Capítulo 4 de 31
Durante los días posteriores a conocer a sus destinados, ambas chicas evitaron completamente volver a verlos.
Por una parte, Erza se refugiaba en sus entrenamientos y deberes de su clan, cargando con más responsabilidades de las que debía asumir, dejando en claro a su madre que ya lo había conocido y que no avanzaría más con él por el momento, logrando al menos por esos días no sentirse presionada en marcarlo.
En cambio Lyssandra, después de casi ser marcada contra su voluntad, se refugió en sus libros y en ayudar en los problemas referentes al clan junto a sus padres. No hubo presión por parte de ellos para volver a ver al alfa, pero les preocupaba que luchara a diario contra su propio instinto y terminara agotándose más de lo necesario. Pero su determinación a no ser reclamada era mucho más fuerte.
Ginebra le contó lo sucedido con el alfa a su marido esa misma noche. Por ese motivo, a escondidas de su hija, mandaron a un par de alfas de su manada a averiguar distintas formas en que podría librarse de ser una destinada. Al pertenecer al clan más importante y poderoso de licántropos, tenían conocimiento de que hubo casos de destinados que negaron el regalo de la Luna, sin embargo, en aquella época, esos casos eran considerados una deshonra a la Diosa, y no se interesaron nunca más en el asunto.
Para ellos, Ryker no merecía a su cachorra. Había intentado marcar a su hija a la fuerza, y destinado o no, ella era la heredera legítima de los Velkam, por lo tanto merecía total respeto, más aún si se encontraba en su territorio.
Pero también estaba el hecho de pertenecer al clan Gerwulf, lobos ciegos de fe en la Diosa. Un clan extremista en sus creencias y orgullosos de ser elegidos como el clan que más miembros tenía de destinados a lo largo de los años.
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La fecha de regreso a la academia finalmente había llegado, y para las chicas, eso solo significaba abandonar la comodidad y seguridad de sus respectivos territorios. Sabiendo también que ya no tendrían excusas para no ver a los chicos y que cada día estaban más cerca de perder su libertad.
Erza alistó sus pertenencias necesarias para pasar todo un semestre en la academia. Cuando tuvo todo listo, salió de casa para encontrarse con su padre y sus hermanos, que la esperaban para marcharse. Pero en el camino pudo ver cómo su madre la esperaba con el ceño fruncido.
Su relación se había distanciado desde que fue obligada a asistir a esa cita, y solo la trataba con el respeto necesario por ser la alfa mayor y líder de la manada. Le respondió con el ceño fruncido, no dejándose intimidar y dispuesta a seguir con su camino, sin embargo, la voz de Isolda la detuvo de avanzar más de lo debido.
—Espero que estos meses fuera de casa recapacites de tu terquedad, Erza. — Se había acercado unos pasos hacia su hija, le lastimaba el haber perdido su confianza y cariño, pero debía ser fuerte y recta con su posición. —Tendrás mucho tiempo para convivir con el joven Edmund. Dale una oportunidad, hija. Es tu deber como futura líder aceptar el regalo de nuestra Diosa y honrar nuestra manada.
Los colmillos de Erza rechinaron, su madre no la dejaría tranquila jamás.
—Ya te dije lo que pienso, alfa. Edmund no es digno de ser mi omega. — Cansada de lo mismo, le dio la espalda para seguir avanzando, sin importarle, por primera vez, lo que pensara su madre. —A partir de ahora, yo decidiré mi propio camino.
Subió al coche con el resto de su familia y emprendieron su camino lejos de casa.
Lyssandra por su parte, también había terminado de alistar sus pertenencias, llevando consigo dos valijas de viaje. Una con sus cambios de ropa y accesorios, y otra con sus valiosos libros, plumas y tinta para escribir en sus ratos libres. Estaba decidida a permanecer en su habitación el mayor tiempo posible al no contar con la protección de su manada en el territorio de la academia.
Con solo recordar su encuentro con aquel alfa, su cuerpo se estremeció. Le desagradaba totalmente, arrogante, orgulloso y se creía con el derecho de poseerla.
Tomó sus supresores, aquello que la había ayudado durante todos esos días a soportar la distancia del alfa, y los guardó consigo en su bolsillo. Ella haría todo lo posible para mantener su aroma controlado.
Sin duda alguna sería un camino largo para ellas, sin saber que pronto volverían a encontrarse.
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La alfa fue la primera en llegar al estar su territorio más cerca. Sin perder el tiempo, lo primero que hizo fue dirigirse al despacho de la directora para que le asignara su número de habitación y poder ir avanzando en acomodar sus pertenencias.
Tocó la puerta cuidadosamente, pero al no estar cerrada por completo, esta se abrió al primer golpe, obligándola a entrar bajo la atenta mirada de una alfa de pelo castaño.
—Con permiso directora. Amm… vengo a que me asigne mi habitación. Soy Erza Faolan.
La directora asintió y buscó su nombre en sus archivos.
—Mucho gusto, señorita Faolan. Soy la directora Zyla. — Se presentó, brindándole los horarios y papeles necesarios que debía llenar para el registro. —Tu habitación asignada es la 650. Pronto estará llegando tu compañera de cuarto, espero que se lleven bien. Por favor, llena este formulario y podrás ir a tu habitación. — Indicó con un tono de voz calmado.
Llenó cada hoja con rapidez, y las entregó para retirarse de la oficina, ansiosa por llegar a su dormitorio. Tenía un plan en mente, pero necesitaría primero la aprobación y la ayuda de su compañera de habitación para lograrlo.
Al llegar, empezó a desempacar y guardar cuidadosamente sus cosas en sus cajones, cuando de pronto un aroma conocido llegó de los pasillos hasta su habitación. En ese momento giró en dirección hacia la puerta, con ilusión en su mirada.
Después de unos largos segundos para la alfa, la perilla de la puerta giró, y entonces la vio. Aquella chica de la plaza que había vivido por noches en sus sueños, se encontraba nuevamente frente a ella.
Ambas se reconocieron en ese momento, pero ninguna pudo salir de su asombro. Sintieron una ligera corriente recorrer sus cuerpos, y sin darse cuenta en ese momento, el aroma de ambas se había liberado para mezclarse en aquella habitación.
Erza, con la mirada perdida en su compañera, se aclaró la garganta, avergonzada por mirarla de esa manera. Se acercó más a ella y con educación se presentó dándole la bienvenida.
Por su parte, la heredera se dio cuenta de la intensa mirada de la alfa, quien no dejó de observarla desde que había entrado a la habitación empezando a molestarle. Aunque tal vez podía usar eso a su favor, era una alfa después de todo, y la miraba como todos a los que había rechazado. Juntarse con ella y pasar tiempo juntas podría ayudarla para que le sea más difícil a Ryker acercársele, ya que lastimosamente se enteró que el alfa no había desistido y la había seguido hasta ese lugar.
El silencio en la habitación duro varios minutos hasta que la rubia, decidida a pedirle ayuda, fue la primera en hablar.
—Disculpa... sé que recién nos conocemos, y bueno, aparte del choque ese día en el festival… — Las palabras demoraban en salir de ella, era la primera vez que se sentía intimidada por una omega y no podía comprender el porqué de su comportamiento. —Verás, quería pedirte un pequeño favor… — Su voz tembló por un segundo, esperando la respuesta de su compañera.
La alfa comprendía por qué nuevamente se quedaba sin palabras al estar frente a ella. Su aroma la atrapaba y le hacía olvidar todos sus problemas, haciendo que su mente quedara en blanco sin darse cuenta.
La omega la evaluó completamente, curiosa por saber para qué la necesitaba. Llamando su atención completamente al no tener una actitud dominante con ella, contraria completamente a como se veía.
—¿Qué favor? —preguntó al darse cuenta que no continuaba.
Pensó bien sus palabras, tenía que ser muy clara si quería que la ayudase sin burlarse de este tema tan delicado.
—Bien... el problema es... que para mí infortunio conocí a mi omega destinado... y... no me agrada la idea de tener que atar mi vida a él.
Lyssandra abrió los ojos al escuchar cómo aquella alfa contaba con su mismo problema. Decidió escucharla entonces y comprender que planeaba hacer realmente.
—Nos hemos conocido hace poco y no es de mi agrado, ese chico es incapaz de siquiera mirarme a los ojos cuando le hablo. ¿Cómo puedo enamorarme de alguien así? Es imposible. — No sabía por qué sentía la necesidad de contar cómo se sentía con Edmund, no tenía que decir más de lo necesario, pero el aroma de la omega le hacía sentir cómoda como para poder seguir quejándose libremente de su vida. —Lo que trato de pedirte es... ¿Quieres fingir ser mi novia? — Ante tal petición de la alfa, ella se sorprendió. —¿Podrías ayudarme a alejarme de él? Aggg esto es tan complicado. —Se llevó una mano tras la nuca y se sonrojó desviando la mirada, esperando no ser juzgada ante semejante solicitud.
El silencio en la habitación regresó y los latidos de la rubia podían escucharse por toda la habitación. Su compañera no respondía y eso le hacía pensar que tal vez la había espantado. Al parecer no podría escapar de su maldito destino después de todo.
Cuando la alfa pensó que lo mejor era disculparse y pedirle que lo olvide, la joven se acercó un paso a ella.
—Es... interesante que me pidas algo así. — La alfa, avergonzada quiso detenerla antes de que rechace su petición, sin embargo, la omega continuó. —Porque estoy pasando por la misma situación que tú, y no hay nadie que odie más en el mundo que a mi... ALFA... — Indicó volteando los ojos mientras soltaba un pequeño gruñido de frustración, de sólo pronunciar la palabra alfa maldijo por milésima vez a la Luna.
—Entonces... —dijo esperanzada, con la mirada fija en ella. —¿Aceptarías tener una relación falsa conmigo para despistarlos? Con un poco de suerte, podemos escapar de esta maldición. ¿No te parece?
Lyssandra nuevamente no respondió. No había pensado que el favor consistía en fingir una relación. Lo meditó por un momento, podría ser su oportunidad de mantener a raya a Ryker. Estaba a punto de aceptar, pero lo pensó mejor, ella no era de hacer favores sin nada a cambio, aun si en esta ocasión también la beneficiaba.
—Está bien, acepto. — Aquellas palabras lograron que la rubia regrese a la vida y una sonrisa comenzara a aparecer en su rostro, sin embargo, la omega volvió a hablar. —No te emociones tanto alfa, acepto ayudarte, pero tú deberás cumplir con las condiciones que te daré. No estás tratando con cualquier omega después de todo.
¿Qué cosas sería capaz de ordenarle aquella omega? Asintió dejándole camino libre para enumerar sus peticiones.
—Primero. — Empezó. —Nada de gestos tan explícitos cuando estemos en público. Solo te permitiré agarrarme la mano. Nada de besos forzados y demás muestras de cariño sin ser extremadamente necesarios. Y el trato que mantendremos en la habitación será completamente de compañeras, ya que nadie más sabrá de esto.
—Segundo, no dejaré que porque seas “mi alfa” puedas darme órdenes bajo ninguna circunstancia. Y deberás estar siempre pendiente de Ryker para protegerme.
—Tercero, tendrás que aceptar todo lo que te diga o pida sin negarme nada. En esta relación yo seré quien domine. ¿Entendiste? — Una pequeña sonrisa burlona salió de sus labios, le convenía este plan, era perfecto para librarse del castaño, pero no significaba que no podía sacar provecho de la situación. ¿No?
Escuchó atenta aquellas peticiones. Sinceramente se esperaba algo más, pero eran cosas que podía realizar y, por alguna extraña razón, le gustó demasiado el atrevimiento de la omega al querer dominarla. Así que con una enorme sonrisa asintió y agradeció a su compañera, que, a ojos de los demás, serían pareja de hoy en adelante. Se acercó para darle un enorme abrazo en agradecimiento, mas la omega le gruñó alejándose del lugar.
—Perdón, me emocioné. — Indicó con su aún imperturbable sonrisa. —Haré todo lo que me pidas y más si se trata de evitar a Edmund por siempre.
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Empezaron las clases y ambas chicas compartían los mismos horarios. Por eso mismo siempre estaban juntas, haciendo así más difícil a los chicos poder acercarse a ellas.
Ryker fue el primero en aprovechar un momento donde la pelinegra se encontraba disfrutando de su almuerzo sola en la cafetería. Estaba esperando a Erza, que aún hacía su cola conversando con Lyra, una amiga que hicieron en las primeras horas de clase.
—Hola hermosa, al fin puedo verte. — Se sentó junto a ella mientras se encontraba distraída. —¿Acaso te asusté tanto aquella noche? —dijo con una sonrisa burlona, tomando su mano sin pedir permiso, dispuesto a llevársela con él.
—Si no te busqué fue porque no deseo que seas mi alfa. — Alzó la mirada hacia él y retiró su mano con un movimiento brusco. —Me das asco.
—Vamos Lyss. ¿Hasta cuándo tendré que esperar? No te hagas de rogar, entiende de una vez que eres mi destinada. No tienes opción, eres mía. — Empezó a liberar sus feromonas para poder descontrolarla y que esta caiga a sus pies. Era un hecho que la omega estaba sufriendo por poner resistencia y eso hacía que se sintiera más orgulloso de tener el control.
—Desafortunadamente para ti, no me encuentro disponible. No pienso romper mi lealtad por algo tan insignificante como lo es el destino. Así que puedes ir retirándote. — Estaba poniendo todo de sí para evitar saltarle encima. ¿Dónde estaba “su novia” cuando la necesitaba? Vaya alfa, pensó disgustada.
Mientras tanto, la rubia veía la escena a lo lejos y un gruñido furioso salió de su garganta. No dejaría que el plan se arruinara por su culpa así que apresuró el paso acercándose a la mesa donde se encontraban Ryker y Lyssandra.
—Disculpa amor. ¿Este alfa te está molestando? — Miró al castaño desafiándolo con un gruñido, mientras se sentaba al lado de la omega besando su cabeza y pasando un brazo por su cintura, pegándola más hacia ella.
La alfa comenzó a bañarla con sus feromonas, sin tener control total de estas al reclamarla ante el alfa. Y sorprendentemente, logró calmarse con el aroma a menta y café que brotaba de la rubia, acercando su rostro instintivamente hacia su cuello refugiándose en ella, ocasionando que el chico cambie completamente su semblante.
—¡¿AMOR?! ¿Debes estar bromeando, no? — Golpeó la mesa con su puño mientras miraba furioso a la alfa, sintiéndose humillado. —Ella es MI omega destinada, maldita rubia. — Él también empezó a soltar sus feromonas, respondiendo a la provocación de la alfa. —¡La omega me pertenece!
Pudo sentir por el aroma que la alfa era más poderosa que él, pero no se dejaría intimidar tan fácilmente. Daría pelea por aquella omega. Tendría que corresponderle en algún momento, era mandato divino de la Luna, y él cumpliría con marcarla de una u otra manera.
Ambos alfas se levantaron de sus asientos al mismo tiempo empezando a gruñirse mostrando sus garras y colmillos, mientras sus ojos empezaron a tornarse de color naranja y amarillo.
—Lyssandra. —Indicó con una voz grave y firme. —Ve al cuarto y no salgas hasta que esto acabe.
—¡Claro que no! ¡Ella me pertenece y eso no está en discusión!
De un rápido movimiento, el castaño saltó hacia la omega, acorralándola mientras empezaba a acercarse muy peligrosamente a su cuello para volver a intentar marcarla por la fuerza. No dejaría que nadie se interpusiera en su camino. Intentó por las buenas conocer a la pelinegra, intentó acercarse de buena manera, pero ella solo se había burlado de él en todo ese tiempo.
¿Cómo olvidó mencionarle que estaba en una relación? Pero igual eso a él no le importaba. La omega era suya por derecho, y estaba decidido a acabar con quien se metiera en su camino y formar por las malas el lazo de ser necesario. Era el orgullo de su clan el ser un destinado y no regresaría a su hogar sin ella.
Lyssandra, por más resistencia que hacía, no contaba con la fuerza necesaria para librarse del agarre del alfa. Solo esperaba que Erza actuara para salvarla de aquella situación o acabaría siendo reclamada. Nunca le gustó depender de un alfa, ni siquiera de su padre, pero en esta situación, ella era su única esperanza.
La rubia ya no podía controlar su rabia y se abalanzó hacia el joven antes que lograra su cometido, empujándolo y soltando su agarre de la pelinegra.
—Corre. ¡Ya! —gritó y la omega, aún en el suelo y con el cuerpo débil, se paró como pudo y empezó a correr.
No fue a la habitación como le había indicado, solo se alejó lo suficiente para poder ver la escena que empezaba a armarse. Y varios estudiantes comenzaban a acercarse, atraídos por el conflicto.
Ryker se levantó del piso, dispuesto a correr tras la omega, cuando un puñetazo impactó en su cara, directo a su nariz haciéndolo sangrar en el acto. Erza estaba alerta, era el primer día de clases, y ya se encontraba defendiendo a una omega de la injusticia del destino. Se preguntaba cómo sería su situación si ella hubiera nacido omega. ¿Pasaría por la misma situación? ¿Alguien la defendería? Se empezó a concentrar tanto en aquello que no pudo esquivar el puño del castaño, que impactó de lleno contra sus labios, ocasionándole una pequeña abertura, y la sangre comenzó a brotarle por la fuerza del impacto.
La pelea se intensificó, ambos alfas gruñían mostrando los colmillos y se encontraban expulsando su aroma por todos sus poros, tratando de intimidar con esto a su rival, pero sin causar ningún efecto. Ya no podían controlarse, sus ojos rabiosos eran señal de peligro y sin saber en qué momento pasó, ambos estaban ya enlobados. Para mala suerte de Faolan, aquel alfa también era prodigio y empataba su fuerza.
Arañazos y mordidas, era todo un espectáculo, pero Erza estaba teniendo la ventaja. Su forma lobuna era más grande y corpulenta que la del castaño, y aprovechando su tamaño y fuerza, empezó a someter al otro lobo. Con un poco de esfuerzo logró tumbarlo y retenerlo mientras sus garras se incrustaban en la carne del alfa haciéndolo rugir de dolor.
Cuando estuvo a punto de someter al castaño, se escuchó el sonido de una bala al aire.
La directora llegó a poner fin al conflicto. Acercándose a los jóvenes sin miedo alguno, apuntándoles con un rifle de tranquilizantes, perfecto para situaciones como estas.
Eran requisitos de la academia, pues los conflictos territoriales o peleas por omegas eran comunes en la sociedad de los lobos.
La directora no dudó y disparó los tranquilizantes contra ambos alfas, logrando que se desmayaran y regresaran a sus formas humanas al instante.
Zyla, junto con un par de profesores, cubrieron los cuerpos desnudos de los jóvenes y los llevaron a sus respectivos dormitorios, donde al cabo de unas horas despertarían.
Lyssandra al ver aquella escena, se apresuró a correr a su habitación, sintiéndose un poco, aunque no lo aceptara, culpable por cómo la alfa terminó herida por su culpa. El plan era solo evitarlos, pero la alfa se había dejado llevar, arriesgándose por ella.
Era esa situación la que hacía que empezara a preguntarse si realmente había sido necesario hacer esa alianza. No quería volver a poner en peligro a Erza o a alguien más.
Si aceptar su destino evitaba que volviera a salir lastimada, quizá debería planteárselo.
Pasaron las horas, y la rubia empezó a abrir los ojos, encontrándose de frente con su compañera. Esta se encontraba con los brazos cruzados mirándola desaprobatoriamente por su impulsiva actitud.
Pero a ojos de la alfa, aquella mirada le demostraba que se hallaba aliviada de verla despertar, brindándole una calidez que recorrió su cuerpo. Ambas se perdieron cada una en la mirada de la otra, siendo incapaces de apartar la mirada y dejando que el silencio hable por ellas.
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