Capítulo 64 de 74
El aire del inframundo no la asfixió esta vez. Al contrario, se expandió en sus pulmones como un torrente de fuego frio, llenando un vacío que Melody ni siquiera sabía que existía.
Cuando su pie izquierdo cruzó el umbral de piedra negra y tocó el suelo de ceniza eterna, el reino entero pareció contener el aliento. No fue un cambio sutil, fue una onda expansiva, una vibración que corrió por las venas de la tierra muerta. Alrededor de las fosas y en los riscos escarpados, las siluetas de los demonios y las almas en pena se congelaron al unísono.
Cientos de ojos encendidos como brasas en la penumbra se giraron hacia la entrada. Los murmullos agónicos que siempre resonaban en el eco del viento se apagaron, reemplazados por un silencio sepulcral, reverente.
Los demonios de las sombras inferiores se agitaron en sus puestos, no con sed de sangre, sino con el desconcierto y temor de quieres reconocen que las reglas del juego acaban de cambiar. El inframundo la estaba reclamando y las criaturas de la oscuridad lo sabían.
Alexander que caminaba a su lado con la mano firmemente entrelazada con la de ella, se detuvo. Sus ojos, ese contraste magnético e intenso brillaron con una mezcla de orgullo y alivio absoluto al sentir la reacción del reino. Sintió como los dedos de Melody se tensaban en los suyos.
-Te huelen-susurro Alexander-. Saben que ya no eres una intrusa, sienten el peso de tu eternidad. Ella alzó la mirada, procesando todo con sus nuevos sentidos agudizados.
La oscuridad ya no era un lienzo negro; ahora podía ver las corrientes de energía, los hilos del destino entrelazándose en el aire y las siluetas de los demonios que se agachaban, sumisos, ante su paso. El miedo que alguna vez la paralizó había desaparecido.
A lo lejos las colosales puertas del palacio de obsidiana se abrieron de par en par rompiendo el silencio. Desde el trono, la imponente presencia de Hades aguardaba. El Dios del inframundo observaba la escena en silencio, con una solemnidad majestuosa, listo para respaldar el derecho de su hijo y la transformación de la mujer que cambiaría el destino de su reino.
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