Capítulo 8
Estábamos llegando a nuestro destino, las raíces comenzaron a sobresalir del suelo mucho más antes que los inmensos árboles. Eran tan gruesas como si fueran murallas que se extienden en todas las direcciones quebrando la tierra como si Aloria mostrara sus huesos en caso metafórico, porque después de lo vivido hace unos momentos seria terrorífica aquella vista.
reduje el paso y frente a nosotras se alzaba el sauce, no le hacía justicia ni poema ni canto aquello para mí era más que hermoso. No era simplemente enorme ni mucho menos simple, sus copas parecían sostener el cielo, y sus interminables ramas descendían como cascadas de seda. Miles de hojas se movían con la brisa, reflejando destellos iridiscentes que viajaban del azul al violeta, del verde al dorado, como si cada una hubiera atrapado un fragmento distinto de los amaneceres.
Había recorrido Aloria, pero jamás entraba al bosque gigante para ver el sauce. Pues la entrada era prohibida, no en egoísta o mala manera solo que este era un reino y debíamos respetar sus leyes.
—Es... hermoso... —Murmuró Nina. Pero lo que se mostraba frente era mucho más, no había palabras que le hicieran honor al sauce llorón que resguardaba el reino de Noryan.
—Efrull contaría cómo había nacido o cómo Dios había bendecido este árbol para que fuera tan majestuoso. — Respondí viendo más allá del árbol, sin ignorar que este sauce y sus raíces sostienen uno de los reinos más fortalecidos de Aloria.
Al pie del árbol, dos figuras aguardaban inmóviles. Sus cuerpos me recordaban vagamente a los humanos, pero sus ojos negros brillaban como obsidiana pulida, y no eran uno ni dos, sino ocho. De sus espaldas nacían cuatro extremidades adicionales peludas, largas, articuladas, que descansaban con una elegancia inquietante. Cada uno sostenía una lanza forjada de hierro oscuro cuya punta estaba envuelta en finísimos hilos de seda tensada tan afilados que a mis conocimientos aquello podría partir a tu enemigo en mitad.
Cruzaron en movimientos sincronizados, formando una equis impidiendo el paso al reino.
—Alto. —dijo uno de ellos, el que estaba a mi izquierda. —Nadie puede entrar a nuestro territorio sin autorización.
Los guardias nos inspeccionaron y no sé qué hacer. Esto de ser parte de la aristocracia del reino de los humanos nunca se me ha dado bien, jamás me relacioné con ellos, no sé cómo actuar o que hacer.
—¿Quiénes sois vosotras dos, doncellas humanas? —Nina avanzó hacia ellos con una elegancia de la que yo carecía, bien salvada por la campana o por Nina.
—Ante vosotros comparece Su Alteza Real, la princesa de Nerven, hija de Su Majestad Lyon III Edevent. Hemos venido por asuntos del reino solicitamos audiencia con Su Majestad, el rey Ocreon Grimsoul. —Habló Nina con sus manos a la altura del pecho e inclinando su cabeza con el respeto que exigía una presentación diplomática o lo que fuese aquel acto.
Los guardias permanecieron inmóviles, en un silencio denso que solo se escuchaba el tronar de las ramas cuando el viento pasaba sobre ellas. Finalmente, uno de los centinelas dio un paso hacia al frente, sus ocho ojos me observaron fijamente como si intentara leerme o encontrar algo oculto en mis movimientos, sin encontrar nada en mí fue hasta que decidió hablar con voz grave y gutural,
—Esperad aquí Majestad, joven doncella. —Dijo medio inclinándose ante nosotros. —Si mi señor acepta recibirlas en estos momentos... las raíces se abrirán.
¿Qué significaba aquello?
Sigilosamente vi hacia mi corsé entre medio de mi pecho mi fina y delgada daga, seria rápido poder sacarla y defenderme. Aunque comenzaba a dudarlo al recordar cuantas capas de tela tenía este vestido en su faldón. El guardia sigilosamente giró sobre sí mismo y desapareció sauce abajo.
—¿Escuchas eso? —Dijo Nina sacándome de mi trance de conspiración en el que estaba. —Oh por los supremos dioses, son los Asterios bajo el sauce.
Me aterrorice.
Oh no, por favor, ya no más Asterios, si volviesen a darme otro acertijo yo misma iría al mar agresivo y me lanzaría a sus despiadadas olas a morir y acelerar un posible trágico futuro.
—Oh por Ross, ya no más de esas criaturas. —Vociferé angustiada.
Ignorando un posible segundo encuentro con los Asterios, note que las raíces comenzaban a vibrar, el bosque entero vibro. Las puertas de madera comenzaron a abrirse en un crujido y desde las profundidades emergió un resplandor azul metálico verdoso, mi olfato percibió el olor húmedo de la tierra, el etéreo y tune aroma de la seda y lo salado del mar.
El reino de Noryan acababa de abrir sus puertas.
De terror, todo a mi alrededor era de terror. Sabía que Noryan causaba aquella sensación.
Las escaleras descendían en espiral, tragándose poco a poco la luz lunar que quedaba sobre nuestros hombros. Como te digo, este reino da terror, con cada peldaño, el aire cambiaba.
Ni hablar de las paredes que rezumaban de humedad; de alguna parte del invisible cielo del reino se escuchaba la resonancia que provenía de los espeleotemas al golpear las gotas contra el suelo, y era prolongada. Los olores del reino se reemplazaban, primero fue el olor a bosque, adentrándonos más al reino paso a un aroma, más extraño. Sal, humedad y una suavidad difícil de explicar, aunque siendo sincera se explicaría más adelante.
En Elden y Nerven recorría el rumor de que en Noryan había un mar oculto que desemboca en el mar de Mar de Caladhrin, el mar nacía desde las extrañas de Noryan y terminaba en el reino Thelorien. Bueno al parecer el rumor era cierto, pequeños puntos que vibraban con bioluminiscencia en cierto modo iluminando algunas zonas del reino que también era iluminado con antorchas.
—Terrorífico, pero demasiado bello para ser creíble. —Hablo Nina que se frotaba los brazos para entrar en calor, me quité mi túnica y se la di, al ser cazadora tenía más resistencia al frio. Pero no al clima de Noryan. — ¿Y tú?
—Si algo de creer, ahora entiendo porque los Noryanos no salen de su reino. — respondí — Nada allá arriba es tan bello como aquí abajo, viven en la noche infinita. — Le sonreí seria demasiado bien que toda Aloria viviera en la noche infinita. — No te preocupes por mí, he soportado peores climas.
Mentiras.
Descendíamos hasta el último peldaño, donde puentes de resistente seda blanca se entrelazaban sobre un abismo inmenso, formando caminos gigantes de telarañas que sostenían barrios enteros. La piedra negra ascendía en columnas hacia el techo sin final que distinguir, cientos de luces cálidas titilaban entre las grietas enterradas en la roca y bajo el aquel abismo estaba en su esplendor el mar oculto bajo el árbol.
Era un mundo, dentro de un mundo.
—Esas de ahí son luciérnagas... azules? —Señala la doncella. — Si te inclinas vas a ver medusas brillando entre las suaves olas.
Me giré a preguntarle como sabia de las medusas y me respondí sola. Nina estaba inclinada sobre uno de los lados, viendo hacia abajo.
—Nina, recuerda a lo que venimos. —Me queje viendo al pobre guardia que nos escoltaba esperando a que siguiéramos nuestro camino. — Puede mostrarnos el camino.
En realidad, deseaba ver aquellas medusas.
El joven guardia avanzó delante de nosotras que le seguíamos el paso. Sin darme cuenta estaba frente a una gran puerta de acacia el guardia entro mientras nosotras esperábamos fuera, largos minutos pasaron hasta que las puertas se volvieron a abrir y el guardia nos hizo pasar.
Entramos.
La sala privada era mucho más silenciosa de lo que esperaba, no había sirvientes entrando y saliendo ni guardias merodeando en cada rincón. Solo una estancia amplia, iluminada por la luz que atravesaba los grandes ventanales con las cortinas recogidas, aquella luz se reflejaba sobre las paredes oscuras de la habitación.
En una esquina se alzaba una escalera de caracol, pero no era de piedra o madera. Era de seda, a mi lado escuche el gemido de asombro de Nina estábamos igual aquello era impresionante. El guardia que nos escolto se había retirado y yo seguía viendo aquella escalera, era de seda gruesa y por lo que veía era una muy resistente, estaba entrelazada hasta formar escalones firmes que ascendían hacia el piso superior antes de curvarse en un elegante rizo. Bajo ella había un estante repleto de libros en el idioma antiguo de Aloria lo sé por el lomo de los libros.
Estaban todos perfectamente ordenados, algunos descansaban en posición vertical, otros estaban apilados en pequeños grupos, pero ninguno parecía fuera de lugar.
—Sabueso... —Siseo Nina y me voltee a verla. — No es correcto fisgonear lo ajeno.
Ignorándole me acerque más a la estantería, no llegue a tocar ninguno porque me interrumpió una voz ajena a la de Nina.
—No suelen gustarme las personas que revisan mis cosas, Princesa de Nerven. — Busque de donde venia la voz y visualice en el inicio d la escalera una figura que empezó a descender lentamente con elegancia.
Vaya el rey tubo un gran cambio.
Quise reírme de mi propio chiste, pero no sería correcto, en cambio lentamente me aparte de la estantería y me coloque al lado de Nina a esperar a que la tercera consorte terminara de descender de las escaleras de seda, bajaba con una tranquilidad casi desconcertante. Su porte era elegante, las consortes del rey siempre vestían con elegancia, pero se dice que la tercera Consorte era más elegante, más fría y más observadora que las otras dos.
Portaba una vestimenta combinada entre digna Consorte y elegancia Noryana, con elementos de protección. La seda de su vestido largo era oscura, con un corte ceñido, una armadura ligera en los hombros y antebrazos en sus manos tenía guantes protectores. Dejaba muy claro que no era una mujer que dependía de escoltas para defenderse, según Efrull esta consorte encabezo ejércitos en tiempos de guerra frías.
Sus ojos se clavaron en mí, varios pares, No pude evitar tensarme ligeramente, y la tercera Consorte parecía notarlo.
—Princesa...— Claro, nadie conocía mi nombre solo mi apodo. — De Nerven y joven Doncella.
—Consorte Nyvara Grimsoul. —Hice una pequeña reverencia hacía ella, como lo había hecho Nina, que había terminado de bajar y ahora solo había dejado una mano sobre la baranda de seda.
—Me alegro por fin de conocer a la hija del Rey de los humanos. —Dijo posicionándose detrás de un gran escritorio.
Alto.
¿Aquello estaba allí?
—Igualmente Su Alteza. — Nos indicó sentarnos, y eso hicimos.
Miré con inquietud a Nina, porque no sabía nada se cómo iniciar esta reunión. Para mí era la primera vez aquí, Ryar siempre se encarga de visitar los reinos para mantener los tratados o reuniones con el soberano de toda Aloria.
Lyon se había equivocado al pensar que enviarme en lugar de Ryar era lo mejor. Ahora heme aquí sin saber que hacer. Pellizque a Nina y está reacciono.
—Nuestra presencia ante usted mi señora se debe a la inasistencia del rey Ocreon Grimsoul de Noryan, a la renovación de firmas del tratado de Noryan y Nerven. — Se pronuncio Nina.
—Lamentamos los inconvenientes causados. —Menciono. —Como también lamento la ausencia de mi Rey en esta reunión.
Me observa analizando mis cortes, a mi vestido manchado estoy segura de que algo de aquello analizaba en mí, bajo su mirada perspicaz.
Y también mi olfato sentía el aroma de enojo o repudio hacia mí, porque nadie podría repudiar a la buena Nina.
—Entendemos vuestras circunstancias — Nina hozo una reverencia hacia la consorte. — Mi rey a enviado como ofrenda de paz y unión estos obsequios.
—Deseo saber la falta de presencia del rey. —Murmuré a la consorte de pocas palabras.
—Inoportuna, interesante. —Habló fría.
—Puede considerarla inoportuna si así lo desea consorte Nyvara. —me justifique del mismo modo frio. —Yo la considero necesaria, el tratado es importante para ambos reinos, y como represéntate de mi Rey quisiera saber el paradero de suyo.
—¿Cuestiona mi autoridad princesa? —Pregunta.
—Claro que no, solo deseo saberlo, ¿no se me permite? —Respondí.
— Mi rey se encuentra en estos momentos con dos Asterios y una ninfa tratando de salvarle la vida a su segunda Consorte. —Menciono con enojo.
Uuh, ese enojo viene dirigido hacia mí.
Alto dijo salvarle la vida.
Se me paralizo el cuerpo por la noticia, quiere decir que por aquella situación el tratado no había sido firmado con el tiempo debido.
—¿Qué sucedió? — Dijo Nina aterrada.
—Supongo que vuestro reino lo sabe mejor que el nuestro. —La forma con la que expreso sus palabras, llenas de resentimientos.
—¿Disculpe? —Solté indignada levantándome de la silla que hizo un sonido chillante. —¿Acusa usted a mi reino por lo que sea que haya pasado a su segunda Consorte?
Ella me miro desafiante y podía sentir el aroma de su enojo crecer más. Estaba equivocada, mi reino no haría tal estupidez. Espero.
—Claro que mi amada Consorte no quiso decir eso. —La voz del Rey Ocreon a mis espaldas tan grave y aguda me inquieto. Me giré hacía él enfadada, claro que ella quiso decirlo. —Solo que los humanos tienen la extraña costumbre de llamar tragedia a las consecuencias de sus propios actos. No puedes oprimir al débil y esperar a que nunca se rebele. Toda acción exige un precio, y toda crueldad termina por reclamar el suyo.
Si quería arreglar lo que la consorte dijo, lo termino empeorando.
—O sea que si culpan a mi reino. —Dije irónica.
—No debe de estar aquí Mi señor. —Susurro la consorte entre dientes.
—No me malinterpretéis Princesa. —Lo mire con enojo, prácticamente quiso decir lo mismo que su consorte solo que en palabras bonitas. — Sabia que el amor fraterno que le tienes a Archne te cegaría, Nyvara.
Le dijo a su tercera consorte mientras caminaba hacia ella, quien estaba enfadada. Pero yo estaba más enfadada, no me gustaba que me acusaran de cosas que no había hecho peor si incluyen todo un reino, esas acusaciones solo traerían guerra si llega a personas que en este momento ya nos tienen en la soga.
La Consorte se movió del asiento para cederlo a su dueño. En toda su gloria el rey descendió de las escaleras de seda y fue a su asiento. El rey me hizo una señal para volverme a sentar en mi lugar y eso hice, tenía que calmar mí enojo, o terminaría empeorando las cosas y Lyon me dijo exactamente que no hiciera nada estúpido.
—Ella huele igual a él. —Dijo la consorte en el mismo tono de voz que había utilizado antes. Aquello llamo mí atención.
—Lo sé, lo puedo sentir Nyvara. — Le vio con reproche. —Pero no quiere decir que acusaras directamente del ataque a la segunda heredera de Nerven.
Bueno, no parece ser tan estúpido el rey.
—Me disculpo por mi acusación princesa. —Parecía haber reflexionado pero el olor a enojo que desprendía más su mirada fría me decía lo contrario.
Muy sincera la tercera Consorte de Grimsoul.
—¿Qué quiere decir que yo suelo igual a él? —El rey volvió a ver enojado a su Consorte y suspiro. —Debo saberlo se me acusa a mí y a mi reino de algo que desconozco.
— Mi segunda consorte Arachne Grimsoul, fue atacada por una bestia nigromante. Ella y dos de los cuatros escoltas sobrevivieron al ataque, los otros dos fueron abatidos protegiéndola.
—¿Y la bestia? —Nina que se mantenía en un segundo plano habló con temor, y como no tenerlo ya era la segunda vez que escuchaba de aquellas bestias.
—Abatida y bajo investigación por mis expertos en nigromancia. —Respondió el rey un poco incomodo.
—Porque lo conectan a mi olor. — Aun sigo disgustada por todo esto.
—Realmente siento mucho que mi consorte la ofendiera Mi Lady. —Volvió a disculparse, realmente ambos queremos saber de dónde vienen aquellas bestias, y más yo. Una quiso matarme porque la magia le llamaba.
—Putrefacto. —Nyvara habló y la mire más que ofendida. La Consorte solo abría la boca para ofenderme o culparme del ataque y ahora acaba de insinuar que mi olor es putrefacto, era que mejor no dijera más.
—¿Disculpe? —respondimos al unísono Nina y yo.
A este punto el Rey ya estaba perdiendo los colores por la insensatez de su consorte.
—La bestia tenía el mismo olor, pero más fuerte. Mas sin embargo usted lo tiene muy débil. —Intervino el rey, yo estaba esparciendo era olor de indignación.
—Mi señora fue atacada por un infectado. —Respondió Nina irascible dándole un golpe al escritorio del rey sorprendiéndonos a todos los presentes. — Varias de sus arañones que tiene es por el duelo que tuvo con la bestia.
Adiós a la diplomática Nina, hasta a mí me causo miedo cuando habló con ese tono mordaz.
—Estaba deformado por la magia corrompida antes era un humano pueden ocultar el fétido olor por eso me tomo por sorpresa. —Intenté calmar a Nina y a la vez también entendí todo y porque decían que mi olor era putrefacto. —Pero puedo asegurarle que no fue mi reino quien envió ni agredió a su señoría.
—El tratado no permite tales actos su alteza —La mordaz voz de Nina intervino de nuevo y le pellizque el brazo para calmarla y solo me gane una mala mirada. —Para eso existe para prevenir estas situaciones Nerven ha estado en paz con Noryan desde muchísimos años no mandarían todo al musgo por algo así sin ofender.
Claro que aquello fue con toda la intensión de ofender. El rey se aclaró la garganta viendo a Nina con algo de vergüenza.
—Lo sabemos perfectamente, por el calor de la preocupación Nyvara acuso a la Princesa y al reino de Nerven. Al ver un humano en estado nigromante supuso cosas. Reitero mis disculpas una vez más.
—Como llego una princesa y no el príncipe Ryar supuse de más Princesa.
Era entendible todo pintaba a traición por el cambio absurdo que hizo Lyon.
—Mi hermano ayuda a la guardia feérica a buscar un cachorro extraviado. —Aclaré.
Un cachorro que estaba en mis manos ya confesándolo mentalmente.
—Eso aclara todo, siento haber acusado sin razón alguna. — Apenada la consorte tendió su mano para ser estrechada y me sonrió a modo de disculpa. — Pero la guerra ha seguido los pasos del hombre desde que aprendió a empuñar una espada. Allá donde sus ejércitos marchan, la tierra aprende el peso de la sangre. Pero una mujer que cruza umbrales no trae conquistas ni dominios; trae una voz que busca ser escuchada. Y es por ello que ahora me apena mi manera de actuar, pero una hermana mía ha sido atacada y ahora mismo solo los espíritus podrán salvarla es una situación difícil que no justifica mis acusaciones y ofensas cegadas.
—Estando todo aclarado, ahora firmemos el tratado si no es mucha molestia. —Nina habló nuevamente para calmar lo tenso del ambiente o para calmarse ella tal vez.
—Disculpas aceptadas Consorte Nyvara sinceramente yo actuaria igual o peor como lo ha hecho usted. Quiero ver la bestia. —Dije con curiosidad visible, con la anterior bestia no me dio tiempo de verla ni analizarla simplemente le dejé tirado para ir corriendo a Lyon.
Nina se giró hacía mí con rapidez negando sutilmente.
—Su Alteza, en caso de que esas bestias ronden por la noche lo mejor será partir cuanto antes.
Le reproche con la mirada a Nina. Mientras el rey tomaba los papeles del tratado para empezar a firmarlos.
—Enviare un Lacre a Informar a Lyon que vuestra doncella y Princesa pasaran el día en mi reino por seguridad.
Me incomodé, no quería pasar la noche en este tenebroso reino, solo quería ir a ver a la bestia y largarme cuanto antes de aquel lugar. Me debía un buen baño de vapor y mi cómoda cama junto a mi cachorro.
—No quiero incomodar su alteza. — Mi pobre cachorro no ha pasado ni una sola noche solo, el no llegar hoy me ponía los pelos de puntas.
—Con gusto aceptamos la hospitalidad. —La traición que sentí en ese momento al ver como Nina aceptaba quedarse fascinada le fulminé con la mirada deseando tener poder de derretirla. —Deseamos de todo corazón que la consorte Arachne se mejore.
Víbora queda bien, la amabilidad le broto hipócritamente después de estar casi al límite de la ira.
—De acuerdo, Mi tercera Consorte las llevara a sus aposentos mientras tanto iré a ver cómo va mi dulce segunda consorte, ordenaré hacer la cena si apetecen algo en concreto le pueden decir a mi señora. —Caminó hacía las gradas y con elegancia digna de un Rey subió. — Enviaré a una buena Amiga a buscarla para que vea a la bestia.
—Gracias por todo. —Hice una reverencia y le sonreí.
—Acompáñenme señoritas. — Indicó la consorte Nyvara.
Salimos por las puertas siguiendo las indicaciones de Nyvara. Yo solo espero el amanecer para irme a ver mi cachorro y ponerme cómoda antes de salir a misión.
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