Capítulo 27 de 31
Mark y Lyssandra no reaccionaban y Erza sentía su corazón apretado. Por culpa suya su hermano y su pareja se encontraban heridos. La sola idea de llegar a perder a su familia la tenía tan absorta que no se dio cuenta de que sus padres la llamaban. Regresó en sí al sentir el cálido tacto de Ginebra en su hombro, guiándola fuera de la habitación.
—Erza, cariño, tus padres desean hablar contigo.
La mujer pasaba su mano por su espalda con cariño.
—No puedo dejarlos solos... Por mi culpa están así. —dijo, aguantando sus lágrimas.
—No podemos hacer nada más que esperar a que despierten querida. Anda, ve con ellos, yo te llamaré si despiertan.
La rubia le regresó la mirada con una pequeña y fingida sonrisa. Respiró hondo y soltó todo el aire contenido, preparándose mentalmente para enfrentar a sus padres.
Sabía que su madre no estaría de acuerdo con sus acciones, aunque a estas alturas, ella misma empezaba a compartir ese sentimiento.
A paso lento, con la mirada en el piso, caminó hacia sus progenitores. Sus manos comenzaron a sudar y su corazón se aceleró.
—Erza, ¿me puedes explicar qué pasaba por tu cabeza al rechazar a tu destinado? — Le reclamó Isolda.
Para ella el destino era sagrado, y que su hija se hubiera comportado de esa manera le causaba rechazo.
—Ma…
—¡Y encima marcaste a otra omega! —Le interrumpió.
Erza cerró los puños y dio un paso al frente, enfrentando su mirada.
—Madre, desde el principio te hice saber que no estaba feliz por tener un destinado. — Gruñó al ver que su madre no intentaba siquiera entenderla. —¡Yo no lo amaba!
—Pudiste aprender a amarlo, Erza. ¡El regalo de la Luna es algo sagrado en nuestro clan y tú ya lo sabías!
La alfa bufó ante las palabras de su madre. Se cruzó de brazos y volteó a ver un punto cualquiera, girando el cuerpo para darle la espalda.
—Pues no pude madre. Me enamoré, y ella siente lo mismo.
Isolda iba a reprocharle algo más, pero Erza no la dejó continuar. Levantó una mano para hacerle saber que aún no había terminado.
—El día de la horrible y forzada cita con Edmund, ella chocó conmigo. Estaba escapando de su destinado. Cruzamos miradas y desde ese día no pude sacármela de la cabeza.
—Eso no justifica que…
Erza gruñó tan fuerte que el cuerpo de sus padres se tensó.
—Madre, te lo pido, déjame terminar. — Relajó su cuerpo y continuó. —Casualmente se convirtió en mi compañera de habitación. Pude conocerla más y me empezó a gustar. No quería que nadie más la mirara y mi lobo comenzó a cortejarla silenciosamente con mi aroma. Ella aceptó el cortejo, pero ninguna de las dos nos atrevimos a decir lo que sentíamos por culpa de nuestros destinados.
Sorin pudo ver en su hija el peso y dolor que cargaba por haber sido una destinada y no haber podido elegir libremente a su pareja. Se acercó lentamente a ella por detrás y la envolvió con sus brazos en un fuerte abrazo. Erza comenzó a llorar por la comprensión y cariño de su padre. Limpiándose las lágrimas siguió con su confesión.
—Cuando por fin le confesé mis sentimientos y me dejó marcarla, fuimos castigadas. Mi marca desapareció hace unos días, pero no quiero volver a marcarla hasta saber que estaremos seguras. No quiero que vuelva a pasar por el mismo sufrimiento.
—¿Por qué estabas peleando con ese alfa?
—Era su destinado. Mató a Edmund, y nos dejó sin opciones para librarnos del castigo. Él vino a matarme y recuperar a Lyssandra, creía que tenía derecho sobre ella solo por ser su destinado.
La alfa se giró un poco, buscando la mirada de su madre.
—Y… en serio lo siento, madre, si lo hubiéramos sabido en su momento… Mark no estaría en ese estado. Ni ellos.... —susurró lo último para sí misma.
Sabía que debía contarles del cachorro, pero ya no estaba segura de su existencia.
—Tranquila, mi niña. Esperaremos aquí hasta que Mark se recupere. —dijo Sorin.
Con duda, Isolda se acercó a ella. Seguía decepcionada de sus acciones, pero era su hija.
Ahora que Erza le había mostrado semejante poder, no podía decirle nada. Sería una buena líder para el clan Faolan.
—Siento que nos estás ocultando algo más. Por tus decisiones dos personas están heridas. Ya no nos ocultes nada más, hija. —mencionó Isolda, rodeándola con brazo.
—Se los pensaba decir en cuanto llegaran… pero ahora no estoy muy segura de hacerlo. — Suspiró y se giró hacia sus padres. —Lyssandra está esperando un cachorro mío... o bueno, deseo que lo siga haciendo.
Desvió la mirada y sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas.
Ambos padres se congelaron ante la noticia, mas no la soltaron. Un cachorro…
Compartieron el dolor de su hija. Un cachorro era lo más sagrado en las manadas y no querían pensar en que esa vida se haya perdido tan pronto.
—Hija, ¿qué clase de castigo les puso la Luna? —preguntó su padre.
Erza comenzó a relatar todo lo que habían pasado desde que había marcado a Lyssandra. El castigo, la solución inicial, sus peleas, la cueva y la última solución que les llegó del sr Velkam, quedando sus padres horrorizados con aquella revelación.
Cuando Erza terminó de contar todo, Ginebra fue llegando con una gracia que solo ella poseía al hacer acto de presencia.
—Disculpen la interrupción, señores Faolan. Debemos llevar a los chicos al hospital del pueblo. Aquí solo curaron sus heridas y pararon las hemorragias, pero necesitarán más tratamiento.
—¿Aún no despierta ninguno? —preguntó Erza acercándose a la mujer.
—Me temo que debemos esperar y trasladarlos lo más pronto posible, querida. Vamos, entre más rápido lleguemos habrá más posibilidades de que se recuperen.
La familia asintió y se apresuraron en seguir a la mujer para emprender camino al pueblo. Cuando salieron de la mansión, Conrad ya los estaba esperando para llevar a todos a su destino.
El viaje transcurrió en total silencio, los Velkam y los Faolan no se habían dirigido la palabra desde ese terrible encuentro. En sus mentes solo rondaba la salud de sus hijos.
Mientras tanto, Erza volvió a perderse en sus malos pensamientos.
—————
Ya habían transcurrido dos horas desde que llegaron al hospital. Las dos familias se encontraban en la sala de espera, alertas por cualquier noticia.
Erza caminaba de un lado a otro, mordiendo sus uñas y rascando con fuerza la herida de su rostro. Sin importarle lastimarse cada vez más.
En ese momento, Conrad recibió una llamada de parte de Daniel, uno de sus hombres más leales. Se disculpó con todos los presentes y caminó a otro ambiente para poder hablar más tranquilo.
—Diga.
—Mi líder, me encuentro en su mansión. Me recibió un hombre diciéndome que no estaba y me ofreció a pasar aquí la noche hasta su regreso.
—Correcto. Ahora mismo me encuentro en el hospital por una emergencia familiar. ¿Cuál es el motivo de tu llamada, Daniel?
No quiso sonar cortante, pero no saber cómo se encontraba su pequeña lo ponían ansioso.
—Le tengo noticias por la solución que nos mandó a buscar, mi señor. Es algo...peculiar, pero creo que no afectará la vida de su hija ni de su pareja. Según lo que investigué esta es la manera más efectiva de librarse del castigo.
Una pequeña lágrima se había escapado del mayor. Carraspeó y se calmó.
—Le ruego que me espere esta noche. Apenas salgamos de aquí iremos directamente a la mansión. Gracias, Daniel, siempre puedo contar contigo. Nos vemos.
—Aquí lo espero señor. — Colgó la llamada.
Conrad se arregló el traje, respiró hondo y, con una esperanza renovada, se apresuró a la sala de espera donde se hallaba su esposa y la familia Faolan esperando.
—¿Hay alguna noticia de los chicos? — Fue lo primero que preguntó apenas entró en la sala.
—Aún esperamos, querido. — Ginebra se acercó a él con curiosidad. —Puedo notar que estás más relajado. ¿Qué fue lo que te dijeron?
—Espero algo bueno, cariño.
Conrad y Ginebra caminaron a darles encuentro. Erza seguía caminando de un lado a otro sin dejar de rascarse la herida. De ella salía un fuerte aroma rancio.
Erik se encontraba llorando en los brazos de sus padres. Se había sincerado, necesitando su calor, al confesar su imposible enamoramiento con Edmund. Odiando a la Luna tanto como su hermana.
Conrad se aclaró la garganta, llamando la atención de toda la familia.
—Erza, acabo de recibir una llamada de uno de mis hombres. Está esperándonos en la mansión. Me dijo que encontró una solución un tanto rara pero que no las pondrá en peligro.
El semblante de la alfa cambió ligeramente. Si había una manera de seguir con Lyssandra y poder compartir el lazo, lo haría. Se acercó a su suegro abrazándolo sin importarle las miradas, cuando de repente, un doctor entró en la sala.
—¿Familiares de Lyssandra Velkam?
Conrad, Ginebra y Erza automáticamente se acercaron con velocidad.
—Somos sus padres, doctor. —mencionó Ginebra.
—Su hija despertó, pueden pasar a verla si desean.
—¿Qué hay del bebé? —Erza se adelantó, preguntando desesperada.
El hombre la miró, frunciendo el ceño al ver su rostro lastimado.
—Por el momento no hay ningún peligro, pero deberá estar en observación hasta mañana debido a la pérdida de sangre. Al tener poco tiempo de gestación, el útero está más protegido dentro de la pelvis ósea y no sufrió daños.
Erza relajó su cuerpo y su aroma cambió inmediatamente.
—Señorita, debe hacerse tratar esas heridas.
—Lo mío no es nada. Necesito verla primero.
—¿No prefiere primero…?
—Llévenos a verla doctor. —Ginebra pidió amablemente.
El doctor asintió dejando el asunto. Se giró y comenzó a caminar, guiando a la familia a la habitación y dejando a los Faolan a la espera por noticias de su hijo.
Ginebra fue la primera en entrar y pudo observar a su pequeña hija recostada en una camilla esperando por su llegada. Caminó hacia ella seguida de su esposo. Ambos se sentaron en las sillas que estaban a su costado.
La alfa se encontraba ansiosa de ir y abrazarla, pero debía esperar su turno.
—¿Cómo te sientes, querida?
—Unos ligeros arañazos no podrían jamás conmigo, mamá. Pero reconozco que fue descuido mío por darle la espalda y no asegurarme de que realmente estuviera muerto.
—Me alegro que te encuentres bien, mi cachorra. Pero ¿qué fue lo que pasó para que no te percataras de su ataque?
Conrad preguntó curioso, su hija siempre estaba atenta a su entorno. Él mismo la había entrenado.
Lyssandra guio su mirada hacia Erza, quien desvió la mirada al darse cuenta de cómo la miraba. Su corazón se apretó al ver que definitivamente había perdido uno de sus lindos ojos a causa de la pelea.
Ella no tenía idea de lo que había ocurrido exactamente para que estuviera enloquecida. Volvió la mirada hacia sus padres y se acomodó en la cama.
—Estuve viendo de lejos toda la pelea. Cuando vi que Erza se encontraba en problemas, decidí bajar para ayudarla con el veneno que usamos la última vez en Ryker. Pero cuando llegué, ella lo había mordido en el cuello y le había arrancado un pedazo de carne. — Sus padres se sorprendieron un poco y Erza se sonrojó al recibir sus miradas. —Cuando ella hizo eso, su mirada cambió y se tornó sangrienta. Desconoció a sus propios padres y estuvo a punto de atacarlos. Tuve que intervenir para detenerla. Lo más probable es que se haya infectado con la sangre de Ryker y perdiera la cordura. Cuando logré que regresara en sí, sentí cómo mi cuerpo caía al haber sido atacada.
Ambos adultos comprendieron y abrazaron a su hija diciéndole que se quedarían esa noche antes de salir y dejarla a solas con su alfa.
Erza se acercó lentamente, sujetándose un brazo con el otro y sin poder mirarla a los ojos. Cuando estuvo cerca, se sentó en la camilla, manteniendo la mirada en el suelo.
—¿Qué pasa, alfa?
Estiró su mano hacia su rostro, intentando que la mirara. Al no obtener respuesta, hizo un pequeño esfuerzo aguantando el dolor de su espalda y la rodeó con sus brazos, bañándola con su aroma.
—Erza… Habla conmigo.
La alfa apretó los puños, aguantando el llanto ante el tacto de su pareja.
—Lyss... perdóname. Casi los pierdo. Mi hermano sigue sin despertar... Todo es culpa mía. Yo...
Lyssandra no la dejó continuar. Atrapó el cuello de su novia para atraerla hacia ella y chocó sus labios, besándola con ansias.
Se separaron cuando el aire les hizo falta. Erza quiso volver a besarla, pero la omega la interrumpió.
—La culpa no es toda tuya, Erza. Tú solo me dijiste cómo te sentías y yo te correspondí. Nunca me forzaste a nada y fui yo quien permitió que me marcaras. — Acercó su rostro al de ella, juntando sus frentes. —Nuestras acciones nos llevaron a esto. Pero fue algo que ambas elegimos, amor. Yo te pertenezco y tú me perteneces. Ahora somos una familia.
La alfa soltó a llorar en ese momento. Su corazón latía descontrolado. Lyssandra siempre sabía cómo llegar a ella.
Recordó que Conrad le había mencionado de una solución. Quiso comunicarle de la noticia, pero la omega volvió a adelantarse.
—Tu ojo... — Pasó una de sus manos delicadamente por la herida.
—Creo que fue un buen precio a pagar a cambio de tu vida y nuestro cachorro, ¿verdad? — Bromeó, restándole importancia. —No te preocupes, ahora seré más respetada con esta herida de batalla.
—Me alegro de que hayas sido tú quien ganara. Cuando vi que él estaba encima de ti… temí lo peor.
—Fue un descuido, escuché los gritos de mis padres y me distraje. Él aprovechó eso, pero pude voltear la situación. Lo único que no debí hacer fue probar su sangre. Puaj... sabía horrible...
Lyssandra dejó escapar una pequeña carcajada al ver cómo Erza hacía gestos extraños.
—Por cierto, Lyss. Tu padre me dijo que uno de sus hombres encontró otra alternativa para deshacernos del castigo. Nos está esperando ahora en la mansión.
—Espero que no sea otra misión suicida. — Suspiró, tocando su vientre. —Ni tenga nada que ver con sacrificar a nuestro cachorro.
—Algo me dice que al fin podremos ser libres sin tanto sufrimiento.
Se acomodó en la cama y besó su frente. La miraba con dulzura mientras acariciaba su vientre y soltaba sus feromonas.
— Descansa, amor mío.
—————
Al día siguiente, los Velkam y Erza se dirigieron a la mansión, mientras que los Faolan se quedaron esperando a que Mark se recuperara por completo.
Al llegar, Daniel ya los estaba esperando en el recibidor.
—Mi líder, vengo a traerle buenas noticias con respecto a su hija.
—Es un placer escuchar eso. Vamos Daniel, cuéntamelo todo.
—Aunque no lo crea líder, su hija y su pareja no son un caso extraordinario. En mi viaje conocí a muchas parejas que habían sido destinadas y pudieron librarse de la Luna.
—¿Y cómo es que el consejo de sabios solo tiene registrado dos casos? —preguntó Erza.
—Eso es debido a que La Diosa Luna es un ser que se alimenta de los sacrificios. Entonces la solución más viable que ellos dan es la muerte de los destinados, siendo tributos hacia ella. Es por eso que en la antigüedad se construyeron muchos templos para sacrificios en cuevas alejadas. Actualmente están prohibidas.
—En una de esas cuevas es que Ryker buscaba respuestas al igual que nosotras, y ahí mismo me maldijeron para acabar con Lyssandra. Me enlobaron e hicieron que la desconozca para cazarla.
Erza gruñó al recordarlo.
—Es en una de esas cuevas que deberán realizar un pacto de sangre para recuperar su libertad.
—¿Eso es seguro? —preguntó Ginebra levantando una ceja. —Un pacto de sangre siempre implica algo a cambio.
Daniel quedó unos segundos en silencio.
—No puedo asegurarle al cien por ciento, mi señora.
—¿Entonces qué nos asegura que realmente funcione? —preguntó Lyssandra.
—Cada pareja que visité me daba respuestas diferentes, pero todas lograron ser perdonadas.
Por unos segundos el silencio reinó en la sala. Aquellas respuestas no eran lo que esperaban.
—Daniel, ¿cómo conseguiste esos datos? — Conrad indagó.
—La información que conseguí no es pública. El consejo de sabios amenazó a cualquiera que divulgue la verdad. Debí ser muy discreto para lograrlo.
—¿Y en qué consiste ese pacto, Daniel?
—Tu hija y su pareja deberán asistir a una de las cuevas con un padre a elección. Al llegar, tienen que resistir los gritos y el dolor de cabeza que les causarán sus hijos, sin enlobarse. Una vez logrado, la Luna misma bajará. En ese momento le ofrecerán su sangre y las chicas recitarán el cántico grabado en la mesa de ritual.
Erza asintió, mirando de reojo a su pareja al sentir cómo su aroma comenzaba a cambiar. Lyssandra intentaba aguantar sus náuseas.
—Cuando la Luna se sacie, solo deberá quedar la pareja. La omega deberá entregarse en cuerpo a la alfa como ritual, esperando que la Luna le dé permiso para volver a ser marcada.
Conrad se removió incómodo en su asiento, mientras Erza y Lyssandra se sonrojaron al imaginarlo. Ginebra permanecía serena en su asiento, pidiéndole al hombre que continuara.
—Las chicas deberán renunciar por un año entero a su humanidad, dejando que su lobo tome el control sin posibilidad de retorno hasta cumplir el tiempo pactado. En ese tiempo no tendrán la protección de nadie, ya que estarán renunciando a sus manadas. Al cumplirse el año, la Luna misma les devolverá su humanidad y podrán regresar o formar su propia manada.
La sala quedó en silencio por unos minutos. La solución no sonaba tan descabellada, y era relativamente fácil de cumplir. Erza no entendía entonces por qué el consejo ocultaba esa alternativa. Hubieran evitado tantas muertes a manos del alfa.
—Daniel, Lyssandra está gestando. Días antes vino Jack informándonos que si Erza marca a mi hija, la Luna se cobraría la vida del cachorro y anularía el castigo. ¿Ese ritual podrá afectar la vida del cachorro o hay posibilidad de que la Luna lo reclame?
—La Luna no tomará la vida del cachorro siempre y cuando cumplan cada paso del pacto. Solo céntrense en saciarla con su sangre antes de que la alfa marque a tu hija. La Luna no toma más de lo que le ofrecen. Si la alimentan bien, no tomará la vida de nadie más.
—¿Y el cachorro nacerá lobo? ¿Podrá convertirse mientras ellas estén enlobadas? — Ginebra consultó.
Si lo hacían ahora necesitaba esas respuestas. Si esperaban a que primero naciera, el cachorro estaría un año sin sus madres. Al no tener cerca sus aromas, se deprimiría y moriría de tristeza al sentirse rechazado.
—El cachorro nacerá como lobo y permanecerá así hasta cumplir el pacto.
—Perfecto. Daniel nos acabas de dar las mejores noticias después de tanto sufrimiento. Como siempre, cumpliré mi promesa, serás muy bien recompensado. Ahora, debemos hablar en familia.
Daniel entendió el mensaje y se despidió de la familia. Solo debían esperar que Mark se recuperara para que Erza pudiera pedir la ayuda de su padre y para realizar el pacto.
Al fin tendrían su libertad.
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