Capítulo 58 de 74
El anochecer en el reino de los muertos no trajo estrellas, sino una oscuridad más densa y opresiva que pareció tragarse los últimos reflejos de los ríos de almas.
Caspian regresó puntual, una silueta envuelta en capas oscuras que se camuflaba a la perfección con las sombras del palacio.
No hicieron falta palabras; con un simple asentimiento de cabeza, el guía les indico que el momento había llegado. Alexander dio un último vistazo a Melody, asegurándose con la mirada de que su determinación seguía intacta, y luego extendió su mano hacia ella. Cuando sus dedos se entrelazaron, un leve destello de fuego azul helado recorrió el suelo bajo sus pies, como un juramento silencioso antes de marchar.
La travesía hacia el nacimiento de las Moiras los llevó por senderos olvidados por los propios dioses. Cruzaron llanuras de ceniza gris donde el viento siseaba como mil susurros de lamentos, y bordearon los límites del bosques de árboles petrificados que se retorcían hacia el cielo inexistente.
El tiempo allí afuera se dilataba y se contraía de formas caprichosas, haciendo que el viaje se sintiera a la vez como un suspiro y como una eternidad marchita. A lo largo del camino, Melody podía sentir la opresión del entorno, pero la presencia firme de Alexander a su lado la mantuvieron anclada a la realidad.
Finalmente, el paisaje cambió. La ceniza dio paso a una piedra negra pulida y brillante, el silencio sepulcral fue reemplazado por un eco rítmico y constante, un crujido ancestral que vibraba directamente en los huesos: el sonido del telar cósmico en movimiento. Ante ellos, incrustada en las profundidades de una caverna colosal que parecía no tener techo, se alzaba la entrada al nacimiento de las Moiras. Del interior brotaba una luminiscencia pálida y plateada, suspendida en el aire como millones de hilos de luz flotantes que nacía de la nada misma.
Caspian se detuvo justo en el umbral, retrocediendo un paso para cederles el paso. Su rostro permanecía oculto, pero su voz sonó como un eco lejano.
-Hasta aquí los acompaño. Lo que suceda dentro de este santuario ya no pertenece al plano de los vivos ni de los muertos, sino al diseño original. Tengan cuidado con lo que están dispuestos a ofrecer a cambio.
Alexander apretó el agarre de la mano de Melody y, sin dudarlo, dio el primer paso hacia el resplandor plateado, arrastrándola con él hacia el corazón del destino mismo.
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