Capítulo 3 de 3
Alessandro entra a Luna Ardiente y se detuvo a ver el lugar: cuadros de artistas de rock decoraban las paredes junto con pinturas coloridas hechas por Izzy, un aroma a café recién hecho y una banda tocando al fondo daba al lugar un ambiente cálido, auténtico y relajado que fascinaba a Alessandro, pues sentía que estaba viendo una parte de Izzy que desconocía por completo.
Pero ese sentimiento desapareció cuando vio nuevamente a Izzy y Sebastián platicando. Inmediatamente una sensación incómoda se instaló en su pecho e hizo que vaya a la barra, dónde ellos estaban.
—Hola —dijo acercándose— no sabía que ustedes dos se conocían.
—Que onda bro —contestó Sebastián— pues si, nos conocimos en la uni, ¿Apoco tu también la conoces?
—Trabajamos en el mismo campus, y somos buenos amigos.
—Mira nada más... —añadió Sebastián— que pequeño es el mundo.
Hubo un pequeño silencio.
—Bueno, ya que están aquí —dijo Izzy para romper el silencio— ¿Quieren que les prepare algo?
—Un espresso martini —contestó Sebastián
—Para mi un mocha por favor —añadió Alessandro.
—Anotado, ahorita se los traigo.
Cuando Izzy se alejó lo suficiente para preparar los cafés, los dos amigos comenzaron a platicar.
—¿Y cómo te trata la vida amigo? —preguntó Sebastián.
—Pues en general bien, conseguí ser profesor de inglés en un instituto hace apenas un mes.
—Que padre Ale, yo ni siquiera puedo ejercer mi profesión —ríe— ya sabes cómo está la situación aquí... —dijo haciendo una pausa para después preguntar— oye, ¿Y Elena? ¿Sigues con ella?
—Sí, aún estamos juntos.
—Wow —dijo sorprendido— entonces ya llevan como dos años juntos, ¿No?
—Sí... dos años...
Mientras ellos dos seguían hablando, Izzy ya había terminado la bebida de Sebastián, y rápidamente preparó el mocha de Alessandro: puso sirope de chocolate en el fondo de una taza, seguidamente del espresso preparado previamente y vertió leche vaporizada, para finalizar con crema batida y un toque de cacao encima. Alessandro la observaba constantemente, distrayéndose de la conversación.
—Un espresso martini y un mocha para los caballeros —dijo sonriente trayendo las bebidas.
—Uff esto se ve delicioso —comentó Sebastián.
—Gracias Izzy —dijo Alessandro—. Voy al baño, vuelvo enseguida.
Cuando Alessandro se fue, Izzy inmediatamente se sentó con Sebastián alterada.
—¿¡Por qué no me dijiste que el amigo que esperabas era Ale!?
—¡Porque no pensé que lo conocías! —respondió— además, ¿Que tiene de malo? Son buenos amigos, ¿No?
—Ya, no tiene nada de malo pero... —pausó— simplemente me sorprendió que lo conocieras.
—Nos distanciamos cuando te conocí. Además, Ale y tú son muy diferentes... nunca pensé que alguien como él fuera tu amigo.
—Literal, no tenemos casi nada en común —ríe— eso significa que puedo adaptarme a cualquier tipo de gente —dijo orgullosamente.
—Jajaja, buen punto. Solo comparten el gusto por el arte.
—Espera, ¿Ale dibuja?
—Claro, y dibuja muy bonito. ¿No te había dicho?
—No... no me cuenta casi nada de su vida.
—Jajaja, así es Ale. Deberías pedirle que te enseñe sus dibujos.
—Si, se lo pediré.
Después de un rato, Izzy volvió a su trabajo y Alessandro regresó y siguió platicando con Sebastián. En momentos, esté sentía que Alessandro se distraía mucho, pero no le tomo tanta importancia. Pasaron las horas y sin darse cuenta ya era demasiado tarde.
—Dios, no me di cuenta de la hora —dijo Sebastián— ya me tengo que ir bro, mañana me tengo que despertar temprano.
—No te preocupes amigo, cuídate
—Tu también, fue bueno verte. Ojalá nos veamos más seguido.
Antes de irse, Sebastián fue a despedirse de Izzy.
—Adios amiga, ya me tengo que ir. Y como siempre tus bebidas son riquísimas.
—Jajaja, lo sé —dijo abrazandolo brevemente, y en eso sintió que alguien los observaba— siempre eres bienvenido aquí.
Sebastián se fue, e Izzy vio a lo lejos que Alessandro sacaba una libreta. Quería acercarse pero tenía clientes esperando. Una hora más tarde ya se estaba vaciando la cafetería y finalmente se acercó a él.
—Hey, ¿Qué haces?
—Ah, hola Izzy —respondió quitando la mano de su libreta— solo estaba dibujando, este lugar me llena de inspiración...
—Me alegra que te guste mi cafetería —sonríe—. Es mi segundo hogar.
—Heyyy Izzy —exclamó Isaac que estaba junto a Emma, empleados de Luna Ardiente— nos surgió un imprevisto y tenemos que irnos ya, ¿Puedes cerrar tu sola?
—Claro chicos, pueden irse. Nos vemos mañana.
—Gracias Izzy —dijo Isaac, acercándose a la puerta.
—¡Hasta mañana jefa! —exclamó Emma siguiendo a Isaac.
—¿Quieres que te ayude a cerrar? —preguntó Alessandro.
—Ah, no, no es necesario. No te preocupes —negó Izzy
—Vamos, déjame ayudarte —insistió.
—Ah... está bien. Solo si me dejas ver tus dibujos.
—Trato hecho —dijo dándole su libreta a Izzy.
—Wow... dibujas bien chido Ale... —dijo al ver dibujos tan realistas y anatómicamente perfectos sobre personas y animales— a mí me costó mucho dominar el realismo ¿Cuánto tiempo te tomó aprenderlo?
—Pues dibujo desde que tengo memoria —respondió— y cada vez fui mejorando.
—Si que tienes talento eh —continuó— no cualquiera mejora solo porque sí.
Ya eran las 1:00 am y era tiempo de cerrar.
—Oye, una pregunta —dijo Izzy al ya ver la libreta completa— ¿Por qué no usas color en tus dibujos? Pienso que se verían más chidos de lo que ya están.
—Ah, bueno, desde niño nunca me gusto usar pintura ni crayones, más que nada porque no sabía utilizarlos y me salían feos los dibujos.
—Que raro eres —dijo sin pensar— o sea no del raro malo, sino que nunca me imaginé que un niño no le gustará la pintura —en eso se le ocurrió una idea— si quieres te puedo enseñar a usar el color correctamente.
—Jajaja, si quieres.
En eso Izzy vio el reloj que colgaba en la pared, y ya pasaban de las 1:00 de la madrugada.
—Agh pero ya es hora de cerrar, y mañana tengo un compromiso...
—¿Te tienes que levantar temprano? —interrumpió Alessandro.
—¿Ah?
—Que si te tienes que levantar temprano para tu compromiso.
—Ah, no, es al mediodía.
—Entonces cerremos y quedémonos aquí un rato más —señaló a su libreta— y me enseñas a pintar. Y así no tendrás clientes ni alumnos que nos interrumpen.
—¿Clases particulares, dices?
—En ratos libres, por ejemplo ahora. ¿Va?
—Okey, va.
Entre los dos cerraron el local y entraron por la puerta trasera. Era la primera vez en semanas que estaban realmente solos, sin interrupciones, y que podían conocer se libremente.
Fin de la lectura
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