Capítulo 26 de 31
—¡Ginebra! ¡Llama al curandero, rápido! —gritó Conrad
La vida del joven lobo pendía de un hilo, y no podía permitir que se rindiera.
Ginebra salió corriendo en busca del hombre y Lyssandra bajó de la planta superior al escuchar el grito desesperado de su padre.
—¿Padre, qué ha ocurrido?
Lyssandra quiso acercarse, temiendo lo peor, pero fue detenida por la mirada de su padre. Desde cierta distancia pudo ver como Conrad y Erik intentaban controlar la pérdida de sangre presionando la herida que Ryker le había dejado, sin resultado.
—Lo que temíamos. — La miró fijamente, confirmándole así su temor. —Ryker, se encuentra en este momento peleando con Erza.
La sola mención de ese nombre hizo que su cuerpo se tensara y su aroma cambie. Frunció el ceño y cerró los puños, caminando hacia su padre.
—¡¿Y la dejaste sola?! — Le reclamó.
Ella deseaba… no, sabía que su alfa podría con él. Pero el solo hecho de pensar que resultara herida o, peor aún, que Ryker pueda matarla la ponía ansiosa.
Conrad bajó la mirada, concentrándose aún en el cuerpo del muchacho. Quiso reclamarle a Erik, pero al verlo desesperado, con lágrimas en los ojos, intentando que su hermano respondiera a sus llamados…
—Tenía que ayudar a su hermano, hija. No se perdonaría que muriera por su culpa. — Suspiró negando con la cabeza. —Además, no nos permitió acercarnos.
Lyssandra asintió, no muy satisfecha con la respuesta. Se dio la vuelta y corrió hacia una de las habitaciones donde pudiera observar la pelea de su alfa. Necesitaba estar alerta por si llegara a necesitar su ayuda.
—¡A dónde vas, Lyssandra!
Pero ella ya se había marchado.
Minutos después Ginebra regresó acompañada del curandero, quien llegó corriendo con un maletín donde tenía lo necesario para tratar sus heridas. Con velocidad se acercó al lobo herido, rompiendo polo y taponeando las heridas con gasa y fijándolas con una venda. Luego procedió a tratar y coser las heridas menores.
La regeneración del lobo estaba actuando, pero era muy lenta. Debían actuar rápido o podría morir en cualquier momento.
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En las afueras, ambos lobos seguían gruñéndose, pero ninguno había dado el primer paso. Conscientes de que un solo movimiento en falso podría ser el fin para cualquiera. Su sangre hervía, sus pelajes estaban erizados y sus corazones latían desenfrenados.
El viento soplaba violentamente agitando sus pelajes mientras una corriente cálida descendía desde el cielo recorriendo sus cuerpos, despertando sus instintos más primitivos. La Diosa Luna, atenta al enfrentamiento, esperaba con ansias su banquete.
Ambos aullaron en ese momento a la Luna. Ryker por el sufrimiento que sentía al haber perdido la vida que tenía y el calor de su manada a causa de ella; Erza para expresar la amargura que sentía al no haberla dejado amar libremente.
Al terminar con sus lamentos, ambos lobos, como si estuvieran conectados, corrieron ágilmente al encuentro del otro. Chocaron al instante, lanzando zarpazos y mordidas en un intento por desgarrar a su oponente.
El alfa, ya ciego de rabia, iba directo hacia los puntos vitales de la loba, queriendo terminar con todo lo más rápido posible. En cambio, ella esquivaba sus ataques con agilidad y contraatacaba con golpes dirigidos a su pecho y vientre, cortándole la respiración por momentos. Uno de sus golpes hizo que Ryker cayera al suelo, intentando recuperar el aire.
La loba no se acercó. Su mente estaba dividida. Mantenía la mirada fija en el alfa frente a ella, pero no podía dejar de pensar en su hermano.
El alfa gruñó y corrió a cuatro patas, abalanzándose sobre ella al encontrarla distraída. Logró arañarle el pecho y parte de los brazos. Ambos rodaban por el suelo, intentando tener el control de la pelea. La fuerza de ambos estaba igualada.
Líquido caliente corría por sus cuerpos, tal como en su primera batalla. También tenían encima la sangre de su oponente, alimentando sus instintos asesinos con cada segundo que pasaba. Pero el alfa era quien más cedía a ella, debido a la adicción que la sangre había comenzado a generar él.
La loba escuchó un grito de dolor proveniente de su hermano y desvió la atención hacia la mansión, bajando la guardia por unos segundos. Ryker aprovechó el momento para abalanzarse nuevamente sobre ella y desgarrarle el hombro, inmovilizándole uno de los brazos.
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En la mansión, el curandero seguía tratando las heridas de Mark. El joven lobo apenas podía mantenerse consciente debido a la pérdida de sangre.
—Necesito que lo mantengan quieto. — Ordenó.
Conrad sujetaba al joven lobo, mientras Erik seguía presionando la venda contra la zona herida. Sus manos temblaban.
—¿Va a sobrevivir? —preguntó Erik.
El curandero no respondió de inmediato, siendo suficiente para que su miedo aumentara.
—¡¿Va a sobrevivir?! — Repitió, elevando la voz.
—Ha perdido mucha sangre. Pero estoy haciendo todo lo posible por mantenerlo estable.
Cuando el hombre presionó alrededor de la herida, causó un dolor tan intenso en Mark que un grito desgarrador escapó de su garganta.
—¡Mark! — Erik lo sujetó con fuerza. — Por favor, hermano… resiste.
Erik rompió en llanto y Ginebra lo rodeó con un brazo, intentando tranquilizarlo.
El curandero consiguió finalmente controlar la hemorragia y comenzó a coser la herida.
Mark volvió a gritar.
Esta vez, sus gritos atravesaron las paredes de la mansión.
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El alfa estaba satisfecho. Había obtenido la ventaja y, finalmente escuchaba los tan ansiados aullidos de dolor de la loba que odiaba. Sin apartarse, hundió aún más sus garras en su carne.
La loba aprovechó su otro brazo para arañarle el pecho y parte del estómago. La sangre salió disparada a su rostro y llegó hasta sus ojos, provocándole una ligera ceguera. Eso fue suficiente para que Ryker reaccionara y rasguñara con furia su rostro, logrando lastimarle seriamente el ojo.
Erza aulló de dolor llevándose ambas patas al rostro, limpiando desesperadamente la sangre salpicada del alfa que entraba en la cavidad de su ojo. El ardor y dolor de las heridas iba en aumento, su corazón comenzó a latir desenfrenado y su respiración se agitó. Su ojo derecho se encontraba muy lastimado y su vista comenzaba a oscurecerse.
Parpadeó varias veces con fuerza, frotándose el ojo con su pata temblorosa, pero nada cambiaba. Giró su vista hacia el alfa quien la veía con una sádica sonrisa, relamiéndose los colmillos.
Erza retrocedió presa de sus emociones y Ryker aulló a la Luna, orgulloso de su batalla. Sin embargo, para él no era suficiente. Necesitaba cobrar venganza contra la causante de sus desgracias y, al ver cómo la loba retrocedía y temblaba, supo que se encontraba cerca.
Gruñó con fuerza y corrió directamente a la loba lastimando su brazo herido sin que pudiera responder.
<<¡REACCIONA! DEBEMOS PERMANECER JUNTOS>>
suplicaba el lobo sin respuesta.
Erza se encontraba aturdida. Su visión había desparecido de un lado, su cuerpo estaba débil y cansado, su hombro y brazo se encontraban inmovilizados, y su espíritu de lucha se había apagado.
La confianza que días antes se atribuía se había perdido al ver cómo Ryker se burlaba de ella, sin daño en su cuerpo como ella lo tenía.
Siempre ganó todas sus batallas. Siempre demostró su superioridad y entrenaba diariamente para ser tan fuerte como esperaban. Pero jamás había llegado a herir de gravedad, mucho menos matar. No podía.
<<¡SI NO REGRESAS PERDEREMOS Y MATARÁ A NUESTRA OMEGA Y AL CACHORRO!
Debían seguir juntos, pero el golpe letal de Ryker había logrado separar su conexión, dejando solo al lobo sin la presencia de Erza.
<<¡POR FAVOR! ¡REACCIONA! ¡¡NUESTRA FAMILIA NOS NECESITA!!>>
La respiración de Erza se aceleró. El dolor que sentía era insoportable, pero el deseo de proteger y ver nacer a su cachorro comenzaba a superar su miedo.
No podía huir. Desde un inicio supo que sería una batalla a muerte y ella tenía mucho por lo que luchar. No dejaría a Lyssandra sola, y no dejaría huérfano a su cachorro.
Su determinación y su instinto protector regresaron con fuerza. Ya no podría seguir conteniéndose. Aquello no era como sus antiguas peleas. Ryker era una amenaza para su familia y jamás los dejaría tranquilos. Era hora de que fuera ella quien tomara el control de la batalla.
<<Si me voy no podré cumplir mi promesa, ¿verdad? Alfa pervertido>> Erza volvió, recuperando la conexión con su lobo.
Ryker se lanzó confiado hacia su lado ciego, pero la loba lo esquivó.
Aunque había perdido la visión de un lado, su conexión con su lobo le permitía percibir los movimientos del alfa de una manera distinta.
Erza se colocó en cuatro patas, lista para atacar y se abalanzó hacia las patas traseras del alfa, aferrándose a ellas y haciéndolo caer al suelo. Lo inmovilizó y clavó sus garras a lo largo de sus patas, desgarrando su carne. El alfa gruñía y se retorcía logrando liberar una de sus patas para patearla pero la loba lo capturó con sus fauces y apretó su mordida, logrando romperle los huesos.
Desesperado, arañó la espalda de la loba, dejándole varias heridas.
Pero para Erza, el dolor había pasado a segundo plano. Tenía un solo objetivo, y era proteger a su familia. Quería estar presente en sus vidas, ver crecer a su pequeño.
Y para eso, debía reclamar la vida del lobo.
—————
Los Faolan se encontraban extrañados porque su hijo no había llegado a la hora pactada.
Isolda se encontraba molesta al enterarse de que su hija había rechazado el regalo que la Diosa le había brindado a su clan. Más aún, se había atrevido a marcarla.
Sorin, mientras tanto, trataba de calmar el enojo de su alfa con sus feromonas. Todo el camino se lo había pasado intentando razonar con ella. No le parecía justo que su pobre cachorra no pudiera ser libre de amar a quien ella realmente quería.
Lo que ninguno sabía, era que fruto de esa relación, se formaba un nuevo ser en el vientre de la omega.
—Mark no suele ser de los que llegan tarde a ningún lado. —dijo, arrugando la frente. —¿Qué estará haciendo ese muchacho que aún no llega?
Isolda comenzó a avanzar hacia los dominios de los Velkam al pensar que su hijo no llegaría pronto.
—No desesperes, alfa. Debe estar en camino.
Sorin mantenía la calma, avanzando al lado de su esposa.
Mientras ambos caminaban hacia la mansión de los Velkam, escucharon un aullido de advertencia.
Sus sentidos se agudizaron, aquel aullido era de su hijo. Un escalofrío les recorrió la espalda y, sin saber en qué momento, sus piernas habían comenzado a correr en dirección al aullido.
—¡Mark! —gritó la mujer
Su hijo se encontraba en peligro. He ahí el motivo de su tardanza.
—¡Hijo, responde! — Siguió llamando.
—Debemos transformarnos Isolda, nuestro hijo necesita ayuda.
Ambos se fueron enlobando mientras sus pies seguían en movimiento. Poco les importaba el dolor de la transformación, ni que sus huesos se rompieran creando unos nuevos. Su hijo los necesitaba y ellos lo encontrarían.
A medida que avanzaban y se adentraban al territorio de los Velkam, vieron con horror los cuerpos asesinados de varios omegas tirados en los alrededores. Se percataron de que
algunos se encontraban sin sus corazones, siendo cruelmente asesinados.
El pavor de que su hijo fuera la siguiente víctima les impulsó a correr lo más rápido que sus patas le permitían, pero cuando al fin llegaron, no era su hijo el que se encontraba en ese lugar.
Frente a ellos se encontraba un lobo marrón, más grande de lo normal, con los ojos inyectados en sangre y varias heridas en el cuerpo. Este mantenía acorralada contra el suelo a una loba ligeramente más grande, también herida. Ambos forcejeaban por quedar encima.
No tardaron en reconocer que era su hija la que se encontraba acorralada y el primer instinto de ambos fue lanzarse contra la bestia. Sin embargo, Erza, al reconocerlos desde la distancia, les lanzó un fuerte gruñido de advertencia, congelando a sus padres al instante.
Era su pelea y no permitiría que nadie más saliera herido por sus decisiones.
El forcejeo no duró mucho. Erza pateó la pata mordida del alfa desestabilizándolo, logrando cambiar sus posiciones. Ahora ella se encontraba encima, apretando con una de sus patas traseras la pata más lastimada del alfa, sacándole varios chillidos y gritos de dolor.
Pero él no era un lobo fácil de vencer, y más aún ahora que se encontraba dominado por la locura. Su dolor era pasajero y cada aullido de dolor que le sacaba a Erza era tan placentero, que lo impulsaba a seguir luchando.
El alfa, con su otra pata trasera, le dio un fuerte rodillazo directo en el estómago, sacándole el aire contenido y permitiéndole escapar del agarre de la loba.
Ryker volvió a embestirla y la loba apenas pudo reaccionar a tiempo, esquivando una letal mordida que iba directo hacia su yugular.
Erza se giró y lo atrapó primero, tirándolo al suelo y acercándose para morderle el cuello. Le arrancó un pedazo de carne y aplastó su cabeza con fuerza contra el suelo, noqueándolo.
El sabor de la sangre se sentía extraña y picante.
Antes de que pudiera darle otra mordida para acabar finalmente con la vida del alfa, Erza cayó al suelo. Al haber tragado la sangre del alfa, un ardor le recorrió desde la garganta hasta el pecho.
Su vista empezó a nublarse y la conexión con su lobo volvía a perderse. El cuerpo le quemaba. Su cordura empezó a desaparecer y la sed de sangre nacía en ella.
La Luna sonrió con satisfacción. Había infectado a la loba con la sangre impura del alfa. Pronto tendría la vida de ambos lobos en sus manos.
Un ruido cercano alertó a la loba. Desvió su mirada hacia un par de lobos que se encontraban mirándola, pero no pudo reconocerlos. Les mostró los colmillos gruñendo y erizando su pelaje, acercándose lentamente a ellos.
Los Faolan quisieron alejarse y sus cuerpos habían dejado de responder. No entendían qué pasaba con su hija. Su ojo había cambiado de color a rojo y su aroma se había vuelto más agrio.
Cuando la loba se encontró a escasos metros, se relamió los colmillos y se posicionó, lista para atacar. Pero un grito a sus espaldas llamó su atención.
—¡Erza!
Lyssandra había estado observando en silencio la pelea de su pareja, atenta a cualquier movimiento para intervenir por si necesitaba ayuda.
La loba giró gruñendo hacia el grito, encontrándose a una pequeña omega frente a ella. Se acercó a ella con curiosidad. Había algo en el aroma de la omega que le llamaba, pero no sabía qué.
Sin embargo, no podía dejar de mostrarle los colmillos mientras seguía gruñéndole.
—¡Soy yo, alfa! ¡Reacciona!
La loba luchaba internamente para reconocer aquella voz. Su lobo le gritaba que debía protegerla porque, muy en el fondo, aún sentía el peligro. Pero dentro de ella una voz le ordenaba matarla para que calmara el dolor que sentía por la sangre impura del alfa.
Pero Lyssandra, al creer que Ryker estaba derrotado al verlo tirado en el suelo, siguió intentando regresar a su pareja a la realidad.
—¡Alfa!— Se acercó a ella, aun con miedo. —¡Erza, tienes que regresar!
Su corazón la reconoció primero. Ladeó la cabeza al ver como la omega se acercaba a ella sin temblar.
—¡Te necesito a mi lado! ¡Tu hijo te necesita!
La mirada sangrienta de la loba comenzó a desaparecer al reconocer la voz de su amada.
Avanzó hacia ella gimoteando con las orejas gachas, agitando la cola. Y Lyssandra avanzó confiada al ver que su alfa volvía a la normalidad. Ninguna se dio cuenta del peligro.
No podía procesar lo que estaba ocurriendo. Frente a ella, su pareja caía lentamente al suelo. Había sido herida por la espalda.
La loba corrió hacia ella, viendo como un charco de sangre salía de su amada. Aulló y lloró, mirando con rabia al ser más despreciable que había conocido.
Ryker le mostró los colmillos, sonriendo con burla. Pero cayó al instante por el sobreesfuerzo que había realizado para dañar a la omega. Sentía su vida desvanecerse, pero al menos cumpliría su promesa con la Diosa. Si no podía matar a Erza, al menos la haría sufrir en vida, llevándose con él a su amada y su cachorro.
La furia que sintió Erza y su lobo en ese momento ya no podía controlarse. Se lanzó hacia el alfa y, sin arriesgarse a probar nuevamente su sangre, desgarró su garganta una, dos, tres veces, acabando al fin con su vida.
Se apresuró a volver con su omega y la cargó entre sus patas, corriendo hacia la mansión lo más rápido que podía.
En ese momento los Faolan reaccionaron, dándose cuenta del poder de su hija. Con una sola mirada los había sometido.
Pero ahora ella los necesitaba y corrieron tras ella para brindarle el apoyo que necesitara, reconociéndola como la líder del clan.
La loba lloraba desconsolada, maldiciéndose internamente por no haber estado alerta de los movimientos de Ryker y no haberle hecho caso a su lobo cuando este le advertía del peligro.
Su deber como alfa era protegerla, y le había fallado.
Por su falta de control, ahora su pareja y su cachorro estaban muriendo en sus brazos
Aulló lo más fuerte que pudo pidiendo ayuda.
Al escuchar sus lamentos, Conrad y Ginebra salieron disparados para recibir a la loba, quien cargaba el cuerpo sangrante de su hija. Le dieron espacio para que entre, y con cuidado la depositó en uno de los sillones.
El curandero corrió hacia Lyssandra y comenzó a tratarla de inmediato, bajo la atenta mirada de sus padres y su pareja.
Pero Erza solo sentía culpa, miedo y ansiedad.
No podía perderla, no ahora que eran libres.
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