Capítulo 13 de 21
No hay un incendio. No hay un asesino en la puerta. No hay una catástrofe natural. Y, sin embargo, mi cuerpo está convencido de que voy a morir en los próximos cinco minutos.
La ansiedad no es "estar nerviosa". Es un cortocircuito en el alma.
Empezó mientras estaba sentada en el sofá, mirando un punto fijo en la pared. De la nada, mi corazón decidió que la habitación era demasiado pequeña. Empezó a golpear contra mis costillas con una violencia errática, como un animal atrapado que intenta romper la jaula de mi pecho. Pam. Pam-pam. Pam. Un ritmo que no reconozco como mío.
Sentí que el aire se volvía sólido. Intenté inhalar, pero mis pulmones se sentían como globos de piedra que se negaban a expandirse.
-Respira... es solo tu cabeza -me dije, pero mi cabeza es precisamente el lugar donde está el monstruo.
Empecé a temblar. No era un temblor de frío, era una vibración eléctrica que me recorría los dedos, entumeciéndolos. Sentía hormigueo en la cara, en los labios, como si mi propia sangre estuviera hirviendo. El mundo a mi alrededor empezó a alejarse; los colores se volvieron demasiado brillantes y los sonidos demasiado fuertes. El tic-tac del reloj en la cocina sonaba como martillazos contra mi cráneo.
Me desplomé en el suelo porque mis piernas ya no me sostenían. Lloré, pero no era un llanto de tristeza, era un llanto de puro agotamiento biológico. Lloraba porque estaba cansada de pelear contra un enemigo invisible que vive debajo de mi propia piel.
"¿Y si me da un infarto? ¿Y si me vuelvo loca ahora mismo? ¿Y si me olvido de cómo respirar?". Las preguntas se amontonaban en mi mente como un choque de trenes a cámara lenta. Cada pensamiento era una chispa que alimentaba el fuego en mi pecho. Me abracé a mis rodillas, apretando tan fuerte que mis uñas se clavaron en mis espinillas, necesitando un dolor físico real para distraerme del terror mental.
El tiempo se deformó. Podían haber pasado diez minutos o dos horas. Para mí, era una eternidad de agonía pura. Estaba sola en mi sala, rodeada de mis cosas, en el lugar más seguro del mundo, y aun así sentía que el universo entero se estaba colapsando sobre mi cuello.
La ansiedad es vivir en un estado de emergencia constante en un mundo que sigue girando con normalidad. Es estar gritando por dentro mientras por fuera solo pareces alguien que ha perdido el hilo de una conversación. Cerré los ojos, esperando que la oscuridad me trajera paz, pero en la oscuridad el latido de mi corazón sonaba aún más fuerte. Una bomba de tiempo que yo misma cargaba, esperando el momento exacto para estallar.
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