Capítulo 9 de 31
Ambos lobos se encontraban en el aire luchando por tomar el control de la pelea. La alfa, asegurándose de no soltarlo, comenzó a girar para que este se mantuviera debajo y, al caer, fuera él quien recibiera el mayor impacto.
Ryker cayó de espaldas, chocando fuertemente en el patio de la academia, sacándole un aullido de dolor, mientras que ella salió despedida hacia un costado por la fuerza del impacto.
Una vez llegaron al patio, ambos lobos se irguieron rápidamente, atentos a los movimientos del otro. Sus miradas se encontraron. Ambos tenían los ojos amarillos y mostraban sus colmillos amenazantes y filosos mientras de sus gargantas salían fuertes gruñidos, ninguno cedería.
Ambos comenzaron a caminar en círculos, cautelosos, esperando que el otro fuera el primero en atacar. Sus sentidos estaban alertas, y de sus poros emanaban feromonas agrias.
El alfa fue el primero en dar un paso hacia adelante, irguiéndose lo más posible, exponiendo su tamaño y tratando de intimidar a su oponente con sus gruñidos mientras le mostraba los colmillos. Al contrario de lo esperado, Faolan también se erguió, dejándole ver que su tamaño era superior y dejó escapar un fuerte aullido cargado de rabia. Ella no se intimidaba fácilmente y mucho menos lo haría ahora. Tenía una razón por la que luchar. Lyssandra se convertiría en su omega. Ya había aceptado ser marcada por ella.
El lobo café se abalanzó a cuatro patas directamente a ella con toda la fuerza que su cuerpo le permitía, sus garras penetraron levemente su piel, cerca de las costillas, haciéndola sangrar. Ella aprovechó que su rival se sentía confiado, y con sus patas delanteras lo sujetó de la espalda sometiéndolo y haciéndole perder el control de la pelea. Usó esa posición para rasgarle la espalda y los brazos, dejándole grandes marcas.
La rubia metió sus garras a la altura de las costillas del alfa, arrastrándolo al suelo y haciéndolo aullar de dolor. Él por su parte, sin zafarse del agarre, hizo lo mismo en las patas traseras de la loba, sin embargo ella no dejó escapar ningún sonido. Estaba soportando el dolor para no asustar a su omega, quien miraba la escena desde el balcón con preocupación en su rostro.
Las patas traseras de la loba estaban muy lastimadas, obligándola a ejercer más fuerza en el agarre del alfa. La sangre escurría de ambos lobos y caía sobre el suelo a su alrededor. Ambos tenían sus cuerpos cansados y lastimados.
En ese momento, el castaño empezó a perder la cordura, entregándose a su lado más salvaje y primitivo, cambiando el color de sus ojos amarillos a naranjas. Dominado por la ira, se levantó lentamente del suelo y con sus patas delanteras agarró las de la loba logrando retirar sus garras de sus costillas. La sostuvo con todas sus fuerzas y la lanzó hacia una de las mesas de piedra del patio.
Erza recibió y aguantó el dolor de aquel golpe, nuevamente sin dejar escapar ningún sonido. No se permitiría mostrar ningún signo de debilidad ante su omega, mucho menos si se trataba de Lyssandra. Giró rápidamente hacia la izquierda al percatarse que el lobo se abalanzaba hacia ella con la boca abierta y salivando, directo a su yugular. Se dio cuenta del verdadero peligro.
Ella era más grande y fornida, pero su lado amable y justo no le permitía atacar hasta matar y eso en estos momentos la ponía en desventaja con él, que no le importaba matarla si fuera necesario. Pasó de tener el control de la pelea a esquivar la lluvia de zarpazos, mordidas y embestidas que el otro lobo lanzaba furioso.
No podía perder esta batalla, no después de rechazar su destino. Tampoco podía permitirse que otro alfa la marcara. Ella era su omega y la protegería con su vida.
La rubia empezó a atacar también, rasgando las heridas recientes que le había causado para generarle más dolor haciendo que bajara la intensidad de sus ataques. Poco a poco volvió a obtener el control de la pelea, lanzando arañazos en el rostro y pecho del alfa, debilitándolo por la pérdida de sangre.
Pero Ryker tampoco pensaba perder. Estaba luchando por ser él quien la marque. Según sus creencias ella le pertenecía por derecho y era su deber cumplirlo. Se lanzó nuevamente con furia llegando a morderle parte de su hombro, sintiendo cómo las garras de la loba rasgaban su rostro para librarse.
Sin poder resistirse más, aulló de dolor. Fue el primero de la noche. Sentía cómo su sangre caliente escurría de su hombro, causándole hormigueo en todo el brazo, debilitándole esa parte de su cuerpo. Miró hacia el balcón en busca de una mirada de decepción por parte de la omega. No la encontró. Lyssandra se había ido. Y mientras se soltaba del agarre, su mente comenzó a desesperarse. ¿Se habría arrepentido de elegirla? ¿La había decepcionado tan rápido por mostrar dolor? ¿No era lo suficientemente fuerte a sus ojos para protegerla? Miles de preguntas cruzaban su cabeza, sus sentidos estaban tan enfocados en la omega que no esquivó el ataque que vino hacia ella, haciéndola caer fuertemente.
Sus pensamientos negativos comenzaron a ganar terreno en su cabeza y con pesar le brindó el mando a su lobo, quien estaba lleno de angustia, ira y dolor por pensar en perder y haber decepcionado a su omega. El color de sus ojos cambió a rojo sangre, y el tamaño de su cuerpo se incrementó oscureciendo su pelaje. Volvía a tener la misma apariencia y fuerza que cuando se encontraba encerrada en las jaulas, luciendo aún más intimidante para el castaño.
Por un momento el castaño mostró sumisión ante aquella bestia que se erguía ante él, nunca había visto un licántropo tan grande como ese. No pudo evitar gimotear mientras retrocedía con las orejas gachas. Estuvo a punto de rendirse pero descartó la idea al ver cómo de pronto la omega aparecía por un rincón del patio.
Su loba sentía que su alfa la necesitaba, y Lyssandra, haciendo caso omiso al peligro, decidió ir con ella. Su cuerpo caminaba instintivamente en busca de su alfa, guiándola hacia donde se encontraba luchando. Sabía que no debía meterse en una disputa de alfas. Pero no podía seguir viendo como era lastimada por su culpa.
Con pasos lentos caminaba hacia ella, ignorando en todo momento el peligro que el chico representaba al pasar tan cerca de él en esa forma. Pues su única preocupación era el bienestar de su alfa en ese momento.
Erza se percató de cómo la omega pasaba cerca del lobo, caminando instintivamente hacia ella.
Con desconfianza lo miró. Quien segundos antes había cedido ante su fuerza, ahora nuevamente se levantaba con otro objetivo en mente. La omega se encontraba indefensa y alejada de la alfa. Era su oportunidad.
El lobo se lanzó hacia la omega, tomándola entre sus patas, levantándola del suelo hasta tenerla prisionera y empezando a correr para marcarla fuera del alcance de la alfa.
Ella se apresuró en perseguir al alfa. Sus patas se movían lo más rápido que podían alcanzándolo progresivamente y gruñéndole para que suelte a su omega.
El lobo no tenía más opciones, no podía esperar a recuperar su forma humana nuevamente, tenía que marcarla en su forma licántropa. El problema era que eso no le aseguraba que la omega sobreviviera. Pero tampoco dejaría que la rubia la reclamara. Su locura y fanatismo estaban ganando, si no era de él, no sería de nadie.
Acercó a la pelinegra hacia él, abriendo sus fauces, atrayéndola peligrosamente a sus colmillos. Velkam se dio cuenta de la situación en la que se encontraba. Salió del trance en que se encontraba e instintivamente dirigió sus manos hacia su cuello cubriéndolo para dificultar la mordida del alfa.
La loba aprovechó esa reacción para saltar hacia el alfa, haciendo que perdiera el agarre sobre la omega.
Lyssandra cayó rodando y ambos alfas siguieron luchando con las pocas fuerzas que les quedaban. Erza finalmente puso fin a la disputa rasgándolo por toda la extensión de su pecho, abriendo aún más sus heridas, haciéndolo sangrar y aullar desgarradoramente.
La forma lobuna de Ryker fue perdiendo la batalla, volviendo a su forma humana. Había sido derrotado y había deshonrado a su Diosa al no poder cumplir con su deber. No aguantó mucho antes de desmayarse por toda la pérdida de sangre. No eran heridas mortales, pero sí tardarían en sanar, incluso con la capacidad de regeneración de los licántropos.
La alfa, aún en su forma licántropa, aulló fuertemente con orgullo. Había ganado el derecho de reclamar a su omega y se apresuró hacia ella, quien aún se encontraba en el suelo, recomponiéndose de la caída.
Las nubes del cielo comenzaron a despejarse, dando paso a la luz de la luna alumbrando la escena. La alfa empezó a regresar a su forma humana y se arrodilló para quedar a la altura de la omega cerrando la distancia entre ellas abrazándola fuertemente.
La omega le devolvió el abrazo sintiéndose aliviada. Después de unos segundos, se separó y se quitó su chaqueta apresurándose por cubrirla. Sus ojos se encontraron en ese momento y pudieron entender cuánto miedo se había formado en ambas por el temor a perderse.
Lyssandra volvió a aferrarse a su alfa, hundiendo su rostro en su cuello mientras la sentía temblar por el cansancio de la batalla.
—Lyss... ¿por qué saliste de la habitación? Era muy peligroso aquí. – Intentaba no llorar, el miedo que sentía seguía aún presente. —Sentí que te perdía cuando vi que Ryker estaba por marcarte y, encima, ¡estaba ENLOBADO!
—Sé que fui imprudente al exponerme de esa manera. Realmente no sé en qué momento pasó, estaba observando su disputa y de un momento a otro sentí cómo tu lobo me llamaba. —dijo con la voz entrecortada. —No pude soportar verte de esa manera y necesitaba estar a tu lado.
—Yo... me desesperé cuando no te vi en el balcón. Pensé que estabas decepcionada por haber perdido por un momento la batalla. — Aguantando las lágrimas que amenazaban con salir. —Si Ryker hubiera ganado...te habría perdido para siempre...
—No dejaría que él me marque. — Queriendo mostrar seguridad, levantó la mirada buscando esos ojos azules que tanto le encantaban. —Alfa, aún estoy esperando por tu marca.
Ninguna dijo nada más. El silencio reinó nuevamente y ambas chicas procesaban todo lo que había ocurrido en menos de una hora. La confesión en su habitación, la aceptación de sus sentimientos por parte de ambas, el beso, la mordida interrumpida y la pelea. Ambas sabían que Ryker volvería a atacar si no había una marca hecha.
No quería volver a arriesgarse y perder su oportunidad. Levantó lentamente su mano, acariciando la mejilla de su omega, pidiéndole permiso con la mirada. Se acercó a ella con delicadeza y pudo probar nuevamente aquellos dulces labios. Suavemente movió sus labios esperando la respuesta de la omega, la cual no tardó en llegar.
Los labios temblorosos de ambas comenzaron a moverse a un ritmo lento, cargado de sentimientos. Erza levantó su otra mano, olvidándose del dolor de su hombro mordido, colocándola sobre la otra mejilla de la pelinegra, acercándola más a ella. Inclinó su rostro y pidió permiso con su lengua para entrar, realmente la necesitaba. Lyssandra abrió sus labios dejando pasar la lengua de su compañera, batallando por el dominio.
Los corazones de ambas latían rápido y comenzaron a sentir la calidez que ambas necesitaban en estos momentos. Las manos de la pelinegra se dirigieron a la cintura de la alfa y con timidez comenzó a subir por su espalda sintiendo al fin las tan deseadas cicatrices sobre su piel desnuda y el calor que emanaba debido a la pelea.
La alfa se separó del beso y miró a su compañera con ternura. Su vista bajó nuevamente a su cuello. Se quedó viéndolo por unos segundos, antes de regresar a los ojos de su omega. Esta vez no habría interrupciones. Depositó varios besos por toda la zona hasta llegar a su cuello. Sus colmillos empezaron a salir, deseosos de marcar por fin a su compañera.
La omega inclinó su cabeza hacia atrás disfrutando de aquellas muestras de afecto. La alfa abrió la boca y sus colmillos ya se encontraban fuera por completo. Y sin esperar más, clavó sus colmillos en su cuello. Fue una mordida tan profunda y necesitada que la hizo gritar.
El dolor en su cuello comenzó a expandirse por todo su cuerpo, sintiendo punzadas por todos lados y la alfa la abrazó más fuerte mientras soltaba sus feromonas, brindándole la calma que necesitaba. Como omega, ella debía pasar la parte más difícil en la marcación y era deber del alfa darle seguridad y apoyo hasta que el ritual se complete.
Los gritos fueron desapareciendo, siendo reemplazados por pequeños gemidos cuando la lengua de la alfa comenzó a recorrer la herida reciente de su marca.
La pelinegra se sentía completa al descubrir las nuevas sensaciones que su alfa le estaba haciendo sentir a través de la marca. Las emociones de ambas ahora se compartían, ya no había miedo ni dudas.
La luna brillaba fuertemente esa noche, su luz totalmente blanca se intensificó dando de lleno en la escena de las jóvenes. Mostrándole descaradamente, que ambas habían rechazado su regalo destinado. Furiosa, la Luna comenzó a teñirse de rojo en dirección a las chicas. El ritual había sido completado, pero ahora estaban bajo una luna de sangre.
Erza se separó del cuello de su pareja, apreciando su marca, sintiéndose orgullosa porque ahora era suya, nadie podría ahora reclamarla, y no la perdería. Volvió su vista a los ojos ámbar de su compañera y la volvió a besar.
Esta vez el beso fue un poco más apresurado, moviendo sus labios a un ritmo acelerado y necesitado. Sus lenguas comenzaron a batallar por el dominio y ligeros gemidos salían de los labios de ambas mientras sus manos se exploraban tímidamente. La alfa lanzó un ligero gruñido en medio del beso marcando dominancia para su omega, inclinándose más hacia ella y perdiendo el equilibrio, ocasionando que ambas caigan al suelo y se separen.
Es ahí cuando ambas contemplaron la luna, ya no tenía ese brillo blanco característico. Estaba completamente roja y su luz las alumbraba fuertemente.
Poco a poco las heridas de Erza comenzaron a arder más de lo normal. Ella tenía heridas en su hombro, piernas, brazos, costillas y el rostro. Se retorcía de dolor de un lado para el otro, sintiendo cómo el ardor y dolor recorría cada rincón de su cuerpo.
Al cabo de unos segundos, Lyssandra sintió su marca arder, y no pasó más tiempo antes de que la dolencia de su alfa fuera compartida por ella gracias al vínculo reciente. Ambas gritaban adoloridas en el suelo, buscándose para calmar el dolor de la contraria. Sus manos se encontraron y entrelazaron, apretándose fuertemente para aguantar ese dolor que no se iba y que no sabían qué era lo que lo provocaba.
Ninguna marca ocasionaba ese sufrimiento... No podían encontrar otra explicación más que aquello que temían...
La Luna las estaba castigando.
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