Capítulo 8 de 16
Hasta el momento la sociedad londinense solo a visto perder la compostura a Adelina una sola vez y era la situación tenia una razón muy valida para hacerlo por lo cual no fue juzgada si no que la vieron con mejores ojos, eso si este evento astronómico nunca más se volvió a ver hasta muchos años después, pero de ese segundo momento no viene al caso en este relato. Pero por el momento centrémonos en que acababa de ocurrir este lunes.
Era el lunes después del baile de Adelina. La joven de milagro había dormido después de encontrar la gargantilla, pero no podía dejar que nadie se enterara de su desvelo y que el cielo se apiadara de ella para no encontrarse con el duque lo que quedaba de semana. En lo referente a todo lo demás lo primero que hizo Adelina después del desayuno fue escribir a Bayron para que le diera más información sobre la enfermedad del vizconde.
El cielo sabía que Adelina solo tenía una petición respecto a ese tema: que el vizconde tuviera la decencia de morirse después de su matrimonio, pero lo suficientemente antes de la presentación de Aline ante la sociedad. El día que el vizconde le hiciera semejante favor, ella se encargaría de resolver todo lo demás. Incluso, si tenía la pésima educación de morir durante alguna celebración importante, mandaría a congelar el cadáver para aplazar el funeral a un día que ella considerara propicio, aunque después de eso enviara al cuerpo a una fosa común.
-Mira lo habil que es Aline con el arpa- señala Selene obligando Adelina a dejar sus escritos.
-Tiene más habilidad que yo a su edad- admitió Adelina al verla en el instrumento.
Su madrina y ella estaban en una de las habitaciones del segundo piso esa mañana junto a todos los niños que estaban en la mansión estudiando durante el día, en la tarde les habían prometido a todos salir a divertirse en Hyde Park, después de todo no tenían programada una visita de nadie ese día o eso pensaron. Cuando Adelina había terminado de hablar el ama de llaves entro con sumo cuidado para hablar con discreción con su señora sobre unas damas que preguntaban por ellas.
-Las damas de la familia Williams- hablo con extrañeza Selene al ver la tarjeta de presentación- ¿A esta hora?- pregunta entre incrédula e irónica.
-A mi no me mires madrina que yo no se nada- interviene Adelina al ver la confusión de la mujer.
-Seria una descortesía dejarlas por fuera, háganlas pasar, nosotras bajaremos a recibirlas- decide Selene con un deje de molestia.
Adelina se dispuso a guardar toda su mensajería para que no fuera vista por Rossie, en cuanto a su madrina, ella se encargo de avisar a cada institutriz y aya las ordenes que tenían que ejecutar mientras las dos mujeres atendían esta inesperada visita. Pero si bien Adelina apenas había terminado de guardar toda su correspondencia fue que entro la ama de llaves por segunda vez anunciando ahora si a las dos mujeres.
-Lady Williams y su hija la Señorita Williams- anuncio la mujer.
La mujer entro imponente, como si el ama de llaves no le hubiera dado el aviso de que su señora se reuniría con ella en otra estancia. La mujer era asi desde que Selene la conocía y ni hablar de Adelina que la consideraba insoportable. Rapidamente ambos pares de mujeres se sentaron juntas a ambos lados de una mesa cerca de la ventana central de la casa; Rossie estaba al lado se Adelina y la madre de esta al lado de la marquesa.
-Lamentamos si nuestra visita fue algo descortés pero se presento un problema con nuestro carruaje y eran nuestros conocidos más cercanos- explica el motivo de la visita.
Lady Williams era una mujer rellena, de cara redonda y ojos pequeños; no era la más hermosa de todas pero su dote era tan voluminosa como ella asi que su marido que era reconocido hasta cierto punto como mujeriego hizo tripas corazón y se caso con ella. Solamente tuvieron a Rossie pues el pobre hombre no quiso intentarlo más, eso si le daba el respeto que se merecía su mujer, no como cierto vizconde que Adelina tenia que aguantar y que no hacía el favor de morirse.
-Con gusto mandare a mis lacayos a colaboraros con uno de nuestros carruajes;- le ofreció Selene, lo que fuera para que se largaran de su casa- si gusta podemos ir a supervisar que ellos carguen de manera adecuada vuestro equipaje.
-¡Oh eso seria maravilloso su excelencia!- exclama la mujer al ver que su problema fue resuelto sin un contratiempo.
-Entonces vamos- mando Selene, con tal de quitarse rapido a la mujer- Adde querida porque no vas un rato a la otra estancia para que no molestes a los estudios de los niños mientras hablas con la Señorita Williams- le sugiere Selene.
Adelina no dice nada y solo sonríe, sabia que esta era una de las mejores estrategias que tenían hasta el momento; divide y vencerás, no debía ser una casualidad que Rossie y su madre terminaran con el carruaje descompuesto justamente en esta zona y después de todo lo sucedido la semana pasada. Debian estar tanteando el terreno de la posición que tenían los marqueses sobre la caída de los Winterbourne sobretodo porque tenían trato cercano con el duque de Richmond.
-¿Había algo bonito en las tiendas hoy?- pregunta Adelina a Rossie mientras están caminando en el pasillo.
-La verdad es que madre solo me saco para tener varias citas con caballeros, dice que la monotonía de nuestra sala les debe resultar asfixiante- confeso la muchacha derrotada.
-Bueno tal vez te siente bien un cambio- le respondió Adelina algo incrédula pero con cierto tono positivo.
-¿Cómo lo haces?- pregunta casi que con lagrimas en los ojos- Los caballeros te buscan y se enganchan contigo al instante y yo llevo el último mes y medio intentando que me dirijan la palabra- gimoteo soltando sollozos de por medio.
Tal arrebato desconcertó a Adelina sin poderlo creer, imaginaba que Rossie la había podido pasar mal en aquella salida o tal vez su madre hubiera estando reclamándole por la falta de progreso en la búsqueda de un marido conveniente. <<Lamento no lamentarlo>> volvió a pensar Adelina al ver que su momento había llegado, tenia en bandeja de plata la oportunidad de al fin deshacerse de esa ficha inservible.
-Rossie no es algo que yo haga. Sinceramente debes entender que los caballeros tienen su propia agenda. - la comenzó a consolar dulcemente-Como mujeres, nosotras no entendemos del todo sus motivaciones. En mi caso, solo busco a alguien respetable que pueda ofrecerme una vida estable; no todo matrimonio en la alta sociedad debe cimentarse por amor, una mujer con un esposo que la ame es muy difícil de encontrar, muy pocos hombres muestran interés de esa manera y los que lo muestran son muy raros- le explico manipulando sus palabras.
Sonaban también esas palabras que nadie notaria que estaba manipulando a Rossie para que se empecinara con esa idea de encontrar un hombre que la ame; recordaba a ese caballero cazafortunas que le estaba hablando con mucha emoción a Rossie en el baile del miércoles y que coincidentemente también estaba en su baile de cumpleaños el fin de semana. Si Rossie comenzaba a asociar el amor de los caballeros con esa efusividad su caída seria rápida; entre más efusivo un hombre más desesperadas están las arcas del titulo.
Rossie quedo un por unos instantes sumida en si misma, tal vez procesando esas palabras tan dulces que le ofrecía Adelina sin darse cuenta ya había caído en su trampa. Si Rossie hubiera podido mirar la cara de Adelina notaria que algo en la sonrisa que tenia dejaba ver cierta maldad al ver su estado, lo que le hubiera servido de premonición sobre lo que iba a pasar, pero como la muchacha era muy distraída no la pudo notar.
-Pero dime querida ¿Qué tanto paso para que estés de esta manera?- pregunta con dulzura esperando saber el porque de la visita.
-Como sabes madre era de las pocas que se consideraba realmente cercana con Lady Winterbourne, pero con todo lo que paso y con el encuentro fallido de hoy se le metió la idea a la cabeza de intentar saber como es que te educo Lady Collins para que tu pudieras tener incluso el honor de bailar con un duque- explico hipando aun con la nariz roja.
Adelina preocupada de que estuvieran tanteando terreno por lo de la caída de los Winterbourne y Rossie le sale con esa tontearía, si Adelina no controlara tanto sus expresiones probablemente su cara expresara la irritación y el aburrimiento que le generaba el asunto. Se las arreglo para seguir poniendo una cara de dulzura mezclada con indignación ante lo relatado para hacerle creer a Rossie que su madre era su enemiga.
-Pero como se puede idear en la cabeza de tu madre algo tan absurdo.- exclamo con su mejor voz de indignación- Mi educación fue la misma que la de todas las señoritas de alta sociedad, simplemente corrí con algo de suerte- mintió descaradamente.
Su educación no fue la de una señorita normal, después de todo Adelina sabia como hacer que un hombre se volviera loco por culpa de lo que escondían sus pantalones. En lo referente a la suerte; Adelina no creía en la suerte desde hace varios años, sinceramente la odiaba, porque si realmente su vida dependiera de la suerte estaba totalmente seguura que ya estaría sometida a los caprichos del vizconde, que la hubiera casado incluso con un anciano mayor que él mismo con tal de obtener algún beneficio o simplemente porque a si se deshacía de ella más rápido.
-Pero eres bonita y atrayente ¿Qué tienes tu que yo no tenga?- reclamo Rossie a la nada.
-Rossie tu estas más en el estándar de belleza que yo- la intenta calmar aunque en ese aspecto Adelina si encajaba en varios requisitos.
<<Primeramente yo tengo cerebro>> pensó Adelina con algo de burla mientras la intentaba calmar lo suficiente para que la escena que estaba presenciando dejara de ser tan bochornosa como se sentía. Al hablar de belleza Adelina reconocía que no entraba en el estándar esperado después de todo sus ojos aunque grandes no podían emular la inocencia que dictaba la sociedad sumado al hecho de que tenia cierta forma felina; en lo referente a la forma de su cara si bien era agradable actualmente estaban de moda la forma de corazón. Ya en lo referente a su figura Adelina cuidaba mucho su alimentación y hacia mucho ejercicio desde joven por lo cual formo una cintura pequeña desde temprano.
-Rossie tienes una piel blanca muy bonita y eres menuda segura que encontraras un caballero adecuado, si te permites bajar ese estándar- la siguió consolando Adelina mientras la manipulaba.
-¿Cómo puedes seguir desconociendo algo tan hermoso como el amor si vives con los marqueses?- le pregunta dolida al entender que ella le sugiere olvidarse del amor.
-Rossie ellos se casaron por conveniencia como cualquier otra pareja, ya en la convivencia les llego el cariño, la forma en la que viven no tiene nada que ver con lo que muestran tus libros- la regaña al oír la acusación ya algo frustrada en apariencia y eso que era un minimo de su impaciencia actual.
Rossie la miraba estaba dolida al ver que fue regañada por Adelina, podía notar como se le agotaba la paciencia en la mirada; como si la idea del amor fuera algo imposible y esto le dolió a la muchacha más que cualquier otro rechazo. Por su parte, Adelina experimentaba una profunda satisfacción consigo misma. No existía estrategia más efectiva para enviciar a alguien con una idea de forma enfermiza que negándosela drásticamente; sabía que, con tal de tener la razón y demostrar que el amor sí existía, la insensata de Rossie se precipitaría a cometer cualquier locura con el primer cazafortunas que le susurrara un poema al oído.
Antes de que alguna pudiera decir algo mas se oyeron los pasos de una de las criadas que llego para avisarles que ya todo estaba listo para que las Williams se fueran a su casa. Adelina pidió que las esperaran un rato para que Rossie pudiera retocarse y que su madre no se diera cuenta que estuvo llorando frente a Adelina. Rápidamente Adelina arreglo lo mejor que pudo a Rossie para arrastrarla a la puerta donde ya las esperaban las mujeres.
-Muchas gracias su excelencia por colaborarnos- agradecía la madre de Rossie con ese animo que la caracterizaba; Adelina pensaba que si existía eso de otra vida la mujer fue una cómica.
-Con mucho gusto, nos veremos en otra ocasión- acepta el alago mientras sutilmente las guía al carruaje para que se fuera.
Cuando lograron despedirse de ellas y cerraron la puerta tanto Selene como Adelina se tiraron al piso de las escaleras cansadas. Esa visita tan inesperada les genero un malestar como no se lo imaginaba nadie, después de todo ese día era el que tenían apartado para descansar de la sociedad y todas sus molestias; entre esas las chismosas damas nobles.
-Todo este teatro para chismosear sobre tu educación- murmuró molesta Selene que después de un rato de hablar con la mujer se dio cuenta del meollo del asunto.
-Al menos salió algo bueno de esto.- murmuro Adelina cansada mientras recibía una mirada curiosa- Me deshice de una pieza inútil- le explico Adelina.
-Al menos a una le fue bien- concluye Selene desfalleciendo en la escalera junto a su ahijada.
Las dos mujeres estuvieron de mejor humor cuando pudieron almorzar algo sustancioso que les permitió reponer fuerzas, sobretodo porque hoy el marques había prometido volver temprano y llevarlos a todos a Hyde park puesto que hace varios días no salían a dar una vuelta con todos los niños; cuando Adelina no tenia una cita social era el marques quien no podía descuidar sus deberes en el parlamento. Pero por haber pasado el cumpleaños de Adelina todos quisieron salir un rato, sobretodo porque los cumpleaños de William y Annastacia también eran en mayo, el uno a mitades y la otra a finales.
-¡Yo voy primero!- salió corriendo y gritando Annastacia.
-¡Claro que no, voy yo!- discutía William detrás de ella.
-Yo soy mayor que ustedes- zapateaba Aline, siguiéndoles el ritmo.
-Y solo por eso debería regañarte, por rebajarte a su nivel-la amenazó Adelina, atajando firmemente a su segunda hermana a su lado para que la ayudara con los gemelos.
Todos se estaban dirigiendo a los carruajes que los llevarían a Hyde park pero al parecer todos los niños entendieron hagan todo el escandalo que podían y saquen de casillas a la marquesa y Adelina. Al menos Liliana, Serena y los gemelos aun no habían crecido lo suficiente para unirse a las locuras de los demás; y luego un berrinche de Lily porque su hermano la estaba excluyendo de la carrerita la descarto de esa lista, al parecer cumplir cuatro años la hizo más revoltosa de lo que era.
-¡William Theodor Collins, no corras más! Si te caes o sigues provocando que tu hermana arme una escena, te dejaré encerrado en la casa por el resto de la semana - le grita la marquesa mientras acomodaba la ropa de su hija menor.
El niño se detuvo en seco y, con ello, Annastacia que no quería ser la siguiente en recibir un regaño como el que se gano su amigo. En el proceso la niña mayor del dúo alcanzo a perder el equilibrio, tal vez era una especie de premonición que algo importante iba pasar prontamente pero como nadie le presto atención paso desapercibido, William le saco la lengua pensando que fue por su causa. Después de ese regaño Adelina pudo terminar de organizar a sus hermanos menores y Selene pudo terminar de vestir a Serena.
Este trío de niños de dos años desde que se comenzaron a juntar demostraron que iban a ser la causa numero uno de dolores de cabeza de la marquesa y Adelina en un futuro, que el cielo se apiadara de la alta sociedad en un futuro cuando las dos niñas salieran y cuando Adrián se posesionara con su titulo, porque si seguían siendo tan revoltosos como sus versiones de dos años ambas mujeres les iban a aparecer canas antes de los cincuenta.
-Listo- suspiro Adelina cuando termino de acomodar el moño del traje de Ariadna.
-Vámonos entonces no vaya a ser que alguna se arrepienta- le dice Selene para atajar a sus dos hijos mayores.
Los cinco hermanos White iban en un carruaje aparte a la marquesa y sus tres hijos, no porque no pudieran meterse en uno solo es que ambas mujeres no estaban tan locas en permitir que la horda de niños estuvieran juntos en un carruaje. Annastacia y William se llevaban un año y estaban en ese momento de sus vidas en el que competían por todo, Liliana que era la hija del medio de la marquesa quería seguirles el paso aunque se quedaba corta. En lo referente a los gemelos y la hija menor de la marquesa eran muy revoltosos cuando estaban juntos; eso dejaba a la única medianamente sensata de Aline de once años algo cohibida y terminando de perder su compostura siguiendo las niñerías de los menores.
Adelina adoraba los niños, pero su paciencia no permitía la locura de juntarlos en espacios tan cerrados como lo eran los carruajes; resolución a la que se le unían sus padrinos que admitían que sus propios hijos habían sacado sus propios rasgos de locura y energía juvenil. El recorrido a Hyde park fue tranquilo debido a esa sensata decisión de separar a todos los niños, pero esa tranquilidad desapareció cuando se acomodaron en un claro cerca del lago pues todos ellos procedieron a correr y jugar con sus muñecos.
-Tal vez cuando crezcan...- murmuraba con cierta esperanza Selene al ver a todos los niños correr.
-Madrina yo no me daría tantas esperanzas, no sabemos como me ira a mi con los hijos y usted no sabe si más adelante tendrá mas- le quita todas las esperanzas Adelina que se conocía muy bien el asunto.
-Te recuerdo que la vizcondesa esta esperando al sexto White en estos momentos- respondió Selene al ver que ni siquiera podía darse una falsa esperanza.
Adelina solo inhalo hondo al recordar que en esos instantes la vizcondesa tenia poco más del mes de embarazo y estaba confinada en la mansión familiar teniendo de compañía al vizconde, que, por las cartas que había recibido de sus medios hermanos mayores, el vizconde se había escondido en sus propias recamaras sin salir de estas mas de lo necesario. En lo referente a la enfermedad de este ultimo y cuya respuesta a su carta llego antes de salir, Bayron solo pudo informarle que formalmente detectaron la enfermedad a inicios del otoño pasado y que según lo que pudo entender no afectaba a su madre y a la niña en su vientre pues le confirmo que no era algo referente a los asuntos de la cama, pero exactamente que enfermedad era no podía decirle con certeza a Adelina en ese momento.
-Madrina por favor no me recuerde eso- le pidió Adelina, esa criatura se estaba convirtiendo en una carga más para sus responsabilidades.
Las dos damas pasaron un rato agradable comiendo dulces, hace días que la dieta de las dos les habían restringido los dulces, pero como tenían que lidiar con todos los niños era mejor tener algo que las consolara, por eso adiós a la dieta de manera momentánea; después de todo de alguna manera tenían que gestionar todo lo que pasaba. La tarde había comenzado con un brillante sol pero pasadas las tres de la tarde el cielo se nublo, pero aun asi no mostraba algo que les preocupara a los demás.
-Esta haciendo algo de viento- señala Adelina cuando sintió el aire en su cara.
-Puede estar lloviendo en la noche- analiza Selene el cielo-Cuando llegue tu padrino nos quedamos un rato más y nos vamos no sea que llueva antes de la noche- le avisa mientras ve a los niños correr.
-Genial, no basto con la de ayer en la noche- se quejo Adelina, si volvía a llover la culpa de recordar el collar del duque la atormentaría otra vez.
-Querida por algo siempre decimos que naciste en las primeras lluvias de mayo- le recordó con algo de risa Selene.
-¿Ese que viene allí no es mi padrino?- señala Adelina cuando lo ve cabalgar a la distancia safandose de ese tema.
-Sí. Y viene acompañado por el duque - le afirma Selene al ver que no estaba solo.
Ambas mujeres se levantaron lo más rápido posible para agarrar a todos los niños y saludar al invitado, después de todo por muy amigo de la familia que sea el duque debían saludarlo de acuerdo a su rango y eso incluía a todos los niños que estaban bajo su cuidado. Cuando ambos hombres llegaron frente a las mujeres todos los niños perfectamente organizados en fila en orden de edad.
-Mis saludos, Su Gracia- saludaron las dos mujeres mientras guiaba a los niños a seguir la reverencia.
-No es necesario tanto formalismo conmigo- las insto a dejar el formalismo-vimos a la distancia a los niños jugando, no era necesario interrumpir sus juegos.
Ante esas palabras del duque para dejar el decoro William intento zafarse de la fila, pero fue detenido por la mirada amenazante de su madre, Annastacia y Aline se las arreglaron para no reírse de él. El duque y el marques se acercaron a los niños en orden y fue Andrew quien comenzó a presentarlos.
-Cuando fuiste a cenar con nosotros aquel día no te presente a ninguno de los niños, este es un buen momento.-recordó con humor- Esta niña es la segunda hermana de Adelina, Aline- señala a la rubia mayor.
-Un gusto conocerlo su gracia- saluda mientras hace una reverencia.
-El gusto es mío señorita Aline- corresponde el saludo de la niña.
-Recordaras a la tercera hermana Annastacia, ella estaba sentada al lado de Adelina en la cena- procede a presentar a Anna, la niña solo hace una reverencia algo tímida y con el rostro sonrojado- sigue mi hijo William, es apenas un año menor que Annastacia- presento a su heredero.
-Un placer conocerlo su gracia- saludo el niño con su característica energía.
-No hay forma de negar que es tu hijo, si hasta tu humor tiene- alaga a su amigo felicitándolo por su heredero.
-Eso fue exactamente lo mismo que dictó mi señora madre cuando él nació -le respondió el marqués de buen humor-. Ella es mi hija Liliana -señaló ahora a su hija mayor-; estos de aquí son los mellizos Adrián y Ariadna, los hermanos menores de Adelina, y finalmente mi pequeña Serena. Todos ellos comparten la misma edad -concluyó, presentando a los más pequeños, quienes fueron sutilmente asistidos por sus respectivas ayas para fingir que cumplían con la reverencia de la corte
-Bueno, al fin veo aun hermano de la Señorita White que guarda algo de parecido con ella- señala el duque al ver que ambos niños son pelinegros como Adelina-Aunque a tus hijas si les podemos decir que son idénticas a su madre- observa a las dos niñas.
-Al final del día también son mis hijas, en algo deben parecerse a mi su gracia- le responde Selene con algo de humor.
-Oh no, el problema fuera si estas niñas se parecían al poco agraciado de su padre- se explico mejor el duque con su característico humor negro.
Adelina se las arreglo para tragarse la risa al ver la cara de molestia de su padrino, porque coincidentemente también la marquesa viuda había dicho algo parecido cuando nacieron sus nietas. Selene si tuvo la decencia de mirar a otro lado mientras se reía a costas de su marido, mientras que todos los niños no entendían el chiste y solo veían a los adultos reír.
-Niños, ¿por qué no regresan a sus juegos?- les sugiere Adelina a todos los pequeños.
De alguna forma debía salvar lo que quedaba de la dignidad de su padrino; además, los niños ya comenzaban a aburrirse de solo contemplarlos hablar. El matrimonio avanzó unos pasos por el césped, flanqueando al invitado y a su ahijada, lo que dejó a Adelina a solas y a merced de la única persona a la que menos habría deseado ver tras su baile de cumpleaños.
-Espero que os haya complacido vuestro presente, mi lady- comenzó la conversación el duque en un susurro que crispo los nervios de Adelina.
Adelina, de forma completamente inconsciente, se llevó los dedos al cuello alto de su vestido de paseo, alisando la tela al recordar la gargantilla de plata que permanecía oculta en el sombrero de Azure. A ese hombre le fascinaba jugar de forma sádica con sus nervios.
-Fue un regalo agradable, muchas gracias- alcanzo a decir antes de que se le resecara la garganta.
-Es bueno saber que mi presente fue bien recibido- le contesto muy satisfecho con el mismo.
Estos eran los instantes en los que Adelina se preguntaba si podían traer una guillotina desde Francia para meter la cabeza de su acompañante en una y dejara de atormentarla, pero como sabia que eso era imposible toco aguantar. Pasaron media hora charlando y saludando a los conocidos que pasaban por la zona; varios de ellos eran los pretendientes de Adelina, intentaron acercarse pero la horda de niños y la presencia del marques y el duque era lo suficientemente intimidante para que ninguno de ellos pasara de un saludo rapido a la distancia con una reverencia.
-Esta haciendo un clima agradable, es comprensible que varias familias salieran a caminar- medito en voz alta el marques en un momento luego de intimidar a la distancia a uno de los pretendientes de Adelina.
Selene solo suspiro e hizo una pequeña negación al ver el comportamiento de su marido, su reputación de bonachón se acababa en el instante que estaban involucradas las mujeres de su familia, todos los líos que tuvo que pasar la marquesa viuda para que Andrew aceptara casar a sus hermanas con los pretendientes que al fin vencieron la intimidante defensa de ese perro guardián. Selene rezaba para que el cielo se apiadara de ella, pero no de su hijo mayor que lo estaba viendo en estos instantes meterse en un lío.
-Jolene, ve con mi hijo y dile que si lo sigo viendo jugar de esa manera con las niñas va a tener una charla muy esclarecedora conmigo más tarde- le pide a su doncella al ver al niño jugar sucio.
-Zita síguela, estoy segura que Anna también esta haciendo trampa; recuérdale que la estoy vigilando- le ordena a su doncella mientras veían a los niños jugar- ¿Dónde habrán aprendido a jugar tan sucio?-pregunta mientras piensa en voz alta.
-Ni idea querida recemos que sea una fase- le responde su madrina, seguido a esto ambas mordieron su respectiva tartaleta.
Pero si las miraras hablasen se podría notar que Andrew estaba echándole la culpa de esos comportamientos a ambas mujeres frente a él, Archer por su parte si noto este intercambio y supo de inmediato que esos niños habían aprendido esas mañas tramposas de las dos mujeres frente a él. Pasado un rato el viento en el parque se volvió más frio avisando que la tarde se estaba terminando y que la noche se acercaba.
-Seria prudente retinarnos antes de que sea más tarde- comento el duque mientras veía el cielo.
Ninguno alcanzo a contestar cuando se oyó un grito infantil y el sonido del agua chapotear, seguido a esto todos los adultos se dieron cuenta que uno de los niños se habia caido al lago, específicamente Annastacia, Adelina no lo dudo, soltó un grito que conmociono a todo Hyde park mientras se abalanzaba para intentar rescatar a su hermana menor. Selene se las arreglo para jalar a su ahijada aun lugar seguro siendo sujetadas por Andrew que evito que ambas se cayeran debido a la falta de equilibrio que tenían al pisar la hierba húmeda del borde del lago.
-¡Anna!- grito desesperada Adelina mientras intentaba divisar a su hermana.
-Calma Adde a si no la vas a ayudar- le rogo Selene tratando también de divisar a la niña.
Seguido a esto se oyó un segundo chapoteo esta vez más grande, Archer se había lanzado al lago para poder buscar a Annastacia. Oportunamente la niña no se había movido tan al fondo del lago como para que a Archer se le dificultara divisarla bajo el agua, lo que si es que le costo un poco alcanzarla pero se las arreglo para sacarla del fondo y llevarla a la superficie donde, la multitud que se había reunido para ver el escandalo, los vio salir del agua aplaudieron ante la hazaña del duque mientras que Adelina se desfalleció de los brazos de su madrina para caer al suelo y recibir a la niña.
-Oh Anna estas a salvo;- suspiro aliviada mientras abrazaba a la niña que estaba llorando asustada- no sabe el inmenso favor que le debo su gracia- le agradece Adelina al duque mientras su mirada desesperada se cruzaba con la agotada mirada del duque.
-Adde debemos llevar rapido a Anna a casa para que la vea un medico- le recordó Andrew preocupado por la salud de la niña.
Ni corta ni perezosa Adelina corrió con la niña en brazos a su carruaje, seguida de ella iba su hermana y las ayas de los hermanos menores; Adelina estaba tan concentrada en Annastacia que ni siquiera noto que el propio duque la siguió y fue su compañero gran parte del viaje, incluso ayudándola a que la niña no fuera vencida por el sueño, lo importante es que estuviera despierta para cuando el medico la revisara. Cuando llegaron todos a la mansión, Adelina en persona cambio a Annastacia a una pijama para después hacerlo con la misma rapidez con Aline y los gemelos, quedando ella con la ropa aun mojada esperando por fuera de la puerta el veredicto del medico que ya los esperaba cuando ellos llegaron, gracias a que mandaron por delante a una de las doncellas, Adelina no se fijo en cual en especifico.
-Adde ve a cambiarte tu también cuando salga el medico te aviso- le pidió su madrina al ver que seguía con la ropa mojada.
-No soy capaz- admitió Adelina- Además ese es mi cuarto- Señala con algo de ironía.
Antes de que recibiera algún regaño por parte de Selene, el doctor salió del cuarto; primeramente tranquilizó a Adelina, Annastacia solamente se había asustado, no había tragado mucha agua gracias a que el duque la salvo a tiempo y la niña había escupido casi toda el agua cuando Adelina la abrazo. Adelina no necesito más y arrastro a los gemelos y Aline a la habitación para arrinconarlos y dormir todos abrazados. El doctor cuando vio esto le entrego a la marquesa un frasco de tónico calmante para que se lo diera a la muchacha para que se calmara.
Adelina no ceno y no estaba durmiendo, ni siquiera lograron que tomara el té con la infusión del medico, tenia a todos los niños durmiendo bajo su supervisión ella estaba en una esquina de su cama apoyando uno de sus brazos en el respaldo de esta y usando este brazo para apoyar su cabeza. A fuera había una tormenta muy violenta, idéntica a la que cayo la noche que Annastacia nació hace casi siete años; casi la perdía hoy, era la peor de sus pesadillas. En medio de la noche cuando la tormenta estaba en la cúspide la puerta de la habitación se abrió dejando ver al duque quien la cerro sigilosamente.
Adelina estaba sorprendida de verlo allí, pero se imagino que cuando se fue a ir de la mansión luego de cambiarse por algo más cómodo la tormenta se intensifico y tuvo que quedarse como inquilino temporal; desconocía como sabia que esa era su habitación pero no dijo nada. El hombre se acerco sin hacer ruido a donde ella se encontraba y con un suave movimiento la jalo para que saliera del rincón donde se encontraba y cuando la tuvo en medio de la habitación la beso sin previo aviso.
En cualquier otra circunstancia Adelina habría estado indignada. Ni siquiera habría permitido esa cercanía, y menos estando ambos en paños menores. Pero estaba agotada y Archer había salvado a Annastacia del agua. Así que dejó que se sirviera de sus labios incluso ayudó a prolongar el beso, cruzó los brazos sobre los hombros de él, cerrándolos detrás de su nuca sin llegar a tocarle del todo la piel del cuello. Sabía lo que ocurriría si lo hacía el roce directo de sus palmas contra esa zona habría sido suficiente para que olvidara la poca sensatez que aún le quedaba y se entregara por completo.
Archer pareció entender el límite y sobra decir que no lo respetó del todo; sus manos, grandes y calientes, empezaron a recorrerla con una lentitud deliberada. Bajaron por su espalda, se cerraron un instante en su cintura y siguieron bajando haciendo que cada roce le encendiera la piel. Adelina sintió cómo el calor se le acumulaba bajo el vientre traicionero, preparando su cuerpo sin que ella se lo ordenara. El olor de él se le metió en la nariz cuando hundió la cara en el hueco de su cuello, ese olor la volvía loca, le recordaba el peligro que era y también lo satisfactorio que era él. Siempre lo había hecho.
Cuando Archer se cansó de su boca, bajó hasta su cuello. La lengua caliente le recorrió la piel con una insolencia absoluta, lamiendo sin prisa, como si tuviera todo el derecho del mundo. Adelina contuvo un sonido de satisfacción y se apretó más contra él, todavía sin tocarle del todo la nuca. Entonces las manos de él se cerraron en su trasero y la levantó del suelo con facilidad. El aire se le escapó del pecho, las piernas de Adelina se enroscaron solas alrededor de su cintura y de pronto su pecho quedó a la altura de la cara de él y su propia cara, encima de la de Archer.
Debió apartarse. En cambio, se inclinó. Lo suficiente para ofrecerle el pecho. Archer no desaprovechó el invitación. Lamió la piel que el camisón no cubría y, a través de la tela fina, mordió y chupó con una insistencia que le arrancó un temblor. El calor dentro de ella se intensificó de golpe, húmedo, urgente por lo que Adelina cerró los ojos y apretó los muslos alrededor de su cintura, sintiendo exactamente lo duro que estaba contra ella. Todavía no se había tocado el cuello, todavía le quedaba ese último hilo de control, pero cada segundo que pasaba, ese hilo se volvía más fino.
Cuando Archer se sintió medianamente satisfecho, la bajó con cuidado y la dejó sentada en la silla junto a la cama. Con movimientos lentos y silenciosos fue sacando a los niños del colchón: primero a Aline, después a los gemelos y solo entonces levantó a Adelina en brazos para colocarla en el centro de la cama. Acomodó a Annastacia contra uno de sus brazos, subió a los gemelos sobre su pecho y por último situó a Aline en el otro costado; los arropó a todos con una precisión casi reverente y antes de apartarse, se inclinó y le dio un último beso, lento, pausado y sin la urgencia de antes; que Adelina apenas respondió por el agotamiento, el miedo y todo lo que había permitido esa noche y que la arrastraron de golpe cayendo en un sueño profundo, rodeada de sus hermanos y todavía con el olor de él impregnado en la piel.
Adelina no sabia a que horas se había quedado dormida, pero si sabia a que horas se había despertado gracias a Ariadna que los despertó a los todos a las cinco de la mañana porque tenia hambre, incluso ese despertar tan abrupto le gano a la niña un jalón de cabellos por parte de su gemelo que no aguantaba que lo despertaran con los escándalos de su gemela, sobretodo porque estaba bien agusto usando el pecho de su hermana mayor como almohada.
-Llorona- se quejo el pequeño haciendo un puchero.
-Hambre- fue lo único que le oía a la niña.
-Los dos guardan silencio, ya llamo a Zita para que traiga el desayuno- se las arregla para separarlos-; Aline toca la campana para el desayuno- le ordeno a su segunda hermana.
La niña no estaba feliz con dejar la comodidad de la cama pero Annastacia estaba pegada a Adelina, además que ella era la enferma asi que no se le podía exigir nada. Rápidamente Adelina vistió a todos los hermano menos a Annastacia a quien dejo bien acomodada en la cama; Zita les sirvió el desayuno y Adelina no perdió tiempo. Escribió varias cartas: La primera era dirigida a Bayron para que manejara al vizconde, en cuando a la vizcondesa para eso tenia a Aline, la otra carta fue a la familia de la vizcondesa.
En lo que llevaba de vida solo los había visto tres veces, coincidiendo con los nacimientos de todos sus hermanos; vivían más que todo en el campo pero son tan incompetentes como molestos, si llegaba la noticia allá no dudaba que llegaran a ármale un escandalo y en la condición de su madre ella no debía enterarse de nada, asi que le tocaba hacer una promesa por el silencio de esos inútiles. Actualmente solamente hay una hija en toda la familia de su madre y como no tenia nadie que la presentara en sociedad en unos años, por lo que ella se comprometía en presentarla y acompañarla; lo bueno es que tenia la misma edad de Aline por lo que no requeriría un esfuerzo extra. No le gustaba hacerse cargo de jovencitas que no conocía pero por el silencio de esa manada de inútiles le tocaba ceder.
-Que día tan largo- murmuro entre dientes molesta cuando termino la ultima carta.
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