Capítulo 1 de 16
La noche en la que inició todo para Adelina fue de todo menos pacífica. Había una tormenta azotando el exterior y en el interior su madre gritaba desesperada tratando de dar a luz al que se rezaba que fuera el heredero de su padre. Después de todo, su madre ya le había dado dos hijas, pero ningún hijo, lo que impacientaba al vizconde que cada vez era menos considerado con ella y sus propias hijas, después de todo, sus amantes habían dado a luz a varios hijos varones, incluso una de ellas también estaba dando a luz en esos mismos instantes.
Adelina sabía que las otras mujeres de su padre se volverían más arrogantes si su madre no lograba dar a luz un varón esa noche y su actual preferida sí lo lograba. Ya ella tenía muchos problemas debido al favoritismo de su padre por sus otras hijas e hijos, ahora, si tenía una hermana sería humillada aún más, por no hablar de que siempre le restregaban que a su madre le era muy difícil tener hijos.
Ella era la hija mayor que llegó justo después de la boda, luego cuando cumplió sus cinco años llegó su hermana Aline y ahora a sus diez años estaban a la espera de un milagro para su madre. Si lo vieras por fuera, parecería que Adelina tenía la ventaja por ser la hija mayor, lo cual era un error, ella tenía varios hermanos mayores, dos de esos adoptados por su madre y otros que nacieron unos meses antes que ella.
¿Cómo es que, con esa cantidad de niños, la magnitud del escándalo de tener a la esposa y los hijos legítimos viviendo con las amantes y sus vástagos, no se ha salido de control? Porque el vizconde se las arregla para mantenerlo a oscuras, y la vizcondesa, por cuestiones de orgullo, nunca va a decir nada a su familia. Ajeno a su orgullo, estaba el hecho de que era la hija de un comerciante que tuvo la suerte de recibir el título de baronet de un pariente lejano, por lo cual tampoco es que tuvieran suficiente remonta para salvaguardarla, fue un golpe de suerte que la hija de la familia se casara con un vizconde.
Tal vez por eso el vizconde la escogió: la vizcondesa tenía una dote de 20.000 libras y una familia con un poder mínimo, lo que lo dejaba en ventaja para manipular y seguir invicto en sus fechorías. Adelina odiaba a su padre por eso; ya había jurado que el día que muriera antes de enterrarlo iba a mandar a profanar ese cadáver, lo echaría en una fosa común y en el féretro iba a poner el cuerpo de un mendigo.
—Es una niña —informó su hermano mayor, Bayron, derrotado.
Adelina solo arrugó la cara molesta. Si su madre dio a luz una niña, ahora tenían que rezar que la amante número tres tuviera otra, era la única forma de que sus dignidades estuvieran intactas o de que su padre no intentara cambiar a los bebés. No odiaba a la niña, odiaba a su incompetente madre; (ajeno al hecho de no tener un niño, pues eso era trabajo de dos) que la situación hubiera escalado a este punto era también culpa de ella por no saber lidiar con su padre.
—Perdimos, es un niño —anunció Brandon al llegar adonde estaban los demás.
Sus dos medio hermanos mayores eran los primogénitos ilegítimos de su padre con una doncella, cuando la vizcondesa se casó, lo primero que hizo la madre de ellos fue rogarle que los acogiera y que a ella la casara en el campo, que en un futuro sus dos hijos podían serle útiles. Al parecer la madre de los dos hacía años era acosada por su padre y no quería ser su amante hasta que su padre la forzó y tuvo a sus medio hermanos, por lo cual el matrimonio del vizconde fue la oportunidad perfecta para escapar.
Fue por eso que Bayron y Brandon, con apenas cuatro y dos años más que ella, fueron considerados más agradables que el resto que nació después del matrimonio de su madre. Además, los muchachos no eran tontos y sabían que su madre era su mejor apoyo por el momento, además de comprender bien la situación general y tratarlas con respeto, pero sin mucho contacto por miedo a que su padre los pusiera en una situación muy difícil. Por lo cual, eran un apoyo realmente considerable y discreto.
—Hay que evitar que cambien al niño —reacciona rápido Adelina.
Los tres subieron con Aline a cuestas, sin que la más joven entendiera algo. Rápidamente entraron al cuarto para que Adelina revisara a la bebé, confirmandó que el pequeño en la cuna aún era niña. La vizcondesa dormía en su cama mientras las doncellas limpiaban la habitación y ni los miraban a ellos. Afuera de la habitación podía oírse el júbilo de su padre por tener otro hijo, no los voltearía a mirar en un buen rato.
—¿Adde, sabes dónde está el sello de su madre? —murmuró Bayron.
—En la última gaveta del estudio —le contestó—. ¿Para qué? —preguntó.
—Debemos mandar una carta a tu familia para que vengan a visitar a tu hermana pequeña así no podrán hacer el cambio. Cuanto más rápido todos en la sociedad sepan de que tu madre tuvo una niña, menos posibilidades hay para el cambio —le contestó, sabiendo que cuando su padre se calmara intentaría cambiar a los bebés.
Si bien la familia de su madre no podría hacer algo para protegerla, al estar al tanto de la existencia de la niña todos los demás lo sabrán y su hermana estará a salvo de estar en la sombra de la ilegitimidad y de las maquinaciónes de su padre. Cuando robaron el sello y enviaron la carta, Bayron y Brandon no volvieron a hablar con ella, sino que salieron a entretener a su padre y a todos los sirvientes; lo último que necesitaban era que recordaran el fracaso de su madre.
Adelina se derrumbó al lado de la cuna de su hermana menor, junto a su hermana mediana. Aline apenas iba a cumplir cinco años cuando terminara el otoño, cuando comenzaron las lluvias de mayo fue Adelina quien cumplió los diez y ahora apenas unas semanas después y, al finalizar la temporada de primavera comenzaba las cuentas de esta nueva hermana.
Siempre con el tiempo en contra: las mujeres tienen el tiempo contado desde que nacen, toda su supervivencia depende de dos momentos cruciales: el matrimonio y dar un heredero; si falla en uno de ellos estará condenada y se convertirá en una carga para todas las personas a su alrededor. Adelina era muy consciente de eso desde hace tres años cuando visitaron a su tía viuda y está se quejaba de que su madre no tenía un hijo recordando todo lo que podía pasar si su padre moría de repente, la anciana fue muy explícita y desde entonces Adelina sabía una sola cosa: que estaba sola y que debía ser la más destacada de todas para asegurar un buen matrimonio.
El problema era que ella no sabía qué hacer para lograrlo; su madre no era útil, no tenía una guía decente, ni siquiera tenía una institutriz, por lo que todo lo que sabía era porque su madre le enseñaba. Pero para más adelante no serviría de nada, no debutaría como las demás porque su madre nunca fue presentada en la sociedad ante la reina y no tenían algún familiar que hiciera de garante en el palacio para que la presentaran a la reina en su debut, por lo cual estaba en desventaja.
—Su madre quería que practicara un poco la lectura, además de que le permitiría saber cómo va a cerrar la primera parte de esta temporada. Sería algo agradable que usted se lo dijera —le dice con dulzura la doncella de su madre al verla tumbada al lado de la cuna.
La doncella de su madre era un ser de luz pura en esa casa, lo cual en esa guardia de lobos era refrescante. ¿Lo mejor de la muchacha? Estaba casada y tenía una apariencia muy simple por lo que su padre nunca se aprovecharía de ella, por lo cual no tenían que preocuparse por ella. Eso sí, estando casada, seguía siendo muy ingenua como lo sería una verdadera niña pequeña.
—Gracias —le agradeció de mala manera—. Llévate a Aline a su cuarto —pidió al ver a la niña dormida al lado de ella.
Al final del día, Aline era muy pequeña para entender del todo sus preocupaciones incluso se había quedado dormida mientras Adelina seguía despierta por la ansiedad. La doncella levantó con cuidado a la niña y cerró la puerta cuando salió, dejando a la madre y a su recién nacida dormidas y una niña con un periódico de chismes en la mano.
Adelina procedió a leer la columna de los chismes en un intento de calmar su mente, primero salía la descripción de los últimos bailes importantes y unos detalles sobre la última función del teatro, algo sobre la interpretación de la primavera y por último llegó al parecer el chisme del momento:
La señorita Cox, la única hija del difunto barón Sterling contraerá nupcias con el marqués de Pemberton, Andrew Collins, el próximo fin de semana. La única hija del anterior barón Sterling había vivido bajo el cuidado de sus tíos paternos hasta su debut y presentación en el palacio, siendo la sensación durante toda la temporada, tanto que atrajo a un marqués al altar, felicitamos a la futura marquesa y al marqués por sus nupcias.
Esta información le atrajo la atención a la niña. La iglesia donde se iba a celebrar la boda era la misma iglesia a la que ellos iban y eso permitió que la niña concibiera una idea arriesgada. Si lograba acercarse y asegurar que la próxima marquesa se fijara en ella, la patrocinara ante la corona y la sociedad todo sería diferente a que lo hiciera su propia madre, lo que le permitiría hacer un buen matrimonio. No era muy ambiciosa, con un vizconde de mejor posición política que su padre se conformaba y si tenía suerte el segundo hijo de algún alto rango.
Ya lo había decidido, costara lo que costara debía acercarse a la señorita Cox y obtener su protección, tenía años perdidos de planeación para su debut a comparación de otras niñas de su edad y tenía el tiempo en contra, como siempre. El gimoteo de su hermana pequeña la sacó de sus máquinaciónes. Era pequeña y arrugada pero lograba ver el parecido o eso se consolaba Adelina, al menos si lo lograba esa niña tendría más esperanzas que ella y Aline en estos momentos.
—Habría sido de ayuda que fueras un niño, pero al menos nos queda una última esperanza por lo que tenemos que planificar desde ahora- le murmura a la bebé mientras pincha las mejillas de esta con su mano.
Ciertamente si el patrón que llevaba su madre seguía, tenían la esperanza de que quedara embarazada dos veces más (dudaba que después de los cuarenta su madre pudiera engañar a su padre para que volviera a su cama) y que una de esas veces fuera un niño, el problema era la duda de si su madre podría darle un hijo a su padre, por lo cual no podían confiar en ella.
Si esta niña fuera un niño estarían más estables y no tendrían que preocuparse tanto por su futuro por el momento (a menos que muriera muy joven). Pero todos los «hubiera» del mundo no solucionaba nada y solo le quedaba esa pequeña oportunidad para ellas de entrevistarse con la señorita Cox.
—Te prometo que nos sacaré de este infierno, pero primero tenemos que sobrevivir Annastacia- le prometió a la bebé después de ponerle un nombre decente, mínimo sus padres no le darían uno hasta que se les hubiera pasado la decepción y solo el cielo sabe cuándo pasaría eso.
oOo
Adelina había logrado lo imposible tres veces en una semana. Primero, le ganó a su padre, pues después de dos días la amante de su padre le sugirió cambiar a los bebés por lo que se formó una fuerte disputa en la casa, pues su madre por muy decepcionada que estuviera por tener una hija, nunca aceptaría que le impusieran al hijo de una de las amantes para que se hiciera pasar como suyo, fue en el punto más álgido de la discusión cuando llegó su tío materno a visitar a su madre y se frustraron los planes de su padre al enterarse de que ya todos en la sociedad sabían que la vizcondesa había tenido una niña, por lo que Adelina obtuvo su primer punto.
El segundo logro fue que el nombre de la bebé siguiera siendo el que ella le puso, pues, como lo imaginó, su madre ni su padre supo bien qué responder a su tío sobre el nombre de la niña cuando preguntó por ella, es por eso que usando toda su vena mentirosa le informó que su hermana se llamaba Annastacia y que era muy bonita; por lo que sus padres para evitar que todos se dieran cuenta que ni siquiera habían visto a la criatura en los días que estaba viva le siguieron la cuerda a Adelina. Adelina ganó por segunda vez. Por último, logró llegar a la iglesia a la hora exacta de la boda de la señorita Cox, ahora solo quedaba acercarse.
Con cuidado se fue al carruaje de la novia pues aún faltaba algo de tiempo para que comenzara la boda, y tuvo la suerte de verla sola y con la mejor timidez fingida que podía mostrar se asomó al marco de la puerta y la vio en su bonito vestido rojo lista para su matrimonio, fue entonces que ella se percató de su presencia.
—¿Te perdiste pequeña?- le preguntó suavemente.
—¿Sería muy de mala educación pedirle un poco de su suerte?- le respondió con otra pregunta.
Ella la miró, alzando su ceja perfectamente definida; sus rasgos eran muy marcados, su cara era menuda y su cuerpo bien definido; le sonrió y con su mano le indicó que abriera la puerta del carruaje y se sentara a su lado.
—Pequeña ambiciosa, desde tan pequeña y ya quieres el ramo —la elogió—. Yo era igual: desde pequeña me aferraba a cualquier oportunidad. Dime ¿Cuál es tu nombre y tu meta?
—Adelina White, hija del vizconde Ravenscroft, y quiero poder para sobrevivir —admitió al verse descubierta.
—Esa es la mejor respuesta que puede dar una mujer —siguió elogiándola—. Me imagino que quieres que sea tu madrina- le adivinó el pensamiento.
Adelina tuvo la decencia de parecer algo avergonzada al verse descubierta en sus esfuerzos, pero la joven no se molestó antes parecía hhalagada ante la consideración de la niña pequeña.
—Tienes potencial y sé reconocer que el instinto de supervivencia te mueve, yo he vivido con él desde que soy huérfana, no te preocupes yo te acogeré —le prometió la muchacha y le dio una flor de su ramo—. De ahora en adelante soy tu madrina y te prometo que serás más grande que yo o no podré ser Selene Collins —juró de manera solemne.
La niña le dio una profunda reverencia y se fue para evitar sospechas, Selene la vio con buenos ojos debido a la astucia que tenía, después de todo ella entendía lo que es estar desesperada y sin nada en que apoyarse, ya iría a visitar al vizconde y a su esposa después de su boda. Durante todo el servicio, Adelina se sentía algo inquieta, una cosa eran las palabras y otra era cumplirlas, por lo cual no le quitaba la mirada a la mujer bonita vestida de rojo, otra cosa buena era que su padre era tan descuidado con ella que no notó su ausencia durante la audiencia que tuvo con la ahora Lady Selene.
Cuando terminó el servicio, Adelina sintió algo de paz cuando salieron y la nueva marquesa la miró a la salida de la iglesia, esto no pasó desapercibido para el vizconde que estaba con las dos niñas y la doncella que trajo para servirlas.
—Tiene una hija muy bonita, milord —habló la nueva Marquesa.
—Debe ser por el parecido a mi difunta madre —contestó el hombre sin mucho interés en su propia hija.
—También veo que se parece mucho a lady White; ya quisiera yo tenerla a mi cuidado, se ve tan menuda —le insinuó la mujer.
El vizconde no era idiota como para ignorar el hecho de que si a Adelina la acogía la marquesa sería una conexión invaluable para él, después de todo en la Cámara de los Lores él no tenía mucha remonta y si el marqués le daba algo de apoyo a través de su hija era un logro que no iba dejar pasar para sus intereses.
—Entonces, si gusta, yo le puedo mandar a mi hija mayor todo lo que quiera; bien que estamos ocupados recibiendo a mi nueva hija —le dice como si fuera realmente algo bueno.
Adelina no habló; solo dio una profunda reverencia a su nueva patrocinadora y la vio irse a seguir recibiendo felicitaciones de otros nobles que estaban en el servicio religioso y solo los más allegados irían al desayuno de bodas, pronto Adelina tendría esa suerte.
Cuando llegó a su casa, fue recibida con la magnífica escena de la amante número dos de su padre, esperándolos con sus cuatro retoños en la puerta de la casa. A ellas las odiaba con toda el alma, sobre todo cuando se turnaban para acaparar a su padre y hacerles la vida imposible a ellas; ¿El capricho de esta vez? La hija bastarda mayor quería unos pendientes nuevos como los que le habían regalado a su hermana por su nacimiento.
La bastarda mayor era apenas un año menor que ella pero eso no parecía importarle al momento de hacerle la vida miserable. Deseaba que su madre tuviera rápido un hijo varón para que su padre muriera para darles a todos los hijos bastardos de su padre, a excepción de Bayron y Brandon, una copa de veneno y que se murieran para que lo acompañaran en la tumba, bien que les gusta acapararlo en vida que lo acapararan también en la muerte que es el único momento que los ve útiles.
Naturalmente, su padre les dio el capricho y otro tanto de la lista. Así era el vizconde, no dudaba en darles lo mejor a sus amantes y bastardos, pero a sus hijas legítimas lo justo y necesario para aparentar, solo le faltaba que las pusiera de sirvientas de sus otros hijos, si ese día llegaba ella misma mandaría su reputación y la de sus hermanas al diablo y haría que la sociedad se escandalizara al enterarse de cómo los obligaba a vivir su padre, porque porque para eso sirve la sociedad: para ser una chismosa de doble moral. La mayoría de hombres tuvieron amantes o hijos ilegítimos, nadie los juzga, solo a las mujeres; pero todos estos hijos ilegítimos suelen vivir aislados en las casas de campo o en algún internado, nunca junto a la mujer legítima y sus hijas, es por eso que Adelina estaba lista para delatar a su padre si la llegaba a obligar a ceder algo suyo o ser sirvienta de sus hermanas.
Se encerró en sus habitaciones con tal de no ver a su padre y medio hermanos, la guardería se sentía más pequeña desde que llegó Annastacia, solo rezaba que su padre tuviera algo de conciencia y la dejara tener su habitación prontamente, pero por el momento era mejor que se quedara con sus hermanas, eran muy pequeñas para dejarlas solas, en ese frío cuarto blanco y sin nada más que unas cuantas muñecas de trapo para su entretenimiento, sus libros de romance y sus objetos de costura.
Su guardería era muy sencilla al lado de la de sus medio hermanos. Ellos tenían una habitación con vista a la calle, mientras que ellas veían el jardín; las paredes de ellos tenían el verde italiano que comenzaba a estar a la moda y ellas tenían unas frías paredes blancas y no hablemos de los juguetes, ellos tenían todos los que estaban de moda. En cuanto a Bayron y Brandon, ellos tenían sus propias habitaciones debajo de la guardería de sus medio hermanos, eran sencillas, a ellos simplemente no les gustaban las cosas vistosas así que también tenían las paredes blancas, eso sí, tenían unos bonitos muebles de madera fina.
Lo único era, y según ellos, que el humo de la calle los tenía aburridos; bueno, eso y la falta de luz, literalmente, preferirían una habitación más pequeña pero mirando al jardín como ellas con tal de tener mejor iluminación, además de que eso les permitiría ventilar mejor sus cuartos, que, según ellos, la humedad también les molesta cuando comienza a dañar sus libros.
Bueno, ahora que lo pensaba mejor,, tal vez no le molestaba tanto tener su habitación mirando al jardín, a ellas siempre les gustaba que el olor de las flores entrara por la ventana, al menos en la casa de campo tenía una habitación mejor y más grande que sus medio hermanos. La tía Rose mataría a su padre si llegaba de sorpresa a visitarlos y los veía en una habitación pequeña montaría un escándalo que toda Inglaterra tendría el gusto de saber, eso sí, era igual de sencilla a la que tenían ahora; sin decoraciones o objetos a la moda, solo lo necesario.
Adelina no tenía mucho afán por ir a la casa de campo cuando terminaran las reuniones del Parlamento, no era muy aficionada a viajar porque se mareaba con fácilidad, aunque admitía que le llamaba la atención la equitación, era una actividad propia de las damas cultas, así que ella debía interesarse por esas costumbres, debía dominarlas todas. Aunque ahora que lo pensaba ella y una yegua en exhibición tenían la misma mala suerte de ser vendidas al mejor postor para parir, de solo pensarlo comenzó a detestar un poco la equitación.
—Señorita Adelina —recibió la llamada de la sirvienta de su madre. La dama la mandó a llamar- le avisó a la niña.
—Gracias, voy a verla en un rato —le contestó dejando de lado su muñeca de porcelana.
No tenía ganas de ver a su madre; mínimo, ya estaba enterada de su encuentro con la marquesa y quería sacarle todos los detalles de aquella entrevista. No tenía ganas, pero teniendo en cuenta que necesitaba que ella se deslindara de Aline y Annastacia para que ella pudiera llevarselas a estudiar con la marquesa tenía que ir. Cuando se acercaba a las recámaras de su madre podía oír el cuchicheo de las sirvientas de su madre; al entrar a la estancia lo entendió todo: el médico y la comadrona estaban saliendo de la cámara interior al pasillo y la duda comenzó: ¿sería que su madre sería capaz de tener otro hijo o Annastacia era la última?
—¿Se me permite ver a mi madre? —preguntó al médico, sabiendo que probablemente ya no fuera conveniente entrar.
—Mi lady había dado la orden de llamar a la señorita White antes —explicó la doncella con toda la discreción que pudo.
—No veo ningún problema si entra la joven dama —le respondió el hombre haciendo una reverencia para luego seguir su camino.
—¿Aún puede concebir o no? —preguntó fríamente la niña a la matrona.
—Puede, pero la dama esta molesta aun por el nacimiento de la señorita Annastacia, además de que sigue en las mismas condiciones que antes y no puede embarazarse en un año —le informó la matrona a la niña, sin ocultarle nada.
La mujer sabía que Adelina no era fácil de tratar, además había visto como tenía un gran entendimiento de su posición, la de su madre y hermanas; era muy fría y calculadora desde una edad muy temprana, era la hija legítima mayor y la que más se parecía a la difunta vizcondesa, la matrona sabía que era mejor para todos comenzar a tomar el bando de esa niña, quién sabe cual de todas las personas ganara la partida del poder en esa familia.
Al entrar a la habitación Adelina vio a su madre con los ojos rojos y el cabello desordenado, ya había imaginado que su humor era colérico al saber que su salud otra vez era delicada, las otras mujeres de su padre se recuperaban a los tres meses del parto y eran fuertes y vigorosas, pero su madre siempre quedaba débil después de los partos y tenía que esperar un año completo solo para intentarlo y no hablemos para lograr quedar embarazada. Sabía que la vizcondesa se sentía impotente ante esa realidad, pero esa era su culpa por no saber elegir marido y no saber atraerlo a su cama para asegurar la descendencia.
—Presento mis saludos, madame —habló Adelina haciendo notar su presencia.
—Acércate, niña —la llamó sin siquiera mirarla.
Adelina no le dio importancia, como no tenía ni institutriz o damas de compañía aún, su madre había sido la encargada de la educación inicial, el entendimiento de los sermones religiosos y la etiqueta básica; podía entender que debido a su propia educación tan pobre no pudiera ofrecerle una mejor educación. Por lo cual no la culpaba, pero que ella no la culpara por querer una vida mejor y buscar a otra para que la respalde.
—Me enteré de que la nueva marquesa de Pemberton tiene la intención de patrocinarte —le dice como si fuera un hecho ya negociado y cerrado—. ¿Te vas a ir? —pregunta.
—Sí, alguna tiene que asegurar un buen matrimonio —le respondió con indiferencia.
—¿Es por mi incompetencia? —preguntó otra vez.
—Lo que se sabe no se pregunta, madame. Tengo la intención de llevarme a Aline y Annastacia cuando pueda. De alguna forma debemos protegernos —continuó con un tono neutro y sin emoción.
La vizcondesa no habló más y le hizo la seña para que se fuera, ante esto Adelina dio una reverencia y salió de la habitación en silencio, no iba a consolar a su madre, el cielo sabía que no había afecto entre ellas, o por lo menos no había afecto por parte de Adelina, por parte de la vizcondesa solo lo sabía la propia dama. La niña no negaba que puede que existiera afecto por parte de ella, después de todo era más cercana a sus hijas que otras damas nobles y la había instruido en persona; no sabía si era afecto genuino, una forma de conservar su cordura en la casa o protección para que sus hijas no la avergonzaran más de lo que ella sentía.
No es que Adelina no la quisiera realmente, pero sinceramente no le tenía el cariño descrito en los libros y tampoco tenía el carácter para fingir emociones, aunque teniendo en cuenta que pronto tendría que comenzar su educación para presentarse en sociedad debía aguantar todo y sin importar lo que pasara debía aprender de su tutora. Es algo que estaba decidido desde que eligió luchar por su cuenta.
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