Capítulo 65 de 74
Las puertas del salón del trono se cerraron a sus espaldas con un eco pesado, aislando el murmullo de los demonios. El palacio guardaba un silencio sepulcral, roto únicamente por el crujido del fuego azul que ardía. Al fondo, sobre el trono tallado en la misma roca del abismo, Hades los esperaba, su figura imponía una autoridad ancestral, pero al ver entrar a Alexander y a Melody, la rigidez de su postura cedió sutilmente. Su mirada, cargada de un conocimiento infinito, se posó primero en las manos entrelazadas de la pareja y luego, de forma directa en los ojos de Melody. Había una chispa de aprobación en los ojos del dios.
-Lo han hecho-la voz de Hades resonó en el salón-. El inframundo entero ha temblado con tu primer paso, Melody. Tu transformación ha despertado hasta los rincones más profundos del abismo. Y es fascinante verte de este lado,-dice Hades con un entusiasmo que sorprendió a ambos.
Alexander dio un paso al frente, manteniendo su mano unida a la de ella, y miró a su padre con firmeza, pero con respeto.
-Está a salvo, padre. El hilo que intentaban cortar ahora nos pertenece-dijo Alexander, con un orgullo protector-. Pero sabes lo que esto significa fuera de estos muros. Dorian no se quedará de brazos cruzados al ver que ha perdido su garantía.
Hades se puso de pie, descendiendo con lentitud los escalones del estrado. Su capa de sombras parecía arrastrarse como humo sobre el suelo de piedra. Se detuvo a pocos pasos de ellos. En lugar de la severidad que cualquier mortal esperaría del señor de los muertos, su rostro reflejaba la solemnidad de un monarca y, sobre todo el respaldo absoluto a su hijo.
-Dorian jugó un juego peligroso al pretender usar una vida como moneda de cambio. Pero olvidó que este reino no se arrodilla ante las exigencias de los de su clase. Hijo, tienes mi bendición y todo el poder del inframundo detrás de ti para proteger lo que has reclamado. Si intentan desafiar las fronteras de la muerte, encontrarán nuestra respuesta.
Melody dio un paso al frente, sintiendo el frio de la eternidad recorrer sus venas, pero sin rastro de temor, mirando fijamente al dios del inframundo.
-Ya no soy la misma que se llevaron, mi señor-dijo Melody y su propia voz cobró un matiz más profundo, más firme-. No permitiré que sigan usándome para presiona a Alexander.
Hades asintió levemente, una sombra de sonrisa desprovista de malicia cruzando sus facciones al ver el fuego en sus ojos.
-Lo sé Melody, ya no eres una pieza en su tablero; ahora eres el tablero mismo-concluyó el dios, antes de mirar de nuevo a Alexander-.
-El tiempo apremia. Dorian se dará cuenta pronto de lo que ha sucedido. Vayan, preparen el siguiente movimiento. Las sombras del inframundo marcharan con ustedes cuando decidan reclamar lo que les corresponde.
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