Capítulo 5 de 31
—¿En qué estabas pensando, alfa tonta? —preguntó acercándose con cuidado. —El plan no consistía en agarrarte a golpes con otro alfa, y mucho menos con él. Solo debíamos alejarnos…
Comprendía su molestia y preocupación, pero el castaño no le dio elección. Tuvo que actuar y defenderla como cualquier alfa lo haría con su pareja.
—Lo sé, lo sé. — Se apoyó en su codo para no seguir echada mientras hablaba. Era consciente de su estado de ánimo, pero creía fielmente que debía defenderla de quien intentara propasarse con la omega y lo haría aunque su compañera se enojara con ella nuevamente. —Pero no podía dejar que ese bastardo te marque sin tu consentimiento, ¿o sí?
La alfa se encontraba confundida, sabía que la defendía por su pacto y por cómo actuó Ryker con ella. Eso le había molestado y ocasionó que se enlobara, pero en el fondo le daba rabia pensar que algo así volviera a suceder con la omega. Sintió a su lobo gruñir pero regresó a la realidad al escuchar a su compañera hablar nuevamente.
—Y te lo agradezco, en serio, solo... no vuelvas a ponerte en peligro con alguien como él, ¿está bien? — Erza asintió, levantándose un poco más para acercarse a ella, sin embargo, la omega retrocedió de repente indicándole con una mano que parara al habérsele caído parte de la sábana que cubría su cuerpo desnudo. —Y... ponte algo de ropa, ¿ok? —dijo mirando hacia otro lado para que su sonrojo no fuera perceptible.
La rubia se dio cuenta entonces de su desnudez y se acomodó en el espaldar de la cama mientras se cubría nuevamente con la sábana para no incomodarla. Ella sentía que lo que hizo era lo necesario para apartar a al castaño del camino. Al menos por ahora, le había demostrado que era más fuerte. Claramente, eso le bajaría el ego por un tiempo y lo pensaría dos veces antes de volver a molestar a la omega. Y, sin embargo no podía estar más equivocada.
—No te preocupes por mí, soy más fuerte de lo que aparento. Puedo apostar que ese alfa está ahora despertando con mucho dolor, arrepintiéndose de haberse metido conmigo. — Trató de mostrarle su mejor sonrisa aguantándose el dolor creciente por su labio herido y algunos rasguños en el resto de su cuerpo, producto de la pelea.
Lyssandra al darse cuenta de la herida en su rostro volvió a mirarla molesta y, levantándose, se dirigió hacia su escritorio sacando un pequeño trapo que tenía guardado. Fue hacia el baño y lo remojó para regresar y acercarse a la alfa.
Con delicadeza pasó el trapo por su labio reventado haciendo que dejara escapar un pequeño quejido de dolor.
—¿No dijiste que eras una alfa fuerte? — Se burló dejando de presionar la herida, para comenzar a limpiar un poco su rostro.
—¿Acaso está mal que una alfa como yo pueda sentirse vulnerable ante una hermosa omega mientras está cuidándome? — Escapó de sus labios aquella frase mientras su mirada se encontraba de lleno con aquellos lindos ojos. La hereda, sorprendida, abrió los ojos a más no poder mientras su cuerpo se tensaba.
Y al momento de terminar su frase, la alfa se dio cuenta de lo que acababa de decir. Claro que le parecía hermosa, tenía que estar ciega para no verlo, pero esos pensamientos tenían que quedarse solo en su cabeza. No tenía claro lo que aquella omega le hacía sentir, porque lastimosamente estaba destinada. Sin embargo, había algo en ella que le hacía abrirse sin dificultad y, en este caso, decir cosas sin pensar.
Por su parte Lyssandra, al escuchar tal declaración inesperada, desvió la mirada que mantenía con la alfa dirigiéndose por un segundo hacia sus labios y, volviendo a sentir calor en sus mejillas, se levantó y se dirigió al baño con prisa. Una vez ahí cerró la puerta tras de sí y, mirándose al espejo, dejó escapar una pequeña sonrisa mientras su ser vibraba extrañamente ante aquella situación.
Claro, ella no se vería vulnerable ante ningún alfa, tenía que mantener las apariencias con todos y Erza no sería la excepción.
Pero aquellas sinceras palabras hicieron que algo cambiara por dentro. Una pequeña calidez iba adueñándose de todo su cuerpo. Era tan distinto a lo que Ryker le hacía sentir cuando se le acercaba y soltaba sus feromonas para atraerla forzadamente.
En cambio, lo que la alfa le hizo sentir en segundos solo con sus palabras no le generaba rechazo, al contrario, se sentía...extrañamente bien...
<<Mierda... ¿en qué estás pensando?>>. — Se reprochó a sí misma la rubia. — <<Pensará que estoy hormonal y que solo la miro con deseo, como todos los alfas>>.
Se levantó dirigiéndose al baño para disculparse, pero a medio camino se acordó de su desnudez dándose la vuelta y regresando a su cama para colocarse algo con que cubrirse. Una vez cambiada, se sentó esperando a que saliera para aclarar aquel incómodo momento que estaba consciente la había hecho pasar.
Pero la joven Velkam no tenía pensado salir en un buen tiempo, la sensación nueva que estaba recorriendo su cuerpo le resultaba tan agradable que no quería que acabara nunca, preguntándose si realmente la Luna había elegido bien a su destinado.
Al cabo de unos quince minutos salió del baño aún nerviosa y, sin dirigirle la mirada a su compañera, se fue directo a su escritorio para comenzar con las tareas pendientes.
Pensó que sería una manera sencilla de hacerle entender que todo estaba bien sin necesidad de hablar del tema. No podía verla a la cara después de cómo la hizo sentir y actuar, ya que no sabía si sería capaz de disimular su emoción. Era la primera vez que un alfa la hacía sentir así. Pasó tantos años rechazando pretendientes para que venga una alfa que sin proponérselo la haga sentir confundida de un momento a otro.
Sin embargo, la alfa ya se encontraba camino hacia ella.
—Lo siento si te hice sentir incómoda. —susurró avergonzada.
—No pasa nada Erza, fue un pensamiento que se te escapó. Agradezco en serio que tengas ese concepto de mí, pero que no se vuelva a repetir. ¿OK? —dijo fingiendo molestia, pero en el fondo no le molestaba la idea de saber que más pensaba de ella.
—Claro, nuevamente me disculpo, no volverá a salir algo así de mi boca. Pero no dudes en que si Ryker vuelve a molestarte, seguiré protegiéndote. Es más, si alguien se atreve a molestar a mi chica no me importará que te molestas conmigo, le daré su lección, ¿entendido? — Indicó relajada y confiada, guiñándole un ojo y cambiando el tema.
—Lo tendré en cuenta. — Rodó los ojos y una pequeña sonrisa se le escapó mientras negaba con la cabeza por su terquedad. —Ahora, si me disculpas, estoy en medio de un trabajo, así que por favor regresa a tu lado de la habitación y no me distraigas.
—Como usted diga, "omega mía". —dijo en tono burlesco, dirigiéndose a su lado de la habitación. Haciendo nuevamente, sin saberlo, ruborizar a la omega.
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Horas antes
Edmund vio a Erza esperando en la fila de la cafetería hablando animosamente con otra alfa mientras se disponía a acercarse a ella. Quería que lo conozca mejor, que ella lo acepte y lo marque en algún momento. El hecho de ser muy tímido e inseguro no lo ayudaba, no obstante, estaba decidido a cambiar su actitud para poder agradarle a su alfa. Había notado en su última salida que ella esperaba al menos más de dos palabras salir de su boca, y lo haría.
Cuando estaba a unos cuantos pasos de alcanzarla, vio como esta cambiaba su expresión dejando sus colmillos crecer mientras empezaba a correr en dirección a una de las mesas donde se encontraban sentados una omega de cabellos negros y un alfa castaño. Pasó por su lado ignorándolo por completo.
—Disculpa amor. ¿Este alfa te está molestando? — Su corazón se oprimió al ver cómo besaba cariñosamente la cabeza de la omega y esta le correspondía refugiándose en ella.
No entendía nada. ¿Amor? ¿Su alfa estaba en una relación? ¿Desde cuándo? ¿Era por eso que ella no quería vincularse con él? Pero si ese era el caso, ¿por qué nunca se lo dijo? Tantas dudas empezaron a recorrer su mente que no se percató de en qué momento ambos alfas estaban enfrentándose por aquella omega.
Era algo que se rehusaba a creer, era su alfa, su destinada y la rabia empezó a crecer en él. Pero no lo sentía hacia su alfa, no, a ella no podría odiarla jamás. Su mirada molesta solo tenía una dirección y esa era la pelinegra que llegó a tener toda la atención de su alfa, atención que él nunca pudo ni podrá obtener y ahora entendía la razón.
Todos sus pensamientos se callaron cuando escuchó una bala al aire y lo siguiente que vio fue a los profesores cubriendo a los alfas para llevarlos a sus habitaciones.
Esto no se quedaría así. Encontraría la manera de separar a aquella omega de SU alfa y recuperar destino, aún si ella se rehusaba a amarlo. Y para eso debería unir fuerzas con ese alfa.
Armándose de valor siguió de lejos a los profesores que cargaban al castaño inconsciente mientras ideaba algo para convencerlo de trabajar juntos
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Ryker se despertó al cabo de una hora. Se levantó de la cama y comenzó a vestirse con el cuerpo tenso, brotando de él un agrio aroma. Aquella rubia pagaría por robarle a su omega, no tenía derecho a meterse en su vida, ella era suya por derecho.
La misma Luna los había destinado. Él y toda su manada se sentían orgullosos por haber sido escogidos nuevamente. Su clan entero lo felicitó. Era un honor religioso para ellos al ser fieles devotos de la Diosa Luna y era por esa razón que no dejaría que nadie se interpusiera en su camino.
Cuando se disponía a salir de su habitación, sintió unos golpes en la puerta. Extrañado, caminó lentamente hacia la puerta y al abrir se encontró con un tímido omega moreno. Le lanzó una mirada de absoluto cansancio. Lo analizó de pies a cabeza, y al ver que no decía nada, habló.
—¿Qué es lo que buscas? — Bufó molesto mientras cruzaba sus brazos.
—En realidad, venía por tu ayuda... — Su voz apenas salió, pero fue interrumpido por el castaño.
—¿Por qué ayudaría a alguien tan insignificante como tú? — Iba a cerrar la puerta en su cara cuando el moreno agregó.
—Puedo ayudarte a recuperar a tu omega. — Dudoso, volvió a abrir la puerta. —Pero necesito que me ayudes con mi alfa.
Al escuchar esas palabras dudó por un momento, no conocía a aquel joven, pero compartían el mismo deseo. Igual él ya estaba planeando cómo separarlas, aunque algo de ayuda no le sentaría mal. Con un brillo en sus ojos hizo entrar al joven a su habitación para poder planear con detalle la separación de las chicas.
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En la habitación, Lyssandra había avanzado la mayor parte de su tarea, y se relajó en su asiento haciendo pequeños estiramientos, los cuales no pasaron desapercibidos para la alfa, quien se encontraba mirándola disimuladamente con bastante curiosidad.
De pronto sintió cómo una mirada intensa nacía tras ella alertando sus sentidos. Se sentía como una presa que sería devorada en cualquier momento. Se dio la vuelta lentamente y Erza desvió la mirada con rapidez, tomando su celular y fingiendo estar ocupada con él.
Cuando se dio la vuelta por completo, miró a la rubia con desconfianza, preguntándose qué era aquella sensación extraña que había sentido hace un momento.
Se acercó a su baúl sacando su ropa de dormir y se dirigió al baño para cambiarse, cuando nuevamente sintió esa mirada penetrante en ella y, rápidamente, volteó atrapándola en el acto.
—¿Qué tanto me miras? — Gruñó fastidiada, pero en el fondo curiosa por la respuesta.
—N..nada... es solo que me das curiosidad, es todo. — Desvió la mirada avergonzada por haber sido tan descuidada.
—¿Y eso por qué? No te he dado motivos.
—Es difícil de entender, la verdad es que ni yo lo comprendo, ¿sabes? — Suspiro y volvió la mirada hacia la omega con los ojos brillosos. —Solo que tienes algo que me llama demasiado la atención, no me malinterpretes... pero me parece que no eres como todos los omegas que he conocido, y solo me da... ¿curiosidad?
Aprovechó que la alfa se encontraba vulnerable con aquella confesión y se acercó lentamente con una mirada pícara para averiguar hasta dónde era capaz de actuar esa alfa.
—¿Y qué es eso tan diferente? ¿Es porque puedo mantener una conversación contigo sin apartar mi mirada? —dijo acercándose más. —¿O porque al igual que tú no me alegro de atar mi vida por algo tan tonto como el destino? — Para este punto se encontraban frente a frente haciéndola tragar saliva pesadamente por la tensión que comenzaba a crecer entre ellas. —No me digas. ¿Crees que no soy una buena omega y que debería ser sumisa ante los alfas? — La alfa negó al escucharla. — Oh. ¿Tal vez mi actitud dominante te llama la atención? —preguntó burlona al ver cómo desviaba la mirada. Había acertado…
La alfa se puso nerviosa por la proximidad entre ambas, estaban tan cerca que era capaz de sentir la cálida respiración de su compañera. No entendía cómo una omega podía ponerla de esa manera. Era algo nuevo, una sensación que nunca había sentido pero no le disgustaba para nada.
Por primera vez sentía la libertad de poder expresar sus emociones sin forzarse a quedar bien con los demás. En esa habitación podía mostrar su lado débil, sin miradas expectantes de su fortaleza como futura líder de clan. Su cuerpo se relajó dejando salir su aroma sin otras intenciones y con una ligera sonrisa solo se dignó a decir.
—No me malinterpretes Lyss... lo que quiero decir es que me haces sentir libre, no finges ser alguien que no eres conmigo, no me tienes temor ni respeto actuado. Recién nos estamos conociendo, pero tu forma de ser hace que me sienta cómoda con tu compañía. — Recuperó su confianza acercándose un paso logrando que ahora sea la omega quien se encontraba nerviosa. —Siento que no debo fingir quién soy, que no debo ser una alfa perfecta porque eso a ti no te interesa. — La omega retrocedía mientras ella avanzaba, pero en ningún momento desviaron sus miradas. —No me estás juzgando en cada paso que doy y eso me agrada, ¿sabes? Solo espero que tú también te sientas cómoda conmigo. — Lyssandra comenzó a sentir nuevamente esa calidez en su cuerpo, su loba comenzó a mover la cola de felicidad mientras ella trataba de impedir que su aroma saliera disparado, hasta que la alfa la regresó a la realidad. —Así podremos llevar con más naturalidad el plan.
Claro, el plan. Por un momento pensó que la alfa le pediría permiso para cortejarla. Se sentía tan cómoda con ella, que por un momento se olvidó del plan. ¡Que estúpida!
Había bajado la guardia, y eso era peligroso. Ella era consciente de que Ryker era su destinado, era el alfa que la Luna le había designado, pero... ¿Y si eso podía cambiarse? ¿Había posibilidad de librarse de su regalo?
Porque no podía entender. ¿Por qué con el alfa que ella estaba destinada a pasar toda su vida le provocaba únicamente rechazo? ¿Por qué todo era tan diferente con Erza? Ella la hacía sentir tranquila y protegida. ¡Por dios! ¡La hizo sonrojar! ¡Le hizo sonreír sin dificultad! Y nada de eso había forzado.
Pero solo era por el dichoso plan, nada de lo que la alfa decía era para cortejarla. Todo llevaba a un camino y era alejarse de los chicos, nada más importaba, así que haría caso omiso a las sensaciones nuevas que empezaban a nacer en ella.
No se permitiría ser vulnerable con ningún alfa así que regresó a su actitud severa.
—No te confundas, si nos podemos llevar bien es por eso mismo que dijiste, por el plan, no hay más razones. No debemos tener problemas. Y si debo fingir que me agradas para poder llevarlo a cabo eso haré. —dijo fríamente tratando de disimular el mar de emociones que estaba sintiendo.
Erza pudo ver en su mirada que sólo lo decía para no mostrarse vulnerable ante ella. Tantos años que recibía cordialidades fingidas le enseñaron a leer bien los ojos de las personas. Y la omega no era alguien que necesitara fingir para agradarles a los demás, aunque también la delataba el aroma suave que dejó salir por un breve momento.
Tampoco quería molestarla al seguir con el tema que ya de por sí era un poco incómodo. Respetaría su decisión, tal vez con el tiempo se conocerían más. Lo mejor era darle su espacio, pero no sin antes provocarla un poco más.
Con una mirada retadora se acercó aún más a ella, quedando sus rostros a centímetros, causando que los latidos de la heredera se volvieran locos y su rostro se tiña de un rojo casi imperceptible por la oscuridad del cuarto, aunque de todas maneras pudo contemplarlo, al estar ambas bajo la luz de la luna alumbrando su habitación.
—No lo haré Lyss... de verdad me agradas, y quisiera que nos lleváramos bien, genuinamente. Podemos conocernos más estos días. De todas maneras debemos mantenernos juntas para evitar más conflictos con Ryker, ¿verdad?
No respondió, solo volteó la mirada y empezó a apartarse, el sonrojo se hacía más fuerte y no quería que ella la viera así. Odiaba tener esa actitud tan sumisa pero estaba en su naturaleza. Por más que ella actuara fríamente, era solo eso, una coraza para alejar a las personas falsas, y sin embargo aquella alfa lograba desenmascararla sin esfuerzo alguno.
Por primera vez en su vida sintió el deseo de tener un alfa a su lado. No, más bien, deseaba que Erza hubiera sido su destinada. Lo cual era toda una ironía.
Pasó toda su vida rechazando a cada alfa que se le acercaba por parecerle presumidos y orgullosos, que solo la buscaban por ser la heredera del clan más poderoso de licántropos. Y al pasar los años, cada día se decepcionaba más de cada alfa que quería cortejarla, que nunca esperó conocer a alguien tan diferente a ellos.
Pero por mucho que lo deseara con todo su ser, la realidad era que, tarde o temprano, su vida se uniría a Ryker. Esperaba que fuera lo más tarde posible. Por ahora, solo podía aprovechar la calidez que aquella rubia le brindaba sin proponérselo. Y con una sonrisa en su rostro se acostó en su cama sintiendo cálido su solitario corazón.
Esa noche ambas chicas durmieron tranquilas ignorando que algo había comenzado a florecer en ellas.
Se refugiaron en aquel calor que emanaba de sus pequeños corazones, unidas por el mismo sentimiento, pero separadas por el destino.
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