Capítulo 15 de 16
-Me he asegurado que su vestido sea magnífico señorita White- se apresuraba en contar la modista halagandola.
-Siempre dices lo mismo Mercier- la interrumpe Selene sabiendo de sobra la palabrería de su modista.
Estaban en el salón privado donde Selene estaba acomodándose en su acostumbrado sillón para leer le libro negro, venían a que Adelina se probara su vestido de novia además revisar el ajuar; después de todo, ese ajuar se hizo pensando que Adelina no se casaría con un cargo tan alto como un duque por lo que ahora debían complementarlo para que estuviera a la altura de una duquesa.
-Madame Mercier, quisiera probarme el vestido- pidió Adelina queriendo acortar el teatro ya conocido.
-Con gusto señorita,- obedeció la petición- apúrate muchacha- mando a una de sus hijas por el vestido.
Hoy junto a madame Mercier estaba una de sus nueras y sus cuatro hijas, Adelina no recordaba si la nuera presente era la esposa del hijo mayor o del mediano pues ese par de hermanos se casaron con dos hermanas que para colmo eran muy parecidas. Debía preguntar no fuera que dijera una barrabasada, pues a ninguna de las nueras se le decía por el apellido porque entonces nunca se podría saber a quien se le hablaba, hasta podría confundirse con la propia madame y que lio.
-¿Ella es tu "hermana" mayor o la del medio?- le pregunto a la hija menor y con quien ella trataba más.
-La del medio, ella usa lazos verdes- le susurro la chica a la señorita recordándole como diferenciarla.
-Gracias- suspiro aliviada la señorita marcando un poco la distancia entre las dos.
-¿Cual es?- la jala Selene porque ella tampoco lo recordaba y estaba segura que su ahijada estaba haciendo la pregunta.
-La del medio, ella usa verde- le contesto rapido Adelina.
Vergüenza les debería dar a las dos por no recordar quien era quien, pero la madame tiene ocho nueras, dos de ellas casi idénticas y a ninguna le podían decir señora Mercier porque que embolate; pero en defensa de ellas, una boda no se planea de la noche a la mañana y habían estado corriendo por todos lados preparando la boda que ni siquiera les ha sido posible hablar a las dos mujeres. Por otro lado, tanta ocupación sirvió para ir calmando los pensamientos de ambas y que la relación se estabilice como antes de la columna de chismes hace semana y media.
-Este es el vestido señorita; mi lady- llega la hija mayor con el maniquí donde estaba el vestido.
Era blanco según la moda que se había instaurado desde la boda de la reina, algo que molestaba a Adelina que recordaba el vestido rojo de la boda de Selene y en su momento ella se había prometido que cuando se casara caminaría al altar en un bonito color morado o azul, pero como la reina se caso de blanco nadie iba ir en contra de una moda impuesta por ella; Adelina no estaba tan loca como para ser la única mujer que usara un vestido de color cuando la moda era blanco, pero aun asi el vestido tenia su toque.
Si bien era blanco, madame Mercier le había agregado varios bordados en un morado oscuro que no desentonaba, además de que el corsage brooch era de un tono celeste casi traslucido que ayudaba a que Adelina se sintiera mejor pues ella aborrecía el blanco al recordar las paredes de la vieja guardería de la mansión del vizconde, además el velo era más que todo una caperuza larga al estilo antiguo como en los cuentos de hadas, a Adelina le gustaba como se veía además de que el ramo eran claveles con hortensias en plata y seda.
-Quedara bien con la corona de la familia White- reconoció Adelina al ver la vestimenta.
-Pruébatelo rapido Adde- la animo Selene- Zita lleva las joyas para que se vea completamente vestida- le ordeno a la doncella.
Habían llevado las joyas que iban a usarse para saber si tenían que cambiar alguna; la corona kokoshnik era la que el vizconde le dio a Adelina, un brazalete de plata que su madre le había mandado, los aretes eran préstamo de Selene pues combinaban con la corona y la manilla; en lo referente al collar eso aun estaba en duda pues como el velo se sujetaba al cuello de Adelina al ser tipo caperuza no querían nada que incomodara a la muchacha pero tampoco podía salir con el cuello descubierto y con el moño del velo.
Mientras le ponían el vestido y las joyas Adelina no sabia como sentirse, tenia una opresión en el pecho que no era normal, no se sentía como algo preocupante pero si era incomodo; era como una especie de expectativa que Adelina no conocía, se sentía como si su corazón quisiera correr pero no sabia porque. Cuando Zita y la hija de la madame la terminaron de vestir la ayudaron a salir del probador y caminaron hasta el medio de la habitación para que Adelina pudiera verse al espejo con mayor detalle.
-Te ves hermosa Adde- solloza Selene cuando la ve.
-Están difícil cuando uno casa a las hijas- señala Madame Mercier al recordar a sus tres hijas mayores- separarse de ellas es peor- lloriqueo recordando que su hija menor fue sentenciada, pero igual termino ofreciéndole un pañuelo a su jefa.
-Tu hija sale a Francia en el primer barco que salga después de año nuevo;- le siseo al ver lo que intentaba Mercier, puede que estuviera emocional por perder a su ahijada pero no era tonta- mi Adde será una novia hermosa-declara aceptando el pañuelo y secando las pequeñas lagrimas que se le formaron.
Adelina no le puso mucho cuidado al intercambio de las mujeres solo se miraba embelesada en el espejo, no supo porque ahora quería llorar de solo verse en el espejo; su vestido era hermoso, las joyas eran adecuadas y la parte del ramo que estaba listo se veía hermoso, pero aun asi quería llorar. No estaba triste de eso estaba segura, solamente tenía un sentimiento que no conocía, le generaba ganas de reír pero de llorar y gritar al mismo tiempo.
-Sophie ofrécele té a la señorita; mira que está tan emocionada que quedó estupefacta y necesita algo para pasar la impresión.- regaño a su nuera que era quien tenía a cargo el carrito de refrigerios- Aun recuerdo el vestido que le hice a mi hija mayor, cuando la casé estaba igual de emocionada que la señorita que ni siquiera pudo hablar en un rato; ¡Ay! Quien diría que esa niña que usted trajo hace años se convertiría en una mujer tan hermosa y digna Mi lady- recuerda Mercier como si Adelina fuera de su familia.
-Ni yo misma pude haber previsto un mejor resultado para ella;- aceptó Selene- ahora dame más té que estoy llorando por tu culpa- se quejó dándole una palmada al brazo de Mercier por recordarle la primera vez que trajo a Adelina.
Después de que Selene se caso quedo inmediatamente embarazada de William, por lo que cuando se reencontró con Adelina después de natividad y antes del inicio de la primavera, lo primero que hizo cuando ambas estuvieron en Londres fue llevarla con Mercier, primeramente porque necesitaba ropa para el embarazo y comenzar a preparar la llegada de su hijo, fue después de muchos rodeos para que no las vieran (porque al estar con un embarazo notorio Selene no debía ser vista fuera de su casa) fue que Adelina conoció el negocio de la mujer.
Adelina nunca había estado en una modistería antes de ese día, todos sus vestidos eran mandados a hacer de forma genérica por el vizconde y era la doncella de su madre quien tomaba las medidas de ella y Aline ajustando los trajes porque el vizconde odiaba que ellas salieran con la vizcondesa si no estaba el presente y como él no iba a pisar una modistería... Bueno al final de esa primera visita se la paso curioseando todo, incluso la hija menor de Mercier se las arregló para que ambas jugarán por todo el local, esa niña ya tenía un genio extraordinario desde pequeña.
Años pasaron y la dinámica que implicaba las idas a la modista quedaron marcadas para Adelina, incluso fue a través de el taller que pudo conseguir las muñecas de sus hermanas, siendo el primer encargo que Adelina pidió a la hija de menor y el primero que esta recibió, fue por estas razones que las dos muchachas tenían una afinidad que se acentúo con el hecho de que ambas fueran contemporáneas.
-Creo que recibiré el té después de cambiarme- habló al fin Adelina aunque sonaba ahogada y su voz era más aguda de lo normal.
-Si no vaya ser que lo manches; Zita ayuda a tu señorita- le dio la razón Selene aun llorando.
Aunque Zita no estaba mejor que ellas, pues la doncella también estaba llorando, al parecer el llanto de Selene era tan contagioso que la doncella, que estaba maravillada con el vestuario de su señorita, termino llorando como si recordara esos primeros años en los que fue redimida del burdel por Selene y llegó al servicio de Adelina. Al final Adelina se volvió a cambiar al vestido celeste y se tomó el té lo mejor que pudo como si con eso pudiera calmar su desbocado corazón y bajar el nudo que se había formado en su garganta.
-El ajuar de la señorita estará listo antes del miércoles solo faltan unas joyas, mi yerno ya terminó el encargo anterior de la señorita por si también gusta verlo- señalo Mercier gimoteando, al parecer al fin las lágrimas de su teatro se agotaron.
-Por favor, tal vez sea adecuado para usar en la boda- pidió Adelina ya recuperando un poco su voz.
Adelina había encargado poco después de su cumpleaños una gargantilla con una gran mariposa como adorno principal, pero no la pudo reclamar después porque enfermo después de esa hermosa conversación con Archer; ahora que Adelina se acordaba debía hacer sufrir un poco a su prometido, en primer lugar ella enfermo las dos veces por su culpa, ya encontraría la forma de vengarse. La segunda hija de Mercier al oír lo dicho por Adelina corrió a donde su marido le deja los encargos de sus patrones, pues no podían arriesgarse a que alguna señorita o dama se encaprichará con las joyas exclusivas que se realizaban para la marquesa y su ahijada.
-No recuerdo haberte visto llorar así cuando casaron a Stella y a Blair- señalo Adelina al ver que su madrina no se calmaba.
-Cuando logramos casar a Stella nuestro único pensamiento era que llegara al altar sin contratiempo y que se la llevaran; incluso tu padrino cuando logró calmarse le puso la dote más alta registrada en el marquesado con tal que Thomas no se arrepintiera de llevársela- le informo ya sollozando.
La muchacha reconoció que metida de pata que debió haber hecho en su momento Stella fue tal, que su padrino después de casi irse a un duelo recordó que ante todo debía casar a su hermana lo más rápido posible antes de que causara un daño mayor, por lo cual no dudaba que realmente le hubiera aumentado la dote con tal de que no le devolvieran la responsabilidad de tener que hacerse cargo de Stella.
-La verdad es que no lo dudo- murmuró Adelina conociendo de sobra a su amiga.
-En cuanto a Blair, bueno esa niña ni se sintió; después de todo no la críe yo, a ti si- señalo Selene susurrando lo ultimo.
Adelina no respondió, aún tenían una conversación pendiente y este tipo de referencias las ponían de los nervios en punta. Al final la hija mayor llegó con la gargantilla; la mariposa tenía el tamaño de la palma de la mano mientras que la cadena la unión de círculos pequeños con diamantes y perlas, perfectamente podrían pasar la tirantes de la caperuza sin que esta incomode a Adelina.
-La usare;- confirmo Adelina después de verla-manden todo a la mansión del vizconde- ordeno sin mucho animo.
Por mucho que Adelina quisiera, ella no podía salir de la casa de su madrina, tenia que salir de la mansión del vizconde asi fuera por las apariencias; por lo cual todo tenia que ir a su casa. Gracias al cielo, por cuestiones de salud del vizconde y de la vizcondesa el desayuno de bodas se haría en la residencia de los marqueses, por lo cual Adelina estaba feliz de no tener que estar en esa mansión más de lo necesario.
Cuando salieron de la modistería fueron directamente a la mansión de los marqueses en Londres, Adelina no dijo nada pero sabia que su madrina no iba a retrasar más la conversación que tenían pendientes; pero como no querían arriesgarse a ser interrumpidas Selene aprovecho que todos estaban en la residencia del Támesis para tener la charla en otro lugar igual de resguardado de los oídos chismosos. Y allí estaban ellas en la habitación de Adelina, incomodas y sin saber como comenzar.
-Como sabes yo soy la única hija sobreviviente del Barón anterior,- comenzó a relatar algo incomoda Selene- Mi madre y mis hermanos mayores y menores murieron cuando yo tenia cinco años, dos años después mi padre se fue con ellos- le decía con voz temblorosa casi como si todo su cuerpo estuviera en una especie de colapso de solo recordar.
-Madrina no tiene que ...- intento hablar Adelina al verla en ese estado pero fue silenciada por por la mano de la marquesa.
-Debes saberlo Adelina, si no no entenderás mi decisión.- Le aseguro Selene pasando saliva- Termine al cuidado del actual barón, el hermano menor de mi padre, y su esposa, una mujer muy correcta y de buena familia.-Prosiguió su relato- El actual barón no es una buena persona Adelina, él... tiene unas manías que afectan incluso a los hijos que tuvo y a su mujer...La difunta baronesa, ella no quería que yo estuviera cerca de él, por lo que me mando a un internado en el primer segundo que puso un pie en mi casa, las pocas veces que volví dormía con dos doncellas en mi cuarto y cada una con una escopeta en la mano; al principio no entendía pero cuando fui creciendo lo entendí- Selene se detuvo, parecía que quería vomitar de solo recordar su infancia.
Adelina no hablo y la dejo serenarse en el silencio, ella siempre supo que Selene debió haber tenido una infancia tan difícil como la de ella, pero nunca imagino que el peligro que su madrina había corrido en su momento fuera más peligroso que el desprecio o el maltrato que ella sufrió, ahora tenia sentido que las pocas veces que el barón se atrevió a visitar a Selene esta amotinara a todos los niños en los aposentos que compartía con su marido. Al final Selene recupero se las arreglo para respirar lo más profundo que pudo y seguir el relato.
-Para cuando cumplí los catorce años la baronesa estaba enferma;- siguió relatando con los ojos cerrados- sentía culpa por fallarles a mis padres por que si ella se iba, la ultima barrera de protección se iba con ella. Asi llego Iris a mi servicio y la señora Crane;- recordó a su antigua doncella, la que le enseño todas las artes de las cortesanas y a la institutriz que después fue de Adelina- tenia un solo objetivo enseñarme a seducir a un hombre lo suficientemente respetable para casarme y sacarme de esa casa lo más rapido posible.- suspiro recordando las palabras de la difunta- Se las arreglo para conseguir el permiso para que yo pudiera debutar de dieciséis, no era una huérfana desamparada y con una gran fortuna, pero si una heredere rica que estaba al cuidado de una moribunda; no se como logro que el barón no se diera cuenta de sus planes pero cuando lo hizo ya fue tarde y no pudo hacer nada.- fue entonces que cayo la primera lagrima- El día que me case con Andrew ella estaba postrada en cama y me dio una orden, que cuando saliera de esa casa ni se me ocurriera mirar para atrás;- y se derrumbo a llorar- lucho hasta su ultimo aliento para mantenerse viva, murió al día siguiente de mi boda- termino de relatar mientras luchaba por recuperar el aliento.
Adelina la dejo llorar pues no sabia que decir, su infancia fue un asco y comparada con la de su madrina era una tarde de té. Vivir sin alguien a quien llamar familia, cerca de un ser asqueroso que no permite que ni siquiera en tus propios aposentos te sientas segura; ahora entendía el como su madrina se obligo a llegar a la perfección, era eso o agonizar en un destino peor que el de ella, Adelina agradecía de verdad la existencia de Bayron y Brandon que la protegían desde que tenia uso de razón. Selene no actuó ese día por impulso, si no por recuerdo de su difunta tía que agoto todos los recursos (Y lo poco que le quedaba de salud) que pudo para sacarla adelante.
-El vizconde tampoco es buena persona;- comenzó a relatar ella- tiene varias amantes y todas ellas con hijos que recibieron mejor vida que yo; yo vivía en el ostracismo dentro de mi propia casa, la vizcondesa, que de por sí no era la gran cosa, termino reducida a nada gracias a eso. Bayron y Brandon, los ahijados de mi madre, son parte de esos hijos, solo que ellos nacieron antes del matrimonio, el resto nació después, tiene hijos que nacieron un mes y medio antes que yo;-Explico como vivía antes de los diez años, el miedo que la acompaño desde que tenia memoria- la gota que derramo el vaso fue la noche que nació Annastacia, una de sus amantes tuvo un hijo varón unas horas después, tuve que arreglarme junto a Bayron y Brandon para que no los cambiaran; fue en esas que leí el anuncio de vuestra boda y me arriesgue a hablar contigo; creía que tal vez... creía que tal vez alguien tan excepcional como tú podrías recomendarme y salir de ese lugar- confeso como termino buscándola.
Adelina no se dió cuenta cuando salió la primera lágrima, pero sus labios estaban resecos y ya toda su cara estaba enjuagada en sus lagrimas para cuando se dio cuenta. Nunca quiso confesarle a nadie en voz alta lo que había vivido dentro de los muros del vizcondado, pero como Selene le había confesado su secreto más oscuro en buscada de que ella pudiera entenderla mejor, Adelina termino contando lo que la había motivado a buscarla en primer lugar. Adelina no alcanzo a decir algo más cuando Selene la abrazo con fuerza, fue entonces que ella se dejo caer y lloro aun más fuerte de lo que nunca antes había llorado.
-Oh mi Adde, mi dulce Adde, tu eres mi niña y eso lo único que importa- lloriqueo Selene mientras le peinaba los mechones sueltos de su cabello.
-Mamá, tenia miedo, mamá- lloro aun más fuerte Adelina mientras se apretujaba en ella llamándola por primera vez por el titulo por el que siempre la vio.
Por primera vez en años Adelina admitió que tenia miedo, miedo de fallar, miedo de no poder salir; tantos años con ese miedo en su interior que cuando al fin lo dijo comenzó a llorar de una forma tan desgarradora que Selene solo podía aferrarse a ella en un intento de consolarla, cantaba esa vieja canción que le gustaba a Adelina, también cantaba la aquella canción que le hizo a Adelina sobre una muñeca azul.
-Guardo una muñeca vestida de azul, de trenzas oscuras y velo de tul- le tarareo- Esta mañanita me dijo el doctor que cure su alma con opio y flor- siguió cantando.
-Dos y dos son cuatro, caí una vez, cuatro y dos son seis, el tiempo corre al revés, seis y dos son ocho, y ocho dieciséis, juega otra vez- recordó Adelina el ultimo verso.
-¿Quieres comer algún dulce?- pregunto Selene a su ahijada.
-chocolate- respondió con la voz ahogada.
-Chocolate será- le prometió besando su frente.
Selene pidió que en lugar del té de la tarde hicieran chocolate para que Adelina tomara, su hija dormitaba, después de varios días corriendo de un lado a otro parecía que después de desahogarse al fin había conseguido descansar, Selene estuvo tentada a quedarse en Londres el resto del día; pero conociendo a sus hijos no soportarían una noche completa sin ella. Una lastima, porque Adelina y ella perfectamente les caería bien una noche para ellas solas y sin pensar en nadie más que en ellas.
-Mamá ¿Me quieres?- pregunto adormilada la muchacha.
-Yo te adoro Adde- le respondió besando su frente.
oOo
-¿Porque tenemos que ir a casa?- pregunto berrinchuda Annastacia.
-Anna por favor, es solo una noche y mañana es la boda-le rogo Adelina cansada de razonar con la niña.
Adelina no estaba dispuesta a pasar más tiempo del necesario en la mansión del vizconde por lo cual retraso todo lo posible la ida a la mansión White, asi fue como termino la tarde anterior a su boda arrastrando a su hermana pequeña al carruaje, aunque originalmente le hubiera gustado dejarla, con que una sola de ellas volviera le parecia que era más que suficiente; pero sin ella bajo la protección de los marqueses, el vizconde exigió que la niña fuera devuelta, lastimosamente ninguna de las dos mujeres pudo lograr que el vizconde la dejara atrás.
-¡No quiero!- pataleo en brazos de su hermana.
-Piensa en los demás, ellos también son parte de mi cortejo nupcial y toca ir por ellos.- le recordó mientras la empujaba al carruaje-Igual es una decisión tomada y no la pienso debatir- le aviso cerrando la puerta.
Se apoyo en la puerta agotada, llevaba empujando y cargando a su hermana desde que le dijo que era hora de irse y sinceramente se arrepintió de eso más de lo que nadie creería. Zita y Selene solo alzaron la ceja en señal de desconcierto al verla así pero nadie la culpaba del todo, se iba casar al día siguiente y lo ultimo que una novia quería lidiar antes del gran día era con una niña berrinchuda.
-Zita termina de alistar todo para el viaje- le ordeno a la sirvienta y esta salió corriendo.
-Te veo mañana mamá- se despidió de Selene mientras la abrazaba.
-Te veo mañana Adde- susurro a su oído.
-¿Y papá?- pregunta por el marques.
-Llorando tu partida desde el almuerzo.- le comunico con cierta burla, aunque ella no estaba mejor.-Si pasa algo avísame y yo corro- le indico preocupada por Adelina.
-Lo prometo- le aseguro Adelina.
Aunque en la mente de Adelina no había ningún problema; después de todo ¿Qué es lo que podría pasar? Alguien debió avisarle a Adelina que esa frase nunca se podía decir bajo ninguna circunstancia sobretodo si tenían la suerte que ella se cargaba. Cuando Adelina llego a la mansión White Annastacia ya esta dormida profundamente y el sol se estaba ocultando, paso medio camino oyendo el llanto de su hermana quejándose por volver a casa, tentada estuvo de darle un buen golpe con tal de que se callara, pero como no era amiga de la violencia se obligo a dejarla llorar.
-Bienvenida Señorita White- saludo el ama de llaves cuando llegaron a la mansión.
-¿La vizcondesa y los demás?- pregunto mientras le daba a la niña dormida a la aya.
-Esperándola en el salón- le contesto sin mucha ceremonia.
-¿Algo que informar?- pregunto mientras entraba.
-El vizconde tiene dolor de cabeza desde el inicio de la tarde y pidió que no se le molestara, que no era necesario los saludos de su parte- le contesta mientras recibe el abrigo y los accesorios de viaje.
<<Que gran favor>> pensó con cierta ironía Adelina, sinceramente tampoco hubiera ido a saludarlo de buena gana a como seguía la situación, la casa aun seguía con ese aire tenso y de mal agüero que perturbaba a alguien lo suficientemente sensible o que ya hubiera estado en ella, no era miedo pero... No iba acercarse a ese hombre más de lo necesario, la vez anterior estaba Archer para protegerla con su presencia pero sin él de por medio no había algo con suficiente contrapeso en todo el lugar con el cual Adelina pudiera defenderse.
Cuando entro al salón donde se encontraba la vizcondesa, la vio dando lastima apoyada en el alfeizar del ventanal mientras que los gemelos y Aline caminaban sujetando un mantel para practicar como sostendrían el velo de Adelina al día siguiente, solamente que Ariadna aun no se sostenía del todo bien cuando caminaba y parecía más que Adrián y Aline la arrastraban; la escena fue tan tierna que Adelina no pudo evitar soltar una pequeña carcajada alertando a su hermana.
-¡Adelina!- exclamo feliz Aline cuando la vio.
-Hola querida- la saludo aun sonriendo- hola doble A- saludo a los gemelos quienes corrieron a buscar a su hermana.
Aunque ese apodo les quedaba bonito, todas los vastagos de la vizcondesa tenían en su primer nombre la letra "A". La vizcondesa la miraba como si quisiera esconderse, probablemente aun recordaba la visita de principio de mes cuando Adelina y el duque la forzaron a irse de su presencia, cuanto anhelaba la vizcondesa que su hija no fuera tan severa con ella, ni siquiera cuando hablaron en el carruaje el día que fue presentada Adelina tuvo algo de piedad al tratar con ella.
-Espero que tu viaje y el de Annastacia fuera agradable- se animo a saludarla la vizcondesa.
-Fue interesante- se las arregla para responder Adelina.
-¿Adelina podemos ver tu vestido de novia?- pregunto Aline.
-Shhhh- la silencia poniendo su dedo en sus labios- es una sorpresa- le aseguro jugando con ella.
-Ahhh, yo y madre lo queríamos ver, cuando llegaron las cajas del ajuar y el vestido el miércoles tuvimos mucha curiosidad- se quejo zapateando un poco.
-El ajuar si porque hay que acomodarlo en los baúles, el vestido si te prometo que me lo verán puesto mañana- le prometió para consolarlas.
La vizcondesa por mucho que quisiera salir a la boda de su hija mayor no podía porque estaba embarazada y si bien apenas tenia cuatro meses, ya se le notaba el vientre por lo cual no podía salir por culpa de las creencias sociales de que una mujer gestante no debía ser vista con su vientre. Por lo cual Adelina estaba dispuesta en hacer la concesión de que fuera la vizcondesa quien la viera primero en toda la mansión la mañana siguiente para alegrarla un poco pues nunca la hizo participe de que dentro de poco ella también se iría de la mansión White.
Ya tenia todo listo para que ella y todos los demás fueran sacados a Bath como lo había propuesto Archer hace un mes. No tenia la intención de decirle nada sobre ese tema por cuestiones de logística y de su embarazo; aunque había mandado a Brandon a decirle a Aline para que ella estuviera prevenida y en lo referente al equipaje no tuvieran demora alguna, originalmente pensó en quitarle los niños a la vizcondesa cuando estuvieran en Bath, pero en favor de que ellos pudieran tener mejor relación con ella de la que tenia Adelina y que esta ultima pudiera asentarse mejor en sus responsabilidades, decidió, con todo el dolor de su alma, dejar incluso a Annastacia al cuidado de la vizcondesa al menos un mes.
-Vamos, vamos, vamos- animo Aline jalándolas fuera del salón.
Aline creía en su inocencia que Adelina y su madre podrían mejorar su relación mientras acomodaban el ajuar, si bien no esperaba que Adelina cambiara de un momento a otro por lo menos que no fuera tan mordaz con la pobre de su madre, esa era la mayor concesión que probablemente iba a recibir por parte de su hermana. Una que Adelina había intentado antes por su propia cuenta pero no logro, y menos lo iba a lograr ahora que reconocía fielmente a Selene como su madre.
Pasaron a la habitación de Adelina y revisaron cada caja de ropa exterior e interior, las joyas y la ropa de cama y utilería restante, Adelina no fue fría con el asombro de la vizcondesa pero tampoco es que fuera la persona más receptiva ante sus actitudes fuera de lugar, como si todo lo que viera fuera algo imposible de conseguir; después de todo la vizcondesa alcanzo a vivir diecinueve años de vida fuera de la jaula del vizconde. Al final Adelina los obligo a bajar a cenar, por mucho que quisiera no cenar a riesgo de encontrarse con el vizconde tampoco podía dejar a todos con hambre.
-¿Adde verdad que nuestros vestidos son bonitos?- le pregunta Anna mientras bajaban de la habitación.
-Claro que si yo misma los mande a hacer- le aseguro.
Dentro del ajuar de Adelina estaban los vestidos del cortejo que iban a usar todos los niños, naturalmente las medidas se sacaron de la ropa que todos usaban y que le hicieron llegar a Adelina para no interrumpir los estudios y sobretodo para ella no estar cargándolos para que se lo probaran, al menos cuando se los probaron hace un rato les quedaron como guantes. No eran extravagantes, eran un diseño sencillo y elegante color azul satinado que hacia que las facciones de los cuatro hermanos menores se vieran armoniosas.
Al llegar al comedor el mayordomo informo que el vizconde seguía atormentado por su dolor de cabeza y que no bajaría a cenar con ellos, algo que realmente Adelina agradeció, no quería que su ultima comida de soltera se viera empañada por el olor putrefacto que el vizconde traía. Esto también le permitía sentarse en la cabecera de la mesa como la persona de más rango presente, eso si mando a cambiar la silla del vizconde por la suya, no iba a sentarse en un lugar donde él hubiera estado.
-Quien diría que en mi ultima noche de soltera comería sopa, a finales de junio, donde el calor es igual de insoportable de día y de noche- se quejo Adelina con cierto drama irónico.
-Pudo ser peor- le recordó Aline con buen humor.
-Si pudieron hacer pavo, tu odias el pavo- las interrumpió Brandon entrando junto a Bayron.
-Cierto, odio el pavo-estuvo de acuerdo Adelina- es bueno verlos muchachos- los saludo cuando se sentaron.
-La vizcondesa nos escribió para invitarnos a tu ultima comida de soltera y no nos la íbamos a perder- le aseguro Bayron a su media hermana mientras se organizaban.
Adelina sabia que esta era una mentira a medías; pues si bien la vizcondesa valoraba a esos dos hijos ilegítimos que patrocino por conveniencia, era demasiado egoísta como para compartir esa ultima noche de Adelina en la mansión e incluso si no fuera asi, ella era muy dejada como para escribirles por lo cual la que de verdad les había escrito era nada más ni nada menos que Aline. La niña conocía bien a su hermana mayor, y sabia que cuando se casara Adelina era muy probable que a sus medios hermanos no los volvieran a ver en mucho tiempo para resguardarse entre todos por lo que se tomo el atrevimiento de usar el nombre de su madre e invitarlos aunque todos sabían de quien fue la idea.
-Quien sabe cuando volveremos a estar todos juntos- admitió Adelina con algo de nostalgia, probablemente lo único bueno que había en esa mansión eran ellos siete hermanos, próximos ocho.
-Pero serás una duquesa- aseguro Bayron jugando con ella.
-Naturalmente seré una duquesa- le aseguro con burla mientras inflaba el pecho con falso orgullo.
La vizcondesa solo los veía bromear, si ella se atrevía decir algo es muy probable que el carácter de Adelina se enfriara, conociendo a Adelina ella nunca se dignaría en jugar con cariño con ella como lo hacia con el resto del mundo; sabia que la despreciaba por ser débil y no luchar más contra el vizconde, pero no había sido tan mala madre como para recibir ese desprecio por parte de su hija. Adelina había sido criada de la misma forma que Aline, la vizcondesa nunca las había dejado sola, siempre las tenia en brazos y les enseñaba todo lo que necesitaba una señorita; pero al final Adelina le crispaba como un gato huraño mientras que Aline era un cachorro manso.
Adelina no se parecia en nada a la vizcondesa, ni en carácter o en apariencia, de niña era más callada y se parecia más a la vizcondesa, pero cuando comenzó a crecer se volvio más comunicativa y cortante al mismo tiempo; en lo referente a la apariencia, los unicos dos rasgos que Adelina habia heredado se perdieron; el entrecejo y los labios pequeños y definido habian cambiado y ahora parecia el retrato vivo de la difunta vizcondesa. Ella tambien despreciaba en vida a su nuera y era muy tajante con el vizconde, la voluntad hecha persona la describio más de uno en vida.
Al final convencieron a Bayron y Brandon de quedarse en la mansión y la vieran salir en la mañana. Se retiraron a sus habitaciones a las nueve de la noche para poder levantarse al día siguiente temprano y no estar preocupados por la salida de todos, pues la boda a las once de la mañana pero tenían que salir por muy tarde a las diez para llegar a tiempo a la iglesia. Adelina estaba de tan buen humor que incluso iba tarareando una melodía cualquiera hasta que vio una sombra entrar a su habitación. Nadie, tenia permiso de entrar a su habitación, solo Zita, Melisa y la hermana de esta podían hacerse cargo de sus cosas. Esto no le agrado a Adelina, pues solo había una persona que era tan idiota como para intentar entrar a su cuarto y arriesgarse a su furia.
-Se supone que deberías estar en el campo Delia- regaño a la mujer dentro de su cuarto cuando cruzo la puerta.
-¿Y dejarte toda la diversión?, claro que no- le aseguro Delia con desfachatez.
El cabello castaño rojizo y la piel algo morena por el sol del campo le daban el aspecto a una zanahoria andante debido a que tenia algo de sobrepeso que ni siquiera el corsé lograba disimular, sobretodo porque ella usaba un vestido amarillo chillón de mal gusto que hacia que su piel se viera peor, ajeno a esto se lograba ver la cicatriz que le hizo Adelina cuando intento molestar a sus hermanas. Su presencia era tan vulgar como la de la su madre, la amante del vizconde y la del propio vizconde, Adelina blanqueo los ojos forzándose a no cometer una locura antes de su boda; no iba perturbar su buen humor por culpa de un cerdo campiruso y bastardo.
-Seria gracioso si yo usara el vestido con un velo que me tape la cara y me case por ti ¿No crees?- se burlaba de ella mientras agarraba el cordón que sujetaba la caperuza del velo- Yo soy más hermosa que tu, merezco más un duque y papá no se negara; después de todo yo soy mejor que tu en todo bien lo decia la tía Rose- seguía burlándose de ella.
Adelina paso de largo de ella hasta donde tenia una vela prendida, esta por lo general la usaba para derretir la cera del que usaba para sellar las cartas y la había dejado prendida antes de bajar a cenar. Delia pensó que la indiferencia de Adelina era que ella estaba ganando y podría salirse con la suya de dañarle la vida y quedarse con el vestido haciendo que hiciera el ridiculo al día siguiente.
-¿Por que no estas en el campo?- pregunto sin perturbarse por segunda vez.
-Nuestro pobre padre esta enfermo y necesita compañía y quien mejor que yo para hacerse cargo de todo, pues al final esta casa es mía como hija del vizconde; él mismo lo dijo- le responde mientras desata la cinta del velo.
No alcanzo a decir algo cuando sintió que Adelina la jalaba del cabello enterrando sus afiladas uñas en el cuero cabelludo sacándole sangre; Delia aulló desesperada al sentir la fuerza con la que Adelina la jalaba, este aullido fue acompañado por un gemido de dolor y el olor a carne quemada pues Adelina uso la llama de la vela para quemarle la mano derecha y sin sentir suficiente satisfacción por la situación le clavo el abre cartas en el mismo antebrazo de la mano que quemo casi atravesándolo, para después tirarla al piso y poner su pie sobre la nuca desnuda aplastando su cara en el piso haciendola llorar del dolor.
-Quiero a Bayron y a Brandon junto a Melisa y su hermana en esta habitación A-HO-RA- le ordenó entre dientes a Zita mientras se limpiaba la mano del gran mechon de cabello que le arranco a la muchacha.
Zita no necesito más, Adelina tenia la mirada tan oscura de la rabia que era probable que si no hacia lo que ella decía podía estar siendo Zita la próxima victima de su furia. Corrió lo más que pudo y cuando encontró a Melisa y a su hermana en un pasillo cercano mandaron a la más joven a buscar a los dos hermanos y ellas corrieron a donde estaba la señorita. Cuando los cinco estuvieron en la recamara de Adelina los otros cuatro al ver la escena tragaron en seco al ver la mirada endemoniada de Adelina y el estado de Delia desangrándose en el piso.
-Me van a escuchar bien todos ustedes.- comenzó a decir entre dientes mientras los señalaba acusadora- Esta prostituta con derecho no pudo venir sola, asi que van a traerme a Daniel y Caleb, que son los únicos sinvergüenzas que pudieron traerla, a esta habitación para que yo pueda gritarles hasta que me harte.- los sentencio y luego señalo a Bayron y Zita-Ustedes dos irán corriendo de inmediato a buscar a la hija menor de Madame Mercier para que cambie la cinta de mi velo porque yo no pienso usar nada que esta cosa haya tocado, no me importa si es blanco o del color del bordado, solo quiero que lo cambien.- les ordeno a ellos dos- Y ustedes dos- señala ahora a Melisa y Brandon- me traerán a los irresponsables de esta cabeza antes de que esos dos lleguen con la modista y en lo referente a Ninie ella va a amordazar y quemar estos zapatos mientras me cambia a algo mas cómodo ¿Entendido?- nadie replico y todos salieron corriendo presas del panico.
Ese fue el momento que todos entendieron y dieron gracias al cielo que Adelina realmente se contuviera y no causara problemas, pues si ella realmente hubiera querido declarar una guerra interna en el vizcondado nadie dudaba que se hubiera convertido en la asesina más joven de la historia. Ninie le preparo una silla, la cambio a una bata de muselina sencilla y le puso un abrigo azul con bordados dorados encima y procedió a realizar lo pedido por su ama; la niña estaba aterrorizada pues Adelina nunca había mostrado una cara tan violenta y mordaz frente a nadie y el verla asi a la luz de las velas le daba un aire algo macabro.
No paso mucho tiempo para que Melisa y Brandon trajeran a los otros hijos del vizconde, pero cuando entraron ya Adelina estaba algo más serena mientras tomaba un poco de té. Cuando Caleb y Daniel vieron a Delia amordazada, con una calva en la coronilla, la nariz rota, con la mano quemada y con el brazo atravesado por el abrecartas de Adelina no podían creer lo que veían; sabían que Adelina era rencorosa y que podía llegar a hacer mucho daño si ella quisiera pero una cosa era saber y otra ver, sobretodo porque sabían que de alguna manera Adelina más tarde lo haría parecer un accidente pues asi lo hizo la vez que Delia intento robar las muñecas de Aline y Annastacia, la cicatriz en la ceja siempre fue para el vizconde un accidente provocado por el tropiezo de Delia contra un jarrón y no una trampa elaborada por Adelina.
-Quiero que se deshagan de esa cosa;- ordenó Adelina con una calma tan antinatural que aterró a los presentes- ya sea una fosa común, el fondo del mar o un convento en un rincon abandonado por Dios a mí no me importa solo quiero que desaparezca antes del amanecer- les informa levantándose de su silla.
-No te pases de lista Adelina, puede que seas la hija legítima pero no puedes mandarnos como si fuéramos tus esclavos;- se quejo Daniel, nunca en la vida había recibido una orden de Adelina- espérate a que se entere nuestro padre y olvídate en casarte mañana- la amenaza al ver el estado de su hermana de sangré.
Ese fue el peor error que pudo cometer, pues Adelina no dudo en lanzar la taza que aún tenía té a la cabeza de Daniel, pero como el nadie esperaba esa reacción por parte de la pelinegra la taza se partió en la cabeza de su objetivo haciendo que está cayera al piso derramando sangre y coronando con Adelina pisándole la garganta generando miedo en los presentes. No porque Adelina literalmente estuviera a medio paso de matar a Daniel, si no por la cara que tenía, su mirada reflejaba la calma de un espejo de agua y sus facciones estaban igual de serenas.
-Vamos a hablar claro por primera y última vez en esta vida;- sentencia con una calma mortal- la marquesa y el duque son capaces de derribar esta mansión si mañana no llego a mi boda, se pueden inventar lo que ellos quieran y quien saldrá ganando seré yo, así que un vizconde moribundo me importa un bledo;- les dice mientras ejercía más fuerza en su pisada- en segundo lugar yo soy tu superior porque, o sorpresa, yo salí del útero de una mujer respetable y de familia respetable que paso por la puerta de una iglesia antes de terminar teniéndome, no como la cerda de tu madre, y le digo cerda porque las prostitutas tienen más respeto pues ellas trabajan y no eligieron esa vida, la pobreza las llevo allí, la tuya era honorable hasta que abrió las piernas gratis y se propuso hacerle la vida difícil a la vizcondesa- lo sentencia viendo como se ponía pálido al sentir como ejercia más fuerza en la garganta.
-Eres... una... maldita... hipo...crita- logra decir Daniel siendo ahogado por el zapato de Adelina.
-¿Por preferir a Bayron y Brandon que también nacieron fuera del matrimonio?- pregunta con cierta inocencia al entender lo que quería decir- Vamos a ser realista, ellos nacieron antes del matrimonio de los vizcondes, su madre fue forzada, repitió y recalcó for-za-da, la pobre mujer no quería estar cerca del vizconde y lo primero que hizo fue buscar una buena salida a sus hijos; los entregó a la vizcondesa y ella se fue a tratar de recuperarse de esa horrible experiencia de tener que compartir el mismo aire que el vizconde;- les explico dulcemente pero con un veneno en su voz que nadie podia negar- me respetan, yo los respeto, me dan dignidad, yo les doy dignidad, me quieren yo los quiero; así funciona la vida- señala como funciona ella.
Caleb no dijo nada, el ver a Adelina tan mortífera le daba unos nervios increíbles, ahora se arrepentía realmente de todas las travesuras que le hicieron de niños y todas las veces que hicieron pasar malos ratos a la vizcondesa guiados por sus madres. Habían llegado al punto de sus vidas donde la realidad los golpeaba con la forma de una muchacha menuda, sensual y mortífera a partes iguales, y como ellos no tenían representación legal como hijos no reconocidos públicamente, Adelina que contaba con capital político de alto talante como lo era el duque y el marqués junto a toda su familia, el vizconde no podría hacer nada más que fingir que no sabía nada y que los desconocía si algo salia mal.
-El vizconde...- intento ahora Caleb con una valentía que no tenía realmente.
-Ahórrate tus palabras Caleb, que aún tengo un plato en la mano y puedo usarlo en tu contra.- lo sentencia Adelina señalándolo con la vajilla- El vizconde valora sobretodo la apariencia, además está moribundo, al fin tiene lo que merece por inmoral; una enfermedad que le muestre su propia podredumbre y devuelva el dolor que le provocó a mis hermanas y madre por andar de golfa con vuestras cerdas madres. Y el que vaya con el chisme amanecerá sin dientes y lengua con la que seguir hablando.- despotrico sobre lo que realmente pensaba del vizconde mientras los amenazaba- Ahora; el fondo del mar, una fosa común o un convento en cualquier hueco olvidado de este mundo- volvió a ofrecer las opciones Adelina.
-El...con...ven...to- se las arreglo Daniel a prometer.
-Ah, y una cosa más, no puedes volver a hablar con ella o todos los demás, incluyéndoles, desaparecerán si me entero- les advierte soltando el cuello de Daniel.
-¡No te...!- intento amenazarla Caleb.
-Me atrevo porque puedo y quiero; ahora van a aprender quien realmente manda en este lugar, ya soporte sus tonterías por demasiado tiempo.- lo corta-Una vida o once, ustedes deciden- les da su ultimátum- y cuando lo hagan, sacarán a esa envuelta en la alfombra que mancho y que no quiero volver a ver en está vida porque ella la daño- ordenó como si fuera lo más cotidiano del mundo.
-¿No tocaras ni a nuestras madres o hermanos?- pregunta temeroso Caleb.
-Soy dama de palabra, mientras usted se amotinen en la cabaña a donde los desterré y nunca vuelvan a pisar una propiedad del vizcondado o se aparezcan frente a mi a causar problemas, prometo incluso que daré mil libras para las dotes de Camille, Dinah y Clara; además de nunca meterme en las aspiraciones de todos los muchachos- le jura sentándose en la silla con una dignidad propia de una duquesa.
Caleb y Daniel no eran idiotas, sus hermanos menores eran más bien inútiles y ellos tampoco eran la cosa más sobresaliente de la familia, toda esa astucia e inteligencia al parecer (y eso descontando a todos los niños pequeños a los cuales aun no podían catalogar por lo mismo) se la llevaron Bayron, Brandon y Adelina; por lo cual es muy probable que ellos no escalarán mucho en el ejército y ante esa realidad no iban arriesgar el único sustento fijo que tenían por contradecir a Adelina, ajeno a eso asegurar mil libras para cada sus hermanas ya era algo bueno para casarlas a si fuera con un comerciante de baja monta y que tuvieran una vida acomodada.
Al final ambos hermanos llegaron a la misma resolución, sacrificar a Delia por el bien material de ellos y los más jóvenes; era una lastima pero al parecer contra la lógica de Adelina solo el cielo podría desmontarla ellos eran más bien de mente simple y fácilmente se iban a rendir ante ella, ya se inventarian después que decirle a su madre y al moribundo vizconde sobre la niña desaparecida. No perdieron tiempo y tiraron a Delia sobre la alfombra vieja y comenzar a envolverla en ella cuando terminaron y se dispusieron en llevarla vieron algo mucho más aterrador, Adelina sonriendo burlona.
-¿Y ahora tu risa?- pregunta molesto Caleb.
-Sois igual que vizconde sacrificando a todo el que pueda para protegerse, que pena- lamentaba falsamente.
-¿Y tu que nos dices?- haciendo referencia a la situación que se encontraban.
-La cerda nunca fue mi hermana,- aclaró- y si lo fuera acá solo salía uno vivo, yo lucho a muerte- señaló.
Nadie dijo nada más, esa era una verdad universal dentro de la lógica de Adelina. Ella era capaz de renunciar a Zita, su mano derecha, para que se casará con Brandon y fueran felices, y si fuera necesario ella apostaría su propia reputación y legitimidad para salvar los pellejos de ese par de hermanos, también era muy leal a sus sirvientas, nunca las maltrataba, puede que tuviera sus momentos de molestia pero a lo que se veía en otros lugares el trato que les daba era incluso mejor que las personas del palacio. Adelina era muy leal con los suyos.
Para el momento que Caleb y Daniel desaparecieron, se limpio la sangre residual de Delia y se quemó el segundo par de zapatos de la noche; fue cuando llegó Bayron acompañando de la hija de madame Mercier en el tiempo calculado. La verdad es que Daniel y Caleb como estaban en la mansión llegaron casi al momento de convocarlos y mientras eso pasaba Zita y Bayron apenas se alistaban para salir de la propiedad y mientras iban, mentian a la madame, se desocupan y alistan todo para hacer el cambio y se devolvían; mínimo paso una hora mal contada.
-Un gusto verla señorita- saludo la muchacha alegre.
-Bienvenida Valery. Espero no haberte molestado- saluda a la hija de Mercier.
Adelina ya estaba de su humor usual, lo que era tétrico para los que sabían lo que había pasado hace una hora y lo era aún más para las tres personas que habían presenciado la negociación entre los hijos del vizconde. La forma en la que Adelina aparentaba sus propias emociones era aterrador, sobretodo después de esos arrebatos tan violentos.
-Es entendible que quiera realizar el cambio, después de todo los ladrones callejeros son horribles y quien sabe en dónde estuvieron, no se preocupe por mi antes estoy preocupada por usted que susto tan horrible debió pasar- la tranquiliza conservando su jovialidad.
-No te preocupes por mi querida, ya paso- le aseguro Adelina tomando de su nueva taza de té.
Miro con discreción a los dos que había mandado a buscar a la chica dándoles el visto bueno por haber mentido la razón por la que habían llamado a la más joven de los Mercier. Pero para todos los demás en sus cabezas lo único que sonaba eran las trompetas del apocalipsis; Gracias al cielo eran apenas las nueve de la noche, si fuera más tarde es probable que no hubieran podido encontrar a la joven disponible.
-Listo Señorita,- le aviso Valery cuando terminó- cambie la cinta blanca por una morada a juego con los bordados, así no tendrá que recordar está horrible experiencia- le explico acomodando el velo junto al vestido.
-Gracias Valery y perdona por importunar tu noche- agradeció mientras se disculpaba nuevamente.
-No hay de que, además fue muy interesante escaparme de mi madre- admitió la muchacha.
-¿Escapar?- pregunta interesada.
-Estaba sola en el taller y cuando la doncella vino me escapé, estaba algo aburrida- admitió algo avergonzada.
-Entonces por el bien de todos nosotros de lo que pasó está noche nadie sabe nada- les dice a todos Adelina teniendo un doble significado para los que sabián el origen de la situación.
Asintieron todos como corderos, a más de aún le convenía el silencio de la situación. Mando a Bayron a escoltar a Valery para que pudieran moverse en un caballo con mayor velocidad en un intento de que no descubrieran a la chica. Por su parte Adelina tenía de rodillas a los cuatro que se habían quedado atrás a la espera del hijo mayor; cuando llego media hora después tomo su lugar al lado de su hermano, arrodillado y con la cabeza baja a la espera del regaño.
-Voy a ser franca, nunca mandé a vigilar a esa jauría de problemas así que no es culpa de alguien en especifico;- los tranquiliza- en lo referente a mi...Admito que probablemente fui un poco más violenta de lo normal pero es que la cerda lo estaba pidiendo desde hace rato.- asegura- Ahora a dormir que mañana es un día ajetreado- los despide de su habitación.
Todos suspiraron de alivió, ya con lo de Delia fueron suficientes emociones fuertes como para recibir los reclamos de Adelina por haber terminado en esta situación. Todos se fueron a sus camas, tomaron una cucharada pequeña de valeriana para los nervios y el resto de la noche durmieron.
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