Capítulo 6 de 7
Los humanos tienen la extraña costumbre de llamar tragedia a las consecuencias de sus propios actos. No puedes oprimir al débil y esperar a que nunca se rebele. Toda acción exige un precio, y toda crueldad termina por reclamar el suyo.
-Ocreon Grimsoul.
Leticia estaría rebosando de alegría, al darse cuenta de que estoy usando un vestido y no el de ella.
Por otro lado, Nina Starweaver era una de las doncellas del palacio que me acompañaba rumbo a Noryan. Como soy una “princesa”, debía ir escoltada por la supuesta guardia real de mi reino, lo que inevitablemente provocaría un conflicto entre ambos reinos. entonces me enviaban con algo más adecuado a la situación.
—Por mis raíces, Nina. Si quieres aligerar el paso, debemos entrar a ese bosque cuanto antes para llegar más rápido a ese bendito reino, librarme de mi estúpida obligación como hija de Lyon y poder quitarme este maldito corsé que lo único que está haciendo ahora mismo es asfixiarme con cada paso que doy. — Vocifere hastiada.
Me vio con un gesto triste y fingido.
—Anda, sabueso, ¿no querrías ver primero la llegada de las islas flotantes de los Asterios? — Murmuraba mientras alzaba la mano para proteger su rostro de los rayos del sol y contemplar el cielo en busca del reino Asterio.
—Ver pajarracos no está en mi lista de prioridades del día, Nina... — Camine entrando por fin al bosque.
— Yo si deseaba verlos, se dice que encallaran en el Mar de Caladhrin, allí anidaran y desovaran. —No sé cómo puede verlos como algo emocionante yo les temo y demasiado. —Estarán en Nerven mínimo dos lunas.
Le mire con cara de reproche.
Mi vestido se enganchó por tercera vez en una raíz; solté un suspiro y levanté un poco la falda con una mano para evitar que se manchara de barro y se volviera a enredar en las raíces que sobresalían. No entiendo cómo alguien, a conciencia, recorrería medio mundo con semejante cantidad de tela; realmente no sé qué es más asfixiante, si las telas del vestido o el corsé.
—Vaya, es un poco aterrador este lugar. — Volvió a hablar Nina alzando la vista hacia las difusas copas de los árboles. La niebla cubría todos los árboles gigantes de este bosque, y las gruesas raíces emergían de la tierra, entrelazándose antes de volver a hundirse varios metros bajo el suelo. Por eso el camino era casi intransitable, obligándonos a trepar por las raíces para alcanzar un sendero con menos o más bajas. —¿No crees?
—Tiene toda la vibra de Noryan, y eso que aún no llegamos. — dije, escuchando una leve música atrayente, un sonido hermoso y armonioso que me hacía sentir adormilada, pero seguía avanzando hacia mi destino. Eran las notas de un arpa muy lejana, y observé las copas tratando de localizar de dónde venía aquello, pero era imposible la niebla cubría todo. — ¿Escuchas eso?
Nina negó viéndome como si estuviera loca. Mientras yo empuñaba más el mango de la antorcha en mi mano y observaba con desconfianza todo a mi alrededor.
De pronto me sentí rara, de lo más profundo de mí, sentía una alegría inexplicable. Un laúd se unió al arpa tejiendo notas perfectas en unisonó. Unas voces que rozaban lo celestial las escuchaba difusas, aquello era alegre era armonioso me hacía sentir cálida, sin pesos en mis hombros. Tal y como la alegría llego desapareció al punto de escuchar las notas bajas del laúd gélidas, tristes, lúgubres que se arrastraban cada vez más cerca de mí, la melodía me abraza me hacía sentir triste con una opresión en el pecho que lo único que me hacía era llorar.
Visualicé en una rama que comenzaba a asomar entre la niebla aquello a lo que más temo. Alkonost; eran dos sentadas en su forma casi humana cuyos bellos rostros daban casi terror pues en vez de nariz y boca tenían pico. Eran cambia formas, no son seres híbridos comunes; una es de un blanco puro con verde musgo y la otra de un negro cenizo que atrapaba la poca luz de la luna que emanaba de las copas de los árboles. Eran viajantes seres que habitaban entre las estrellas, eran los reyes del aire eran nómadas que solo y traían buenos o malos presagios a quienes se lo encontraran.
La música instrumental cesó de golpe, dejando un silencio helado que comenzaba a sentir en mi cuerpo. Ante mis ojos petrificados la criatura de negro cenizo soltó su laúd; temí que se rompiera viendo desde la altura que caía. Mientras el laúd caía libremente hacia el suelo en un golpe sordo, los brazos humanos de la criatura ceniza sufrieron una transformación que causó en mí aquella monstruosa escena de terror. Elegante, así lo definía yo a aquello, la piel se retorció y una ráfaga de plumas negras e iridiscentes brotó a gran velocidad, rompiendo su forma humana y convirtiendo sus extremidades en un par de alas majestuosas dispuestas a emprender vuelo.
Era un Sirin, es su forma intermedia, pecho humano cuerpo de ave.
El silencio siguió gobernando, ambas viajeras ahora en sus formas intermedias alzaron su rostro hacía mí. Abrieron sus picos de ave al unísono y de sus gargantas brotó un coro polifónico que se grababa en mi mente entrelazando una voz dulce con otra de lamentos.
—Cuando la primavera florezca en la tierra muerta y el invierno se rinda ante un sol que no quema... — Canto el Alkonost, dándome alivio, ¿por qué debía recibir yo uno de sus acertijos? de todo Nerven, a mí se me aparecían.
—La calidez será el hielo que congele tus venas. El fin de la tormenta traerá la marea que te ahogue. — Sentencio el Sirin, dejándome confundida con un mal sabor en la boca ante sus lúgubres palabras. Las notas se cruzaban en el aire como si fueran hilos invisibles que dictaban mi destino o mi vida. Tal vez sea un buen augurio o tal vez no. Petrificada sin apartar la vista de aquellas gemelas conocidas por tejer el destino seguían su canto.
—La sombra en la que confías, guiará tus pasos hacia la luz... — Me susurró la criatura blanca y verde musgo.
—Pero la luz cegará tus ojos y el último suspiro llegará con tu última sonrisa. —Concluyó la criatura oscura, abriendo sus alas riéndose malvadamente de mí.
—Sabueso... —escuche a lo lejos. —Sabueso regresa a mí.
La voz lejana de Nina se mezclaba con un llanto desgarrador. ¿Qué demonios estaba pasando? ¿Quién lloraba tan intensamente? Nina repetía entre sollozos aquel "vuelve a mí" hasta que salí de mi trance y vi a mi amiga doncella, con lágrimas en los ojos, sosteniendo mi cabeza en su regazo.
—Oh, por Oratual. Gracias, dioses, por traerla de vuelta a mí —sollozaba, acariciando mi cabello con delicadeza.
—¿Qué sucedió? ¿Nos atacaron? ¿Es por eso que estamos en el suelo? —dije, mirándola confundida las antorchas estaban ensartadas en el suelo haciendo luminaria a nuestro alrededor.
Recordé el acertijo, me incorporé rápido y me senté en el suelo húmedo. Escarbé en mi vestido, entre las telas finas del faldón interior, y al tocar el musgo de las raíces con mi dedo, comencé a trazar torpe lo que aquellas criaturas me habían dicho antes de empezar a olvidarlas por completo.
—¿Qué es eso? —Preguntó con sorpresa Nina.
—Dos viajeras aparecieron en esa rama, ¿no las viste? —Señale donde habían estado. — ¿Acaso no lloraste con su canto?
—No vi nada te lo aseguro, quedaste petrificada y comenzaste a reír con esperanza, para luego llorar como si estuvieras desdichada. —Me respondió Nina.
Esas arpías, solo a mí me habían dado un acertijo.
Me levanté y le tendí la mano a Nina para seguir nuestro camino. No quiero terminar esta tarea muy entrada la noche, no si hay infectados cerca, y menos cuando lo único que tengo como arma es mi daga escondida en el pecho.
—¿Estás segura de que estás bien? —Me pregunto preocupada Nina.
Obvio que no, estoy mal en cuanto mis emociones quiero seguir llorando, pero también quiero seguir riendo.
—Olvídalo, sigamos nuestro camino —murmuré, tomando una de las antorchas para seguir mi camino.
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