Capítulo 8 de 31
En medio del bosque, alejado de la academia, se encontraba Ryker enlobado, descontrolado y lleno de rabia por no haber logrado su cometido. Ni siquiera con sus sentidos agudizados pudo dar con el aroma de su destinada. Luego de correr una gran distancia, se detuvo al divisar una cueva, lugar en el que pasaría la noche y se resguardaría del frío. Sabía que debía calmarse para regresar a su forma humana, pero el sentimiento que experimentaba en ese momento se lo impedía.
Su plan era perfecto. ¿Cómo pudo anticiparlo y haber escapado? Simplemente no encontraba explicación alguna. Si era su destinada, ¿por qué una y otra vez ella lo rechazaba y lo veía con disgusto? ¿Por qué se oponía a la voluntad de la Luna? Cansado de pensar y correr una gran distancia, se acomodó en el interior de la cueva y cerró los ojos. Ya pensaría cómo acercarse a la omega.
Al día siguiente, amaneció ya humano y desnudo. Sin forma de volver a la academia sin que alguien lo descubra, optó por quedarse ahí hasta que anochezca y regresar sin ser visto. Ni bien pusiera un pie sobre la academia, la buscaría y marcaría así sea lo último que haga. Su lobo también estaba cansado de ser rechazado por esa omega. Así tuviera que enfrentarse nuevamente con esa maldita alfa. No dejaría que nadie le robe a su pareja por derecho. Él pelearía en nombre de la Diosa hasta el final por cumplirlo, era su deber como elegido y seguiría siendo el orgullo de su clan.
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Rayos de luz entraban por las grietas de las paredes de la cabaña y Erza fue la primera en abrir los ojos, sintiendo una calidez y un peso extra en su brazo. Giró la vista a su izquierda y pudo ver cómo la omega dormía plácidamente a su lado sin notar que la abrazaba con tanta fuerza, como si tuviera miedo de que volviera a descontrolarse.
Se veía tan tierna a su lado e imaginó por un segundo tenerla siempre así en las noches. Dudó en levantarla, pero al no tener opción empezó a moverla delicadamente para que despertara y lograran ir al dormitorio, esperando que nadie se hubiera dado cuenta de su ausencia.
Lyssandra, sintiendo los toques que le daba, despertó y, al darse cuenta de que la estaba abrazando fuertemente, se soltó, empujándola con fuerza. Desvió la mirada y se levantó rápidamente, huyendo de su presencia. En cambio su loba no podía estar más feliz por el calor y protección que su alfa le brindó en la fría noche.
Arregló su cabello y su ropa arrugada y evitó la mirada de la alfa por la situación tan vergonzosa en que habían estado hace un momento. Sin esperar una palabra por parte de la rubia, se dirigió a la puerta con urgencia y salió primero, esperándola mientras luchaba internamente con su loba.
En cambio a la alfa le pareció graciosa su actitud y, dejando escapar una pequeña risa, procedió a levantarse y tomar sus cosas para dirigirse a la salida. Ahí afuera se encontraba la omega esperándola, que al notar su presencia comenzó a caminar en silencio hacia su dormitorio.
Ninguna dijo nada en todo el camino, el silencio reinaba y se hacía cada vez más incómodo cuando imágenes de la noche anterior llegaban a sus mentes.
Al llegar, ambas se dirigieron a sus correspondientes lados del cuarto, alistando sus pertenencias para los cursos que les tocaban ese día. Terminando con esto la primera en hablar fue la alfa, rompiendo el silencio de la habitación.
—Lyss... ¿Qué fue eso que pasó ayer? — Refiriéndose a la forma en que la calmó con su toque. Pudo sentir y recordar cómo su lobo se puso feliz al verla a salvo.
—¿A qué te refieres Faolan? —dijo cortante.
No sabía por qué la urgencia de su loba en calmarla y no había manera de explicarle la conexión que sintió cuando la tocó.
—Pues... ¿Cómo sabías que me transformaría con tu toque?
Ante eso, el silencio regresó por un instante. Ella sabía que fue lo que la impulsó a realizar ese gesto, pero no podía decirlo, solo estaban actuando y su loba se estaba encaprichando con la alfa. Lo que sí no sabía era por qué tal acto pudo devolverla. Se suponía que debía permanecer transformada hasta el amanecer, solo buscaba calmarla haciéndole saber que estaba a salvo.
—No lo sabía. Solo fue... un impulso. Pensé que necesitabas saber que estaba bien. — Y con un poco de duda, añadió. —Yo... sentí tu lamento y desesperación por mi causa.
Para este punto, el ambiente en la habitación comenzó a sentirse más cálido, pero también de alguna forma pesado. Ninguna podía procesar exactamente qué era lo que había ocurrido la noche anterior, y cada una ocultaba la forma en que sus lobos sentían la urgencia de buscarse. También estaba el hecho de cómo amanecieron y ninguna quería hablar de ese tema, sobre todo Lyssandra, que no negó que se sintió reconfortante, pero no debía sobrepasar los límites de confianza con la alfa.
—Estaba desesperada. La jaula no cedía ni un poco por más que mi lobo tomó el control de mi cuerpo. No sabía qué hacer, Lyss. Solo pensaba en salvarte, aunque al final fue al contrario... —dijo mirándola con una enorme sonrisa, quería acercarse, abrazarla y sentir de cerca su aroma, pero no quería asustarla con sus acciones.
—Bueno, no cedía porque está diseñada justamente para que no escapen. — Empezó a cambiar de tema. —Tuve suerte de que Eliana escuchara su plan y viniera corriendo a advertirme.
—Sí, le debemos tu libertad. — Bromeó dándose cuenta que no seguiría hablando más del tema.
—Correcto. Ya encontraré alguna forma de agradecerle. Tal vez la ayude con algunos deberes.
—Sería buena idea. Por cierto, yo participaré más seguido en el campo de entrenamiento ya que el maestro necesita mi ayuda.
—Al parecer debemos mantenernos alertas. Dudo que dejen este asunto sin terminar. — Frunció el ceño y dejó salir un largo suspiro, cansada de tener que escapar de las intenciones de su destinado. Lo peor es que por más que quisiera no encontraba la manera de alejarse completamente del alfa. Tarde o temprano él volvería a encontrarla.
—Estaré atenta... — Empezó a acercarse con cuidado. —Lyss, prométeme que te cuidarás cuando no esté contigo, ¿sí?
La distancia que las separaba se redujo bastante. No sabía qué le ocurría, pero las feromonas de la alfa empezaron a salir sin control, afectándola. Su cuerpo empezó a reaccionar a ellas sin poner resistencia alguna. No sentía incomodidad, se sentía cálido y su loba se sentía protegida. Iba acercándose instintivamente cerrando los ojos y disfrutando aquel embriagante aroma. Erza no sabía lo que su lobo estaba causando al incrementar su aroma en el sistema de la omega.
Al estar a pocos centímetros de ella, levantó la mirada, nerviosa por esas sensaciones que solo esa alfa le hacía sentir. Cuando estuvo a punto de hablar, la campana las interrumpió, avisándoles que las clases estaban a punto de comenzar, haciéndolas retroceder del susto, rompiendo el momento. El silencio regresó a la habitación, y cada una se dirigió hacia el lado contrario, dejando en el aire lo que estuvo a punto de suceder.
—Creo que debemos ir a clases. — Y dando media vuelta, se dirigió a la puerta de su habitación, saliendo de esta sin regresar su vista a su compañera.
La alfa la siguió en silencio, preguntándose qué fue eso de hace un momento. ¿Por qué actuaba de esa manera? No era que le desagrade, al contrario, era divertido verla actuar de ese modo, pero no la entendía.
Un momento le hablaba fríamente, y al otro rato se sentía atraída hacia ella. ¿Acaso era causa de sus feromonas? Pero eso no podía ser posible. Ella tenía entendido que el aroma de un alfa destinado era correspondido por su omega correspondiente, y, en este caso, el omega destinado que tenía era Edmund. Nadie más aparte de él tendría que sentirse atraída a ella. Entonces, ¿por qué actuó de esa manera de un momento a otro con ella? ¿Y por qué le gustaba que sea así solo con ella?
Dudas que no tenían respuesta rondaban por su cabeza, hasta que llegaron al aula, donde como todos los días, ambas se sentaron juntas.
Para mala suerte de la omega, debía soportar durante las clases con el fuerte aroma de la alfa, quien no se daba cuenta de lo que estaba provocando por tener la mente perdida en sus pensamientos. Tampoco era consciente de que su lobo había empezado a marcarla completamente con su aroma, afectando sobremanera a la omega y su loba.
Las clases pasaron con tranquilidad. No hubo rastro en todo el día de Ryker, extrañándolas por su ausencia. La rubia tenía una idea de que tal vez se perdió en el bosque al no poder controlarse, y, si ese era el asunto, agradecía la situación de no tenerlo rondando a sus alrededores hostigando a la omega por lo menos ese día. Ambas caminaban por los corredores dirigiéndose a su dormitorio cuando Lyra las interceptó.
—Erza, mañana inauguran un cine en el pueblo. —comentó emocionada. —Estaba pensando ir con Eliana y con ustedes aprovechando que el día de mañana no tenemos clases.
—¿En serio? ¡Sí! Me gustaría ir. —dijo entusiasmada la rubia —Lyss... ¿Vamos?
—No entiendo por qué... —respondió cortante, necesitaba llegar a la habitación para recomponerse.
—Vamos... ¿No querrás quedarte sola con Ryker aun rondando por los dormitorios o sí? — Esperando que sea una buena razón para tener otra cita con la pelinegra, uso el marcaje como excusa.
Lyra las miraba raro, esperando la respuesta de sus compañeras para planear la salida del día siguiente. No entendía quién era Ryker o qué tenía que ver con que se quedara sola.
—Iré sólo si yo elijo lo que veremos. — Y sin decir ninguna palabra más, se adelantó a su dormitorio, dejando solas a las alfas.
—Bueno Lyra, ya la escuchaste. — Se dirigió a su amiga riéndose de la situación. —No sé qué nos esperará mañana.
—¿Qué es todo eso de no quedarse sola y quién es Ryker? —preguntó con curiosidad. —¿No se supone que Lyssandra es tu novia?
Pensó mucho si decirle la situación a su amiga. Sabía que Lyra era de confianza, pero también había prometido a la omega que nadie sabría del trato que ellas tenían o podría arruinarse en cualquier momento si alguien más escuchaba por ahí. Así que solo optó por inventarse una historia para que dejara las preguntas.
—Sí, Lyss es mi novia, pero Ryker es otro alfa que la acosa cuando no estoy con ella. —mencionó con seguridad, de todas maneras algo de ahí era cierto. —Y no me gusta la idea de dejarla sola.
—Bueno... tengo entendido que si eres su alfa, deberías marcarla ya, ¿no? Así ese acosador no podría acercársele, ya que la estás reclamando ante la Luna. — Respondió fríamente, sin entender que esperaba su amiga. —En mi caso ya marqué a Eliana y siempre dejo mi aroma en ella, hasta ahora ningún alfa se le ha acercado con otras intenciones.
Erza empezó a ponerse nerviosa. Claro, todo era una farsa para librarse momentáneamente del destino que las tenía marcadas. ¿Verdad? No era algo simple su situación. No tenían una relación real para que un acto de tal magnitud suceda entre ellas.
El hecho de marcarla las ataría de por vida pero no era algo que le incomodara, de hecho, sus colmillos le molestaban y picaban cada que veía el cuello desnudo de su compañera. Quería morderla y reclamarla ante todos. Su lobo gruñó al imaginar a su omega siendo cortejada por otros alfas. Necesitaba reclamarla como suya, para él, marcarla con su aroma ya no bastaba.
Pero no sabía que responderle a su amiga en ese momento. Tenía razón, si estabas seguro de haber encontrado a tu omega, no tendría que tener dudas en marcarlo.
Tal vez Ryker también se encontraba pensando lo mismo. Por eso estaba desesperado en marcarla en cuanto tuviera la oportunidad. Y lo más probable es que en cualquier momento lo haría. No podía estar todo el tiempo con ella, en algún momento él aprovecharía la situación y la marcaría sin que ella pudiera hacer nada para evitarlo.
Empezó a sobre pensar en cada situación si la dejaba sola, y sus feromonas comenzaron a salir fuertemente al sentir esa desesperación del día anterior. No entendía el porqué de su inquietud, pero la sola idea de que alguien más que ella la marque la hizo enfurecer.
Al fin pudo conectar con su lobo, entendiendo la necesidad de que Lyssandra fuera completamente suya.
—Bueno... es que ella es difícil de tratar... ya sabes cómo es. — Sonrió, rascándose la nuca, esperando que su amiga comprendiera su situación.
—En eso tienes razón. Me sorprende que sean tan diferentes y aun así funcionen. — Mencionó. —Pero no deberías demorar en marcarla, o te la van a quitar. — Con estas palabras se alejó, dejándola sola con sus pensamientos.
Se dirigió a su habitación con la mente hecha un caos. Las palabras de su amiga habían sembrado en ella muchos escenarios donde su omega era marcada sin poder evitarlo. ¿Sólo era por el plan que no quería que nadie se le acerque o la marque? ¿Por qué pensaba que solo ella debía ser quien la marcara y ocupara ese lugar como su alfa? ¿Por qué se descontroló cuando pensó que la omega iba a ser reclamada? Muchas preguntas rondaban por su mente y no sabía cómo sentirse al respecto con su compañera.
Al llegar a su dormitorio, trató de despejar todas esas ideas y abrió la puerta, encontrando a la pelinegra relajada leyendo uno de los tantos libros que había traído consigo.
Sin hacer ruido para no distraerla, entró lentamente, dirigiéndose a su cama, no sin antes apreciar a su compañera de espaldas. Pequeña y vulnerable ante sus ojos, sentía que la omega era libre solo con ella, logrando que su lobo revolotee de orgullo y alegría.
Lyssandra trataba con todas sus fuerzas de distraerse leyendo. El aroma a café y menta era demasiado intenso, y le estaba volviendo loca al sentir que no podría controlar a su loba de ir a refugiarse en los fuertes brazos de la alfa. No comprendía por qué su aroma le afectaba tanto. ¿Por qué se sentía tan extraña con Erza? Ambas se encontraban en la misma situación, ajenas a sus pensamientos.
—Lyss... — La llamó casi en un susurro. —Mañana iremos al pueblo en la tarde, ¿sí? Quisiera hablar unas cosas contigo antes de que nos encontremos con Lyra. Podríamos aprovechar de almorzar en el pueblo.
—¿Y por qué no me lo dices ahora? — Replicó sin levantar la vista de su lectura.
—Es complicado... primero quiero pensar bien las cosas. No quiero que pienses mal de mí. —dijo nerviosa, aceptando de una vez lo que sentía, pero sin querer ser juzgada.
El aroma fuerte y endulzante que la tenía atrapada hace un momento se incrementaba cada vez más por los recientes sentimientos encontrados de la rubia. Y ya no era capaz de aguantar por más tiempo el impulso de correr hacia la alfa y restregarse en su cuello en busca de impregnarse de ese agradable olor, sabiendo ahora que su loba ya la había aceptado mucho antes que ella.
La estaba llamando con desesperación. No podía poner más resistencia, su cuerpo necesitaba estar cerca de ese dulce aroma. Pero era una Velkam, no dejaría que su cuerpo la domine y le gane la batalla. Sin embargo, la traicionaron sus palabras, palabras que debían guardarse para evitar confusiones.
—¿Por qué estás soltando tus feromonas? ¿Lo haces intencionalmente? —dijo de repente, sintiendo la urgencia de saber sus motivos, no quería confundir las cosas y dejarse llevar nuevamente.
—No... No sé qué me pasa Lyss... —susurró avergonzada, lo siguiente que diría, cambiaría la dinámica entre ambas.
¿En qué momento sus feromonas comenzaron a afectarla tanto? La omega estaba a punto de reclamarle algo más cuando fue interrumpida.
—Hace un momento, tuve una conversación con Lyra... Preguntó quién era Ryker, obviamente no le mencioné del plan, solo le dije que era tu acosador.
Escuchaba atentamente, no quería sacar conclusiones equivocadas o pensar mal. Quería saber cuál era la razón por la que se sentía así con el aroma de la alfa. Esperaría que ella le dijera todo lo que pensaba para saber cómo responder.
—Me dijo que por qué no te había ya marcado. — Continuó con timidez, buscando desesperadamente su mirada, ya no podía callar más lo que sabía que sentía por ella. —Entonces en ese momento... me imaginé las posibles situaciones que Ryker podría aprovechar para marcarte si no estaba yo a tu lado.
Observó cómo la heredera se acomodaba en la cama, no se encontraba molesta, pero sí se había tensado un poco al presentir lo que venía más adelante. Aun así se armó de valor y continuó, ya había comenzado, no se echaría hacia atrás, no era digno de ella.
—No digo que dependas de mí... En realidad, me imaginé muchos escenarios donde no solo Ryker podría marcarte y... solo pensar que alguien más te marque y te reclame… me descontroló Lyss. — Apretó uno de sus brazos, tratando de ocultar el miedo que sentía al abrirse por completo con ella. —No sé por qué tengo estos pensamientos, sé que tu destinado es él y el mío es Edmund, pero sinceramente no puedo aceptarlo.
Dio un par de pasos, avanzando lentamente sin dejar de mirarla. Su lobo comenzó a aullar de alegría. Por fin, Erza lo había aceptado, y estaba ansioso por ser correspondido por su omega. A pocos pasos de la omega, siguió con su declaración.
—No cuando quiero que seas tú quien lleve mi marca... Siento el deseo de protegerte, de que nadie más se acerque a ti, es ridículo lo sé. Tenemos un destino marcado y nos conocemos hace poco, sin embargo no puedo dejar de sentir esto. — Llevó una mano al pecho y siguió avanzando. —Me siento libre contigo Lyss... siento calidez en mi corazón, incluso sé que mi lobo te eligió mucho antes de que pudiera darme cuenta de lo que siento por ti. Y me frustra el hecho de no saber qué pasará si rechazo al destino y... te elijo...
Lyssandra se quedó callada, no sabía qué sentir. Las palabras de la alfa eran realmente sinceras. Sabía que ella también se sentía así, su loba luchó mucho por hacerle aceptar sus sentimientos hacia la alfa, pero ahí rondaba la misma duda. ¿Qué pasaría con ellas si se atrevían a rechazar su destino? Nunca escuchó de algún lobo que rechace el regalo que la Luna les brindaba. Para todos era algo sagrado e irrompible. Pero para ellas solo era un obstáculo en su vida. Entonces, ¿por qué se sentían de esa manera? ¿Qué significaban sus recientes sentimientos? ¿Por qué sus lobos se habían reconocido?
—Lyss... dime algo, por favor... — Se encontraba sonrojada, jugando con sus dedos, buscando algo en la mirada de la omega que le ayudara a entender qué pasaba por su mente.
Mas las palabras no salían de su boca, la situación era muy complicada para ellas. Tantas dudas, tantos sentimientos encontrados en cuestión de días.
Pero eran lobos, su sentir era más fuerte que de cualquier otra criatura en este mundo, eso era algo que los distinguía de las demás razas. Sus lazos eran fuertes, sus sentimientos eran puros e irremplazables.
Eran características de su raza, si el corazón elegía a su compañero, lo amarían de por vida, para eso se realizaba la marca del alfa, para conectarlos en cuerpo y alma. Enlazando sus vidas, para sentir la alegría, tristeza, enojo o cualquier sentimiento de su compañero por más separados que estén.
Si no fuera porque estaban destinadas a diferentes individuos, ese sentimiento mutuo se hubiera consolidado en ese mismo instante, sin embargo la duda la estaba matando. ¿Qué debería hacer? ¿Qué debería decir? ¿Sería lo correcto hacerle caso a su corazón y su instinto y arriesgarse a deslindarse de su destino? Si lo hacían, ¿qué consecuencias habría?
—Yo... Traté mucho tiempo de negarlo pero…— Comenzó a decir con duda, dejando hablar a su corazón. —Me siento igual contigo, Alfa... Tu aroma me calma, me llama desesperadamente, es todo lo contrario a lo que siento con Ryker... — Erza empezó a formar una ligera sonrisa. —Pero... me cuesta aceptarlo, tengo miedo. Como dijiste, ya estamos destinadas, y tú sabes que yo tampoco lo acepto. Pero, ¿qué pasará con nosotras si desobedecemos el deseo de la Luna?
—No me importa lo que pase si es contigo... — Se apresuró a decir. —No quiero arriesgarme a que alguien más te marque y quedarme con la duda de que habría pasado si hubiera sido yo. — Cada vez se acercaba más a la omega, necesitaba calmarla, hacerle entender que para ella lo era todo. —Lyss... soy una alfa que toda la vida se la pasó rechazando omegas porque ninguno me hacía sentir nada, rechacé a mi destinado, deseando encontrar alguien que me hiciera sentir lo que tú causas en mí. Y tú eres una omega, que igual te la pasaste rechazando alfas toda la vida. Rechazaste a tu destinado, pensando que todos nosotros somos iguales. Y si de verdad sientes lo mismo que yo… Arriesguémonos Lyss... Solo te quiero a ti.
El ambiente era ya muy pesado. Estaba al borde de rendirse ante aquella petición, de dejarse llevar por sus sentimientos y aceptar lo que tanto le pedía su loba. Quería dejarse marcar por la alfa. Pues en ella encontró alguien que comprendía su forma de ser y respetaba su manera de pensar. Quería con todas sus fuerzas dejar de pensar en todas las situaciones que esta decisión les traería, y simplemente dejarse llevar por su corazón.
Poco a poco sus pensamientos negativos fueron eliminándose de su mente, y su cuerpo empezó a actuar por sí solo, levantándose de su cama para caminar lentamente hacia la alfa. Sentía su cuerpo temblar, sus manos empezaron a sudar y su loba comenzó a aullar y saltar de felicidad mientras su corazón latía cada vez más rápido.
La alfa en cambio se sentía más confiada. Al interpretar el silencio de su compañera como una respuesta positiva, terminó por cerrar la distancia que las separaba, quedando frente a la omega. Dejaría que fuera ella quien le diera permiso para continuar. Si iba a dejar que la marque debía respetar su ritmo. Sus miradas conectaron, el calor se hizo presente en sus mejillas y sus corazones estaban cada vez más desenfrenados. Por primera vez los nervios empezaron a ganar terreno en la alfa, quien nunca imaginó tener a una omega como Lyssandra y caer rendida ante ella.
El temor aún seguía ahí, pero la calidez que le brindaban aquellos ojos azules iban dándole la seguridad que necesitaba para lentamente acercar su rostro al de la alfa.
Erza no pudo aguantarse más y acercó sus labios a los contrarios, sellándolos con un beso lento, cargado de sentimientos que no podían ser expresados en palabras. Los labios de ambas comenzaron a moverse con un ritmo calmado. No tenían prisa, querían disfrutar ese momento, y poco a poco la alfa empezó a dirigir el beso, colocando su mano en la mejilla de su omega atrayéndola más a ella, y pidiendo permiso con su lengua para entrar.
Ella hizo caso a la solicitud de la rubia abriendo sus labios lentamente y sintió cómo la lengua de la alfa buscaba la suya.
La sensación de ambas lenguas moviéndose y buscándose era simplemente algo nuevo para ellas, era especial y dulce, sus corazones cada vez latiendo más rápido, entregándose a sus sentimientos. Sabían que lo que venía ahora era la mordida y sus lobos no podían estar más ansiosos de al fin poder estar juntas para siempre.
La alfa lentamente rompió el beso para ver la cara sonrojada de la que ahora sería su compañera oficial a ojos de los demás. Con dulzura observó esos ojos ámbar y esos labios rosas que empezaba a necesitar nuevamente. Sus ojos comenzaron a recorrerla y con un poco de nervios alzó sus manos para desabrochar lentamente un par de botones de la blusa de la omega, exponiendo su tan deseado cuello. Ese hermoso lienzo en blanco que necesitaba reclamar con urgencia.
Antes de proceder a marcarla, volvió a besarla, brindándole esa seguridad y amor que necesitaba, separándose al cabo de unos segundos para bajar lentamente a su cuello.
Quería que ese momento se sintiera especial para su compañera, olfateó su aroma a café y tierra mojada con delicadeza, y posó sus labios en este, dejando pequeños besos desde la mandíbula hasta llegar a la clavícula. Besos cargados de ternura y cariño.
La alfa comenzó a sacar lentamente sus colmillos retraídos, ansiosa por marcarla y reclamarla. Lyssandra inclinó su cabeza hacia el costado para brindarle más espacio y comodidad. Ambas se estaban entregando, y cuando estaba a punto de clavar sus colmillos en su carne, la puerta se abrió de golpe haciendo que ambas giraran en alerta hacia el intruso.
Ryker había regresado, y observó con furia aquella escena. Había roto ese momento íntimo entre ellas y pudo ver cómo su omega estaba sonrojada y con el cuello descubierto. Era obvio lo que estaba sucediendo. Con pasos agigantados se dirigió a la omega, decidido a acabar con aquello y ser él quien la marque primero.
La alfa al darse cuenta de sus intenciones soltó un fuerte gruñido y se interpuso protegiéndola, dándole un golpe, obligándolo a retroceder. Esto era inaceptable para el castaño. Aquella alfa se estaba interponiendo en su destino nuevamente.
La situación se transformó de un momento a otro en una disputa, ya no era como la pelea del primer día, algo sin importancia.
Ahora, ambos alfas estaban luchando de verdad por aquella omega. Era algo que ambos alfas debían arreglar. Un asunto de posesión, destino y sentimientos encontrados.
Los puños de ambos se encontraban con furia, peleaban en su forma humana, pero era cuestión de tiempo para que ambos se enlobaran. Sus emociones comenzaron a tomar control, sus ojos comenzaron a ponerse amarillos, Erza comenzó a guiar al castaño con puños y empujones al balcón, si ambos se enlobaban deberían terminar la disputa en el patio, no pondría en peligro a su omega.
Ahora que estaba a nada de dejarse marcar por ella, debía demostrarle que sería capaz de protegerla de cualquiera. Cuando ambos alfas llegaron al balcón, los golpes ya no eran suficientes y ambos se enlobaron. Miró por última vez a la omega y, con un movimiento rápido, agarró al alfa del cuello y saltó con él del balcón para mantenerla fuera de peligro.
La pelea por el destino y el amor... había comenzado.
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