiera habría pensado que, tras el escandaloso accidente en el lago, la reputación de Adelina se habría visto gravemente perjudicada; sin embargo, el suceso pareció provocar el efecto diametralmente opuesto. Los caballeros de la alta sociedad asumieron erróneamente que el duque, ansioso por ganarse el favor de la joven White, no había dudado en arrojarse al agua para salvar a la niña, exigiendo como obvia compensación su mano en matrimonio y sobretodo como no había abandonado la mansión de los marqueses aquella misma noche debido a la tormenta, la corte dio por sentado que todo el asunto ya había quedado palabreado en la intimidad; en un acto de absoluto desespero, los pretendientes comenzaron a declararse, esperando que ella aceptara a alguno antes de que se hiciera el anuncio oficia.
-Mi honorable señor, considero que aun no lo conozco lo suficiente para dar ese gran paso, espere que lo piense unos días y prometo darle la respuesta a su petición pronto- lo despachó Adelina, utilizando exactamente la misma fórmula cortés y vacía con la que había desarmado a los demás.
-Es perfectamente comprensible, señorita White. No obstante, resulta sumamente grato saber que todavía no existe un compromiso formal que impida una posible unión entre nosotros- acepto el caballero sin resistencia.
Al menos aquel era un caballero sensato; otros hombres habían resultado tan asfixiantes e insistentes en sus pretensiones que solo habían logrado causarle intensos dolores de cabeza. En cuanto el pretendiente abandonó la estancia, Adelina tomó asiento al lado de Marie. En realidad, nunca se había distanciado demasiado de su acompañante ni se había demorado más de la cuenta; ambas se encontraban asistiendo a una cena de gala en la residencia de unos condes, y eran las únicas dos de su círculo cercano presentes en la velada. De Rossie no habían vuelto a tener rastro alguno; Adelina suponía que la muchacha ya debía de estar confinada bajo llave por su madre o huyendo apresuradamente hacia Gretna Green con el único fin de casarse en secreto con el primer idiota cazafortunas que le hubiera recitado dos o tres poemas al oído.
-Estas dos semanas has sido muy solicita- señala Marie mientras bebía un poco.
-Tu también, me entere que te comprometiste esta semana con un coronel de buena familia- le respondió Adelina, esbozando una sonrisa sincera- Felicidades por tus nupcias.
-Es un hombre honorable. Él comprende a la perfección mi carácter y yo asimilo el suyo; se trata de una unión sumamente conveniente. Además, nuestras posiciones en la clase social se encuentran perfectamente niveladas, por lo cual el matrimonio resulta una decisión prudente- le explico sus razones para aceptar a su pretendiente.
-Eso es lo que una señorita honrada debe aspirar- reflexiono al oír las razones de la muchacha.
-Y que me dices tu Adelina, ¿Cuál caballero tienes la intención de aceptar?- le pregunta Marie.
-Probablemente al que acaba de abordarme, aunque aún no me encuentro del todo segura. A diferencia tuya, yo he tenido que lidiar con tal cantidad de caballeros que apenas poseía el tiempo necesario para otorgarles la atención requerida antes de tomar una decisión definitiva - le confeso algo gélida.
Mentiras no eran. Adelina era pretendida por un total de veinte caballeros elegibles que habían logrado superar con éxito su riguroso primer filtro. De ese grupo, solo quince permanecían formalmente en competencia debido a que ella los consideraba adecuados para sus intereses, y de esos quince, diez ya le habían solicitado la mano de manera oficial. No obstante, era sumamente probable que la lista se redujera aún más en los próximos días; planeaba eliminar de inmediato a aquellos que le habían puesto las cosas difíciles cuando les dio largas para responder a un posible compromiso. Ese comportamiento impaciente le revelaba con total claridad cómo podrían llegar a ser aquellos hombres en la privacidad del hogar.
-Eso también es verdad; una señorita no puede casarse con el primero que pida su mano solo por evitar la soltería, es muy inteligente de tu parte hacerlos esperar. Después de tantos años de conocernos puede inferir que a ti te sentaría bien un hombre paciente- elogia el pensamiento de su amiga.
-Es el mismo pensamiento de la marquesa- segunda la idea Adelina con lo dicho por Selene.
Selene se había mostrado muy orgullosa al ver la cantidad de caballeros que habían ido a pedir su mano de Adelina; no había presionado a su ahijada para que eligiera a alguien inmediatamente, siempre le gustaba que ella se tomara su tiempo para elegir, después de todo la persona que eligiera tendría que verla hasta que al fin uno de los dos se muriera. En lo referente a todo lo demás Adelina ya no tenia que preocuparse, ya todos fueron investigados por sus medios hermanos; no habían hijos bastardos escondidos ni deudas preocupantes. Tampoco habían amantes, si una que otra ida al burdel pero eran hombres y no podía esperar mucho de ellos.
-¿Has sabido algo de la señorita Rossie? Tengo entendido que tu fuiste la ultima en verla hace varios días- le pregunta de repente Marie.
Adelina se sorprendió ante esa pregunta; Marie no era alguien muy cercana a Rossie en apariencia, esa era Adelina. Por lo cual le resultaba extraño que Marie le preguntara por ella; eso si tampoco debía tan antinatural esa pregunta pues como se señalo antes Rossie llevaba varios días sin ser vista, pero incluso la madre de esta no estaba con su característico buen humor divirtiéndose con las demás damas nobles por lo cual resultaba algo anticlimática toda la situación.
-Me temo que ese día fue a mi casa porque se descompuso el carruaje en el que viajaban y éramos los más cercanos; casi no hablamos ese día- mintió con naturalidad.
Era muy vergonzoso admitir, incluso a Marie, que el motivo de la visita esa mañana fue para saber sobre su educación. No mintió para salvaguardar a Rossie, mintió porque incluso algo tan natural como lo es la educación de una señorita se veía en tela de juicio social y esa señorita era ella y no quería ese escandalo a tampoco de lograr su objetivo. Y si bien, Marie era su "confidente" más cercana eso no significaba que debía saber eso y que además ya había abandonado socialmente a Rossie en secreto, ella podrá entender mucho las situaciones sociales, pero no era tan sínica como Adelina.
-Adelina...-hablo Marie algo preocupada, raramente se dirigía a ella sin formalismos- ¿No has oído nada verdad?- le pregunta disimuladamente mientras revisaba que a su alrededor no hubiera alguien escuchándolas
-No, la verdad he estado ocupada con mi hermana y mis pretendientes- confeso preocupada realmente.
Si algo le paso a esa ficha descartada y ella no se entero era algo molesto; después de todo si finalmente cayo en su propia estupidez y ella no se entero se iba a decepcionar; pero si eso la implicaba de alguna forma iba a tener que realizar unos movimientos algo sucios porque no solamente Rossie fue una ficha inútil, si no molesta para sus planes.
-Esta información llego a mi escuchando a mi hermano:- comenzó a relatar con preocupación Marie- Al parecer Rossie lleva varios días fuera de Londres; no pude saber mucho pero parece que esta situación tiene muy molesto a Sir Williams- le dice lo que sabe.
-¿Tu hermano te dio alguna recomendación sobre todo esto?- pregunta preocupada Adelina, aunque estaba internamente satisfecha.
-No esperar, comenzar a marcar distancia ya sea algo normal, como una emergencia familiar nunca es tarde para volver a relacionarse; si es algo censurable salvamos nuestras reputaciones- le explico Marie.
Adelina estaba satisfecha, sin necesidad de seguir metiendo la mano parecía que Rossie ya había terminado te enterrar su vida ella misma. Por alguna razón era una sensación idéntica a la que el duque le provoco en el ventanal hace varios días en la fiesta de los condes de Ashcroft, era irónico pero le generaba lo mismo incluso una parte de ella deseaba repetir la escena solo por su satisfacción después de enterarse de esto.
-Es muy lastimoso que tengamos que marcar distancia pero es necesario para nuestra reputación- fingió decepción- yo ya tuve mi cuota de escándalos para esta vida y otra más en esta temporada; para mi fortuna ninguno de los dos afecto mi reputación- recordó Adelina algo molesta.
-Por cierto ¿Qué dijeron tus padres sobre lo del lago?-recordó Marie.
Adelina sintió vértigo de solo recordar lo que paso la mañana de ese martes, de solo acordarse quería vomitar; pero mejor se los mostraba:
Adelina organizaba de forma definitiva a Aline y las ayas de los gemelos en el vestíbulo; Adelina sabia que era mejor enviarla a una hora que Adelina sabia que ninguno de los dos adultos en la casa estaba despierto. Aline necesitaba interceptar el periódico de la vizcondesa y censurar todo lo que dijera sobre el incidente.
-Recuerda asegurarte de que madame no lea una sola palabra sobre lo que aconteció -le recordaba en un murmullo, mientras terminaba de alistar los detalles de su abrigo y contemplaba el semblante perturbado de la menor-. Y escúchame bien: no fue tu culpa. Gracias al cielo, no les pasó nada grave -le dictó, tomándola con delicadeza del rostro para forzarla a sostenerle la mirada
-Pero yo estaba cerca y debí ...- intento argumentar su culpa.
-Pudiste caerte con Anna y tal vez su gracia no hubiera podido salvarlas a ambas, y si la culpa debe recaer en alguna debería ser en mi; soy le responsable de todas ustedes- la detiene Adelina al ver los pensamientos de la niña.
-Adde...- fue lo único que alcanzo a decir la niña.
-Debes irte- le ordeno levantándose y llevándola con los mellizos hasta el carruaje.
Adelina los vio irse con algo de tristeza, adoraba a sus hermanos pequeños, pero por el bien de la vizcondesa debía devolvérselos por el momento; ya Adelina se quedaría con todos ellos cuando se estableciera, si es que la sociedad le perdonaba la perdida de la compostura del día anterior. Cuando entro al vestíbulo se encontró con el duque listo para salir de la mansión.
-Su Gracia- lo saluda Adelina haciendo la reverencia.
-¿Pudieron descansar ayer Mi lady?- le pregunta el duque.
Adelina se quedó sin habla, sintiendo que la garganta se le cerraba por completo. Teniendo en cuenta la ardiente e ilícita posesión que había tenido lugar en su alcoba durante algún momento de la noche anterior, no sabía cómo demonios enfrentarlo; lo último que habría deseado esa mañana era toparse con él cuando todavía ni siquiera había sido capaz de decidir qué pensar respecto a todo lo que se habían permitido hacer en la penumbra.
-Acorde a la situación.- fue lo único que atino a responder- Gracias por salvar a mi hermana- agradece al fin.
-Se lo que es perder una querida hermana, no le deseo esa angustia.- le dijo con cierta distancia- Si requerís de mi auxilio una vez más, os ruego que no dudéis en solicitarlo-le susurró al oído con un tono peligrosamente posesivo antes de cruzar el umbral.
Adelina sentía que se le iba todas las fuerzas al oír esas palabras, irónicamente su corazón latía a una velocidad vertiginosa que generaba que Adelina se mareaba. Pero ahora lo único que le importaba es que Aline lograra que la vizcondesa no se enterara de nada; el vizconde no tenia afecto por ninguna de sus hijas salvo Ariadna por nacer en un parto doble, lo cual alimentaba su ego. Pero de resto todas las hijas le importaban tanto como un juguete viejo.
De solo recordar esto su cara palidecía cuatro tonos más y le daban ganas de vomitar. Marie noto este cambio y pensó que tal vez los vizcondes no estuvieron de muy buen humor cuando se enteraron; nada más alejado de la realidad, pues la vizcondesa no sabe nada de lo que aconteció y el vizconde cuando se entero se quejo que aun tenia que pagar una dote por Annastacia al ver que estaba a salvo y no le paso nada.
-Mi querida Marie te soy realistas el vizconde no es cercano a ninguno de nosotros sus hijos, y por parte de la vizcondesa todos estamos preocupados por su embarazo y no quisimos alterarla- mintió diciéndole medias verdades.
-Lamento entonces hacerle hecho recordar un evento tan doloroso como el de hace unos días- se disculpo Marie.
Era una verdad naturalmente reconocida que los nobles no eran muy cercanos a sus hijos la mayoría del tiempo, solo llegaban a pasar tiempo con los hijos cuando estos eran adultos y en el caso de las señoritas cuando se acercaba el momento de casarlas adecuadamente para los intereses familiares. Por lo cual la respuesta de Adelina no sorprendió a Marie, incluso ella que fue querida por ser la única hija veía muy poco a sus padres; después de todo asi funcionaba el día a día de la nobleza, no se podía pedir lo contrario.
En esas que entran varias doncellas con bandejas de plata y varios periódicos en la mano, al parecer un nuevo escandalo social había estallado y los anfitriones de la cena habían conseguido la primicia para sus invitados. Adelina rezaba para que ella no se viera afectada por lo que fuera que dijeran esas columnas, después de todo aun no marcaba distancia con Rossie y una parte de ella estaba segura que esa columna venia demasiado justo con ese escandalo.
Para justicia divina, la columna no hablaba de Rossie aunque si se le mencionaba como ausente en las ultimas reuniones sociales. El escandalo que importaba era otro; al parecer una señorita de buena familia tuvo la mala fortuna de casarse muy al apuro con un caballero muy mayor hace una temporada, y hace apenas unos días dio a luz una niña que no se parecía en nada a su marido, además la columna se burlaba un poco de la edad del caballero y de la verdadera posibilidad de que un hombre a la edad que tenia pudiera tener un hijo.
Adelina reconocía a la dama que nombro la columna, incluso si no dio el nombre si daba suficiente información para inferir su identidad, no había tenido tratos con ella directamente, pero su padrino el marques si había tratado con la familia de la dama por política aunque no lo suficiente para que el escandalo los alcanzara a ellos. Marie por su parte si estaba algo preocupada, uno de sus hermanos mayores había tenido cierto interés por la hermana de esta dama la temporada pasada, pero nunca se concreto nada. No sabia si esta relación era suficiente para poner en peligro su próximo compromiso, porque realmente seria una vergüenza que sus próximas nupcias se vieran afectadas por este escandalo o peor aun que ni siquiera llegara a concretarse la unión.
-No debes preocuparte Señorita Marie- le trato de calamar Adelina- hubieras tenido un problema si vuestro hermano realmente hubiera emparentado con la hermana de la dama; es normal que los hombres traten con varias señoritas en la búsqueda de una esposa adecuada, si el daño fuera posible por ese tipo de conexiones medio Londres seria empañando por este tipo de situaciones- le recordó.
-Mi coronel es muy exigen Señorita Adelina, no tolera ni la más mínima alusión a los escándalos, es por eso que me preocupo- le explico el origen de su preocupación.
-Puede que tengas razón, y por eso se debe marcar una buena distancia con la Señorita Rossie de inmediato, mira que otra de las damas "nombradas" fue ella y no sabemos que tanto pueda estar pasando en su familia- le dio la razón y ambas decidieron firmemente por el bien de sus intereses abandonar a Rossie.
oOo
Adelina no había vuelto a cabalgar en las mañanas debido a lo cansada que terminaba debido a las convenciones sociales, además estaba evitando al duque; pero esa mañana Adelina sentía cierta satisfacción por haberse quitado a Rossie y tenia cierta energía al ver que todo salía según sus planes, hacer un sacrificio menor para darse un gusto como lo era cabalgar en la mañana era algo que podía darse a ese punto.
-Señorita- la llama el lacayo que la custodiaba.
-Toma una buena distancia si su gracia se acerca; no le digas a la marquesa que lo vimos- le ordena al ver que el caballero estaba en la zona.
El duque estaba en el mismo camino donde hace varios días habían estado con su madrina divirtiéndose con los niños antes de la tragedia. Él la vio y no se aparto mientras que ella no retrocedió y siguió el camino; llegados al punto de reunión ambos siguieron el camino con la distancia mínima del decoro para los recorridos.
-No la había visto desde esa mañana de martes- la saluda el duque después de una rato del recorrido.
-No ha ido a verme mi lord- fue lo único que respondió, recordando como pidió que lo llamara lo primera vez que lo vio.
-Por mucho que la quiera a mi lado me temo que incluso yo debo mesurarme por su bien Adde- admitió mientras la llamaba por su apodo.
Adelina no volvió a responder el silencio era agradable, por su parte no le molestaba la forma en el que el recorrido se estaba dando, incluso no se molesto que el duque la llamara por su apodo familiar. Podía sentir la mirada del duque escaneándola pero no le molestaba, probablemente se había saciado lo suficiente de su cuerpo esa noche de lunes como para que el hambre que le tenia en la mirada se disimulara lo suficiente, aunque aun tenia esa misma calidez desde que la acogió en sus brazos el día de su cumpleaños.
-Me he enterado que ha estado muy ocupada- volvió a hablarle el duque.
-Al paso que voy me estaré casando a mitades del verano; eso es bueno- le afirma Adelina tranquila.
Si Adelina hubiera dignado a mirar a su acompañante y no al camino que recorría; hubiera notado el cambio de la mirada a una versión asesina, e incluso si lo hubiera hecho la joven no hubiera temido por esa mirada. Adelina creía firmemente que el duque se divertía en su juego de seducción y como este debía acabar inevitablemente en el momento en el que ella se casara con otro caballero, naturalmente arruinaba la diversión del duque.
-¿Algún candidato en especial?- pregunta con una voz inusualmente serena.
-Ya se me han declarado diez de mis pretendientes; ninguno en particular por el momento pero debo decidirme por alguno, no es bueno dejar esperando a las personas- le contesto tranquila.
-¿Y que esta esperando?- pregunta con la misma calma de antes.
Adelina no respondió, ella misma no sabia que estaba esperando para decidir. Ella sabia que escogiera a quien escogiera podría prosperar sin problemas gracias a sus conexiones y sus propias habilidades para mantener al marido, después de que le diera un heredero y pudiera hacerse con la custodia de sus hermanos no habría diferencia entre ella y el resto de las damas de la alta sociedad.
Ninguno de los dos volvió a decir palabra alguna y se terminaron separando gracias a que el duque tenia que asistir al parlamento esa mañana; Adelina aun después de esa charla seguía pensando en la pregunta del duque <<¿Qué estoy esperando?>> volvió a pensar en la pregunta del duque. Miraba el tablero de ajedrez que llevaba; de los diez que ya se habían declarado debía descartar a los cinco que la habían incomodado cuando le dio largas al asunto, lo mejor era comenzar con descartarlos.
-Zita- llama a su doncella- ¿Dónde se encuentra la marquesa?- le pregunta.
-Por la hora debe estar preparándose para bajar al saloncillo- le contestó la muchacha pero solo oyó un tarareo como respuesta.
Zita estaba preocupada por su ama, Adelina tenia sus momentos donde se encimaba para pensar en sus próximos movimientos, pero desde que había vuelto de su recorrido estaba tan sumida en sus pensamientos que la doncella comenzaba a preocuparse por todo lo que pasaba por su cabeza. Su mirada estaba tan perdida que parecía desenfocada, al menos ya comenzaba a salir de sus pensamientos.
Adelina bajo tranquilamente al saloncito en donde la marquesa durante parte de la mañana antes de las clases de los niños; Adelina estaba decidida y al ver que no había llegado se sentó cerca de la ventana absorta de la realidad que nunca noto que su madrina estaba cuchichiando con Zita y Jolene al verla tan perdida en sus pensamientos.
-Parece ahora si una muñeca- murmuro asustada Zita al ver a su ama.
-¿Y dices que esta asi desde que llego?- le pregunta Selene a la doncella aun sin creer el estado de su ahijada.
-Si y no tiene explicación, ya interrogue al lacayo y no paso nada en el paseo- le explico Jolene recordando el pedido de Zita para que ella intentara saber que le paso a su ama.
-Que bien, me toca adivinar que le paso; deséenme suerte- murmuro la mujer para entrar a la estancia.
Selene se sentó tranquilamente al lado a la espera de la reacción de su ahijada. Adelina rápidamente reacciono a la presencia de su madrina, parecía rígida pero Selene no la presiono, si Adelina no quería decirle algo ni siquiera por pena de muerte lo iba a saber; pero al menos la muchacha rápidamente le mostro la lista con los nombres tachados de sus pretendientes tanto los que se habían declarado y cuya reacción no agrado a Adelina como los que aun no se habían declarado en el proceso.
-No voy a esperar más; con estos cinco tengo para elegir para casarme- le explico Adelina.
-Entonces si quieres comienzo a despacharlos por ti- le propone Selene mientras leía la lista- ¿Algo que motivara tu decisión?- se atreve a preguntar con sutileza.
-Nada- fue lo único que respondió Adelina para volverse a perder.
Selene sabia que algo muy grande debía haber pasado para que su ahijada quedara en ese estado, no sabia que era, pero debía ser algo que la dejo lo suficientemente fuera de si; ya fuera bueno o malo, solo el tiempo les diría cual era el resultado de esta turbación en Adelina. Por su parte la mente de Adelina seguía atrapada en la conversación con el duque; no sabia porque pero allí estaba la cabeza de Adelina.
Adelina simplemente cuando tuvo algo de raciocinio en la cabeza dejo la salita y se encerró en su habitación. Esto preocupo más a Zita, a la marquesa y la doncella de esta ultima; Adelina solo se encerraba bajo circunstancias muy extremas por lo que rápidamente Jolene volvió a bajar a buscar al lacayo con el que había salido Adelina para volver a interrogarlo, minimo él había notado algo y recibió la orden de Adelina de no decir nada; eso si, todas sabían que la integridad física de Adelina no se vio afectada, pero la mental dejaba mucho que desear en esos momentos.
En lo referente a Adelina ella estaba en el suelo con su muñeca se mecía con ella al ritmo de la melodía de su caja de música. Mientras lo hacia cantaba en una especie de hipnosis varias canciones infantiles que ella sabia, desde una vieja nana italiana que hablaba de llamar a una bruja y al coco si el bebe no se portaba bien, hasta una canción que hablaba del llanto de un ruiseñor en el bosque del Danubio al no encontrar a su familia. Pero al final Adelina, cuando la melodía de su juguete dejo de sonar, la joven se encontraba cantando la pequeña rima que su madrina la había compuesto cuando le regalo su muñeca mientras lloraba sin darse cuenta.
-Guardo una muñeca vestida de azul... -trataba de cantar aunque se sentía ahogada en el proceso- De trenzas oscuras y velo de tul. La saqué a la pradera, la fiebre la hirió...
No era capaz de cantar completa la canción debido al ahogo que tenia, se quedaba parte tarareando simplemente o volvía a intentar retomar la canción donde la había dejado sin mucho éxito en el proceso. Toda esta rutina siguió igual hasta que el sombrero de la muñeca se cayo por el peso que contenía en su interior haciendo que Adelina volviera a ver la gargantilla de plata que el duque le había reglado a escondidas a inicios de mes por su cumpleaños. La miraba como si fuera algo que estuviera fuera de lugar dentro de su habitación; Adelina no estaba pensando simplemente la tomo y se la puso ella misma para después jugar con la perla y seguir arrullando a muñeca oscilando para adelante y para atrás.
-¡Adde!- se oyó el grito infantil de Annastacia atravesar la puerta- Quiero comer contigo- le impone la niña en su berrinche al no ver a su hermana durante sus clases de la mañana.
Adelina no respondió; uso el torso de su mano izquierda para limpiar las lagrimas y soltar el collar que cayo encima de la muñeca vestida de azul, siendo ambos guardados muy escuetamente en el baúl que siempre los oculto. Luego lavo su cara, la maquillo sutilmente y por ultimo tomara unos sorbos de agua para que aclararan el tono de su voz.
-Anna no grites de esa forma, eres una señorita de buena familia- regaña a su hermana cuando abre la puerta de su recamara.
-Lo siendo Adde- se disculpa la niña haciendo un puchero e inflando sus cachetes tiernamente.
-No importa ya, vamos a almorzar- la disculpa dándole una sonrisa a su hermana.
Al fondo del pasillo estaban la marquesa junto a las dos doncellas viendo la escena; las dos muchachas expresaban su victoria al ver que Adelina había salido de su encierro, juntando sus manos y elevándolas como dando gracias al cielo, mientras que la otra hacia la mímica de mandarle besos a la niña pequeña. Selene por su parte solamente se abanicaba con su mano, sabia que era una solución a corto plazo, después de todo solamente ella noto que la sonrisa de Adelina era totalmente falsa y desprovista de cualquier emoción real.
-Que el cielo me ampare-murmuro Selene al ver estado de afectación de Adelina-Por favor que este estado de locura no siga- le rogo al cielo.
Ni Selene o Adelina eran muy creyentes que digamos y que una de ellas tuviera una plegaria de este tipo le hubiera indicado a las doncellas (Si estas no hubieran estado haciendo maromas) que este solo era el comienzo de algo a lo que ninguna estaba preparada.
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