Capítulo 2 de 3
Una tarde, Izzy encontró a Alessandro en el gimnasio del campus, practicando karate con movimientos precisos. Ella, que había ido a entrenar básquet, se quedó mirándolo en la puerta hasta que Alessandro la vio.
—No sabía que eras un ninja— bromeó Izzy apoyándose en el marco de la puerta, su camiseta dejando ver sus sutiles músculos de sus brazos.
—Y yo no sabía que eras fan de sudar en canchas. ¿Vienes a practicar básquet o a intimidar?
—Un poco de ambas —dijo riéndose y golpeando ligeramente su hombro— Te apuesto a que ganó sin saber karate.
—Ya veremos.
De pronto, el celular de Alessandro vibró.
—...
—¿Pasó algo?
—No... no pasó nada —dijo guardando su celular y tratando de cambiar el tema de conversación—. Dijiste que tenías un café-bar, ¿No? A ver si algún día me paso por allí.
—Claro, solo dime cuando irás y con gusto te recibiré. ¿Bebes o solo tomas café?
—Ambas, pero me gusta más el café. Mi favorito es el mocha. —dijo mientras miraba la hora en su celular—Perdón Izzy, me tengo que ir —Alessandro tomó sus cosas.
—Está bien, nos vemos mañana Ale.
—Hasta mañana, Izzy —le dijo sonriéndole.
Alessandro empezaba a sentir cierta comodidad cuando estaba con Izzy. Comodidad que se veía interrumpida por su vida monótona.
—¿Por qué me llamaste cielo? —Cuestionó a Elena en una llamada.
—Para nada importante amor, solo quería saber si estabas bien y si siempre se haría lo de ir a comer con tus padres —Señaló.
—Ah sí, pues creo que sí se podrá. No tengo nada importante que hacer ese día.
—Perfecto, entonces le confirmare a tus padres —Añadió— por cierto, ¿Por qué tardaste en volver la llamada?
—Porque estaba entrenando, Elena. —suspiró— ¿Otra vez con tus cuestionamientos?
—Solo preguntaba —continuó— ¿Nos vemos más tarde?
—No creo, tengo cosas que hacer.
—Está bien... recuerda que te amo.
—Yo también te amo —dijo colgando la llamada.
En realidad no tenía cosas importantes por hacer, solo quería estar en su pieza tranquilo y dibujar lo que se le ocurría. Era su medicina para el estrés.
A la mañana siguiente, cuando Alessandro se dirigía a la preparatoria, se topó a su amigo de la adolescencia, que en aquellos años eran muy cercanos.
—¡Ale! —gritó sonriente— hace mucho no te veía amigo, ¿Cómo estás?
—¡Sebas! —respondió abrazándolo— bien amigo, ¿Y tú?
—Me alegro, yo igual estoy bien, en lo que cabe por supuesto. —respondió riéndose— ¿y si mañana vamos a un lugar para ponernos al corriente? Conozco un lugar cool donde podemos reunirnos.
—Me parece bien, más tarde te confirmaré si puedo ir.
—Va.
Ambos se despidieron y continuaron su camino. Izzy, por su parte, ya estaba en su salón preparando los materiales para su clase. Se esmeraba en qué sus alumnos tuvieran una clase de calidad.
Mhmm... que raro se comportó Ale ayer. Me preguntó si todo está bien...
Se encontraba tranquila hasta que él llegó.
—Buenos días maestra —saludó Alessandro, quien solo la llamaba así para molestarla.
—Ale, ya te he dicho que no me digas así —protestó— buenos días a ti también, profesor de inglés.
—Jajaja, ¿Ahora que tema explicarás a tu clase?
—Sobre el cubismo, y lo introduciré con Picasso.
Mientras hablaban, los alumnos fueron llegando poco a poco.
—Bueno, es hora de que entre a mi clase —dijo Alessandro saliendo del salón— te veo al rato Izzy.
La mayoría de sus encuentros son interrumpidos por algo o alguien, nunca han hablado a profundidad desde que se conocieron hace un mes.
El día pasó rápido entre tantas clases y asuntos académicos que atender. Apenas y se vieron en la hora de salida.
—¿Día largo? —pregunto Izzy.
—Ja, algo así —contestó Alessandro— ¿Cómo le haces para ser profesora y ocuparte de tu café al mismo tiempo?
—Ni yo misma lo sé —dijo riendo— solo me ocupo de ella en las tardes y los fines de semana.
—Wow, que chido.
—Seh, aunque al inicio fue difícil...
En eso el celular de Alessandro sonó.
—Perdón, me están marcando —dijo contestando el celular— ¿Bueno?
—Hola amigo —contestó Sebastián— oye, ¿siempre si se podrá lo de mañana?
—Eh, claro, cuenta con eso.
—Genial amigo, entonces te veo mañana en la tarde. —continuó— Bueno, me tengo que ir, adiós amigo. —colgó.
—Perdón, era un amigo —explicó Alessandro.
—No te preocupes —añadió— como quiera ya me iba, el café me espera.
Se despidieron e Izzy agarró su motocicleta y se dirigió a Luna Ardiente, su café-bar. Pero en el camino no podía dejar de pensar en quién lo llamó.
Bah, ¿por qué sigo pensando en eso?
Ya era mañana por la tarde y Alessandro iba a encontrarse con Sebastián, que horas antes le había pasado la ubicación del lugar. Cuando iba llegando al dichoso lugar, se sorprendió al ver que era Luna Ardiente, el café de Izzy. Y se sorprendió aún más al ver que ella y Sebastián se encontraban hablando muy animadamente, como si se conocieran hace años. Eso despertó algo en él.
Aún no hay comentarios
Inicia la conversación sobre esta publicación.