Capítulo 46 de 74
El aire dentro de la vieja cripta oculta bajo el cementerio gris se sentía como cenizas. Alexander empujó la pesada losa de piedra con las ultimas fuerzas que le quedaban en los brazos. El eco de sus propios pasos apresurado parecía perseguirlo.
- ¿Alexander?-Una voz temblorosa, pero que para él sonó como el canto de un jilguero en mitad de la noche, rompió el silencio.
De entre las sombras de las columnas de piedra, Melody dio un paso al frente. Al reconocer la silueta de Alexander, corrió hacia él. El impacto de su cuerpo contra el de él casi lo hace perder el equilibrio, pero Alexander la rodeó con sus brazos con una fuerza desesperada, hundiendo el rostro en su cabello.
Estaba a salvo por ahora.
-Estas aquí, pensé que no llegarías-susurró ella, aferrándose a su chaqueta.
-Te prometí que te encontraría, apartándola un poco para poder verla-. No voy a dejar que te pongan una mano encima.
-Dejen el sentimentalismo para cuando sigan respirando-siseó una voz desde el fondo del pasadizo.
Megara emergió de la oscuridad, con los brazos cruzado y una expresión que mezclaba la fatiga con la paranoia. Tenía los ojos clavados en la entrada por la que Alexander acababa de entrar.
-Tu rastro ha sido limpio Alexander, pero el tiempo juega en nuestra contra. -dijo Megara, dando un paso hacia ellos-.
Los Heraldos ya están en el perímetro. Ellos huelen el alma, rastrean la esencia. Y la de Melody brilla en este maldito lugar como un faro en la tormenta. Moverla ahora mismo por los caminos principales seria entregarla en bandeja de plata.
Melody palideció, mirando a Alexander. El pánico empezaba amenazarla con paralizarla.
-Entonces no nos moveremos por los caminos-dijo Alexander, con la mente trabajando a mil revoluciones por segundo.
-Megara, ¿puedes ocultarla? ¿Existe alguna forma de apagar ese ¨faro¨?
Megara entrecerró los ojos, sobrepasando la pregunta.
-Puedo tejer un velo con la bruma del inframundo para reprimir su energía. Parecerá una piedra para los sentidos de los Heraldos. Pero el hechizo es inestable si ella se mueve, y requiere toda mi concentración. No podré defendernos si nos encuentran.
-No tendrás que hacerlo, yo seré el escudo-sentenció Alexander, con una fría y peligrosa determinación-.
-Si los Heraldos buscan una esencia, les daré una que no puedan ignorar.
Alexander saca un colgante de su bolsillo y le dice a Megara.
-Vas a camuflar a Melody aquí dentro. Cuando el velo esté listo, yo saldré por el túnel del norte. Dejaré un rastro de sangre y energía falso que apunte hacia los acantilados. Pensarán que nos llevamos a Melody en esa dirección. Los Heraldos se dividirán, o mejor aún, me seguirán a mí.
-¡No!-interrumpió Melody, tomándolo del brazo-. Es una locura. Si te atrapan...ellos no tienen piedad. No voy a dejar que te sacrifiques por mí.
Alexander la tomó suavemente por las mejillas, obligándola a mirarlo a los ojos. La intensidad de su mirada detuvo el ruego de la chica.
-No es un sacrificio, Mel. Es la única forma de ganar. Mientras yo los arrastro hacia los acantilados, Megara te sacará por los pasadizos subterráneos del sur, hacia el territorio neutral. Nos volveremos a ver en el punto acordado. Tienes que confiar en mí.
Melody tragó saliva, conteniendo las lágrimas y asintió levemente. De repente, un frio antinatural invadió la cripta. Las paredes de piedra comenzaron a sudar una escarcha fina y el aire se volvió tan pesado que costaba respirar. A lo lejos, el eco de una campana de bronce vibró en la tierra, seguido por el sonido distorsionado de pasos pesados y metálicos sobre el pavimento de la superficie.
Los Heraldos habían llegado.
Megara comenzó a recitar unas palabras en latín, y una densa niebla oscura empezó a brotar del suelo, envolviendo las piernas de Melody. Alexander dio un paso atrás, clavando una última mirada en Melody.
-Corre-le susurró.
Y sin mirar atrás, Alexander se dio la vuelta y corrió hacia la tormenta, dispuesto a convertirse en la presa.
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