Capítulo 16 de 16
Zita, Melisa y Ninie caminaban de puntillas por el pasillo que conducía a la habitación de Adelina, debido a que incluso después de haberse dopado para intentar dormir tranquilas los nervios las perseguían, les temblaban las manos y no querían acercase a Adelina por temor de despertarle otra vez esa rabia tan profunda que vieron en la noche. Pero Adelina ya les había ordenado despertarla a las seis de la mañana para comenzar sus preparativos y tampoco se atrevían a contradecirla, asi que con mucho temor entraron con cautela a despertar a la señorita, solo que cuando entraron se llevaron ellas un buen susto.
Adelina estaba vomitando en la taza que siempre usaba para lavarse la cara, estaba pálida del esfuerzo que le provocaba su cuerpo para expulsar el vomito. Rápidamente Zita sostuvo su la negra cabellera lejos de la cara de la muchacha mientras Melisa le daba palmaditas y Ninie le buscaba la butaca para que pudiera sentarse y recuperar fuerzas. Adelina bien sabia porque había vomitado tan de repente pero no lo dijo; y les hizo creer que era por culpa del estrés y la cena.
Su mente la estuvo atormentando toda la noche con lo sucedido, un control tan extremo como el que tuvo que ejercer para no matar a Delia y recuperar la compostura de forma tan rápida le cobro factura vomitando toda la bilis, pues en su cuerpo aun estaba ese deseo de haber torturado un poco más a una de sus peores enemigas, incluso aun temblaba de la emoción que la embriago en el momento que la ataco; antes, le hubiera gustado dejarle una cicatriz más en la cara para que realmente nunca la olvidara durante su eterno cautiverio. Y rezaba que los otros dos cumplieran, por que una parte de ella no quería cumplir su amenaza, pues eso implicaría darle demasiada importancia a los bastardos del vizconde y ellos eran para ella más indignos de su atención que las hojas cayendo en otoño.
-Señorita díganos algo más por favor- rogo Zita al ver que seguía pálida luego de echarle la culpa a la cena.
-Agua- pidió a como pudo Adelina.
Melisa corrió al carrito que traía el desayuno y le sirvió una taza de agua fría a Adelina quien se la paso con dificultad, lentamente fue recobrando algo de su color además de volver a respirar con normalidad. Las sirvientas soltaron un suspiro de alivio al ver que Adelina volvía en sí luego de tomar agua; que difícil hubiera sido tener que explicar a alguien que ella se había enfermado de repente, peor aun, el día de su boda, que vergüenza social seria si se cancelara la boda por enfermedad y conociendo a su señorita ella seria capaz de arrastrarse enferma hasta el altar con tal de que nadie hable de ella.
-Ya estoy mejor muchachas;-suspiro Adelina cuando al fin respiro con normalidad- comencemos los preparativos- pidió.
Cualquier nervio residual por lo sucedido en esa habitación la noche anterior se fue tan rapido como llego, después de que encontrar a Adelina vomitando pasaron todas a la preocupación absoluta, eso si, en su interior juraron nunca en su vida tentar la suerte con Adelina, bien sabían que no les haría nada, pero eso no significaba que ese respeto/miedo que les infundio la noche anterior se fuera. Primero prepararon el baño frio a la costumbre de Adelina y al tiempo la infusión de claveles que usaba para limpiar su cuerpo, le rogaron que usara rosas o lavanda, pero Adelina odiaba todo lo que era popular porque asi se volvía común y ella no iba usar algo común que incluso las amantes de su padre usaba.
-¿Quiere un poco más de fuerza señorita?- pregunta Melisa a Adelina quien la estaba masajeando los hombros.
-Si y más a la izquierda- ordeno con algo de frustración.
Adelina podía sentir los nervios de sus doncellas en el aire, al parecer la noche anterior las había despabilado demasiado y estaban muy atentas con ella, no las culpaba, pero sinceramente su naturaleza quisquillosa no la ayudaba a fingir indiferencia. Al final, cuando estuvo bañada le sirvieron el desayuno, fue en esas que oyeron un suave golpe en la puerta y Adelina mando a revisar quien venia a molestarla tan temprano.
-Joven Bayron; joven Brandon- saludo Melisa a los dos hombres en la puerta.
-¿Podemos pasar?- pregunta Bayron lo suficientemente alto para que escuche Adelina.
-Pasen- le dio permiso después de que Adelina le diera la señal de permitirlo.
Adelina estaba envuelta en la toalla y con su bata sobrepuesta por lo cual seguía presentable, mientras desayunaba una papilla más bien fría, pues por el calor del verano Adelina no soportaba ni siquiera la comida tibia, ajeno a eso no quería averiguar como reaccionaria su cuerpo después de vomitar si ingiriera comida tibia. Bayron y Brandon entraron algo incomodos a la habitación, traían una carta en la mano y miraban a cualquier lado menos a Adelina.
Hubo un tiempo en el que era Adelina quien los seguía a ellos, más que todo se debía a que como estaba muy pequeña no era capaz de entender la situación ni protegerse, cuando creció se despabilo mucho, pero aun asi no tenia un pensamiento muy rapido para darse cuenta del peligro de ciertas situaciones; como por ejemplo la noche que nació Annastacia, cuando se fue a vivir con la marquesa las cosas cambiaron pues con la buena educación que recibió por parte de su protectora llego incluso a superar a sus dos hermanos mayores y fueron estos quienes pasaron a seguirla.
Bayron y Brandon no se quejaban del cambio, antes se habían beneficiado mucho, pues Adelina era más sagaz que ellos y tenia una fuerza de voluntad impresionante, solamente que nunca esperaron ver que Adelina realmente tenia un lado tan feroz debajo de toda esa voluntad. Adelina ya tenia su lado vengativo, la vez de las muñecas solo fue una de tantas en las que ni siquiera ellos pudieron autenticar que fue ella, pero nunca habían tenido que ver esa versión de ella funcionando en persona asi que era muy raro ver como algo tan menudo y lindo tenia su lado retorcido, lado que ellos mismos tampoco podían negar que existía en su interior.
-¿Algo bueno?- pregunto Adelina antes de probar bocado.
-Caleb me escribió; durante la noche preguntaron a varios conocidos y en diferentes lugares sobre donde podían recibir a mujeres en situaciones "difíciles y no muy fáciles de explicar"- le explico Bayron haciendo unas comillas físicas sobre lo ultimo- La llevaran a Australia en el primer barco que zarpé hoy- le informo.
-Bueno, no esperaba que fueran tan eficientes.- se sorprendió Adelina- Solo queda cumplir mi palabra, eso si, no cometo un error dos veces; envíen a alguien a que los vigilen, no quiero una segunda sorpresa desagradable en lo que me queda de vida y ustedes tampoco querrán encontrarse con ese tipo de gente- les ordena conociendo en parte sus deseos.
-No lo dudes Adde- le dio la razón Brandon que estaba mirando de reojo a Zita.
Bayron y Brandon tampoco tenían una buena relación con sus demás hermanos debido a que sus caracteres que eran mucho más refinados, los demás hijos del vizconde, específicamente los que estaban en el rango de diecisiete a diez años, mostraban actitudes muy censurables y hedonistas haciéndolos más bien unos inútiles mantenidos. Caleb y Daniel no estaban en esa tónica pues, al momento de nacer los mellizos el vizconde entro en una rara euforia que los desplazo de su lugar privilegiado, al punto de darse cuenta que por existir ahora alguien que iba a heredarlo todo y que ese alguien estaba bajo las faldas de Adelina, con quien tuvieron varias disputas ese año, ellos ya no podían depender de su padre y se fueron a la milicia sin pensarlo dos veces.
-Una cosa más ante de que salgamos;- los retuvo antes de que se despidieran- fuera ustedes tres y vigilen la puerta- ordeno a las doncellas.
Las tres muchachas no necesitaron que se los repitiera y salieron casi dejando una estela del humo con sus siluetas mientras cerraban la puerta con un sonoro portazo. Bayron y Brandon buscaron donde sentarse; que Adelina los llamara a hablar en total privacidad significaba algo muy peligroso, la ultima vez fue la noche que los mellizos nacieron para tener listo el plan de contingencia en caso de que naciera solo una niña y el vizconde siguiera con la idea de legitimar a todos los demás hijos.
-Los tres sabemos que Delia es estúpida de la cabeza a los pies, pero las palabras que dijo no son de ella;- comenzó la conversación con ellos- decia que me iba a remplazar en la boda y cosas por el estilo; los tres sabemos que si ella quisiera molestarme no usaría ese tipo de palabras y más estando tan segura de que ella podía hacerlo si quisiera- les explico Adelina muy seria.
-Una coincidencia es una coincidencia, dos ya son sospecha y tres es una trampa.- medito en voz alta Bayron- Tienes razón Adde, algo más paso para que ella tomara la decisión de entrar a tu habitación- le dio la razón a su hermana.
-¿Pero quien le metería esas ideas tan locas en la molleja?¿El vizconde, su madre o alguno de los otros?- pregunto Brandon pensando en los sospechosos.
-La madre de Delia es de vista corta y no seria la opción más descabellada si lo pensáramos, pero para actuar o pensar asi tienes que tener un respaldo que te lo permita- le señalo su hermano.
-Esto es obra del vizconde;- determino Adelina después de oír lo ultimo- incluso si le hubieran metido esas ideas en el exilio, ellos no tiene suficiente capital para venir por su cuenta, solo el vizconde puede hacerlo, y ayer en la tarde no quiso verme, eso significa que los estuvo ocultando de nosotros, algo malo estará pensando ese hombre- medito Adelina recordando el día anterior.
-¿Pero que gana él si impide la boda? Todos sabemos que por mucho que él malcríe a los demás nunca se atrevería a dañar su propia reputación consintiendo una idea tan descabellada- pregunta Brandon recordando la naturaleza de su padre.
-Su gracia me dijo que había algo raro en el vizconde, que estaba ocultando algo muy fuerte y sucio ajeno a esa enfermedad repentina- recordó lo dicho por el duque cuando visitaron la mansión a inicios de mes.
-Capital no es, ese lo comenzamos a controlar Brandon y yo hace rato; su enfermedad no es del todo desconocida al fin de cuentas debutaste aun con dieciséis es porque él estaba moribundo y todas ustedes quedaban desprotegidas por que Adrián aun es un bebe- señalo las únicas cosas que ellos supieran que podían motivar al vizconde.
-No lose pero su gracia detecto un peligro muy profundo en él y si un militar tan experimentado como es el duque lo dice algo tiene que haber que nosotros no estemos viendo.- pensó Adelina con frustración al ver que faltaba algo-No pensemos más en eso, hoy me caso y estaré unos días fuera por mi luna de miel, volveré el sábado a visitarlos tengan todo listo para montar la escusa y sacar a todos a Bath- cerro el tema sin muchos ánimos.
-Ya esta todo listo de nuestra parte. Yo acompañare a la vizcondesa y los niños mientras Bayron se queda a ordenar la mansión- le aseguro Brandon a Adelina.
-Bien;- se tranquilizo- una cosa más.- los llama y ella se levanta a su mesa de noche y les entrega un frasco marrón-Originalmente pensé en dejar que el vizconde me entregara para darle dignidad al titulo, después de todo el siguiente que lo use será Adrián y quiero que vaya cogiendo algo de prestigio, pero como se le ocurrió jugar sucio... Lamento informarle que pasara toda mi boda con dolor de estomago; manden a que se lo revuelvan con el café del desayuno- les explico mientras dejaba el frasco sobre la bandeja.
-Porque presiento que no quiero saber que es esto- dijo con ironía y frustración Bayron.
-Tu lo dijiste.- le dio una sonrisa malvada a su hermano- Ahora fuera que debo terminar de cambiarme- les ordeno.
-Nos vemos abajo- se despidieron los dos.
Cuando salieron los dos hermanos las tres doncellas entraron como huracán a seguir su labor de preparar a Adelina para la boda; al terminar de desayunar se enjuagó la boca varias veces pues odiaba sentir los restos de comida en su boca. Adelina era alguien maniática de la limpieza, incluso lo que implica en ella; por eso Adelina era de las muy raras personas que se bañaban casi que tres veces al día y si era con agua fría mejor, solo permitía el agua tibia en invierno.
-Ajusta bien el corsé- le ordeno a Zita.
-Señorita usted nunca...- la increpo preocupada Zita.
-Se que nunca me atrevo a excederme en la medida, pero hoy todos los ojos estarán sobre mi no puedo dar ninguna razón para avergonzar al duque- le explico Adelina incluso con su propia renuencia a lo que había ordenado.
Si bien el corsé de Adelina era ajustado para que su cintura se viera pequeña, nunca se ajustaba de más puesto que no era necesario teniendo ella una cintura naturalmente pequeña. Ahora con tal de que nadie pudiera tener alguna tontearía que criticar pidió ajustar su corsé en el punto máximo haciendo que su cintura se recogiera hasta tener la talla más mínima posible. Zita y las demás lloraron de angustia, sabían el porque Adelina estaba siendo tan cruel con ella misma hoy y no fueron capaces de contener una lagrima de preocupación y admiración.
Desde el baile de la reina y en todos los eventos que siguiero, si bien llegaron felicitaciones también llegaron muchos cuestionamientos por parte de muchas personas sobre la elección de Adelina como duquesa consorte, después de todo; el vizconde hace un tiempo dejo de tener aspiraciones políticas y había dado el permiso a su primo el barón para ejercer el derecho al voto por él dentro del parlamento y en lo referente a la fortuna tampoco es que tuviera algo fuera de lo común. Por lo tanto el único atributo de la unión era la propia Adelina con su belleza y carisma; y eso dentro de la sociedad es muy raro puesto que no estaba acompañada por un capital político propio; aunque no era la primer mujer que se casaba por su belleza si era de las pocas que lograban un salto tan alto en la jerarquia.
Cuando Selene escucho todo esto casi se une a la idea de Archer de fusilarlos a todos; pero como Andrew y Adelina no lo permitieron, ambos quedaron aburridos pero si se unieron para intrigar y hacerle pasar un mal rato a todas estas familias, cosa que lograron para sorpresa de sus parejas. Luego de que Andrew temblara de miedo al ver a los dos monstruos que habían creado Adelina intervino diciéndole las siguientes y muy sabias palabras: "Querido papá piensa en esto como una forma de unión familiar entre suegra y yerno, por nuestro bien es mejor hacer de los ojos ciegos y rezar que nadie muera"; estas palabras no calmaron al marques pero por lo menos sus nervios no estaban a flor de piel.
-Esta lista señorita- le aviso Zita luego de haberle puesto el bálsamo en los labios.
-¿Que hora es?- pregunto aun sin voltearse a mirar al espejo.
-Es un cuarto para las nueve de la mañana señorita- le responde Zita.
-Melisa trae a la vizcondesa; Ninie ve a la guardería y a la habitación de la señorita Aline y revisa que ya estén despiertos, desayunados y que se estén bañando para poder alistarse- les ordeno a las doncellas más jóvenes.
-Si señorita-se despidieron con una reverencia y salieron.
-Señorita...- la llamo Zita con mucha cautela- ¿Por qué mando a llamar a la vizcondesa?- pregunto a sabiendas de como era su relación.
-Para que ni delante o detrás la sociedad tenga algo que reprocharme- le respondió algo lujubre.
Adelina reconocía internamente a los marqueses como sus padres, pero delante de la sociedad era a los vizcondes quien ella debía presentar respeto, pero...¿Respeto a que? Respeto a ser usada como un paño de lagrimas y aguantar al mismo tiempo desplantes porque no nació del sexo correcto, respeto a una vida de carencias porque era una hija, respeto a que la maltrataran unos hijos bastardos, respeto a solo ser reconocida cuando puede usarse para restregarle a la cara a sus enemigos o respeto a que ni siquiera pueda estar en su propia casa sin pensar que alguien la va a atacar en cualquier momento. Si Adelina realmente pudiera sacarse la sangre de los vizcondes lo haría con mucho gusto, pues de su parte no había respeto.
Dejar que sea la primera persona que la vea usando el manto de duquesa consorte era el ultimo de los favores que le haría a la vizcondesa, después de esa mañana Adelina no haría ninguna concesión más ante la vizcondesa en todo lo referente a ella. Adelina tenia una madre y esa madre se llamaba Selene, una mujer que aun viviendo en el peligro busco salir adelante incluso si eso la destrozaba al dejar a alguien querido atrás, ella nunca a tenido una madre que no es capaz de luchar.
-Zita déjanos solas- pidió la vizcondesa al entrar a la habitación de Adelina- ¡Oh mi niña te ves tan hermosa!- exclama la vizcondesa intentando acercarse, lastima que Adelina no lo permitió.
Adelina estaba erguida, con su barbilla en alto y una mirada mordaz desde el instante en el que la llamo "mi niña"; esa fue la parte que freno de golpe a la vizcondesa, antes Adelina ya le había dirigido una mirada de desprecio pero nunca lo había hecho tan envenenada como ahora, su mirada seguía siendo como un lago en calma, pero la forma en la que la miraba estaba llena de un veneno que asusto a la vizcondesa.
-Vamos a dejar claras las cosas Mi lady;- le informo con cierto veneno- yo no soy su niña, nunca lo he sido ni nunca lo seré, que este acá es solo mi ultima muestra de gracia por haberme dado la vida- le explico más mortífera que nunca.
-Adelina ¿Cómo puedes decirme esto? Soy tu madre y tu eres mi preciada hija- le reclamo comenzando a llorar- se que no soy la mejor de todas, pero te di todo mi amor desde que naciste, hice todo lo posible para tu futuro y el de tus hermanas.
-¿Me quisiste?¿Qué hiciste todo lo posible por mi futuro?- pregunto en reclamo Adelina- Desde que tengo memoria fui tu paño de lagrimas, llorabas por el desprecio del vizconde mientras te quejabas porque no nací siendo un niño, cuando nació Aline llorabas y te quejabas de la misma forma, -cuanto lamentaba su propio egoismo por permitir eso-cuando nació Annastacia ni siquiera te dignaste a mirarla o ponerle un nombre, cuando nacieron los mellizos en el instante que salió Ariadna de primera la despreciaste si no fuera porque Adrián salió cinco minutos después la hubieras ignorado e incluso la despreciaste al obligarnos a todos a decirle al vizconde que fue Adrián quien nació primero. ¿Eso es amor para ti?- le reclamo recordando su primera infancia y los nacimientos de todos tus hermanos.
-Adelina...- intento defenderse la vizcondesa aunque estaba tan dolida por la acusación que no era capaz de decirle algo.
-Cuando era pequeña eran Bayron y Brandon quienes se iban a los puños con los hijos bastardos cada vez que se metían conmigo, -recordó con dolor todo lo que le habían hecho desde que tenia uso de razón-fui yo quien se amotino para evitar que intercambiaran a Annastacia por Dominik mientras tu estabas llorando a los pies del vizconde como si alguna vez fueran a funcionar tus lagrimas,-le hecho en cara con rabia pura- fui yo quien se las arreglo para ser acogida por la marquesa y comencé a obligar a retroceder a los bastardos y sus madres, yo cuide de su salud junto a Aline y fue por eso que esta vez tuviste un parto más benevolente que los anteriores.- temblaba de solo decir como es que ella había llegado al punto en el que estaba-Yo he luchado sola contra esta mansión y he vencido, no tengo una madre como tu, la única mujer a quien yo veo como mi madre se llama Selene Collins no Sienna White. No hay más concesiones de mi parte, si los demás quieren estar cerca tuyo no lo impediré, pero yo acabe con usted- le aclara mientras negaba con su cabeza con una emoción que no supo describir y que la obligo a levantarse con todo su orgullo.
La vizcondesa estaba sorprendida al ver a Adelina le habla de esa forma; le había hablado antes de forma tajante, aveces fría o distante, incluso llego a hablar con ella de forma muy ambigua; pero nunca la había cortado de esa manera y la desconoció en voz alta, llego a quejarse un poco sobre su sumisión al vizconde, pero nunca le había echado en cara todo lo que paso en esos años. Solo le echo un vistazo por ultima vez bajo la cabeza escondiendo sus lagrimas de dolor y se fue de la habitación dándole una ultima mirada lastimera.
Adelina sabia que fue muy cruel de su parte, pero más cruel hubiera sido dejarla vivir en su fantasía, tal vez dentro de muchos, pero muchos, años la relación pudiera recuperarse un poco, lo roto, roto esta incluso si lo arreglas con oro la cicatriz queda y ella no comparte ese estúpida ideología de "perdonar y olvidar". Por que tu sufriste por lo que hizo esa persona, puedes llegar a comprenderla y perdonarla, pero lo que hizo no se arregla con un perdón y no demostrar un cambio; y Adelina no estaba ni de cerca de perdonar a su madre, entendía que era una victima del vizconde como lo fue la madre de Bayron y Brandon, pero sus acciones dejaron muchas heridas en Adelina quien no permitió que Aline y el resto vivieran todo lo que ella vivió.
-Señorita...- la llama preocupada Zita, había escuchado toda la conversación a través de la puerta y la cara que tenia Adelina no era muy buena.
-¿Aun recuerdas cual fue la primera orden que te di?- le pregunto Adelina inhalando fuerte.
-Claro, nunca decirle a la marquesa como es que vivía usted en la casa White.- recito la que fue la primera orden al llegar a la familia White- Al principio pensé que era porque el vizconde era muy estricto pero después...Bueno usted no vivía mejor que yo cuando aun trabajaba en el burdel, y la vizcondesa sinceramente era un caso- admitió su primera impresión sobre la familia de la joven.
-¿Logras recordar lo primero que hizo la vizcondesa cuando llegue?- le volvió a preguntar Adelina exhalando el aire que había tomado antes.
-Con mucha claridad;- admitió algo sorprendida para ella misma- cuando usted cruzo la puerta de la habitación la recibió con preguntas superficiales sobre su estudio pero luego ella la abrazo fuertemente y lloraba sobre usted, recuerdo que cuando logro calmarse se puso a darle quejas de todos en la residencia de campo, desde el vizconde hasta de sus hermanas que en ese entonces eran muy pequeñas- recordó Zita esa escena.
-Estuve todo el otoño fuera ese año y volví a casa antes de que la nieve se volviera gruesa a inicios de ese diciembre y lo primero que recibí fueron quejas;- se burlo con amargura- no pregunto de mis estudios realmente ni quiso saber como me fue durante el otoño, y esa escena se repitió los últimos siete años. Ella dice que siempre me quiso, pero esa forma de actuar...Deja mucho que desear- señalo con tristeza- no es mala mujer, su único pecado es ser tonta, no como la madre de mis hermanos- lamento un poco Adelina.
-Es verdad; la madre de Brandon si bien no esta presente siempre le escribe y les pregunta sobre sus estudios y si nadie les puso las cosas difíciles.- recordó una de las cartas que su novio le mostro de su madre- Si lo viéramos desde otra perspectiva seria ella la madre más cruel de todas las de la casa pues abandono a sus hijos al cuidado de otra mujer, pero si tomáramos el ángulo que usted usa diríamos que fue una madre objetiva porque al saber que su presencia afectaría el futuro de sus hijos, ella misma se aparto y prefirió la lejanía para que ellos crecieran a salvo- medito como es que las personas que supieran la verdad verían a su suegra.
-Esa es la diferencia entre las dos; la madre de Bayron y Brandon, Cordelia, era alguien débil y sabia que no era de ayuda para ellos dos por eso los dejo atrás bajo la vigilancia de alguien que, si bien no era mejor que ella si les daria más oportunidades- le explico las razones de la mujer- pero en todos estos años siempre les dice lo mismo y es que agradece a la vizcondesa su gracia, que deben tratarla bien por todo lo que ella hizo por ellos y luego pregunta como están para terminar con un te quiero. Nunca se atribuye nada de lo que ellos hacen y nunca menciona porque ellos terminaron con la vizcondesa; no es un amor perfecto, pero es un amor de madre suficiente para mi hermanos quienes la comprenden y nunca se sintieron agraviados por el abandono- le señalo la diferencia con la vizcondesa.
Ninguna volvió a hablar, Zita no era una experta en lo referente a la maternidad, después de todo fue una huérfana que se crio en un burdel por lo cual era la que menos autoridad tenia para hablar sobre madre, si esta conversación fuera con Melisa tal vez hubiera algo más de material de su parte debido a que se volvió huérfana cuando ya era una niña junto a su hermana, pero era muy probable que terminara igual que la conversación con Zita, un silencio más bien incomodo.
Cuando el reloj dio las nueve y quince de la mañana los cuatro hermanos de Adelina entraron a su habitación totalmente vestidos en sus trajes azules y las niñas con su diademas de flores, todos quedaron asombrados al ver a Adelina sentada pulcramente con su vestido de novia era tan extraño verla vestida como una señorita de sociedad la ultima vez que la vieron todos juntos vestida con tal gala fue la noche de su primer baile y ni eso porque Adrián y Ariadna ya estaban dormidos y solo la vieron Aline y Annastacia.
-¡Estas hermosa Adde!- exclamo maravillada Annastacia.
Aline solo la miraba con curiosidad, en cinco o seis años esta también seria ella y no podía dejar de ver a su hermana apunto de casarse, aunque Adelina también noto cierta tristeza en su mirada no supo si atribuirla a su propia nostalgia o que su madre ya fue a llorar sobre la segunda niña. Fuera la razón que fuera, Adelina no le gustaba ver a Ally con esa mirada al ser ella la de la sonrisa más hermosa entre las hermanas.
-Gracias Anna- le corresponde Adelina.
-Niña linda- logro decir Adrián.
-Que lindo Adrián, ven y te doy un beso- se carcajeó con gusto Adelina mientras lo levantaba en el aire para besar la mejilla.
-Adde-la llama molesta Ariadna al ver que su hermano recibía cariño de su hermana mayor y ella no.
-Yo nunca me olvido de ti mi Aria-la entiende y también la besa.
-Adde les dejaste marcados las mejillas- se burlo Aline al fin.
-Límpienlos- les pidió a las dos Ayas- ¿El vizconde?- pregunto por su padre.
-Al parecer la enfermedad de nuestro señor le esta jugando una mala pasada y se encuentra adolorido va algo atrasado en su preparación- le respondió Aline con la respuesta que le dieron los sirvientes cuando ella pregunto antes.
Adelina hizo un puchero para tratar de contener la burla de sus labios sobre la situación del vizconde, al parecer la infusión que le dieron en la botica esta funcionando de maravilla, gracias al cielo tenia su madre una doncella extranjera que sabia de plantas medicinales, el vizconde iba a pasar toda la mañana con unos bonitos retorcijones que no lo dejarían estar de pie, que le diga adiós a entregarla en el altar.
-Mientras este presente en la boda-le resto importancia a la enfermedad porque sabia que ese era tan capaz como ella de llegar a esa iglesia a si sea arrastrándose.
Aline ni se molesto en intentar corregir a Adelina, este debía ser un nuevo récord para la pelinegra, hizo llorar a su madre y el vizconde quedo mal parado y todo antes del almuerzo; por lo general hacía solo uno solo y se esperaba hasta pasada la mañana, pero al parecer su carácter destructivo amaneció por todo lo alto en sus últimos momentos apellidada White y quiso hacerse notar. No pensaba reclamar sobre la vizcondesa, ella era tan sensible que incluso si Adelina no la mira el tiempo que ella quisiera termina llorando, ya sea una exageración o fueran verdad sus quejas Aline ni lo iba a intentar.
-Bueno puede que el vizconde se tarde pero yo no soy una mujer impuntual, vamos abajo- ordeno Adelina sin pizca de lastima.
Confirmado Adelina es la culpable de la dolencia del vizconde, Aline solo rezo al cielo que si a causa de lo que Adelina hubiera hecho el vizconde tenia que morir, al menos dejara que se dijera el acepto en el altar después de eso que se lo llevara y acabara con el martirio del pobre hombre pues parecía que pagaba todos sus pecados en vida gracias a su hermana. Era justo que pagara sus deudas, pero no frente a Aline y los demás niños que eran sensibles de los nervios; solo Adelina tenia los nervios de acero como para disfrutar la comparecencia del moribundo.
-No intentes llevar la cola Aria, es cuando estemos en la iglesia acá es muy peligroso- reprendió Adelina a la más pequeña y esta se quejo.
<<Cual peligro, si el único peligro eres tu Adde. ¿Por qué soy la hermana emocional? >> Se quejo Aline en su mente, cuantos nervios le causaban las locuras de su hermana mayor solo rezaba que su matrimonio con el duque le trajera calma. Si estos pensamientos fueran públicos, Zita y varios más no podrían darle un parte de calma a Aline pues Archer es igual de vengativo que Adelina. Ya cuando estuvieron en el recibidor vieron al vizconde bajar apoyado en Bayron y Brandon, su cara pálida tenia un aspecto ahora algo cadavérico que le dio a Adelina cierta satisfacción.
-Buenos días señor- saludaron todos al verlo.
Ni se digno en responder el saludo gruño y se dirigió al carruaje que compartía con Bayron y Brandon, lastimosamente también incluía a Aline, se compadeció de su hermana, pero con las ayas y los demás hermanos ella no cabía en la otra litera, Adelina suspiro por dentro, los carruajes del marquesado eran un poco más grandes y le permitió más de una vez meterse ella junto a todos sus hermanos sin problemas. Irónicamente hoy era la primera vez que iba a estar sola en un carruaje, pues siempre tuvo al menos una dama que la acompañaba en sus viajes de un lugar a otro.
-Ally...No te separes de Brandon- le ordeno a su hermana cuando la mando al carruaje.
-¿Que le diste?- pregunto preocupada.
-Mejor que no sepas- le explico, ella rezaba que los muchachos hubieran usado todo el frasco, con buena suerte el vizconde tenia la decencia de morir al día siguiente.
Adelina fue la ultima que salió del recibidor y se volteo para mirar atrás, alcanzo a ver una sombra en el pasillo y supo que ella la vizcondesa, dio una sonrisa lastimera, al final del día ella le dio la vida y no podía evitar compadecer a esa mujer pues nadie quiere ver como su madre se marchita, pero tampoco Adelina puede forzar algo que no existe y que les hará más daño. "Cuando salgas por esa puerta nunca más mires atrás" recordó las palabras que le dio la difunta baronesa a Selene; Adelina tomo una bocanada grande de aire, se irguió lo mejor posible, alzo su mentón y cruzo el umbral de la puerta sola en dirección del carruaje que la lleva a la iglesia y nunca miro atrás.
El camino a la iglesia se le hizo infinito a Adelina y se le hizo aun más infinita la espera fuera de la iglesia, estaba tan aburrida en la espera que su única distracción era prestar atención al ruido exterior, fue en esas que le dio la impresión de oír un pequeño golpe en la puerta del carruaje pero al revisar la puerta no había nadie y solo vio a lo lejos unas niñas corriendo. Probablemente eran unas niñas jugando entre los carruajes antes de la celebración pero una parte de Adelina quiso pensar que esas quisieron tener algo de su suerte y tocaron la puerta del carruaje.
-Ten suerte y nunca te rindas- les deseo sonriendo a las niñas en la distancia, como si recordara algo que paso hace mucho tiempo y que tal vez no se volviera a repetir.
No alcanzo a acomodarse una segunda vez cuando Andrew vino por ella, el hombre estaba de un magnifico humor. El marques ya se había echo la amarga idea de que fuera otro quien entregara a su hija, por lo cual, cuando el vizconde lo llamo comunicándole que su salud no le permitía entregar a Adelina pues estaba que se retorcía de dolor por su enfermedad, Andrew supo dos cosas; la primera era que su querida niña hizo una maldad y que solo Dios sabia que tontearía había hecho el vizconde para enfurecerla, pero la segunda era más alegre porque eso significaba que era a él quien le correspondía entregar a Adelina.
-¿Que le diste?- pregunta Andrew a Adelina conociendo su caracter.
-Calomel- confeso con una sonrisa inocente, que de inocente no tenia nada, al fin Adelina revelo a alguien que había en el frasco.
Ni intento regañarla, pudo haberle dado algo peor y todos sabían que era capaz; bueno al final termino beneficiándolo a él asique ni modo de quejarse internamente. Al final Adelina se bajo del carruaje con algo de dificultad, le estaba comenzando a doler la espalda baja, como nunca había usado el corsé tan apretado su cuerpo ya la estaba regañando por hacer una acción tan extrema, al llegar a la entrada de la iglesia estaba Selene con todos los niños formados listos para sostener la cola del vestido de Adelina; Aline por su parte llevaba las flores en la canasta.
-Siempre serás mi niña- se despide Selene de ella con un abrazo.
-Te quiero tanto mamá- le susurro antes de separarse.
Cuando Adelina estuvo lista, la marcha nupcial comenzó a sonar, Archer la había escogido en persona y que sospechosamente sonaba como el vals que bailaron en el primer baile de la temporada; coincidencia o premeditado a Adelina no le importo pues solo podía ver al hombre al final del pasillo. Archer usaba su traje militar con todo y medallas, también estaba armado con su sable, y probablemente con el arma escondida. Era tan llamativo que ella dio gracias al cielo por tener un esposo agradable a la vista, eso era un lujo poco común en el matrimonio; por lo general era la mujer quien tenia la etiqueta de agradable a la vista y el hombre... Bueno tenia salud, aveces.
Hora de confesar, Adelina no puso ni la más mínima atención al rito, solo oyó un montón de palabras y ni las proceso por culpa del dolor en la cintura; gracias al cielo aun era sostenida por su padre putativo no fuera que le faltara el apoyo para seguir derecha, fue apenas cuando oyó al oficiante decir el nombre completo de Archer que supo que era momento del consentimiento.
-Tu, Elliot Archer Devereux ¿Quieres a esta mujer como esposa?- pregunto el oficiante.
-Acepto-respondió sin vacilación, fuerte y claro.
-Tu, Adelina Grace White ¿Quieres a este hombre por marido?- le preguntaron ahora a ella.
-Acepto- contesto fuerte y claro mirando a Archer sin arrepentimiento alguno.
Durante su pedida de mano, cuando casi cae en el Támesis, había dicho esa palabra de forma muy escueta y eso que la repitió como dos veces; pero ahora al decirla frente a Archer y toda la sociedad ya no estaba la duda ni el miedo que la dominaron aquella madrugada, ahora estaba totalmente segura que ese hombre la protegería a capa y espada. Dicho el consentimiento Andrew se la entrego a Archer con cierta tristeza.
Cuando el marques se posiciono en su lugar correspondiente el oficiante continuo y Adelina solo se limito en repetir todo lo que le correspondía; algo para anotar y que alargo la celebración fue el hecho que la parte de la ceremonia donde se ajusto su anillo de matrimonio se hizo doble, ósea que Adelina también le puso un anillo y juramento a Archer, esto no era muy común pues por lo general solamente se le imponía el anillo a la mujer pero Archer dijo que también quería que Adelina lo hiciera y quien era ella para negarse.
-Y ahora los declaro marido y mujer- declaro el oficiante.
Y estaba hecho, ella era ahora Adelina Devereux, duquesa consorte de Richmond. Seguido a eso pasaron las plegarias propias del rito, se firmo el acta que daba legalidad al rito finalizando al fin todo el teatro de la iglesia. Adelina de milagro sonreía pues ya comenzaba a tener calambres por todo el cuerpo, fue un alivio cuando Archer casi que los despacho a todos para poder ir al desayuno de bodas y allí saludar a todos con mayor comodidad. El problema fue que apenas si se subieron al carruaje Archer comenzó a buscar el ajuste del vestido.
-Mi lord no cree que es muy temprano para...- no alcanzo a decir algo más cuando Archer le beso la espalda.
-Mi lady, por mucho que ansíe la noche de boda mi prioridad ahora es soltar ese corsé que la esta matando y escondiendo tu verdadera cintura- le explico mientras con afán trataba de soltar el corsé.
-¿Como lo notaste?- le pregunto Adelina.
-Querida he pasado los últimos tres meses acariciando tu cintura, naturalmente me di cuenta de la estupidez que hiciste y que de paso te prohíbo volver a hacer- le contesto sin dejar su labor.
-Mi lord no lo haga, hoy todas la miradas están sobre mi, no puedo soltarlo- le pidió a sabiendas que todas las matronas la estaban evaluando.
-Adde, la única mirada que debe preocuparte el resto de tu vida es la mía el resto puede irse al carajo...- la regaña al fin soltando el corsé- Bueno los que digan los marqueses si puedes considerarlo y que el resto se vayan con el diablo- se retracto.
Cuando Archer logro soltar el corsé Adelina no pudo evitar gemir de alivio y dejarse caer en el pecho de su esposo, fue tanto que Archer se la paso masajeando la adolorida cintura de llevar el corsé tan ajustado. Si alguien los viera pensaría cualquier cosa indecente en lugar de algo tan inocente como era el cuidado de un esposo a su esposa.
-Adde piedad de mí, soy un hombre de sangre caliente y que esta a medio paso de desnudarte en el lugar menos propicio de todos. Deja hacer ese hermoso sonido- le rogo Archer sin dejar de amasar la cintura de la mujer.
-Mi lord entonces seria sensato que volviera a ajustar entonces la ropa- le explico Adelina tragándose otro gemido.
Archer aparto el velo de la cabeza de Adelina y la mordió mientras gruñía desesperado apretando con fuerza la cintura:-Gracias al cielo los novios se retiran temprano- se quejo comenzando a ajustar la ropa de Adelina.
Adelina solo soltó una pequeña risa burlona al saber que él estaba frustrado y eso le recordó que su mamá le había dicho que un hombre frustrado era un hombre intenso en la intimidad; ese fue el momento en el que se arrepintió un poco por haber estado jugando con Archer todo ese tiempo ¿La solución para sus nervios? besar y dejar que pasara sus manos por todo su cuerpo; ambos estaban tan a gusto que cuando se dieron cuenta que estaban cerca de la residencia y tenían que dejar su comodidad Archer refunfuño como un niño pequeño.
Al menos cuando llegaron a la residencia de los marqueses aun no habían llegados todos los invitados y Adelina pudo arreglarse mejor de lo que Archer la había dejado en el carruaje; Zita no pregunto el porque del retoque, Adelina ya estaba lo suficientemente abochornada como para no saberlo ajeno a eso tuvo que reacomodar el velo para que nadie viera la estampa de los dientes del duque en la nuca de Adelina.
-Deja de burlarte de mi en tu mente- le ordeno Adelina abochornada aun.
-Perdóneme Su gracia pero me es imposible-le respondió aguantando la carcajada- y yo pensando que después del altar no tendríamos que pasar por esto otra vez- confeso terminando de acomodarla.
-Búrlate, búrlate de tu ama que te veré en la misma con Brandon en un año o dos- la sentencia Adelina.
-Su gracia- zapateo en una especie de berrinche y reproche la muchacha.
Adelina solo pudo tragarse su propia risa, al final bajo arreglada para recibir a los comensales del desayuno, paso un rato saludando a todos los invitados se sentaron en la mesa principal donde ya estaban los marqueses y sus hermanos, el vizconde no aguanto más el dolor de su cuerpo y súmenle ver a su enemigo mortal, su propio hermano, en el desayuno y con la escusa de su salud deteriorada se fue tan rápido como llego; pero dejo a Bayron y Brandon para asegurar que todos los niños que aun se apellidaran White volvieran a la mansión.
-Pregúntale a Brandon que tanto le pusieron en la bebida al vizconde- le susurro a su doncella antes de que comenzaran los brindis.
-Ese chisme ya me lo dijo antes de llegar;- le respondió en un murmullo- le puso solo tres gotas no se atrevieron a más- le contesto aburrida, después de tantos años con Adelina su humor negro se contagiaba.
-Gallinas- se quejo en un murmullo Adelina.
Era una lastima pues Adelina rezaba que al menos le dieran medio frasco, aunque siendo realista, si con tres gotas el vizconde termino vuelto nada, el medio frasco lo hubiera puesto a agonizar antes de que ella pudiera bajarse del carruaje y eso si seria un problema; aunque por otro lado el vizconde era un blandengue que no aguantaba ni siquiera la briza matutina. Al final el brindis y las palabras en honor de los esposos fueron responsabilidad del heredero del marques de Waverley.
Si alguien le preguntara porque fue el heredero de Waverley era el padrino y no el marques de Pemberton que era públicamente su padrino y también amigo de su esposo; Adelina tenia la obligación de responder que es porque ya el marques era su padrino (papá) y que el mismo cedió esa posibilidad muy "a gusto". La realidad fue diferente; el heredero de los Waverley y su padrino se fueron a duelo...De pulsos por el puesto de padrino de bodas ¿Y que hicieron sus mujeres? Se hicieron las ciegas, bien se decía que los hombre maduran tarde, que momento tan bochornoso para las tres damas.
-De parte de los novios doy las gracias por la presencia de todos los asistentes.-comenzó el heredero a llamar la atención de los invitados- Su Gracia es un viejo amigo mío, verlo hoy casado con una dama tan destacada como es la duquesa es un alegría inmensa y estoy seguro que toda su familia, en paz descansen, sienten también una alegría inmensa al ver a su hijo y hermano casarse con una buena mujer y seguir el legado familiar en su ausencia.-lo decía con tal sinceridad que hasta los que vinieron para guardar las apariencias se sintieron conmovidos- Solo queda desearles una vida larga, prospera y con varios vástagos que los acompañen. Por los duques de Richmond- levanta su copa ofreciendo el brindis.
-Por los duques de Richmond-correspondieron todos el brindis.
Adelina tenia que darle méritos al joven heredero de Waverley por ese discurso, incluso sus familiares, con los que siempre llevo una relación tan tensa, lograron a sentirse conmovidos un logro porque hasta la tía Rose asentía con tal convicción que Adelina no supo si era mentira o de verdad le movió el corazón un discurso tan elocuente; pero ese si fue un logro. Ahora que lo pensaba de entre sus amigos era su marido al que menos se le daba la elocuencia, la retorica se le daba de maravilla si no que peligro no podria defenderse verbalmente, aunque con esa mirada mortífera como que no necesitaba más.
-¿Según tu prudencia que tanto seria necesario seguir acá?- le pregunto Archer a Adelina en un susurro.
-Entre comer un poco más, despedirnos en persona de al menos la mitad de invitados y que toda la familia que importa salga con discreción para despedirnos...Media hora- calcula Adelina recordando las formas sociales.
-¿Si lo reducimos a un cuarto de los invitados?- propuso Archer, sinceramente tampoco es que estuviera muy comodo en su traje de gala.
-Política- le recordó porque no se podía descuidar tanto a los invitados.
Archer exhalo frustrado, incluso él estaba aburrido de ser el centro de atención en la celebración; Adelina no lo culpaba, incluso podía ver un poco de ese aburrimiento en varias caras de su propia familia; bueno, su tío Frederick no, ese estaba de buen humor al ver que el vizconde le huyo como si él fuera la peste, es probable que el vizconde y su hermano incluso en la tumba sigan odiándose y eso si es que no llevaban ese odio a la otra vida,.
Adelina considero que después de la segunda sopa de la mañana era prudente retirarse, sobretodo porque el plato fuerte era pavo y ella no iba a comer pavo ni muerta. Comenzaron despidiendo a la familia lejana, la baronesa viuda y sus vástagos fueron rápidos y ceremoniales, el tío Frederick fue igual de rápido aunque menos ceremonioso; cuando llegaron a la mesa de su familia materna Adelina quiso que la tierra la tragara, ella se hubieran contentado con unos modales modestos pero al parecer ellos se fueron por lo extravagante, momentos como esos se arrepentía de haberse callado lo de la caída del lago de Annastacia a la vizcondesa.
El resto de los invitados importantes siguieron el ejemplo de la baronesa y se despidieron de ellos sin mucha ceremonia. Al final Adelina estaba afuera de la residencia junto a los marqueses y sus hermanos a la espera de que el carruaje estuviera listo. Aline estaba tratando de consolar a Annastacia que lloraba a rienda suelta, pero ella no estaba mejor pues estaba intentando controlar el puchero de tristeza de su propia cara; los gemelos no entendían solo veían a sus hermanas mayores llorando y ellos mismo comenzaron a incomodarse al punto que ni las ayas o sus medios hermanos mayores lograban calmarlos.
-Te quiero mamá,- se despide de Selene- te veo en unos días- le prometió.
-Yo también te quiero Adde; iré a visitarte si me escribes- le dice abrazándola con fuerza.
-Te veo luego papá-abraza luego al marques.
-Si Elliot te hace pasar un mal rato me dice y yo te hago justicia-le pide Andrew cuando la suelta.
-Eso pasara el día que lluevan perros- le aseguro Archer cuando oyó el pedido del marques.
Cuando llego a la hilera de sus hermanas sintió que se le apretaba el corazón, era la primera vez que no podía llevarse a ninguno de ellos a donde ella iba, su alma lloraba desesperada y si no supiera que dejaba a dos de sus doncellas atrás junto a Bayron y Brandon estaría aun más angustiada. Consuelo de menor talante era saber que el vizconde estaría recluido en sus habitaciones por culpa de su jugarreta y sumemos que logro que todos los hijos bastardos nunca más pisen una propiedad del vizcondado.
-Ally prométeme que te cuidaras y serás una buena niña.- le pidió a la segunda de sus hermanas-Perdóname por dejarte sola esta vez- se disculpo con ella abrazándola.
-No te preocupes Adde, se que volverás por nosotros-la intento tranquilizar con la voz algo entrecortada.
-Anna prometo que su gracia y yo volveremos por ti no importa cuanto tardemos pero por favor no llores más- le pidió a su tercera hermana cuando la abrazo.
-No me dejes Adde- pedía la pequeña, pero Adelina no podía hacer nada.
-No hagas esto más difícil Anna.-le pidió besando su frente-Cuando te vea otra vez Aria prométeme que correrás a mis brazos sin caerte.- le dijo a su hermana pequeña antes de besar su frente-No hagas llorar a tu hermana Adri, se un buen niño- beso la frente del único hermano legitimo.
-Adde-chillaron los dos niños en brazos de sus medio hermanos.
Miro a Bayron y Brandon, lastimosamente no podían decirse nada a causa de las apariencias pero en su mirada se leía las misma palabras que ella les dedicaban <<Cuídate/cuídense>>. Adelina y ellos se asintieron levemente esto era lo máximo que ellos podían hacer para despedirse primero por las apariencias, segundo porque Archer era celoso y estaba sospechando la presencia de los hermanos y lo ultimo que Adelina quería en esta vida era explicar todo lo que pasaba dentro de su familia.
Archer la guio con cuidado hacia el carruaje y la ayudo a subir, cuando ambos estuvieron listos se comenzaron a movilizar pero Adelina no dejo de mirar por la ventana a sus hermanas que persiguieron un tramo el carruaje despidiéndola.
-Prometo que pronto estarán a salvo de lo que este pasando en esa casa-le aseguro Archer.
-Gracias mi lord-agradeció a Archer mientras lo abrazaba.
-No las dejaremos solas-le aseguro su marido apretándola en sus brazos para que se pudiera calmar.
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