Capítulo 66 de 74
El aire en el terreno neutral de la confrontación estaba tan cargado que parecía a punto de arder. Dorian esperaba de pie, con esa sonrisa arrogante y calculadora de quien se cree el dueño absoluto de la situación. Para él, Melody seguía siendo su carta de triunfo, la cuerda con la que pretendía mantener a Alexander atado y sumiso.
Pero la sonrisa de Dorian se congeló en el instante en que Alexander cruzó el umbral.
Alexander no venía con la postura de un hombre acorralado. Caminaba como un depredador, flaqueando por sombras densas que parecían cobrar vida propia a sus pies. Su mirada estaba fija en su rival, desbordando un orgullo feroz y una calma que, a Dorian por primera vez, le heló la sangre.
-Llegas tarde, Alexander-dijo Doria, forzando una voz firme, aunque sus ojos buscaban desesperadamente una debilidad-. Espero que vengas dispuesto a negociar los términos. Recuerda lo que tengo en mis manos. Una sola orden mía, y tu preciosa mortal...
-Ya no tienes nada, Dorian- lo interrumpió Alexander. Su voz no fue un grito; fue un susurro sibilante, tan cargado de poder que el suelo bajo sus botas pareció agrietarse sutilmente-. El juego que creías controlar ha terminado.
Dorian dio un paso al frente, la mandíbula tensa, intentando mantener el control del tablero.
- ¿Te atreves a amenazarme? Te recuerdo que su vida depende de mí silencio y de mi garantía. Un movimiento en falso y la perderás para siempre.
Alexander soltó una carcajada seca, un sonido oscuro que resonó con el eco del mismísimo abismo. Dio dos pasos rápidos, acortando la distancia entre ambos hasta quedar a escasos centímetros de Dorian. Las sombras de Alexander se elevaron, bloqueando la luz de la estancia y atrapando a Dorian en una penumbra asfixiante.
-Eres un necio-sentenció Alexander, sus ojos bicolores brillando con una furia implacable-. Buscabas una mortal para usarla como pieza de cambio, pero lo que despertaste fue algo que tu mente mediocre ni siquiera puede comprender. Melody ya no pertenece a tu mundo de hilos y chantajes. Ha tocado el suelo del inframundo. Ha respirado el aire del abismo.
Dorian palideció, dando un involuntario paso atrás al sentir la presión que emanaba Alexander. La verdad comenzó a filtrarse en su mente como un veneno. -No...no es posible. Ella no pudo haber soportado...
-Mi padre la ha recibido en su corte. El inframundo entero se ha arrodillado ente su presencia-continuo Alexander, acorralándolo con la mirada-. Ya no tienes una garantía, Dorian. Lo que tienes ahora es la furia de un dios y de una reina eterna sobre tu cabeza. Cada amenaza que lanzaste, cada hora que la mantuviste cautiva...ahora vas a pagarla.
Dorian, viéndose acorralado y perdiendo el control por completo, canalizó su desesperación en un destello de agresión, pero antes de que pudiera siquiera alzar una mano, las sombras de Alexander lo estamparon contra la pared de piedra, inmovilizándolo por el cuello.
-El tablero ha cambiado-susurro Alexander, su rostro a milímetros de Dorian, disfrutando el terror en sus ojos-. Y tu próximo movimiento decidirá si sales vivo de aquí o si te conviertes en una sombra más atrapada en mi reino para eternidad.
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