Capítulo 6 de 31
Ryker se encontraba con Edmund en su habitación, ansioso, ya que el omega había perdido la valentía con la que había llegado y volvió a adoptar la actitud pasiva y tímida que lo caracterizaba. Mientras más lo observaba más diferencias hallaba con Lyssandra. Su destinada salía completamente del molde de omega tradicional, y eso lo hacía sentir orgulloso. Alguien como él no merecía menos y se sentía agradecido con su Diosa por vincularlo con la heredera Velkam. Debía apurarse en marcarla.
Ya habían pasado varios minutos y seguía sin dirigirle la palabra. Patético, pensó.
—Bueno, entonces, ¿cómo planeas separarlas? —preguntó incapaz de soportar más el silencio.
Las manos del moreno sudaban y se movían nerviosas, desde que había entrado a la habitación su cuerpo había dejado de responderle. El aroma agrio del cuarto lo intimidaba y sometía. Tragó saliva fuertemente y con pena desvió su mirada hacia el alfa.
—Bueno…Quería aprovechar que habrá luna llena en dos días. Amm…ustedes los alfas tendrán que encerrarse en las jaulas para prevención. — Comenzó a explicar con miedo de decir algo tonto. —Y estaba pensando que… bueno yo… podría ir a liberarte para que vayas con tu omega y puedas marcarla ya que estará sin la protección de mi alfa. — Levantó temeroso la mirada, tendría que superar sus miedos si quería realmente ser merecedor de alguien como Erza. —Así mi alfa no tendrá más opción que terminar su relación y podré tener el camino libre para que al fin me acepte como su omega.
Ryker se sorprendió por la buena idea que estaba escuchando. Al estar con la mente nublada por la rabia no lo había pensado con claridad. Él siempre fue más de enfrentarse a quien se ponía en su camino, pero este plan era incluso mejor de lo pensó. Sin Erza a su lado, se encontraría desprotegida y no habría nadie que le impidiera marcarla de una vez por todas.
Sus feromonas volvieron a liberarse al pensar en cómo haría suya a la omega. Tendría toda la noche solo para ellos y en ese momento la reclamaría ante la Luna y los demás lobos.
El ambiente se había cargado de su aroma, un olor tan potente que hizo retroceder al omega para poder abrir las puertas del balcón mientras se tapaba la nariz. El alfa estaba excitado, el aroma que dejaba salir era realmente fuerte, atrayente y peligroso. Si permanecía un momento más cerca de él… no quería pensarlo.
Después de unos minutos tortuosos, el alfa por fin se había calmado y se dirigió al balcón sin rastro de vergüenza alguna.
—Cuando tocaste mi puerta no creí que pudieras realmente ser de ayuda. —dijo despectivamente. —Pero debo admitir que tu idea es mucho mejor de lo que se me habría ocurrido a mí. No soy mucho de planear las cosas.
Al escuchar esas palabras, finalmente se sintió útil frente a alguien poderoso. Aunque el alfa era despectivo y seco, sus palabras hicieron que una calidez recorriera su cuerpo, se sentía feliz.
Tal vez era porque su tono no era muy diferente al de sus padres. Pues de ellos nunca salían palabras de felicitación o aprecio por más que se esforzaba para enorgullecerlos, fracasando siempre en cada intento. Y por eso mismo, creyó encontrar una posible amistad con aquel alfa, o al menos tener alguien con quien compartir el problema en común con su destinada.
En toda su existencia se sintió como un error andante y sin propósito. No tenía amigos, su familia lo rechazaba, y su forma de ser no ayudaba en nada para poder sobresalir de los demás omegas. Siendo como era, ningún alfa quería cortejarlo para hacerlo suyo y siempre lo evitaban. No tenía nada que ofrecer.
Pero todo eso cambió cuando el destino le llegó de golpe una noche en la que estaba dispuesto a escapar de aquella vida de rechazos y miradas de desprecio. Había alistado con prisa sus pertenencias más útiles en una mochila para que sus padres no se dieran cuenta muy pronto de su ausencia y les resultara más difícil encontrarlo. Eso claro, si alguna vez quisieran hacerlo, en su mente no cabía la posibilidad de que se preocuparan por su paradero. Incluso pensaba que se sentirían aliviados por su partida, poniendo fin a su vergüenza de tener un hijo tan cobarde como él.
No sabía cuánta distancia había recorrido desde su hogar cuando, en la espesura del bosque, empezó a sentirse mareado, su cabeza comenzó a doler, su temperatura se incrementó y su aroma comenzó a liberarse de manera descontrolada.
Había escuchado de los destinados que aparecían cada cierto tiempo cuando la Luna decidía unir dos personas, pero jamás imaginó que pudiera pasarle a él.
Su alfa destinado se encontraba cerca. ¡Tenía un destinado! Se hallaba desconcertado.
Con esfuerzo siguió el aroma que lo llamaba y entonces la vio. A la distancia, una joven rubia corría libremente con sus hermanos bajo el amparo que la noche les brindaba. Sin pensarlo al estar emocionado, corrió hacia ella, metiéndose en su camino, haciendo que esta cayera de espaldas molesta por la interrupción repentina de aquel omega.
Se presentó, le hizo saber que era su omega, que era su destinado. Pero la alfa, incrédula y aguantando ligeramente la respiración solo retrocedió, negando con la cabeza antes de huir con sus hermanos horrorizada con la noticia.
No la siguió, estaba acostumbrado al rechazo, pero era su destinada, tendría que aceptarlo algún día. Regresó a su hogar con una sonrisa en la cara, comprobando que sus padres ni se llegaron a enterar de su interrumpido escape. Pero igualmente él se encontraba tranquilo y feliz, le daría tiempo a la alfa para que lo conociera y, con el tiempo, pudieran enlazar sus vidas.
—¿Te encuentras bien? —preguntó con molestia al sentirse ignorado. —Llevo un buen rato hablándote y siento que no me escuchaste nada.
—Sí... disculpa, estaba recordando algunas cosas. — Bajó la cabeza mientras una pequeña sonrisa se formaba en sus labios al recordar la primera vez que vio a su alfa.
—Ajá... bueno, Edmund, entonces nos mantendremos en contacto. Puedes retirarte de mi habitación.
El moreno se dirigió a la salida, perdido en sus recuerdos, dirigiéndose a su dormitorio. Lo único que debía hacer era esperar un par de días y ella volvería a tomarlo en cuenta. Nada podía salir mal.
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Al día siguiente, las chicas se encontraban cambiándose para empezar las clases, sin ser conscientes del gran peligro que se avecinaba.
—Creo que hoy deberíamos ir a los campos de entrenamiento saliendo de clases, Erza. Podrías aprovecharlas por si vuelves a pelear con Ryker. —mencionó tratando de ocultar su preocupación por la alfa. No quería que volviera a salir herida por su culpa.
—Yo confío en mi fuerza, Lyss... pero si te hace sentir más tranquila, iremos. ¿Sí? —dijo juguetonamente dándole una cálida sonrisa. —No te preocupes por mí, "amor". — Se giró hacia su dirección mientras le guiñaba el ojo y abrió la puerta de la habitación, invitándola a salir primero.
—No te ilusiones, alfa tonta. Solo quiero evitar inconvenientes. — Volteó la mirada sonriendo por las ocurrencias de la alfa, apresurando el paso para comenzar con sus actividades.
—Ajá... entonces. ¿Después del entrenamiento podemos ir un rato a la plaza del pueblo? Muero por bocadillos. La comida de aquí no es tan buena que digamos.
—Como quieras, boba. —susurró la última palabra.
Erza la siguió con una sonrisa orgullosa en la cara, dirigiéndose ambas a su primera clase.
Tal vez podrían olvidarse un momento del plan y pasarla bien en el pueblo, ¿no? Podrían empezar a conocerse mejor. Su instinto le exigía acercarse más a la omega y cortejarla, demostrarle que podía protegerla y ser su alfa. Pero a la vez sentía que era demasiado pronto para avanzar con ella.
Se sentía confundida, pero no le diría nada hasta tenerlo claro. No quería asustarla con los nuevos pensamientos y sentimientos que estaban empezando a nacer en ella y su territorial lobo.
A Lyssandra la quería tener cerca todo el tiempo, no quería que ningún otro alfa se le acerque y sin poder evitarlo marcó sutilmente a la omega con su aroma. No podía explicarse aún el porqué de tal acción, nunca tuvo esa necesidad con nadie.
¿Por qué no sentía lo mismo con Edmund? ¿Qué acaso no se supone que debía sentirse cómoda a su lado y tener la misma urgencia de reclamarlo? ¿Por qué si era su destinado no la hacía sentir lo que Lyssandra ocasionaba en ella? ¿Significaba entonces que ser destinados no necesariamente los haría enamorarse?
Esas y más preguntas empezaron a surgir en su mente, que no se dio cuenta de que el profesor ya había llegado a clases y la invitó a levantarse para responder unas preguntas al verla distraída.
Se levantó nerviosa, desviando su mirada a su costado, de alguna forma buscando ayuda. Su compañera solo le dirigió la mirada, y con un pequeño movimiento de sus labios le dio la respuesta. Regresó su mirada al profesor y contestó correctamente. Se sentó aliviada y puso atención al curso el tiempo que faltaba.
Las clases transcurrieron con normalidad. Ni Edmund ni Ryker se habían acercado en todo el día, generando sospechas de ambas chicas que se esfumaron cuando sonó la campana del último curso. Oficialmente las clases habían terminado y se dirigían al campo de entrenamiento como habían quedado en la mañana.
Erza no tenía ganas de ir, pero no podía oponerse si deseaba tener esa cita con Lyssandra. Espera… ¡¿Una cita?! Se paralizó justo antes de llegar al campo al cuando se dio cuenta de lo que realmente buscaba con esa inocente salida.
—Bien, tú entrena un poco, yo usaré esta hora para leer, estaré en las gradas a la vista, ¿sí? Si siento el aroma de Ryker, te lo haré saber de inmediato. — Habló con ese tono serio al que ya se había acostumbrado, sacándola de su ensimismamiento.
Dejó a un lado su absurda imaginación, ella no buscaba un alfa, solo necesitaba estar lejos de Ryker, y ella debía actuar perfectamente como su pareja.
—Ok, igual estaré vigilándote, "linda". —dijo divertida, mientras le robaba un rápido beso en la mejilla para irse corriendo antes de que la omega reaccionara.
Empezó a darse cuenta de cómo sus palabras y acciones hacían avergonzar a su compañera, por eso no quería dejar de hacerlo, era divertido y lindo verla intentar mantener la compostura. Según la omega, ella lo ocultaba muy bien y no quería perderse cada sonrojo en su rostro.
La vio alejarse hacia las gradas con una delicadeza y elegancia que la hizo quedar hechizada sin poder apartar la mirada de sus movimientos, cuando, de pronto, una voz fuerte y ronca sonó tras ella.
—Bien jóvenes, recuerden que esto no es obligatorio. Pero no les haría mal saber unas cuántas tácticas de defensa y ataque. Recuerden que esto solo debe usarse en situaciones de peligro o para defender la integridad de su manada o compañeros. Sin más, empecemos.
Y así pasó la hora de entrenamiento. La próxima líder sobresalía en cada tarea que el viejo lobo les brindaba. Ni siquiera sabía por qué estaba ahí en primer lugar. Cada táctica la hacía a la perfección por los años que había entrenado con su manada, llegando incluso a ayudar al profesor con las técnicas para el resto de sus compañeros.
Esta situación no pasó desapercibida para la joven Velkam, quien sin poder evitarlo, desvió la mirada hacia la alfa, sonriendo disimuladamente, cubriéndose con aquel libro cada vez que sobresalía en los ejercicios para que no notara su mirada.
No era soberbia ni orgullosa, por el contrario, era amable y ayudaba con paciencia a sus compañeros. Acciones que a la omega le gustaba y llamaba su atención. No encontró ni una pizca de malicia ni altanería en ella. El aspecto rudo y salvaje de la alfa era totalmente contrario a como era y la confundía terriblemente.
—Bien jóvenes, con esto concluimos los ejercicios de hoy. Pueden regresar cuando gusten, en especial usted señorita Faolan. Sería una gran ayuda tenerla aquí más seguido. —mencionó el viejo lobo mientras la felicitaba palmeándole la espalda.
—Creo que podría pasarme más seguido por aquí. Fue divertido. — Sonrió con calidez.
—Te estaremos esperando. — Dicho esto el profesor dio media vuelta comenzando a recoger los materiales que utilizó.
Volteó en dirección a las gradas encontrándose con la mirada de su compañera, provocando que se sonrojara al sentirse atrapada y llevara el libro nuevamente a su cara. Se acercó a ella agachándose hasta estar a su altura, y con un rápido movimiento le quitó el libro de las manos, haciendo que la heredera levantara su mirada, enojada, pero deteniéndose de golpe al sentir la proximidad de sus rostros. El corazón de Lyssandra se aceleró y las palabras se quedaron atrapadas en su garganta, dejando salir únicamente pequeños balbuceos sin sentido. La alfa sonreía para sus adentros al ver de esa manera a tan orgullosa y seria omega, sintiendo a su lobo aullar por ser ella quien lo lograba.
—Y bien, ¿nos vamos al pueblo? —mencionó con una sonrisa burlona. Estaba empezando a amar molestarla.
No dijo nada. Se había perdido observando a su compañera, que se encontraba toda sudada por el entrenamiento, haciendo que las prendas mojadas y pegadas a su cuerpo resaltaran más su atlética figura. Sintiendo un cosquilleo en su vientre, se levantó rápidamente y le dio la espalda para evitar que esta la viera, y comenzó a caminar en dirección a los dormitorios.
—Creo que primero necesitas una ducha, ¿no? —ordenó lo más seria posible, ocultando su maldito nerviosismo.
Eso no era normal en ella. ¿Dónde estaba la Lyssandra agresiva que todos conocían? Esto no estaba nada bien, nada bueno podría salir bien de esa situación. Y con mucho esfuerzo para controlar sus emociones y su aroma que amenazaba con salir, volvió a girar su mirada hacia su compañera indicándole que se apresurara o no irían a ninguna parte.
Ambas chicas se encontraban ya en su habitación. La primera en entrar fue la omega que fue directo a su cama, dándole la espalda a la alfa para que no pudiera observar cómo empezaba a recorrerla ese hormigueo que los últimos días había decidido acompañarla.
La rubia entró y cerró la puerta tras de sí, dirigiéndose a su ropero sacando las prendas que usaría para su caminata al pueblo. Se dirigió al baño y sin esperar más entró a darse una ducha.
Lyssandra se paró lentamente y se dirigió a su baúl de ropa. Pantalones azules, una casaca negra, y una blusa blanca de mangas largas. Algo simple para la ocasión. No era que tuviera muchas ganas de salir tampoco.
O eso se decía a sí misma, que solo era una salida casual con su compañera de cuarto, nada importante, no tenía que verlo como una cita. Se vistió rápidamente y volvió al calor de su cama, dándole la espalda al baño, esperando por ella.
La alfa salió del baño ya vestida y emocionada, dirigiéndose al lado de su compañera para avisarle que estaba lista para su salida. A unos pasos de su cama, se detuvo a admirarla, su ropa era simple pero le quedaba tan bien que inconscientemente se mordió el labio apreciándola. Salió de sus pensamientos al sentir un ardor cuando aquella herida que el castaño le había provocado el día anterior se abrió nuevamente por la presión de sus colmillos.
—Lyss... ya estoy lista. ¿Vamos al pueblo?
—Mhmm. — Se levantó de la cama a regañadientes, todavía un poco adormilada.
—¿Qué es lo que deseas comer? Yo invito. —dijo con entusiasmo.
—No creo que preparen animales atropellados de la carretera — Se burló, viendo con satisfacción la cara de desagrado de la rubia. —Es broma, supongo que una hamburguesa.
—¡Claro! — Su semblante cambió al ver la sonrisa de la omega.
Ambas se dirigieron al pueblo. No estaba tan lejos de la academia, así que podían llegar caminando en minutos. El silencio se apoderó de ambas, pero no era incómodo como el que sintió la noche que salió con Edmund. Era un silencio agradable y cálido. Donde ambas se lanzaban miradas disimuladas y pequeñas sonrisas nerviosas surgían ligeramente cuando sus dedos se tocaban por accidente.
El calor en ambos corazones iba creciendo poco a poco, pero aún no llegaba a ser tan perceptible para ellas como lo era la conexión que sus lobos ya habían formado.
Claro que sentían que una fuerza externa las llamaba para completar sus vidas con sus destinados. Pero ellas no sentían con Ryker ni con Edmund la misma comodidad que sentían estando juntas. Y con todas las fuerzas que tenían rechazaban el fuerte impulso de caer en sus garras y amarrar sus vidas a aquellos destinados suyos.
Entonces Erza tuvo una idea, varios alumnos que las conocían estarían en el pueblo. Si quería tener una excusa creíble para que ningún alfa se le acercara, debía comportarse como si estuvieran realmente en una cita.
Aprovechando que estaban a metros de llegar al pueblo, se acercó más a su cuerpo, invadiendo su espacio personal, posando un brazo sobre su cintura, acercándola a ella mientras comenzaba a marcarla con su aroma. Sabía que estaba mal hacerlo sin su consentimiento, pero no soportaba la idea de que otro alfa la mirara.
Lyssandra sintió un escalofrío al sentir la mano de la alfa en su cintura. Sin poder evitarlo, dejó su aroma salir y dejar que se mezcle con el de ella. Al ver que en la entrada estaban algunos de sus compañeros, decidió no molestarse y solo se dignó a preguntar el porqué del agarre repentino.
—Tranquila, debemos ser una pareja creíble, recuerda. —susurró con una sonrisa inocente. —Además, ¿me dirás que no te gusta que te sujete de esta manera, amor mío? — Se rio afirmando su agarre en su la omega.
—No responderé a eso. Te recuerdo que quedamos en que sólo te daría mi mano. — Soltó con ligera molestia.
—Lo sé, pero esto es más creíble. Es más, creo que nos está observando el objetivo. — Refiriéndose a Ryker que se encontraba con unos “amigos” charlando a la distancia.
Fijó su mirada en el chico, sonriéndole burlonamente y apretando más a la omega, quien a estas alturas no podía ocultar su sonrojo pues era notorio para todo aquel que la mirara.
Él la miró de vuelta con nada más que rabia en sus ojos. Pero decidió no actuar, tenía un plan que seguir y solo le quedaba esperar. Su sangre hervía al ver a su omega tan cariñosamente con un alfa que no era él. Pero por más que quería no podía apartar la vista de ellas.
—Creo que voy a besarte. —susurró, para que solo su compañera escuchara.
—¿Qué? ¿Ahora? —dijo un poco molesta y nerviosa.
—Ryker no deja de mirarnos. ¿Qué es más creíble que un beso?
—Pff, bien. Pero que sea rápido. Y no abuses de tu suerte, alfa tonta. —mencionó con molestia, aunque en el fondo era algo que tal vez no le molestaría probar.
La alfa empezó a acercarse peligrosamente a su rostro. Ambas cerraron lentamente los ojos y cuando estaba a pocos centímetros de besarla, una voz conocida las interrumpió, haciendo que ambas abran los ojos asustadas y dirigieran la vista a aquella chica inoportuna.
Erza se separó sin soltar su agarre y disimulando la ligera molestia que se había formado por haber perdido la oportunidad de probar sus labios. Su gran idea había sido interrumpida por su amiga Lyra, quien venía junto a su omega Eliana.
Este acto hizo que el alfa se sintiera más aliviado, soltando todo el aire que tenía contenido. Sonrió burlándose de la rubia y regresando con su grupo se fueron a uno de los pocos locales de comida que aquel pequeño pueblo ofrecía.
Fue ahí que en la mente de ambos solo podían pensar una cosa.
El destino había interferido.
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