Capítulo 45 de 74
-Bien, ya el pacto está cerrado, ahora salga....
Un estallido sordo, como el eco de un trueno subterráneo, sacudió los cimientos del palacio. Las antorchas de fuego negro parpadearon violentamente y el aire se volvió gélido. Impregnado de un olor a azufre y ceniza antigua. Desde el fondo del pasillo, un cántico monótono y metálico empiezo a resonar, distorsionando el espacio. ¨Los Heraldos¨.
-Maldita sea, -siseo, y por primera vez, Dorian vio una grieta de genuina alarma en sus ojos.
-Saben dónde está. El Concejo ha enviado a las huestes rastreadoras. Si llegan a ella antes de que consolidemos el pacto, la ejecutarán por intrusa. y luego vendrán a por nosotros.
El pánico empezó a nublar la mente de Dorian, pero el instinto de supervivencia fue más rápido. Miró a Alexander, luego hacia el pasillo donde las siluetas oscuras de los Heraldos empezaban a materializarse, avanzando implacables.
-No nos van a quitar nuestra garantía-dijo Dorian entre dientes. Dorian cerro los ojos y extendió las manos. Concentro toda su energía en el centro de su pecho, buscando esa chispa oculta que desafiaba las leyes del universo.
Expandió su poder hacia fuera en una onda invisible. El inframundo se empieza a congelar, las llamas negras empiezan a quedarse estáticas, el polvo en el aire se suspende, el sonido ensordecedor del reino se empieza a extinguir en un silencio sepulcral.
Volteo a ver a Dorian y veo que se le dificulta detener el tiempo en un lugar tan denso y caótico como el inframundo no debe ser fácil para él.
-Alexander el tiempo está congelado, pero no podré sostenerlo por mucho tiempo. Piensa en algo. ¡Ahora!
Empiezo a correr por todo el inframundo congelado tengo que cambiar el rumbo de la dirección de los Heraldo, llego donde están paralizados. Sus túnicas desgarradas, hechas de puras sombras, estaban rígidas como esculturas de obsidiana. Sus rostros sin ojos apuntaban directamente hacia la dirección donde Melody estaba escondida.
-Tienen su rastro de alma. Tengo que hacer algo ya.
- ¨Sentencia de Silencio¨ -empiezo a susurrar con una voz que resuena como un eco.
Aparece dos espíritus a mis órdenes, les doy la orden de que se fusionen con la sombra de Melody para confundir a los Heraldo, que los dirijan en el lado opuesto de donde estará Melody.
-Crean un rastro falso para los Heraldo, ¡ahora!
-A sus órdenes señor.
El flujo temporal, el sonido, el fuego y el movimiento regresan de un golpe violento. El estallido del trueno subterráneo termino de resonar. Los Heraldo parpadean, confundidos por un milisegundo de ¨déjá vu¨, y siguen el rastro falso que los espíritus hicieron.
Regreso y miro a Dorian con una mezcla de respeto y peligro. Es un poder divino, pero usarlo contra mí en el momento equivocado será lo último que haga.
Dorian se encuentra de rodillas en el suelo sangrando y muy agitado, se esforzó mucho a pesar de todo.
-Vaya-susurro Alexander, con una sonrisa.
-Parece que tu ¨garantía¨ nos va a obligar a ser muy buenos amigos, Dorian.
Al menos hasta que la reestructuración termine. Dorian soltó una risa seca, que termino en una tos ahogada mientras se ponía de pie con dificultad. Se limpia la sangre de la nariz y mira a Alexander con los ojos entrecerrados.
- ¿Amigos? No te confundas, Alexander. Esto es una sociedad de convivencia.
-Acabas de salvar a Melody porque sabes que, si los Heraldos la atrapan, tú te quedas sin nada...y si a ella le pasa algo por culpa de tu preciado Concejo, yo no tendré motivos para ser un ¨buen amigo¨. Busca ese respaldo rápido, porque la próxima vez no pienso detener el tiempo para salvarte. Así que nos vemos en el Concejo.
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