Capítulo 3 de 7
Las calabazas siempre sabían mejor cuando venían acompañadas de pan de ajo recién horneado.
Después de haberme tomado las medidas más de cien veces, la loca de Leticia recordó que la humana también comía. Me gustaría darle el crédito a los brumillos, porque recordar sería lo más normal en su día a día, pero el problema surgía cuando se obsesionaban con algo en particular. No importaba lo que tuviera que pasar, lo más importante era terminar de tomar las medidas para luego hacerle los ajustes a los cinco trajes que me había confeccionado. Oh bueno cuatro porque seguía sin enseñarme el quinto traje, y por el naranja de sus orejas siento que trama algo porque está ansiosa por ocultar. Pero sus benditas orejas los delatan, y temía mi reacción como yo temía la terquedad de Leticia.
En realidad, no era mi culpa que la encantadora Leticia olvidara que era humana y siguiera creciendo y los cuatro trajes me quedaran pequeños.
—¿Dónde está el quinto que no has sacado, conspiranoica? — Dije sirviéndome más calabaza.
—Boberías, tú sigue comiendo que pronto lo verás. —Siguió moviendo cosas buscando alfileres o algo para cortar. —¿Vendrá mi pajarito al jubileo?
—¿Y perderme a Efrull bailando y cantando la canción del gran Avarion Luth'Vael? Ni hablar, tengo que estar.
—Ese viejo gastará el nombre del violinista. Pero es la tradición de Aloria y el orgullo de Efrull conocer su historia —dijo, mientras hacía retumbar el suelo con sus brincos, apagados por el estruendo de los aplausos—. Está listo, larala, verás lo más bello que Leticia Brusel haya confeccionado jamás.
Oh, amada Shakti, apiádate de esta alma o cura está loca brumilla.
Me atraganté al ver a Leticia con algo inaudito, y no por su creación, sino porque el mundo me verá usando algo que jamás imaginé utilizar. No podía negarme; Leticia era la persuasión hecha brumillo, y sé que si no uso aquello será el inicio de mi verdadero sufrimiento.
—Ni hablar. —Me levanté de un brinco de la pequeña mesa y, en el proceso, me golpeé la cabeza contra el techo.
—Oh, pequeña desagradecida, yo te enseñé las primeras palabras; vas a hablar y lo mostrarás en el jubileo. Eres una doncella, debes usar uno y no morirás en el intento. —Lo extendió hacia mí, mientras yo negaba frenéticamente, acariciando mi pobre cabeza.
—Soy una cazadora, Lety, no una... puaj, doncella. —Observé cómo sus orejitas se tornaban rojas y supe que empezaba a enojarse. Verás, ella es lo más parecido a una madre que he tenido y sabía que no iba a dar su brazo a torcer mientras yo existiera, y aquello también.
—No me hagas murmurar tu nombre, pajarito mío, y llevarás esto: oh el que habita bajo las raíces se adueñe de mí.
—Valk narak leth mora, thaen.Vor menar Koreus. * — Le siseé para que se retractara de lo que había dicho.
—Pues póntelo, ni que fuera espina de bruma. Para temerle, pajarito mío, solo es un vestido. — Pues por eso le temo es una blasfemia a mi cargo.
—Sabes que no los utilizo Maera Me* — Dije en tono dulzón, pero negó y lo extendió hacia mí.
—Lo hice especialmente para ti, hija mía, y una Brusel debe lucir muy elegante en una fiesta de la comarca Brum. —Entorné los ojos y asentí.
—Pero con una condición —dije señalándola con el dedo—: que me dejes comer ahora y más tarde me lo pruebo.
—Hecho, pero no te librarás de Leticia Brusel de Brum —imitó, señalándome, pero como era pequeña, apuntaba hacia el techo visto desde mi ángulo.
Volví a sentarme en la pequeña mesa mientras tiraba trozos de pan en el plato de calabaza con verduras que me había dado, ahora ya frío. Observaba a la pequeña apicultora y terca brumilla ir de un lado a otro con más telas. Además de ser apicultora, a Leticia le encantaba coser. Creo que había vestido a toda la comarca con sus inventos locos; antes me había librado de ellos, pero siento que aceptar uno fue como musgo luz verde para hacerme más vestidos. Empezaría a confeccionar más y más, y pronto yo y mi dulce sargento, un bello Dogbeik, andaríamos vestidos iguales y con vestidos.
Hablando de eso, todavía no le he dicho a Lety que lo tengo. Es un cachorro de invierno con unas pequeñas y preciosas alitas; supongo que fue separado de su madre cuando era apenas una cría, o que la mataron y vendieron su camada. El mercader que me lo vendió por treinta mil lorias tenía toda la pinta de ser un despiadado cazador de animales mágicos... Unos golpes en la puerta interrumpieron mis pensamientos y detuvieron a Lety en medio del pasillo.
—Cazadora… ¡por mis musgos, Leticia, ¡abre la puerta! — La voz de Bremil Madur de Musgo Verde sonaba tensa. Leticia, con la aguja en mano, me miró con aire de juicio.
—Yo no hice nada, estoy comiendo, mujer. —Entorné la mirada y seguí comiendo. Era sabido que entre ambos nos hacíamos bromas de mal gusto, pero esta vez era totalmente inocente y no había lanzado ninguna contra Bremil. Sabía muy bien que el tonto de Bremil solo venía con historias, vivía en una realidad alterada.
Fijé mi vista en Leticia, que iba camino a la puerta para recibir al perturbador de la paz.
—Sabía que estarías aquí —dijo mientras se quitaba sus enormes botas de trabajo para entrar a la choza—. Tu muerte será por comer demasiado.
Señalo y Leticia se encrespó al escuchar a Tarakos.
—Vor sek menar koreus. *—Siseó con desdén Leticia, quien odiaba a la muerte como yo al brócoli. — Y menos cuando mi dulce pajarito salga de misión. —Recordó.
—Perdón, mujer, pero creo que por estar alimentando a la cazadora no se han dado cuenta de que la guardia feérica está a las afueras de las puertas de Nerven. — Casi escupí la comida al escuchar al bribón chismoso.
Por el cuerno ¡La guardia feérica, aquí!
—Revisaron Musgo Verde y vienen para acá; tomé el primer caballo y vine a avisarte —dijo, tomando mi espada y mi arco con flechas—. Buscan a uno de los cachorros de su soberanía Konnoc Wanebridge, de la gran corte invernal oscura de Glammering. Si salimos ahora, no podrán atraparte.
¿Han sentido un escalofrío tan intenso, como si algo ajeno a este plano pasara junto a ustedes y les causara temor? Bueno, eso es lo que experimento cuando mencionan al rey de los feéricos, el soberano de toda Aloria.
—Por la gran madre Ross, pajarito mío, debes irte ahora. Envía a la doncella humana por tus trajes. Te veré en cuatro lunas. Que la bendición de Oratual te acompañe en esta misión, y no prestes atención a Lyon ni al malvado Castell, sobre todo si ese último intenta molestarte. —Besó el aire y luego me lanzó su bendición, como si la sacara de lo más profundo de su ser con las manos agitadas hacia mí.
Salí de la choza y olfateé el aire, percibiendo la magia élfica cerca de la comarca de Brum. Monté el caballo y detrás de mi Bremil, quien emitió un sonido para que el animal comenzara a galopar con rapidez.
Oh, Shakti, que no perciban mi ascendencia de cazadora o estaré en serios problemas.
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