Capítulo 2 de 16
Es una ley naturalmente conocida que todo soldado que va al frente de batalla necesita un entrenamiento riguroso para no perder frente al enemigo y las debutantes no son la excepción a la regla.
Adelina no podía estar más orgullosa de sí misma, en menos de un mes al cuidado de su madrina, la institutriz la había elogiado por ser tan inteligente que pudo ponerse al día en sus estudios; claro que incluso en las noches o en sus momentos de "descanso" se dedicaba a alcanzar a la perfección de sus estudios, incluso al dormir le pedía a la doncella que le pusiera el corsé de prácticas y que se asegurara que durmiera estando en la posición más óptima para una dama. Su madrina la felicitó al saber su dedicación, incluso admitiendo que ella no fue ni la mitad de perseverante de lo que estaba siendo ella.
—Un mes con alta productividad para ti, querida niña —elogia la dama.
—Agradezco a mi Lady por su halago pero aun he de mejorar para llegar a su nivel- le dice con humildad.
—Aun veo una deficiencia al halagar y mentir, recuerda que tu vida depende de eso; debes mejorarlo- la regañó al que no pudo halagarla bien.
—Aun me queda mucho por aprender- se lamentó la niña.
—Pero he de admitir que es mejor que al iniciar el mes.- aun logra elogiarla- Ahora podemos pasar a la siguiente parte de tu educación.
Adelina pensó ingenuamente que sería algo sobre su fluidez en los idiomas, lo admitía, incluso con todo el mes dedicado al estudio aún tenía deficiencias en el francés pero al menos el italiano y el alemán estaban en un nivel aceptable. Por otro lado pensó que había buscado libros más avanzados para su costura o unas partituras nuevas para el piano o el arpa; ya su madrina había admitió que las acuarelas aunque bonitas no eran muy útiles para el coqueteo en sociedad por lo cual no la había presionado para que profundizara en ese tema.
Al entrar en la sala, Adelina vio a una muchacha, tal vez de la edad de alguno de sus hermanos mayores, se veía algo nervioso y le faltaba decoro al lado de la experimentada doncella personal de su madrina, Iris, eso sí se veía más desarrollada que ella y con una mirada que daba a entender que entendía las vicisitudes de la vida, miró con algo de curiosidad a su madrina esperando que dijera algo. Pero antes de eso mandó a su propia doncella para afuera y vio como la puerta se cerraba con cuidado, como si se tratara de un secreto esa entrevista con esa pequeña doncella.
—Ella es Zita y la compré para que fuera tu doncella personal,- explicó presentando a la chica- fue cortesana durante un año completo antes de que la comprara a su madame, ella te cuidará y también te enseñará como retener a un hombre en la cama- le susurró a la niña el origen de la muchacha.
Adelina estaba algo roja al oír lo que le había dicho su madrina, así que está era la lección más importante de todas, si bien entendía el punto, el decoro natural ante este tipo de temas y más que todo siendo conversados con una señorita soltera y tan joven como ella siempre le generaban la incomodidad más razonable que pueda existir dentro de la situación en la que se encontraba.
—A diferencia tuya mi pequeña niña, yo no pude perfeccionar mis artes antes de salir a la sociedad, mi doncella llegó a los catorce y en dos años me enseñó lo que pudo; aún tengo que admitir que me es de mucha ayuda, incluso ahora sigo estudiando sus artes no vaya ser que el marqués pierda muy temprano el interés- le admite la mujer al ver lo roja que estaba Adelina.
—Cuando fui a pedir vuestro apoyo mi Lady me prometí que todo lo que usted me mandara a hacer yo lo haría con tal de lograr lo que quiero y si usted dice que necesito está doncella yo misma la mantendré a mi lado hasta que nos vayamos a la tumba- le explicó Adelina a su madrina.
—Me siento tan alabada, si quieres vete a tus aposentos y charla con ella un rato mientras realizo mi correspondencias- la animó y las dos muchachas salieron a la habitación de la niña.
A diferencia de su casa, en la casa de su madrina ella no dormía en la guardería si no que tenía una habitación propia, eso sí al igual que a ella la actual marquesa odiaba el color tapiz verde y la casa solo se pintaba de blanco y tenía algunas partes azules, por lo cual su recámara gozaba con ese estilo sobrio y elegante que caracterizaba a los marqueses. Cuando llegó a la habitación, se sentó en su colchón y le indicó a su nueva doncella que se sentara en la silla de su escritorio para poder verla mejor, si la iba a tener hasta su muerte debía saber todos los pormenores de la muchacha.
—Como ya lo dijo Lady Collins, yo soy tu nueva señorita, mi nombre es Adelina y estoy bien con el tratamiento de señorita para referirse a mí persona,- le explicó como quería que la conociera- ahora dime bien ¿Quién eres tú?- exigió.
—Mi nombre es Zita Wood, soy una huérfana que fue recogida por el burdel y que creció en el, agradezco a la persona que me abandonó que al menos fuera un burdel elegante tuve un poco más de probabilidades de sobrevivir allí que en uno de clase baja, además de que nosotras estudiamos como hacer felices a los nobles, por muy virgen que fueras debías complacer a los clientes, me subastaron el año pasado por 5 mil libras mi virginidad y atendí clientes hasta que la marquesa me compró hace dos meses y me mandó a aprender con su doncella como debe trabajar la servidumbre- le relato lo mejor que pudo la muchacha, casi sin aire y recorrido.
Adelina procesó esa información, eso significa que la muchacha estaba limpia de alguna enfermedad o por lo menos tenía la apariencia de no tener alguna; sinceramente corrió suerte, no muchas prostitutas logran estar sanas y salir de la profesión a tan temprana edad, Zita corrió con mucha suerte y esa suerte era la que necesitaba Adelina así que con más razón la necesitaba.
—Comienzan mis clases a medianoche, no quiero fallos; mientras tanto aprende a ser una doncella eficaz con la servidumbre de mi madrina- le avisa mientras tomaba uno de sus libros de francés.
La doncella salió de la estancia en silencio y Adelina procedió a centrarse en el libro, era su hora de descanso en la tarde por lo cual su institutriz no estaba con ella. En otra situación estaría escribiendo a la casa de campo de su familia para que Bayron o Brandon le informara de la situación a su madre o para calmar a Aline; al parecer la niña lo había pasado mal desde que ella había salido de la casa al finalizar la temporada, ya había prometido que volvería para las fiestas de fin de año, además tenía que ayudar en la educación de la niña.
La verdad Adelina no tenía ganas de volver, el tener que ver la cara de su padre, sus amantes y los hijos de estas le quitaban la paz que había construido durante ese mes. Su madre la tenía sin cuidado desde el nacimiento de Annastacia, en cuanto a la bebé, la última vez que la vio era una pequeña con unos hermosos ojos verdes y cabello rubio al igual que Aline y su madre, Adelina a diferencia de ellas tenía los ojos azules y cabellos negros; el único parecido con su madre era el entrecejo y los labios pequeños y coquetos, de resto era la viva imagen de la anterior vizcondesa de una belleza impresionante; en cuanto a sus medios hermanos se parecían más a sus madres y a su padre, que se parecía más al anterior vizconde cuyos rasgos eran muy genéricos y nada impresionantes.
Cuando Adelina se aburrió del libro de francés se lo puso en la cabeza para revisar la postura y procedió a leer el libro de italiano, ese era uno de sus métodos de estudio, no importa que tan saturada este, cada vez que cambiaba de materia tenía que seguir practicando sus modales, incluso se llegaba a atar bolsas con harina para que al caminar su pasos fueran más controlados y agraciados a la vista. Su cuerpo debía estar en la mejor condición posible, por eso ya estaba en una dieta controlada además de una rutina de ejercicio a primera hora de la mañana seguido de la equitación obligatoria en la tarde, incluso había acompañado a su madrina y al marqués en una pequeña cacería que organizaron los nobles locales hace unos días.
Aunque su madrina no era fanática de sacarla a las actividades de este tipo, por cuestiones de su educación, quería que pudiera desenvolverse sin ningún problema, cosa que un le costaba un poco; por otro lado, habían varias familias acomodadas que también frecuentaban Londres durante las temporadas sociales junto con hijos solteros e hijas que es muy probable que debutarán con ella, así que haciendo tripas corazón debía socializar para hacer una red social estable y posibles candidatos a esposos que la evaluarán.
Su madrina no había usado está táctica para encontrar a su marido, pero le sirvió mucho de referencia para que el marqués la considerara debido a los contactos que estableció en el procesó. Su madrina le recalcó mucho eso: Una dote puede ser un buen arma para llamar la atención de los caballeros, pero las conexiones eran la forma en la cual un caballero la respetaría gracias a las ambiciones políticas que pueda estar teniendo, no solo eso, si algo pasara estas conexiones pueden ser el punto de inflexión para salvar la situación.
—Señorita- la llama la doncella de su madrina- la marquesa la busca, esta esperándola en el saloncito- le informa.
—Gracias por avisar, voy en seguida- la despacha.
Adelina se quito los sacos de los pies y los libros que ya había leído de su cabeza, acomodó su tocado y los cabellos que pudieron salirse de este; terminada su revisión procedió a salir con Zita que al parecer había seguido a la doncella de su madrina y la estaba esperando, por un minuto pensó en preguntar si sabía que estaba pasando, pero luego pensó que esa pobre alma apenas se estaba acoplando a su nuevo trabajo y la dejó quieta, minimo ni siquiera sabía distinguir del todo sus deberes. Cuando llegó al saloncito, vio a su madrina extremadamente tensa incluso para su habitual disfraz y como cosa rara estaba el marqués presente y tampoco tenía buena cara; eso era algo antinatural ya que él era alguien de muy buen carácter y raramente se indisponía.
—Excelencias- saluda la niña con una reverencia.
—Ya te hemos dicho que eso no es necesario estando en casa solos- la corrigió el marqués tratando de disimular su malestar.
—Si padrino- le contestó algo más relajada.
—Me temo mi querida niña que vamos a tener invitados no muy deseados para cenar.- le informa ahora su madrina- Me a llegado la misiva de que mi honorable tío el barón llegara para cenar junto a mis primos; reduciré esto, ellos van a Bath por que al parecer a mi tío le recomendaron darse unos baños allá, se quedaran esta noche y mañana se irán a mediodía, no quiero que ninguno de ellos cerca tuyo. No les hables si yo no estoy presente y si es necesario evita salir de vuestra habitaciones- Le explicó soportando su propio mal genio.
Adelina no dijo nada, del poco tiempo que había vivido bajo el cuidado de los marqueses aprendió la regla fundamental de la casa, nunca mencionar al Barón, no sabía porque pero ella no iba a preguntar, de todas formas a ella nunca le preguntaron porque odiaba a su padre. Por su parte Adelina no culpaba a su madrina, sinceramente ella tampoco quiere saber nada de su padre debido a su comportamiento tan vergonzoso con sus amantes; sea cual fuera el pecado de la familia del barón ella no iba a contradecir a su madrina.
—¿Debería esconderme en algún lugar en específico?- preguntó algo preocupada, una parte de ella se puso alerta y dejó ver algo de su preocupación.
—Ya quisiera yo tener un lugar donde escondernos para no recibirlo para la cena, pero lo único que podemos hacer es encerrarte, esta noche debes estar en vela y no te atrevas a abrir la puerta hasta que yo vaya por ti; si es necesario mañana descansaremos de tus lecciones - le indicó mientras se abanicara.
—No piensen esas cosas, si logro que se vaya antes del desayuno prometo que vamos de excursión- las intento calma el marqués.
El marqués era un santo al intentar negociar con su mujer y con Adelina, después de todo su esposa nunca había perdido la compostura desde que la conocía y por su lado Adelina muy raramente mostraba vulnerabilidad o confusión frente a los demás, pues bien sabía el marqués que Adelina estaba hecha de la misma madera que su mujer por lo cual se debía tener siempre en cuenta. Pasado un rato el mayordomo anuncio la llegada del barón y sus hijos; Selene rápidamente cambio su posición y salto a sentarse al lado de Adelina seguido a ella el propio marqués se sentó a su lado como si estuvieran escudándola de la familia del Barón.
—Buenas noches su excelencia, mi querida sobrina es bueno verte nuevamente- saludo el barón al entrar a la estancia mientras hacía una reverencia rápida a los esposos.
El Barón no se parecía en nada a la marquesa, cosa entendible porque este era su tío, era alguien bajo y redondo, con cierto olor fétido que no disimulaba usando lociones, además tenía ojos saltones azul celestes que a la luz de las velas se veían casi traslucidos dándole un toque tétrico y ajeno a eso se notaba que no tenía una buena vida. Ahora Adelina entendía un poco a su madrina, fuera cual fuera el pecado del barón no tenía que ser muy agradable vivir con él; asumiendo claro, que ya tuviera esa apariencia tan deplorable y maquiavélica cuando su madrina era joven, cosa que la niña no dudaba por alguna razón.
—Que placer volver a verte sobrina no nos hemos visto en ¿Que? dos meses o fueron tres- seguía hablando el barón como si no notara la indisposición de los dueños de la casa.
—Tres meses si mi memoria no falla mi Lord- responde entre dientes el marqués.
Los hijos del barón a diferencia de su padre estaban de tras de él en completo silencio, eran apenas unos años mayores que Adelina y tenían pinta de ser niños enfermizos pues eran pálidos y al igual que su padre tenían ojos azul celeste y eran de un rubio muy pálido lo que les daba un peor aspecto casi como si fueran fantasmas, sinceramente Adelina no tenía ganas de acercarse a ellos, quería huir y comer en sus aposentos hasta que se fueran de Pemberton Hall cosa que veía imposible por cuestiones de decencia.
—Ah bueno, quien lo diría que ya ha pasado tanto tiempo desde que ustedes se casaron y yo enviude; incluso ya tienen una niña a su cuidado- contestó intentando ser afable.
La marquesa estaba tensa incluso Adelina vio como utilizaba su abanico sutilmente para bloquearle la visión a ella, naturalmente la niña entendió que su madrina lo último que quería esa noche era que su familia estuviera cerca de ella (Sentimiento mutuo), tal vez la situación hubiera sido más incómoda si no fuera por la llegada del ama de llaves.
—La cena esta servida mis señores- les aviso con una reverencia.
—Gracias señora Banks, prepara los aposentos de los invitados para Lord Cox y sus hijos, imagino que querían refrescarse antes de pasar a cenar- señala el marqués a sus invitados luego de despachar al ama de llaves.
—Eso sería de maravilla mi Lord los muchachos y yo estamos algo cansados nos retiramos unos minutos para estar un poco más presentables y poder conversar a gusto- contestó algo zalamero.
Cuando la familia de la marquesa se retiró fue ella misma quien perdió la total compostura y se aferró a Adelina como si pudiera esconderla en el interior de sus entrañas, estaba temblando e irónicamente completamente rígida, el marqués solamente apretaba con impotencia el sofá en el que estaban sentados.
—Señora Bank- llamó al ama de llaves- Da la orden que te di más temprano con urgencia, cierra con llave la habitación de Adelina, ella dormirá esta noche en la recámara de la marquesa junto a sus doncellas y cuando el barón se vaya quema ese sofá- ordenó entre dientes.
El marqués era joven pues no pasaba de los 28 aquel año, pero esa noche el asco le había aumentado la apariencia, Adelina comprendió que el marqués sabía o por lo menos entendía lo detestable que era, por lo menos de vista, el barón. Durante la cena los marqueses se las arreglaron para que su presencia pasara desapercibida, incluso se las arreglaron para inventarse una razón para mandar a dormir a todos temprano, aunque esa noche ellos no durmieron para nada.
Cuando se deshicieron de la familia Cox, los marqueses y Adelina respiraron en paz, el resto del otoño lo pasaron todos en calma incluso Adelina estaba contenta porque ya se consideraba una instrumentista del piano y del arpa, sus bordados eran lo suficientemente sofisticados para su gusto y su conocimiento en idiomas ya era suficiente para sostener una conversación básica. El problema y la razón por la cual el buen humor de Adelina se amargo fue porque tuvo que cumplir la promesa que hizo de ir a su casa a pasar las pascuas y no volvería a reunirse con los marqueses hasta el comienzo de la próxima temporada social.
—Prepara todo para que vayas cómoda en el carruaje y me asegure que en la posada nadie te moleste, escribe cuando llegues a tu casa que la carta la traerán los sirvientes así que no te preocupes, mantén el contacto y no dejes de estudiar durante estos meses que no estas conmigo- le decía la marquesa a la niña cuando iban en dirección al carruaje.
—Selene querida estas mareando a la niña ya cuantas veces has repetido lo mismo- la detiene el marqués.
Mentiras no eran, la marquesa se había aficionado tanto con su ahijada que ahora la idea de desprenderse de ella le parecía fatal, sobretodo porque recientemente el boticario le había confirmado que estaba a la espera del primogénito del marquésado por lo cual se había vuelto más cautelosa, incluso la marquesa viuda y los demás hermanos del marqués habían informado que iba a dejar la casa de retiró para poder cuidar a la marquesa y estar al pendiente del primer nieto. Por su parte a Adelina le hubiera gustado quedarse para acompañar a su madrina pero debía regresar para asegurar el bienestar de sus hermanas, incluso se llevaba a Zita para poder moverse con mayor facilidad, eso si ya había advertido a la doncella que no importaba que viera no podía contar nada a la marquesa.
—Mi querida madrina yo también os voy a extrañar y prometo que cuando nos reencontremos en Londres pasaremos toda la temporada y el otoño para acompañarte- le recordó con toda cortesía a su madrina.
—Eso lo se querida niña, pero todo esto es culpa del embarazo no hagas caso a esta dama, más bien prométeme que lo primero que harás al llegar a Londres será enviar una invitación para mandar a traerte a mi lado- le contestó algo dramática.
—Naturalmente se lo prometo madrina. Mi lord, mi lady nos vemos- le promete mientras se despide.
—Cuídate mucho Adde y vuelve pronto- se despide la marquesa algo triste.
—Felices fiestas querida niña- se despide el marqués cuando cerró la puerta del carruaje.
Adelina les sonrió tranquilamente y tal como le había enseñado su madrina, preparándose mentalmente para pasar dos días de viaje para volver a casa con su familia. Pasados esos dos días se encontró en Gablewood Abbey siendo recibida por la ama de llaves, no se ofendió, se hubiera indispuesto si su padre se le ocurría aparecer para recibirla, aunque si vio a su hermana pequeña en el recibidor de la casa lista para recibirla.
Cuando Adelina vio a Aline no pudo evitar evaluarla, estaba un poco más alta que la última vez que la vio pero su mirada seguía siendo tan ingenua como siempre, a veces cuando la miraba se preguntaba si ella era la rara o lo era su hermana, pues a esa edad ella ya no esperaba nada del vizconde o de su madre, lastimosamente fue a esa edad que entendió lo horrible que era su familia.
—Es bueno verte otra vez Aline- la saluda cuando entra a la casa.
—Te extrañamos Adde- abraza la niña a su hermana mayor.
—¿El vizconde?- pregunta algo indiferente a su hermana cuando la aparta aunque le daba gusto verla.
—El Señor se encuentra en su oficina con los demás- le contesta la niña agarrando su mano.
Algo que le molestaba de Aline es que no entendía que había y tenía que haber una diferencia entre ellas y los demás hijos de su padre; a veces la propia Adelina se preguntaba si era su culpa por proteger tanto a su hermana que esta no lograba ver el peligro en esas mujeres y su hijos. Si no fuera porque realmente apreciaba a Bayron y a Brandon, esta casa ya Adelina la habría convertido en una guerra sin cuartel.
—Debo ir a saludarlo, avisa a la madame que he llegado y que iré a verla- le indicó Adelina a su hermana mientras le daba unas palmaditas en la cabeza.
La niña solo asintió y corrió escaleras arriba antes de que Adelina pudiera decir algo más, entregó su carta al cochero de su madrina y lo despidió tranquilamente mientras Zita y el ama de llaves con los lacayos subía los tres baúles que habían traído, uno con su ropa y algunas baratijas para sus hermanas, otro con su material de estudio y el último y el más pequeño con las pertenencias de su doncella. Después de acomodar todo camino por los pasillos de su casa hasta que llegó al estudio del vizconde; lastimosamente para ella estaban todos los hijos del vizconde en el estudio, lado positivo por lo menos eso incluía a sus hermanos mayores para evitar que la saliera de control.
—Le deseo un buen día Señor- saludo Adelina dando una reverencia.
—Acércate Adelina- le ordenó el vizconde.
Este la evaluó sin ningún disimulo haciendo que Adelina recordara lo patético que es, incluso pensó que por eso no era alguien relevante en la política, si lo comparaba con su padrino que era unos treinta años más joven, la diferencia era abismal. Sinceramente si fuera por Adelina se hubiera llevado a Aline y Annastacia de la casa para no tener que volver a ver al vizconde, pero como eso no era posible acá estaba viéndole la cara después de tres meses.
—Veo que tu estancia con los marqueses fue muy beneficiosa para tu desarrollo- señala después de verla- además de esa doncella tuya ¿Hay algo que deba saber?- preguntó el vizconde.
—Puede que pasadas las pascuas y antes de regresar a Londres para la temporada social llegue mi Institutriz, la señora Crane, aun que es muy poco probable puesto que me reuniré con ella cuando la marquesa llegue a Londres- le responde Adelina.
—¿Padre por qué yo no tengo una institutriz?- preguntó una de sus medias hermanas específicamente la bastarda mayor-¿Es que acaso no soy tu amada hija? Yo también quiero ser una dama, mírala como esta vestida, tiene mejores vestidos que los míos- Se quejaba haciendo una rabieta.
—Me temo Delia que eso no es posible por el momento pero prometo conseguirte una institutriz a ti y a tus hermanas; en cuanto a la vestimenta Adelina es la ahijada de una marquesa es natural que ella le de algunas cosas sin importancia- la consolaba mientras minimizaba el lujo de los vestidos que le dio su madrina.
Adelina quería mofarse de esa situación; si Aline o ella en algún momento hubieran hecho esa escena les habrían impuesto un castigo severo por perder la compostura frente al vizconde, bien se decía que las personas estúpidas son fuente de vergüenza ajena. Si su situación fuera otra le hubiera gustado contestarle a su media hermana con unas palabras no muy decentes que había aprendido de los criados y los arrendados de su padrino cuando salía con su madrina a recorrer las tierras; pero como era una dama y sobretodo era una dama de la alta sociedad solo pudo soñar con decir lo siguiente:
"Solo las mujeres legítimas tenemos derechos, después de todo estamos hechas para ser vistas y aceptadas, no nacimos en el ostracismo como los bastardos".
Pero como debía guardar las apariencias por el bien de su dote y la de sus hermanas solo pudo quedarse con esas palabras en su mente.
—¿Vuestro señor necesita algo más de mí?- preguntó interrumpiendo la plática que tenían padre e hija.
—No por el momento, después verificaré todo lo demás retírate debes estar cansada del viaje- le aviso mientras la desterraba del estudio.
Adelina hizo una reverencia y salió sin dirigir la mirada a nadie más, naturalmente procedió a buscar a su madre y hermanas en su propio espacio, el salón que se encontraba en el ala este siendo la contra posición del estudio del vizconde era del dominio de su madre. Cuando entro a la estancia su madre estaba bordando al lado de la cuna de su hermanita, mientras Aline correteaba de un lado a otro jugando con su muñeca de trapo.
—Aline por favor esos no son los modales de una dama- no pudo evitar regañarAdelina cuando la vio.
La niña hizo un puchero y dejó de correr, esta intromisión generó que la vizcondesa volteara a ver a su hija mayor, cuando se vieron Adelina notó que se veía cansada y demacrada; sinceramente no quería pensar como fueron esos tres meses desde que ella se fue, por lo menos sus hermanas se veían bien cuidadas. Ante esto Adelina suspiró mientras hacía la reverencia para saludar a su madre.
—Es bueno volver a verla madame- la saluda algo más serena.
—Es bueno que volvieras Adde ¿La marquesa te trato bien?- saluda mientras le preguntaba por su estancia fuera de la familia.
—Aprendí mucho de su excelencia, más tarde con gusto tocare alguna pieza para que la madame se deleite con el progreso que tuve- contestó algo indiferente.
La vizcondesa tenía una cara muy lastimera, casi como si fuera a llorar con esa respuesta tan monótona de su hija, esto provocó que Adelina se sintiera incómoda de solo verla por lo cual se quiso retirar pero no conto conque la vizcondesa se levantaría de su asiento y la abrazaría, algo que se hizo incomodara más pues no estaba cómoda siendo sujetada como si fuera un pilar al que agarrarse, incluso la marquesa las pocas abrazaba no era tan desesperada como su madre.
—Adde...- susurra la vizcondesa-Gracias por volver a casa- logra decir antes de comenzar a llorar.
Adelina se las arregló para darle palmadas en la espalda a su madre, totalmente convencida que en su casa ninguno de sus padres posee un atisbo de dignidad, bueno, su madre no por elección el vizconde ya era otra historia. Por otro lado su mente solo tenía una cosa en la cabeza: <<Sobrevive hasta la próxima temporada Adde>>, fue de esta manera que Adelina paso sus fiestas aquel año.
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