Capítulo 56 de 74
El fuego azul de la chimenea mística aceleró la curación de Alexander. En apenas tres días, la rigidez en sus músculos había desaparecido por completo. Ya no era una presa herida; el orgullo y el porte del hijo de Hades habían regresado a su cuerpo.
Estaban reunidos alrededor de la mesa de piedra tallada. Caspian observaba el mapa, mientras Alexander miraba la oscura corriente del río Aqueronte a través de la ventana.
-Mi padre no es el problema-rompió el silencio Alexander, girándose hacia los demás-. Sé que mi padre me apoya y que haría cualquier cosa, él acepta a Melody...pero los Heraldos no. Ellos obedecen a las leyes fundamentales del inframundo, y el "latido robado" de Melody es algo que no toleran, lo miran como un insulto. Si cruza las fronteras tal como está ahora, el reino la consumirá hasta matarla. Necesitamos cambiar sus reglas.
Melody bajó la mirada, tocando el colgante dorado. Sabía que ese "pacto" que hicieron sus padres es el obstáculo para estar con Alexander.
-Si las leyes del inframundo no la aceptan, hay que ir por encima de las leyes de los dioses-intervino Megara, con una chispa de audacia y temor en los ojos-. Hay un lugar donde el diseño de cada alma se decide antes de que el mundo existiera. "El Telas de las Moiras".
Caspian levanto sus ojos de obsidiana, asombrado por la magnitud de la propuesta.
-El Telar del Destino...-murmuró el emisario-. Chthonios teje el hijo de los mortales con algodón perecedero, mientras que los de los dioses y el tuyo, Alexander, está hecho de oro inmortal, y por tu mitad inmortal también tienes algo de algodón. Si logran llegar a la Morada de las Tres Arpías y logran que ellas trencen el hilo de la vida de Melody directamente con el tuyo, su naturaleza cambiará. Su mortalidad se fusionará con tu divinidad.
-Se volverá como yo-dijo Alexander, con los ojos encendidos por la esperanza-. Mitad humana, mitad deidad del inframundo. El destino mismo reescribirá su existencia, y los Heraldos no tendrán más remedio que inclinarse ante ella.
-Es una misión suicida, príncipe- advirtió Caspian, golpeando el suelo con su bastón-. Las Moiras no reciben visitas, y odian que los mortales intenten alterar sus diseños. Además, su morada se encuentra en los límites más profundos del reino, custodiada por los ecos del tiempo. Si las ofenden, Áidoneus cortará sus hilos en un parpadeo.
Melody se acercó a Alexander y tomó su mano con fuerza. La calidez de sus palmas se entrelazó, desafiando el frío del ambiente.
-No tengo miedo, Alex-dijo ella, mirándolo a los ojos con una valentía inquebrantable-. Ya cruzaste un río helado y te enfrentaste a la muerte por mí. Si la única forma de estar juntos y entrar a tu mundo es desafiar al destino mismo, caminemos hacia ese telar.
Alexander sonrió, rodeando el rostro de Melody con sus manos. La determinación de la corona del inframundo vibraba en su voz.
-Entonces está decidido. No iremos a suplicar; iremos a exigir nuestro derecho a estar juntos. Megara, prepara el viaje hacia los límites del destino. Caspian...el Tratado te permite escoltarnos como reclamantes imperiales.
Caspian esbozó una enigmática sonrisa, inclinando la cabeza. -Hará temblar los cimientos del inframundo, joven príncipe. Pero será un honor ver como dos almas intentan reescribir el tejido del universo. Partimos al anochecer.
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