Capítulo 57 de 74
El peso de las palabras de Caspian se quedó flotando en la estancia, denso como la niebla que subía del Estigia. Al anochecer. Esos les dejaban apenas unas horas para prepararse, para mirar a los ojos un destino que parecía sellada de antemano.
Alexander asistió lentamente, con la mandíbula tensa y una chispa de fuego azul helado bailando en el fondo de su mirada bicolor; sabía que irrumpir en el dominio de las hilanderas era desafiar el orden primordial del cosmos, pero ya no había marcha atrás. Melody, a su lado, sintió un escalofrió recorrerle la espina dorsal, no por el frio del inframundo, sino por la certeza de que, al cruzar ese umbral, su propia vida dejaría de pertenecerle por completo.
Caspian les dio una última mirada de advertencia antes de retirarse a revisar los mapas de las sombras.
Tras la salida de Caspian, el silencio en la habitación se volvió casi asfixiante, roto únicamente por el crujido lejano de las almas que vagaban más allá de los muros de piedra negra.
Alexander se mantuvo de espaldas a Melody por unos instantes, con la mirada perdida en el paisaje sombrío del inframundo que se extendía al otro lado del ventanal. Cuando finalmente se giró, la habitual frialdad de sus ojos parecía haber sido reemplazada por una intensa preocupación.
-No tienes que hacer esto, Mel-dice con una voz más baja y profunda de lo normal-. Ir al nacimiento de las Moiras es tentar a fuerzas que existían mucho antes de que mi padre tomará el control del lugar. Si entrelazamos tu hilo con el mío, no habrá un camino de vuelta para ti. Quedarás unida a este reino para siempre.
Melody dio un paso hacia él, acortando la distancia. Lo miró fijamente, negando con la cabeza con una determinación que sorprendió a Alexander.
- ¿Y qué alternativas tengo, Alexander ¿Regresar al mundo de los vivos sabiendo que mi tiempo está contado y que te dejé atrás? -preguntó manteniendo la voz firme a pesar del temblor que amenazaba con traicionarla-. Vinimos juntos hasta aquí. Si mi destino tiene que ser tejido en ese telar, quiero que sea al lado tuyo. No me da miedo el inframundo, me da miedo lo que pase si nos rendimos ahora.
Alexander la observa en silencio, conmovido por la audacia de la mortal. Se acercó un poco más y, con lentitud casi solemne, levantó una mano para rozar su mejilla con el dorso de sus dedos. Su tacto, habitualmente frío, se sintió extrañamente cálido en ese momento.
-Eres demasiado terca para tu propio bien-susurró, dibujando un leve y amarga sonrisa-. Pero te prometo una cosa: no dejaré que esas ancianas te corten el hilo. Si intentan arrebatarte de mi lado, quemaré el telar entero, aunque el universo entero se desmorone por ello.
Melody sonrió apenas, buscando el calor de su mano. -Entonces caminemos hacia el anochecer. Estoy lista.
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