Capítulo 5 de 7
La guerra ha seguido los pasos del hombre desde que aprendió a empuñar una espada. Allá donde sus ejércitos marchan, la tierra aprende el peso de la sangre. Pero una mujer que cruza umbrales no trae conquistas ni dominios; trae una voz que busca ser escuchada.
~Nyvara Grimsoul.
Lo único que deseaba ahora, era un baño muy tibio que haga relajar mi cuerpo después del inesperado ataque. Seguro mi audiencia ante Lyon era por la guardia real de los feéricos, me dolía todo podría desmayarme con solo seguir soportando el dolor en una de mis costillas. Debería estar descansando con mi cachorro y no en un lugar lleno de personas recordándome de quién era hija.
Mi cachorro.
Recordando lo de la guardia feérica me estremezco, sabía lo que buscaban y realmente espero que aquello que tengo, que no es de mi mundo, no atraiga a su dueño ni a los feéricos. Moriría y no en sentido figurado, sí que lo haría. Veras no traigo Marca y, ¿Qué son las marcas? bueno significa no ser destinada a ningún feérico, y si no estoy destinada debo tener una marca que dé a entender que mi destino está en Aloria y no a Glammering.
¿Pero, como alguien que no sabe en qué luna nació, va a tener a alguna de aquellas marcas? ¡Inaudito!
Cada paso hacia el palacio era una molestia distinta; las heridas me ardían bajo la tela desgarrada, y podía sentir la sangre ajena secándose junto al polvo y los líquidos putrefactos de aquella criatura. Mi apariencia distaba mucho de la digna hija de Lyon Tercero Edevant, rey de Nerven. Las puertas del palacio se abrieron ante mi antes de siquiera tomarme un descanso de aquella caminata, los ojos acusadores y preocupados marcaban los rostros de los empleados del palacio mientras algunos se inclinaban ante mi causándome incomodidad.
Y más los ojos de la bendita Lottie, que venía con sus faldones recogidos a toda prisa hacia mí. Ella no vestía ropas de una mujer aloriana común, ya que en el reino de Lyon veneraban dioses como el Sol, la Luna, la Tierra o el Aire. Los mismos que estaban bordados en el vestido de la doncella, tal como eran antiguamente, cuando no había nada más que desorden en nuestro mundo.
Lottie era una doncella de aquellos dioses y debía vivir en el palacio hasta que uno de ellos la entregara en matrimonio para traer la paz a Aloria o a cualquier reino habitante en ella.
Una estupidez a mi opinión.
—Bienvenida de nuevo, alteza. — La doncella recogió ligeramente su falda entre sus dedos antes de hacer una reverencia, me incomodaba tales actos pues solo soy una cazadora con la dicha de ser hija de un rey mas no soy del linaje de este.
—Lottie… que te he dicho de hacer esto, crecí junto a ti por Oratual, se ve incomodo. — Dije haciendo un gesto incomodo.
—Me alegra ver que habéis regresado. — La mirada de la doncella descendió lentamente hacia mi ropa desgarrada con las manchas de sangre y las heridas que aún no habían sido atendidas. —Aunque debo admitir que esperaba recibir a una princesa, no a alguien que parece haber atravesado un campo minado.
Le mire con hastío, para luego fijarme en mi propia vestimenta, regrese la mirada hacia ella de nuevo y dije.
—Porque obviamente no son vestimentas de una princesa. — Quise pasarle por un lado para salir de este lugar y buscar como relajarme, pero me detuvo y mantuvo las expresiones tranquilas. —Son ropas de una cazadora que acaba de sobrevivir un ataque infortunio. ¿Eso logra calmar tus molestias? No vuelvas a meterme en vuestro sequito de doncellas, pues no soy una.
Me soltó del brazo con una mirada alarmante y se llevó las manos a la boca, incapaz de ocultar la sorpresa, miró de nuevo mi vestimenta, y se horrorizo al ver la sangre.
—¿Oh por la luna, es vuestra propia sangre la que esta derramada sobre ti? Mil perdones, no fue mi propósito importunarte. —La tranquilidad que tenía se desvaneció al verme con miedo. Negué para calmarla; esperaba cualquier cosa, incluso una crítica, pero no una preocupación, y eso me pareció extraño. Observé su rostro hasta que algo hizo clic y la horrorizó aún más. —Entonces, supongo que primero deberíamos ocuparnos de vuestras heridas, su alteza.
—Pensé que ibas a decirme que una princesa no debería de vestir o presentarse así —Me mofe en burla y me vio con reproche.
—Es porque una princesa no debería siquiera vestir como lo haces. —Una sonrisa apareció en sus labios mientras de los míos desaparecía. —Manchas vuestro honor, alteza, pero se le perdona porque una sobreviviente tiene todo el derecho de hacer lo que concierne bien.
Hice un gesto de disgusto, Lottie era un ser raro me atrevo a decir siempre sabía que cosas tocar para incomodarme.
—Iré donde mi padre. ¿Dónde se encuentra? — Dije a falta de paciencia.
—Mi señor os espera en su oficina, está un poco alterado. — Así llamo mi atención de nuevo, no quería entrar a allí con Lyon enojado era mejor enfrentarse a Koreus, que él.
—¿Qué sucedió? —pregunté con temor de ser la causa de aquel enojo, pues era bien sabido que a Lyon no le gustaba esperar, y menos si era yo quien lo hacía esperar.
—El rey del reino que habita bajo el sauce no renovó el tratado. Lyon ha enviado tres cartas antes de que apareciera la luna y no ha habido respuesta. Vuestro señor habla de un tratado roto y de una posible traición ante el silencio del rey de Noryan.
Es raro, el rey Ocreon no es falto de palabra y mucho menos un traidor, es uno de los reyes de Aloria más neutral que pueda existir, lo que me lleva a pensar que su silencio puede deberse a algo más preocupante que una traición.
Loti comenzó a avanzar más al interior del palacio, haciéndome gestos para que fuera rápido a la oficina. Claro nadie desea estar si quiera a un paso de Lyon en ese estado de enojo me enviaban como cerdo a matadero, bien allá voy. Lyon puede ser cruel pero no tanto como manchar su buena imagen de buen samaritano.
Al llegar a la oficina toque la puerta, el olor a pino me dio de golpe la puerta estaba hecha de este, me encantaba el olor me recuerda a los buenos años de mi infancia cuando el sol no me había abandonado y mis padres aún vivían.
—Ha menos que seas una princesa puedes pasar. — Vociferó enojado desde el otro lado de la puerta. La abrí perdiendo el miedo, Lyon estaba en sentado leyendo unos pergaminos, en toda su gloria y en toda su furia podía oler el fuego de la ira desde el umbral de la puerta.
—Buenas tardes, mi señor. —Articule con un poco de miedo, Lyon dejo los papeles para centrarse en mí, tal como lo había hecho Lottie, me examinó por completo.
—Quien te hizo eso. — Se levanto de su silla y camino alarmado hacía mí, en ese momento no parecía un rey, parecía más a un padre que se preocupa su hija, y eso temía. Que Lyon tenga un afecto hacía mí como su familia, cuando Lyon me adoptó yo ya era consciente de que mi verdadera familia había perecido, le tengo cariño y gratitud a Lyon frente a su pueblo le digo padre y le trato como uno, pues ante los ojos de los Nervense era la segunda hija legitima del rey. —Sabueso...
—Estoy bien, solo fue un pequeño incidente que logré solucionar rápido —articulé, y al entrar más en su oficina, fui hasta la ventana y miré hacia afuera sin un punto específico.
— Yo no pregunté siquiera eso, quiero saber qué le pasó a mi hija para que llegara ante mí con tales vestimentas. —Tanto protocolo, bendita Shakti.
—Me sorprendieron mientras iba camino a la comarca Musgo Verde, comprando víveres y algunas prendas para mi viaje de mañana. —Suspiré, deseando que esta reunión tan poco gratificante terminara pronto y poder al menos descansar antes de partir temprano, como también omitiendo el detalle que a venia de la comarca Brum. —Y bien, ¿me dirás por qué hueles a enojo?
Camino de nuevo hacia su mesa, tomó un documento sellado y me lo tendió mientras volvía a sentarse.
—Necesito que vayas a Noryan, y lleves eso en nombre de Nerven. —Puntualizo, me estaba enviando a un reino donde bien podría ser la cena de la noche. —No lo veas así, no le harán nada a una descendiente de la monarquía Nervense, ve entrega el tratado que lo firmen, dejas unos obsequios como dijo Lyara.
—Envíe a Castell, mi señor; él entiende más de estas cuestiones y sabrá desenvolverse. —Dije.
—El sauce ofrece sombra a todos, querida hija, pero no cobija guerras ajenas ni mucho menos soldados que la arrastren allá donde vayan. Puedes entrar, habitas en las sombras; pocos saben que eres una teniente de cazadores. Irás como la princesa de Nerven, no como la cazadora que eres.
—Bien, partiré ahora mismo, solo iré a limpiar mis heridas y ducharme. — exclame. — ¿Que sucede si me encuentro a los feéricos que dejaste entrar sin decírmelo?
—Ahora mismo están siendo desalojados, mande a Ryar a anunciarles su retiro de estas tierras. — Algo raro para ser cierto, nadie puede echar de estas tierras a sus legítimos dueños.
Bien no me importa, solo quiero a la guardia Fae lejos de mí y mi cachorro.
—¿Ryar anda con ellos y más guardias de Nerven? — Pregunte.
—En efecto, porque, ¿quieres ser escoltada hasta cierto punto? —Respondió observándome.
—Podrías enviar soldados a las comarcas Brum y Musgo Verde, me atacó un infectado que no iba en manada ni nada parecido. Es raro verlos rondar por estas zonas o las comarcas, pero aun así lo hacen. —dije y negó, sentí el aroma de enojo de nuevo y le planté cara, me importaban esas dos comarcas en sí, y no iba a permitir que fueran atacados.
—Te he dicho que dejes de frecuentar esas comarcas. —Refuto.
—El que me atacó dijo querer vaciar mi magia, aún tiene conciencia. No quiero que los míos sean atacados como lo hizo este conmigo; son pequeños y no diestros en combate. Hazlo, mi señor, o preferiré montar vigilancia de inmediato antes que ir a arreglar el tratado con Ocreon. —Declare molesta.
—No me das ordenes, entiende tu papel en este momento. — Refuto de nuevo entre dientes y con nerviosismo.
—Tú tampoco me das órdenes, Lyon. Te respeto, pero en el momento en que me desafías al no ayudar a mi gente, todo cambia. — Le vi enojada. — Soy una humana no poseo magia. Pueden atacarlos pensando lo mismo, no retes mi paciencia u olvidare mi afecto hacia vos.
Observo un punto fijo en la mesa, analizando todo. Podía sentir los cambios emocionales que tenía en su guerra interior, hasta que se aclaró y dijo.
—De acuerdo, enviaré ahora mismo un grupo de soldados para montar vigilancia —tocó una campanilla y rápidamente entró un soldado que se inclinó ante él—. Reúne un grupo de soldados, la misión es patrullar las comarcas todos los días.
—Como ordene, su alteza. —Hizo una reverencia y luego otra hacia mí. —Mi lady, con permiso.
—Cuida tu tono de voz al referirte a tu padre y a tu rey, o tu lengua mordaz rodará —amenazó. — Ve y vístete como una princesa, asegúrate de que ese tratado se cierre y no cometas errores.
No quise empeorar más las cosas, ya había agotado mi suerte al confrontarlo. No me agradaba la idea de usar un vestido, pero mi posición me lo exigía. Hice una reverencia y salí de la oficina sin siquiera despedirme. Caminé hacia el ala este, donde estaban los dormitorios de las doncellas; si quería parecer una princesa, debía buscar a alguien que supiera del tema.
Aún no hay comentarios
Inicia la conversación sobre esta publicación.