Capítulo 4 de 74
Después de aquel día, decidí descubrir qué tenía esa chica. No podía dejar de pensar en ella; mis pensamientos estaban completamente consumidos por su figura, su cabello castaño, su sonrisa y sus ojos ámbar, que me atraían como un imán. Era como si le perteneciera.
—¿Qué planeas hoy, hijo? —me preguntó mi padre desde el otro lado de la sala, sacándome de mis pensamientos.
—Iré a averiguar algo —le dije sin mostrar mayor interés.
—Sabes que no podemos juntarnos con los humanos, ¿verdad?
—Lo sé, papá. Solo iré a comprobar algo y regreso. No cruzaré la línea, lo prometo.
Sé que le mentí, pero por ahora era lo mejor. Logré inscribirme en su universidad; eso me daría tiempo y me permitiría saber más de ella.
—Hijo, no es que no te crea, simplemente es peligroso y no quiero perderte.
—Lo sé, papá, y no me perderás. Solo necesito que confíes en mí, por favor.
—Ahhh... Confío en ti, pero no confío en los humanos. Nosotros somos diferentes a ellos, lo sabes. Somos guardianes, demonios, espíritus... A ellos solo les interesa su propio beneficio.
—Papá, no me pasará lo que te pasó con mamá, te lo prometo. Sé cómo son y mantendré mi distancia. Solo confía en mí.
Sin darle tiempo a responder, salí a toda prisa hacia el campus, al que ya iba algo tarde. Llegué sin problemas y la licenciada me indicó que podía entrar para presentarme.
—Buenos días. Me llamo Alexander —dije con tono serio, buscando a esa chica con la mirada.
No pasó mucho tiempo antes de que la encontrara. Tenía los ojos fijos en mí, lo que provocó que un escalofrío me recorriera la espalda. Era extraño; era la primera vez que experimentaba esa clase de sensaciones.
—Puedes tomar asiento en cualquier lugar vacío —me dijo la profesora.
Caminé por el pasillo y me detuve justo frente a ella, frente a la chica de mis pensamientos: Melody. Me miraba sorprendida, pero fui incapaz de apartar los ojos. Éramos como dos imanes destinados a unirse.
—Hola —le dije al fin, tomando asiento a su lado.
—Hola... —respondió con expresión confusa—. ¿Qué haces aquí?
—Pues vengo a estudiar, como tú —contesté, esperando que aquello fuera suficiente para frenar sus preguntas.
Antes de que pudiera replicar, la profesora comenzó la clase. Todo me pareció sorprendentemente aburrido; no entendía por qué los humanos tenían tanto interés en analizarse a sí mismos, viviendo en la ilusión de que cualquiera podía leer sus pensamientos. Era algo inútil y penoso hasta cierto punto. Volteé a ver a Melody: tomaba apuntes, completamente concentrada. No entendía por qué le gustaba aquello, y esa era otra de las cosas que me intrigaba de ella.
El timbre interrumpió mis pensamientos y el salón comenzó a vaciarse. Me giré a mirarla mientras ordenaba sus cosas. En ese momento, me observó y habló:
—Es hora de desayunar. ¿Quieres ir conmigo? —su voz era tan dulce que me perdí en ella.
—Por supuesto, gracias —contesté, sin saber si mi respuesta había sido la correcta.
—¡Yo también voy! —intervino una chica situada frente a ella—. Hola, soy Luisa, la mejor amiga de Melody —añadió, estirando la mano hacia mí.
—Hola —le respondí con frialdad, ignorando su gesto. (¿Por qué los humanos creían que estrecharse la mano era algo agradable? Esa chica me irritaba enormemente).
—Vaya, eres muy serio... Pero no te preocupes, conmigo se te quita —dijo con una sonrisa que me pareció detestable.
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