Capítulo 7 de 31
Cuando Ryker desapareció de la escena, Erza volvió la mirada hacia sus amigas, sin dejar de sujetar la cintura de la omega. Lyra entonces dio la idea para ir a comer juntas y comenzaron a caminar hacia una cafetería. Aprovechó que ellas caminaban distraídas y dejó que se adelantaran para poder hablar con la omega sin que las escucharan.
—¿Qué ocurre? – Lyssandra se dio cuenta de que aquel agarre era más fuerte de lo necesario.
—Nada… — Bajó la cabeza, pensando por un momento en cómo debía actuar con ella. —Es solo que, al final, nos arruinaron un buen momento. ¿No crees?
Su cuerpo se tensó en ese instante. Había entendido a la perfección las palabras de la alfa, pero no deseaba creerlo, no después de lo sucedido en la habitación días atrás y haber malinterpretado su comodidad con algún posible cortejo.
—¿Ah? ¿De qué momento hablas? — Pretendió ser indiferente. No volvería a bajar la guardia.
—El de hace un rato. — Aprovechó la distancia que llevaban con sus compañeras para quedarse quieta en su sitio y tomar delicadamente a la omega por el brazo, logrando que la mirara de frente. —Tú sabes a lo que me refiero.
Su mirada brillaba al verla, y en ese momento la joven Velkam no supo cómo reaccionar. Recordó las miradas compartidas, su cercanía, cómo la bañaba sutilmente con su aroma, su rostro acercándose al suyo... Pero el temor de la incomprensión de sus acciones pudo más. Desvió la mirada y retomó su actitud desafiante.
—Erza, creo que estás confundiendo las cosas. — Su voz era firme, y aun así no tenía el valor de mirarla de frente. —Te recuerdo que solo estamos actuando.
—Yo no dije lo contrario. — Le sonrió sin perder la calma, acercándose más, sin ganas de soltarla. — Solo digo… que me quedé con las ganas de comprobar algo.
—Realmente no entiendo de qué estás hablando. — Mentía, pero jamás lo diría.
Sintió el cuerpo de la omega temblar mientras intentaba ocultar sus emociones. Decidió cerrar el tema, permitiéndole saber que no estaba jugando con ella.
—Entonces creo que no tiene sentido explicártelo. — Negó con la cabeza sin dejar de sonreír y volvió a caminar, deslizando su mano del brazo hacia la mano de Lyssandra, entrelazando sus dedos y tirando de ella para regresar con sus amigas. —Solo digo, tal vez la próxima vez, debería buscar un lugar donde no nos interrumpan.
No respondió, su corazón latía cada vez más rápido y afirmó su agarre a la mano de la alfa retomando el andar que habían pausado. Aun si las palabras fueran reales, nada le confirmaba que hablaba realmente en serio. Ambas ya tenían un destinado, sus vidas estaban atadas. Solo estaban fingiendo.
—Eres muy rara… —murmuró a metros de llegar al local.
—Pero sigues sujetando mi mano. — Sonrió observándola, mientras dentro de ella un calor intenso se formaba.
—Solo es actuación, alfa tonta. — Abrió las puertas de la cafetería y buscó con la mirada a sus amigas, quienes se encontraban ya sentadas esperándolas. —Vamos.
—Claro, Lyss. Solo es eso.
Frunció el ceño y deshizo el agarre para sentarse con las chicas. No sabía si eso había sido solo una pequeña burla, o si realmente la alfa acababa de decirle algo que ninguna de las dos quería admitir.
Terminando de comer se despidieron y se dirigieron hacia la academia. La tensión entre ambas había quedado en el olvido, mas sus cuerpos aún buscaban su cercanía. Ya no había conocidos que las observaran por los alrededores, sin embargo sus manos se mantenían unidas y ninguna se dio realmente cuenta de lo que pasaba hasta que llegaron a la puerta de la habitación, regresándolas a la realidad.
Sin nada más que decir, y agotadas por los acontecimientos del día, fueron a descansar.
Al día siguiente, Lyssandra fue la primera en despertar y sigilosamente se levantó de la cama para no despertar a su compañera.
Se dirigió a asearse y, al pasar al lado de la cama de la alfa, no pudo evitar contemplarla sintiendo cómo el calor de su cuerpo regresaba. Su respiración era pacífica, pero era un desastre durmiendo, con todas las sábanas revueltas y con los pies fuera de ellas.
Sonrió al verla tan vulnerable, pero borró rápidamente aquel gesto de su rostro al darse cuenta de que volvía el cosquilleo en su vientre y su instinto despertaba. Sin más, entró al baño y después de media hora de aseo salió ya vestida, observando a la rubia, quien ahora se encontraba boca arriba roncando y con un ligero hilo de baba saliendo de su boca.
—Erza, levántate, vamos a llegar tarde. — Ordenó, dándole toques en el brazo.
Con esfuerzo, la alfa abrió los ojos lentamente, dirigiéndole una mirada adormilada para posteriormente frotárselos y lanzar un largo bostezo mientras se estiraba.
—Ya voy, preciosa. — Sonrió burlonamente, dirigiéndose al baño.
Lyssandra hizo caso omiso a sus palabras mientras preparaba todo para sus clases del día.
Empezó a leer el libro que no pudo terminar el día anterior por estar observando a su compañera todo el tiempo en el campo de entrenamiento. Se concentró tanto en su lectura que ignoró el hecho de que la alfa ya había salido del baño cubierta únicamente por una toalla, pues había olvidado llevar ropa para cambiarse dejando expuestas varias partes de su cuerpo.
Sin saber en qué momento pasó, su vista empezó a desviarse del libro casi instintivamente, detallando la espalda marcada de la alfa como un depredador observa a su presa. Y lo que más llamaba su atención eran todas las cicatrices que recorrían su cuerpo, dejándole ver su historial de enfrentamientos que tuvo a lo largo de los años. Curiosamente, era algo que tal vez para algunos pudiera resultar desagradable, pero a ella le parecían realmente atractivas.
En ese momento luchaba consigo misma por no levantarse y pasar sus manos por los brazos y espalda tan trabajados de la alfa. Sintiendo a su loba aullar por dentro por la fortaleza y seguridad que ese cuerpo le transmitía.
Erza cubrió entonces su espalda con el top deportivo de siempre, y la omega intentaba callar sus instintos regresando su vista al libro. Pero poco le duró, ya que al escuchar el rechinar de la cama de su contraria, se dio cuenta que se había parado para secarse dejando nuevamente al descubierto su piel, esta vez dejando a la vista sus trabajadas piernas, mientras se colocaba lentamente el pantalón.
No podía entender su atrevido comportamiento. ¿Desde cuándo ella se detenía a observar cada parte del cuerpo de los alfas? Ciertamente la rubia le llamaba mucho la atención con su belleza, pero llegar a observarla así, con tal descaro, la hacía sentir culpable. Más aún cuando su cuerpo se comenzó a calentar, dirigiéndose con velocidad hacia el baño para enfriarse con el agua. Debía sacar esos pensamientos descarados de su mente. Pero, ¿realmente lo quería?
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El resto del día pasó tranquilo, seguían fingiendo su noviazgo y siendo cariñosas cuando era necesario. Sin embargo, la alfa sin ser capaz de controlarse por completo, comenzó a sacar provecho de la situación.
Cada vez sus agarres eran más posesivos y marcaba territorio bañándola por completo con su aroma. Cuando se daba cuenta de que algún alfa miraba a su compañera, aunque fuera una inocente mirada, ella les gruñía y sacaba sus colmillos haciéndoles entender que era completamente suya.
Desde un punto de vista externo actuaba con normalidad. Como cualquier alfa lo haría si se acercaban de más hacia su pareja. Sin embargo su comportamiento excesivo y posesivo poco a poco comenzó a intrigar a la omega, más aún cuando se dio cuenta que no había necesidad de actuar de esa manera cuando ni Ryker ni Edmund estaban presentes.
Eso mismo les parecía curioso. Ninguno de los dos se había acercado a ellas desde la pelea. Y eso ocasionó que se plantearan si aún era necesario fingir su relación. Entonces por fin llegó el día esperado por los chicos.
Esa noche habría luna llena, y los alfas habían sido avisados esa misma mañana de que serían encerrados en las jaulas a las 10:00 p.m. para así mantener a salvo a los omegas.
—Bien, no me decepciones Edmund, consigue la llave de mi jaula. No demores ni un minuto más de la hora acordada ya que no podré marcarla mientras esté transformado.
—C..claro, haré mi parte, no te preocupes.
—Bien... puedes retirarte. Asegúrate de que nadie te siga o todo será en vano.
Y con esa orden desapareció de aquel callejón vacío de la academia, observando atentamente a su alrededor por si algún estudiante curioso los había escuchado. Al no ver nada sospechoso, se dirigió a su habitación, esperando la hora para poner en marcha el plan.
—Pff no puedo creer que esté dependiendo de un maldito omega. Pero no importa, esta noche honraré a mi Diosa y al fin serás mía, Lyssandra. — Empezó a reír fuertemente, ansioso por hacer suya a la omega.
Ninguno esperaba que, para suerte de ambas, Eliana hubiera escuchado toda la conversación. Había llegado minutos antes para encontrarse con Lyra. Al ser un callejón lejano, casi no pasaban por ahí ni estudiantes ni profesores. Y ellas aprovechaban el lugar para sus encuentros amorosos.
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En el cuarto de las chicas, la joven Velkam estaba escribiendo un ensayo que tenía pendiente mientras la rubia se encontraba alistando objetos personales en su bolso para su aislamiento nocturno.
Faltaba poco para que la llevaran a las jaulas y no le agradaba para nada la idea de dejar sola a la omega sin protección alguna.
Ryker también estaría encerrado al ser un alfa, no tendría entonces por qué preocuparse por ella. Pero sentía que su lobo trataba de advertirle algo que no entendía. Sentía una sensación de peligro que no se iba, y no entendía cuál era la causa.
Seguro eran los efectos de la luna, se decía a sí misma, tratando de apaciguar a su lobo quien rasgaba su pecho desesperado por no querer dejar desprotegida a su omega. Ella no lo sabía pero su lobo ya la había elegido y no quería separarse de ella. Después de todas las veces que la había marcado con su aroma, y el sentir que la omega nunca la había rechazado, para él era como si hubiera aceptado su cortejo, incluso sin que Erza se lo hubiera propuesto.
—¿Por qué alistas tantas cosas? Estarás transformada de todos modos, no creo que nada de lo que llevas ahí te sirva de algo.
—Pero Lyss, la transformación solo es preventiva, no todos llegan a enlobarse. Solo los que no controlan bien sus emociones y sus instintos.
—¿Y tú sí lo haces? —preguntó levantando la ceja, apartando la mirada de su ensayo con curiosidad.
—Solo me transformé tres veces por circunstancias externas, aunque eso fue hace tiempo cuando aún estaba en mis primeros años de entrenamiento. Pero por lo general, tengo un buen control de mi lobo. —dijo relajada levantando los hombros sin darle más importancia al asunto.
—Entonces nada te asegura que no te transformarás hoy y me hagas daño. —reprochó.
—¿No confías en mí? ¿En tu "novia"? — Dirigió su vista hacia la omega haciendo un puchero para luego soltar una risita acercándose a esta.
Lyssandra rodó los ojos, soltando un bufido de fingida molestia, mientras negaba con la cabeza. Se había acostumbrado muy rápido a su personalidad, y no le molestaba que la llamara así, sabía que solo la estaba molestando.
—Apúrate con eso, en cualquier momento vendrán a buscarte.
No pasaron ni cinco minutos, cuando tocaron la puerta. La omega se levantó a abrir, dejando entrar a un profesor.
—Señorita Faolan, ya nos podemos dirigir a las jaulas. —dijo el viejo del campo de entrenamiento.
—Sí, ya está todo listo. — Cerró su mochila y se dirigió a la salida. —No te olvides de ir temprano a liberarme Lyss. —dijo sonriendo y guiñándole el ojo —Descansaaaa.
—Sí, sí, adiós.
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Las horas transcurrían, ya eran las 11:40 p.m. y Edmund aún no llegaba con las llaves. Ryker caminaba de un lado a otro, le había ordenado que llegara a las 10:00 p.m. para poder tener el tiempo suficiente para marcarla y someterla.
Empezaba a lamentarse de haber confiado en un omega tan inútil como él, aunque una sonrisa burlona apareció en su rostro al ver que en las jaulas del frente se encontraba Erza, borrándose al instante al verla tan calmada y confiada.
¿Acaso ella no se transformaría? ¿Ella también era superior en esto? Sin poder evitarlo, sus emociones negativas estaban empezando a jugarle una mala pasada. Perdido en ellas, comenzó a gruñir mientras su cuerpo se tensaba.
—Llegué. — Lo alertó el moreno y aprovechó para molestar a la rubia.
—Apúrate inútil. Me estoy quedando sin tiempo. Tengo quince minutos para encontrar a Lyssandra y marcarla sin que nadie me lo impida. — Alzó la voz provocando que la alfa lo escuchara y lo viera asustada.
Nervioso, empezó a probar las llaves, hasta que en la quinta sonó un click. Ryker miró por última vez a la alfa, burlándose de ella y salió disparado hacia los dormitorios en busca de su destinada.
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MINUTOS ANTES
Eliana se encontraba corriendo hacia la habitación de Lyssandra. Su encuentro con Lyra había sido demasiado intenso, perdiendo la noción del tiempo.
Llegó a la habitación de la omega y tocó la puerta. Con fastidio se levantó y se dirigió a abrir, encontrándose con su amiga agitada por haber corrido a su encuentro.
—¿Eliana? —preguntó con curiosidad por verla tan agitada y preocupada.
La omega tomó una bocanada de aire, tratando de recuperarse para poder hablar con ella.
—Tienes que escapar. Escuché a dos chicos a escondidas que planeaban hacerte daño. Uno de ellos piensa liberar al otro de las jaulas en estos momentos para marcarte en contra de tu voluntad.
Esa noticia le heló la sangre mientras el miedo la iba consumiendo lentamente. Sin su compañera cerca para protegerla, Ryker era completamente una amenaza. Regresó a su habitación en busca de sus supresores y tomó un par de golpe. Al menos eso le ayudaría a disminuir su aroma para poder esconderse.
Eliana tomó su mano, y juntas comenzaron a correr.
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Erza veía divertida como el castaño caminaba de lado a lado molesto. Rio para sí misma al ver que aquel alfa no controlaba sus emociones como ella lo hacía. Estaba segura que esa noche no se transformaría. Se encontraba calmada y confiada al ver que el alfa estaba encerrado y la omega no correría ningún peligro. Pero todo eso cambió cuando escuchó a alguien entrar jadeando. Era Edmund ¿Qué hacía él con Ryker?
—Llegué.
—Apúrate inútil. Me estoy quedando sin tiempo. Tengo quince minutos para encontrar a Lyssandra y marcarla sin que nadie me lo impida.
¿Había escuchado bien? ¿Era acaso ese el peligro que su lobo le estaba tratando de advertir minutos antes? No terminó de procesar toda la información que acababa de escuchar cuando sintió un calor recorrer su cuerpo.
Había sido liberado, y Lyssandra estaba indefensa en su habitación. No podía controlar su rabia, había llegado confiada en que no sucumbiría a sus emociones, y aquí estaba, encerrada, furiosa, y sin poder controlarse por no poder ayudar a su omega.
Los minutos pasaban y empezaba a desesperarse. Sentía calor, furia, rabia y, poco a poco, su cuerpo empezó a enlobarse, dejando que su bestia tomara el control.
Al no ser ella quien controlaba la transformación, su aspecto había cambiado. Ahora era más grande y fornido, su pelaje se volvió más oscuro con pequeñas manchas blancas y sus ojos ya no eran de ese hermoso azul profundo que la caracterizaba. Habían cambiado a un amarillo rabioso.
Su lobo la estaba dominando y Erza estaba perdiendo la batalla. Con toda la fuerza que emanaba de su cuerpo, empezó a golpear la reja. Rasguños, saltos, empujones. Nada, la jaula no cedía. Pero ella no se rendiría. No le importaba el dolor que recorría cada parte de su cuerpo. Su única urgencia ahora era proteger a Lyssandra. Proteger a su omega.
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Ryker se encontraba cerca de la habitación de su destinada. Faltaban pocos minutos para la media noche, y la luna se encontraría en su punto más alto, logrando que este perdiera el control de su transformación al tener sus emociones desbordadas. Corrió como nunca para alcanzar a la pelinegra antes de que tuviera tiempo de escapar. Con la fuerza que tenía, podría someterla fácilmente. No había tiempo que perder.
Llegó a la habitación, abriendo la puerta con fuerza, para encontrarla vacía. No había rastro alguno de la omega y su aroma se había perdido. Ya no le quedaba tiempo y no había logrado su objetivo. Sin más que poder hacer y sintiendo cómo su cuerpo comenzaba a cambiar, se dirigió al pequeño balcón para enlobarse. Se lanzó al patio de la academia y se dirigió al bosque cercano mientras aullaba por la rabia que sentía, perdiéndose en la oscuridad.
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—Tenemos que apresurarnos, iremos a una de las cabañas de la academia, está más allá de las jaulas, pero como él te buscará en tu habitación, no le dará tiempo de buscarte aquí. — Mencionó corriendo a la par de Lyssandra.
—Entiendo... gracias...
—No hay problema. No entiendo por qué querría hacer eso si todos saben perfectamente que Erza es tu alfa.
Le dirigió la mirada en silencio, aquellas palabras muy en el fondo le agradaron.
Las chicas ya se encontraban cerca a las jaulas, se escuchaban los diferentes aullidos de los alfas que estaban encerrados, sin embargo uno sobresalía de los demás. Un aullido de angustia resonó el área.
Al escucharlo paró en seco. No entendía cómo, pero reconoció a la alfa entre esos lamentos, y tuvo la misma sensación que cuando escuchó los aullidos la noche que se enteró que era una destinada. La sentía desesperada y adolorida. Era raro. ¿No debería estar calmada?
—Eliana, vigila por favor, necesito entrar. — La miró esperando que entendiera.
—¿Segura? Todos los alfas deben estar descontrolados en este momento.
—Sí... Sé lo que hago. Espérame aquí por favor.
Y sin esperar respuesta, entró al edificio que tenía frente a ella. Sus pasos eran lentos y silenciosos, solo se escuchaban aullidos por todas partes, pero poco le importaban.
Solo se concentraba en los aullidos de Erza.
Poco a poco su vista se iba ajustando a la oscuridad, siendo guiada únicamente por su oído. Y un último aullido de angustia y tristeza se escuchó, con un pequeño gimoteo al sentir su presencia.
Se paró frente a la jaula, con pasos lentos, se acercaba cada vez más donde se encontraba la alfa. Contempló al majestuoso lobo frente a ella. Era mucho más grande de lo que recordaba y estaba cansada y herida. La jaula tenía muchas abolladuras y la sangre cubría su pelaje.
El ambiente estaba repleto de aullidos y lamentos de los alfas. Pero para ellas el ruido desapareció cuando sus miradas conectaron. Lyssandra entonces empezó a acercarse más a la loba.
—Alfa... –susurró con calma. —Tranquila... estoy aquí, estoy contigo.
El lobo que se había apoderado de su ser, poco a poco fue dejando de dominarla, para entregarle el control al lado consciente de la rubia.
Sus ojos empezaron a cambiar al tono azul que la caracterizaba.
Cuando observó que su omega estaba frente a ella, y fuera de peligro, empezó a acercarse a la puerta de la jaula con pasos sigilosos.
La omega, quien tenía sus brazos a los costados, empezó a levantar uno de manera inconsciente hacia la jaula.
La loba apoyó su cabeza en los barrotes y cerró los ojos, esperando el tacto de la chica frente a ella. Al alcanzar la altura de la cabeza de la alfa, por un momento detuvo su movimiento, con duda de por qué tenía la necesidad de hacerlo. De igual manera se volvería a transformar al día siguiente.
Pero la necesidad de su loba de hacerle saber que estaba bien, de calmarla y de brindarle seguridad a su alfa era más fuerte que ella. Terminó por apoyar su mano en el suave pelaje de la rubia, acariciando su cabeza con una delicadeza que solo ella podía brindarle.
La transformación fue abandonando su cuerpo al sentir el tacto de su compañera. La calma de saber que su omega estaba segura se apoderó de ella, y volvió a su forma humana. La omega no tuvo tiempo de procesar lo que había pasado, siendo incapaz de desviar su mirada.
—Erza... —dijo empezando a sonrojarse.
—¿Si? —preguntó con los ojos cerrados, aún con la mano de la azabache en su cabeza.
—Cúbrete, por favor, nos vamos.
Al darse cuenta de su desnudez, rápidamente tomó la manta que había alistado por si llegaba a enlobarse y se cubrió al sentir la intensa mirada de la omega sobre ella. Tomó su mochila y dirigió su vista a su compañera. Esta se encontraba forcejeando con la cerradura para abrir la jaula, y al sentir el click, salió disparada. Sin pensar en lo que hacía la atrapó entre sus brazos, sintiéndose feliz y aliviada de que estuviera a salvo, llorando de alivio con la cara enterrada en su cuello.
Para su sorpresa, ella no la apartó, pero tampoco le regresó el abrazo. Así que lentamente la soltó.
—Lo siento... no quería molestarte. Solo me emocioné por verte bien... Escuché lo que Ryker estaba planeando hacerte, estaba asustada de que te pasara algo y... me descontrolé. —susurró lo último.
—Descuida. — Observó cómo la sangre aún salía de su cuerpo y tomó su mano para guiarla a la salida —Vamos, debemos curarte esas heridas.
Erza sonrió, sabía que la omega debía mantener una actitud dominante y seria. No le daría más vueltas al asunto, ya habían pasado por mucho hoy.
Ambas chicas se dirigieron a la salida, donde Eliana las estaba esperando, guiándolas a ambas a la cabaña para resguardarlas del alfa enloquecido.
Y en el silencio de la noche, cuando sus miradas se encontraron y sin nadie que fuera testigo, sus manos se entrelazaron por inercia y sus corazones latieron descontrolados.
Se podría decir que aquel cambio no podía ser tan malo. ¿Verdad?
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