Capítulo 10 de 31
Ambas jóvenes se encontraban retorciéndose de dolor en el frío piso del patio de la academia, sus manos se mantenían unidas y lágrimas salían de sus rostros. El dolor era tan fuerte que lo sentían hasta los huesos. Sumándole a eso, el calor de sus cuerpos se intensificaba por las quemaduras de sus heridas y marca respectivamente. Poco faltó para que ambas comenzaran a gritar de dolor pidiendo ayuda a quien sea que pudiera escucharlas.
Ryker se encontraba a una distancia considerable, tumbado en el suelo, abriendo de a poco sus ojos ya que se había desmayado por la dura batalla. Se frotó la cara con una mano, sus sentidos comenzaron a agudizarse nuevamente. Escuchó gritos cerca de él. Apoyó sus codos y levantó medio cuerpo aguantando el dolor que sentía para dirigir su vista hacia las chicas adoloridas.
Las vio de la mano, retorciéndose en el suelo y gritando a más no poder. Con duda, se levantó por completo dirigiéndose lentamente hacia ellas. Pudo observar a la rubia, herida de pies a cabeza. Sus heridas sangraban y brillaban y, si no estuviera medio aturdido, juraría que salía vapor por estas. Luego dirigió su vista hacia la omega quedando congelado. Su omega había sido marcada, y de la herida de la marca pudo ver que el vapor no salía solo en la alfa.
Se quedó quieto sin poder quitar la mirada de las chicas. No sabía qué hacer o cómo actuar, por más que quisiera tomar a la omega y llevársela, no se encontraba en condiciones de hacerlo. Lo único que podía pensar era en que la había perdido y le había fallado a su Diosa. Le habían arrebatado su destino cruelmente.
Lyssandra abrió los ojos y sus miradas se cruzaron. Aún con todo el dolor que sentía, su cuerpo buscó acercarse más a su alfa, reafirmando su elección sobre el castaño.
Eso fue todo para que se perdiera. La ira se apoderó de su ser, sus puños se cerraron y sus garras lastimaban sus palmas. Sus colmillos rechinaban y su aroma se agrió. Sin embargo no volvió a transformarse.
La ira que sentía no era de su lobo, era su orgullo roto y aplastado. Si ya de por sí en los lobos, cuando dos alfas pelean por un omega, el perdedor era humillado, ¿qué podría esperarse de él, que perdió aquello que le correspondía por derecho?
Solo sentía rabia por haber sido vencido por esa rubia, rabia por arrebatarle a la omega, y rabia porque por su culpa ahora no podría regresar a su hogar sin ser visto como un fracasado.
—¡Apresúrense y llévenlas a la enfermería!
Escuchó unas voces acercándose por lo que retrocedió asustado de la escena para esconderse y que no lo notaran. No quería que nadie supiera de su humillante derrota. No podría soportar las miradas juzgadoras de su manada. Ya no tenía nada que hacer en ese lugar. Solo le quedaba resignarse y huir como el lobo débil y perdedor que era.
—¡Sepárenlas! ¡Levántenlas con cuidado! — Ordenó la directora cuando pudo ver cómo las jóvenes se retorcían.
—Están perdiendo la conciencia —dijo uno de los maestros. —La alfa perdió mucha sangre.
—¡Busquen si hay alguien más por aquí! Esas heridas son graves. Debemos encontrar al responsable.
Un par de profesores comenzaron la búsqueda del otro lobo, mientras los demás se apresuraban en llevarlas hacia la sala de enfermería. La situación era crítica, la alfa se había desmayado por la pérdida de sangre y dolor mientras que la omega estaba sufriendo por la conexión con su alfa.
Llegaron a la enfermería, los maestros depositaron a ambas chicas en una camilla. Se apresuraron en buscar gasas, vendas, pastillas para el dolor, alcohol y más cosas que serían necesarias para tratarlas en lo que llegaba el doctor. La enfermera comenzó a curarlas y la sangre dejó de salir, pero el brillo en sus heridas no desaparecía.
—¿Qué pudo haber pasado? Jamás vi ese tipo de brillo en una marca recién hecha. —mencionó Zyla con bastante preocupación a la enfermera.
—Debemos estabilizarlas para poder obtener más información. La omega se encuentra más estable, cuando despierte podremos preguntarle.
—Un alumno que rondaba por el patio me informó que de un momento a otro cayeron dos lobos y comenzaron a pelear. Luego recuerda haber visto a una chica pelinegra caminar entre ellos y vino a buscar mi ayuda.
—Eso es parte de la historia. Necesitamos saber quién fue el otro lobo que peleaba y la razón de la disputa. Aunque viendo la reciente marca en esta jovencita no me sorprendería que sea por ella.
—Avíseme cuando despierte. Estaré atenta, necesitamos saber qué pasó.
Salió de la enfermería, dirigiéndose nuevamente al patio en busca de los profesores que se habían quedado a buscar algún rastro del otro alfa, pero fue en vano. Ninguno encontró nada. Él ya se había marchado a su habitación.
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Ryker se encontraba guardando apresuradamente las pocas pertenencias que había llevado. Su plan nunca había sido quedarse más de lo necesario. Solo debía marcar a la omega y regresar a su hogar con ella. Pero ya no sería posible. No sabía si regresar a casa o huir por el resto de su vida por haber perdido su destino. Sería la burla de la manada, el alfa prodigio que perdió a su destinada. Las dudas se apoderaron de su mente que no sintió en qué momento se encontraba, junto a él, aquel tímido omega que le ayudó en las jaulas.
—¿Te vas tan pronto? ¿Ya te rendiste? —preguntó, esperando que lo haya escuchado.
—Ya no tengo nada que hacer aquí. Perdí a mi omega, mi lobo no me responde, soy un fracaso. —respondió en automático mientras seguía alistando sus pertenencias, sin mirarlo a la cara. —Creo que deberías hacer lo mismo y rendirte con ella. Esa rubia ya eligió con quien quiere estar realmente.
—Vi su pelea en el patio. Pensé en quedarme por si mi alfa salía lastimada, hasta que vi a Lyssandra llegar y corrí a llamar a la directora. — Soltó haciendo que el alfa lo mire furioso.
—¡¿Y no fuiste capaz de detener a mi omega?! ¡Por tu cobardía la perdí! ¡La estúpida alfa ya la marcó!— gritó derrotado, sentía ganas de llorar, su conexión con su lobo se había apagado y ahora quería encontrar en el omega un culpable por su incapacidad.
Ya había guardado todas sus cosas y se dirigió a la salida con pasos agigantados, evitando ver a al moreno para no darle una paliza ahí mismo.
—Todavía puede haber una solución... Solo debemos averiguar cuál...— Iba a proseguir cuando el alfa lo interrumpió.
—Es una marca genio. Los lazos son irrompibles. Es sagrado. Si pudiera interferir ya lo hubiera hecho. — Ya se encontraba poniendo un pie fuera del dormitorio pero el moreno lo tomó del brazo actuando por primera vez con valentía y continuó.
—¿Entonces por qué parece que se rechazan mutuamente? Tú también las viste. Ninguna marca causa ese sufrimiento. — Miró con disgusto como era sujetado. Edmund, al darse cuenta, le sostuvo la mirada, pero sin apartar su agarre del alfa.
Por un momento se planteó la idea de quedarse y averiguar el motivo de ese acontecimiento, pero estaba cansado, herido y humillado. Su lobo estaba escondido en su interior y se rehusaba a salir. Su orgullo se había roto.
Con un tirón se zafó del agarre del omega y salió de la habitación sin mirar atrás. Se quedaría unos días en la cueva que lo acogió hasta recuperarse al cien por cien. En el camino no pudo dejar de pensar en eso. El omega tenía razón y él no quería admitirlo.
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La primera en despertar fue Lyssandra. Su marca seguía brillando pero el dolor había disminuido y pudo darse cuenta que ya no se encontraban en el patio. Se inclinó hacia adelante buscando con la mirada a su pareja, y al no poder verla por ningún lado, su pecho se contrajo y un nudo nació en su garganta.
Su mano se dirigió a su reciente marca. Estaba caliente e hinchada, pero por alguna extraña razón no podía sentir el vínculo con su alfa.
—Esperaba que despierte para poder hacerle unas preguntas, señorita Velkam. — Zyla entró y la encaró dispuesta a sacarle toda la información de lo sucedido.
—¿Qué pasó con Erza? — Se limitó a decir. No le interesaba nada más en ese momento. Necesitaba saber que su alfa estaba bien para poder estar tranquila.
—La señorita Faolan está siendo tratada por el doctor en estos momentos. Perdió mucha sangre y sus heridas son profundas. — La omega se horrorizó pensando lo peor, no podía perderla ahora que habían decidido estar juntas. —No se preocupe, es una alfa muy resistente y se encuentra estable.
La heredera sintió un alivio recorrer su cuerpo y pudo volver a respirar con tranquilidad al sentir a su loba más relajada. Pero seguía sin sentir a su alfa a través de su marca. No sentía nada. Las sensaciones recientes que se manifestaron en el patio cuando se había completado la marca habían desaparecido de golpe. Se sentía vacía.
—Velkam, necesito que me contestes algunas preguntas. Tal vez podamos ayudarlas.
—¿Qué necesita saber? — Volviendo a su actitud defensiva se dirigió a la directora.
—¿Por qué la joven Faolan se encontraba en el patio peleando con otro lobo? — La respuesta era clara, pero necesitaba confirmar sus sospechas.
—Me estaba defendiendo de Ryker... — Comenzó a contar, en el fondo, ella también necesitaba respuestas.
—¿Me puedes decir exactamente cómo empezó la batalla y, ¿quién es Ryker? ¿Qué pasó entre ustedes realmente?
Recordó el momento íntimo que había pasado con su alfa en el cuarto. El momento mágico que habían construido mientras se sinceraban siendo interrumpido por el castaño. Recordarlo la hizo avergonzarse y rehuyendo de la mirada de la directora empezó a contar.
—Mmm... Estábamos hablando en nuestra habitación... Erza me declaró sus sentimientos... — Pausó para no darle tantos detalles, al fin y al cabo, eso no tenía por qué saberlo. —Bueno al comienzo no podía ni quería aceptar mis sentimientos hacia ella... porque... nosotras... estamos destinadas a otras personas...
Zyla escuchaba atentamente, no se molestó con la confesión que la omega mencionaba. Trataba de entender toda la situación.
Sin embargo, cuando escuchó la palabra DESTINADAS, su cuerpo se tensó pero dejó que la omega continuara.
—Pero al final correspondí a sus sentimientos, ya no podía seguir negándolos, mmm... después de eso ella estuvo a punto de marcarme... Fue ahí cuando Ryker entró a nuestra habitación interrumpiéndonos. Él se enojó y quiso marcarme por la fuerza. Erza reaccionó rápido para defenderme y comenzaron a pelear.
—Dígame, señorita Velkam... ¿Quiénes son sus destinados?
—En mi caso es Ryker Gerwulf... pero yo no entiendo cómo él puede ser mi destinado, es un patán orgulloso que piensa que soy de su propiedad solo porque la Luna nos eligió. — Comenzó a divagar un poco mientras liberaba su frustración. —Tampoco entiendo por qué el aroma de Erza me afectaba tanto, no podía resistirme a él, me hacía necesitarla cada vez más. — Sus labios se fruncieron y arrugó la frente cuando tuvo que explicar lo que le pasaba con el alfa. —Al contrario que el aroma de Ryker. Me llamaba biológicamente como su omega, sí, pero me causaba repulsión de imaginarlo y aceptarlo como mi alfa. Y mmm…, el omega destinado de Erza se llama Edmund. La verdad no lo conozco ni sé su apellido.
—Entonces, ¿me estás diciendo que el joven Gerwulf, tu alfa destinado, luchó con la señorita Faolan? ¿Y en esa pelea quién ganó? —preguntó curiosa por la marca brillante en su cuello. —No encontramos a nadie más que ustedes en el patio.
—Bueno... Erza ganó. Ryker estuvo a punto de marcarme en su forma lupina, y ella lo evitó. Ryker se desmayó y bajo la luna ella me marcó. — Dirigió su vista a la directora en busca de respuestas. —Y luego vimos cómo la luna se teñía de rojo, haciendo que Erza sufriera por el dolor. Sus heridas brillaban y luego mi marca comenzó a quemar, haciéndome sentir su dolor.
La directora se quedó sin palabras. No había escuchado de algún lobo que hubiera rechazado a su destinado y se haya atrevido a marcar a la pareja de otro.
Tenía sentido que ambas se sintieran así. Se decía que la Luna era sabia, pocos lobos eran elegidos como destinados y se sentían bendecidos por el regalo que les brindaba cada cierto tiempo. Para su raza siempre fue algo sagrado. Sin embargo, frente a ella tenía a dos lobas que rechazaron su destino y se eligieron mutuamente sin pensar si habría consecuencias por su decisión.
Sin duda, debía investigar si alguna vez había habido algún caso parecido en el pasado. No podía dejar que sus estudiantes sufran de esa manera. No cuando ella era fiel creyente de que, como lobos, se elegía con el corazón. Podía sentir la angustia de la omega en la sala al no saber nada de su alfa. Tal vez la omega no pensaba que fuera notorio, pero su aroma había cambiado y picaba al no sentir el lazo con su alfa.
—Por favor, necesito que te quedes aquí hasta que la señorita Faolan se estabilice. — Pausó un momento dudando si decir lo que pensaba, no quería asustarla en vano. —Necesito respuestas al igual que ustedes, y por lo que me cuentas siento que la Luna las está castigando por rechazar su regalo. Tengo que hablar con los sabios fuera de la academia. Debe haber alguna solución. — Se dio la vuelta para salir de la habitación y se detuvo para decir algo más. —Manténganse unidas, va a ser doloroso, pero si se eligieron sobre la Luna, deberán soportar cualquier cosa que ésta les mande como parte del castigo.
Sin más salió, dejando a la omega con más dudas que respuestas. Volvió a recostarse esperando que su alfa salga bien de donde sea que estuviera. Necesitaba verla, su loba necesitaba sentirla. Era desesperante tener una marca y no poder sentir nada. Mirando al techo de la sala, soltó un bufido y decidió que lo mejor era descansar. Por las heridas que tenía su alfa lo más probable era que demoren en llegar.
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—Lyss... — Salió con dificultad de sus labios.
Apenas escuchó su nombre, abrió los ojos y volteó su cabeza a su llamado. En la cama contigua se encontraba su alfa, con varias vendas cubriendo sus heridas, pero con una sonrisa en su hermoso rostro. La omega le devolvió el gesto aunque rápidamente lo oculto. Estaba aliviada por verla estable.
No entendía cómo podía mostrarle esa brillante sonrisa a pesar del dolor y sufrimiento que hace unas horas sintieron. No sabía que Erza sonreía para darle seguridad, no podía verse débil ante ella. Lo que más quería ahora era cuidarla, protegerla y estar a su lado.
—Alfa..., ¿cómo te sientes? —preguntó con lástima, por su culpa se encontraba en ese estado.
—Mejor ahora sabiendo que eres finalmente mía y te encuentras bien. — Indicó observando la marca brillante con las cicatrices recientes de sus colmillos.
La omega se sonrojo y desvió la mirada. Como odiaba el hecho de que aquella alfa le haga sentir tan vulnerable sin ningún ápice de esfuerzo, cuando por años su actitud fría y desinteresada le ayudaba a repeler alfas no deseados. Era algo que solo ella podía lograr, ya se acostumbraría.
—Alfa... estuve hablando con la directora. Me pidió que nos mantuviéramos juntas ya que al parecer la Luna nos castigó...
—No me iría a ningún lado sin ti Lyss... — Afirmó con convicción, y al momento cambió su tono a preocupado. —¿La luna... nos castigó porque te marqué?
—Posiblemente se enojó porque rechazamos su regalo. — Suspiró y prosiguió. —A nuestros destinados.
El cuarto entró en silencio total. Ambas jóvenes mantenían la mirada en la otra, y los ojos de la alfa dejaron escapar algunas lágrimas. Lyssandra se paró de la cama al tener su cuerpo más aliviado y se acercó a la cama para darle un abrazo con cuidado de lastimarla.
—Aceptaré su castigo —dijo dejando de llorar. —Aceptaré lo que venga por haberte reclamado. No me arrepiento de haberte elegido por sobre mi destino. Eres todo lo que quiero y necesito.
—Erza... yo... — Las palabras no salían de su boca. No se creía que alguien pensara que valía tanto la pena como para aceptar tanto dolor por su amor.
La rubia hizo un esfuerzo por levantarse, aún adolorida. Su mano buena se dirigió a la mejilla de la omega girándola para que la vea a los ojos.
—No te preocupes Lyss... las heridas ya se están curando. Mañana estaré mejor, ¿sí? Recuerda que tu novia es una alfa muy fuerte. — Bromeó para brindarle seguridad, mostrando una amplia sonrisa. — Encontraremos alguna manera de disculparnos con la luna. Pero no renunciaré a ti, ¿me entendiste?
La joven heredera se quedó en silencio observando la belleza de su alfa, le encantaba esa seguridad genuina que emanaba. Su corazón latía a mil por las palabras dichas y su cuerpo comenzó a calentarse por su tacto y esa mirada intensa hacia ella.
—¿No…novia? — Pudo sentir como su loba aullaba encantada, queriendo darle sus cachorros. Le había demostrado lo poderosa que era y se sentía muy segura a su lado. Se avergonzó por ese pensamiento.
La alfa asintió acercándose a ella para volver a unir sus labios con delicadeza, reafirmando sus palabras en un beso lento lleno de seguridad y protección. Sus labios se movían a un ritmo calmado lleno de sentimientos por ambas partes.
La omega soltó un pequeño gemido al sentir de pronto la lengua desesperada de la alfa, acercándola más su rostro y con su lengua, en un vaivén de movimientos, exploró a fondo la cavidad bucal de su alfa.
Se sentían en las nubes, después de casi perderse no deseaban más que demostrarse cuanto se necesitaban.
Las manos de la omega subieron al cuello de la alfa con cuidado, comenzando a bajar por su espalda para dejarlas formar un pequeño abrazo reafirmando sus sentimientos. Erza no se quedó atrás y colocó su mano en la cintura de su chica jalándola hacia la cama para sentirla más cerca.
Ambas se separaron del beso para tomar una bocanada de aire, y sus miradas nuevamente se encontraron. La marca comenzó a latir, sintiendo nuevamente las sensaciones que su pareja le transmitía mediante ella. Esta vez ambas estaban seguras que podrían soportar todo lo que venga si estaban juntas. No dejarían que el castigo de la Luna las separe.
Juntaron sus frentes sonriendo y pequeñas lágrimas de alivio comenzaron a caer de ambas. Su relación recién estaba empezando y lucharían por haber tomado aquella decisión de elegirse sobre las leyes del destino.
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—Bienvenida directora. —dijo un viejo lobo que salió a recibir a la mujer. No recibían muchas visitas, así que sabía que algo importante había sucedido.
—¿Qué la trae por aquí? —preguntó otro anciano curioso.
Zyla esperó a que los ancianos se junten para poder hablar. Deseaba que ellos tengan las respuestas necesarias para las jóvenes.
—Gracias por recibirme. Vengo a pedirles su ayuda. No encontré más solución que venir directamente con ustedes para tratar un tema delicado que pasó en la academia.
—Cuéntenos. Qué es eso tan importante que tiene que decirnos.
Les explicó con sumo detalle todo lo que la omega le había comentado. El destino de ambas jóvenes, la pelea, la marca y los síntomas de ambas en sus heridas. También mencionó la angustia de la omega al no sentir a la alfa por medio de su marca. Los ancianos escucharon atentos.
Ellos no estaban ahí para juzgar el corazón de las jóvenes. Pero su deber era respetar la voluntad de la Diosa Luna. Al finalizar de hablar, todos se dirigieron sin decir ni una palabra a una sala conjunta donde se encerraron a discutir la solución de aquellas jóvenes.
Las horas pasaban y la directora comenzaba a preocuparse. Ninguno le dijo nada, simplemente salieron de la sala y se encerraron. ¿Qué tan grave pudo ser lo que habían hecho? Al cabo de media hora más, el líder de los ancianos salió de la sala, pidiéndole que lo acompañe hacia otra sala.
—Estuvimos discutiendo el asunto. Es una situación muy peculiar... solo hubo dos casos registrados de ese acontecimiento. No es algo que sea de conocimiento público ya que para nosotros es sagrado el regalo de la Luna y debemos respetarlo como lobos que somos. — Mencionó el anciano — Pero ahora debemos concentrarnos en ayudar a las jóvenes cuando comiencen a sufrir sus castigos.
—Dígame, líder, ¿cómo puedo ayudar a mis estudiantes?
—Debes saber que la Diosa Luna las castigará cada noche en un momento al azar. El dolor que ellas sintieron hoy se incrementó debido a las heridas recientes de la alfa. Al recuperarse, el dolor debería bajar de intensidad, pero aun así será muy doloroso. Habrá momentos donde la omega no pueda percibir a la alfa y se sentirá vacía y melancólica, con la posibilidad incluso de que la marca se pierda. — Escuchaba atenta, eso de la marca ya lo había comprobado al ver cómo la omega se sentía asustada.
—Lo normal es que el omega pueda enlobarse al recibir la marca de su alfa. — Continuó otro sabio. —El castigo le quita ese derecho, la omega no podrá enlobarse y la alfa podría perder parcialmente el poder de enlobarse. Eso es solo una suposición, pero hay que tomarlo en cuenta. En uno de los casos registrados, llegaron incluso a desconocerse y el alfa estuvo a punto de matar a su omega sin siquiera enlobarse.
—Y... no podrán tener la oportunidad de formar una manada, su derecho a la procreación les será negado. —dijo el otro anciano con un dolor inmenso en su corazón.
Para los lobos no había nada más deseado que formar su propia manada.
Zyla escuchaba con pesar las palabras de los sabios. No se imaginaba que la Diosa pudiera ser tan cruel con aquellos que eligen amarse por sobre sus destinados. Simplemente no lo entendía, eran lobos, el sentimiento mutuo era algo que no se podía negar en su especie. Y sin embargo, por seguir sus corazones aquellas jóvenes serían castigadas de la peor manera, con dolor, angustia y... sin manada...
Este era el cruel CASTIGO DE LA LUNA.
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