Capítulo 25 de 31
La mañana se hizo presente y los rayos de luz entraron con fuerza en la habitación donde se encontraban las chicas. La primera en despertar fue la alfa, que se movió delicadamente para no despertar a su pareja.
Afuera de la mansión comenzaron a escucharse aullidos. Caminó hacia el balcón de la habitación y pudo ver a sus hermanos transformados. Se encontraban luchando contra un lobo negro más grande que ellos, sin embargo, no pudo percibir ningún tipo de peligro. Supuso entonces que aquel lobo se trataba de su suegro.
Regresó a la cama y movió delicadamente a su pareja para despertarla y empezar el día.
Cuando Lyssandra se levantó, ambas se alistaron y fueron a darles alcance a los hermanos Faolan. Ellos se encontraban cansados, y no habían logrado atinarle ni un solo golpe al mayor.
El lobo dentro de Erza pedía a gritos salir. Veía en el mayor un digno oponente para practicar su enfrentamiento con Ryker. En ese momento se dio cuenta de la oportunidad. Debía empezar a negociar con su lobo y buscar la manera de luchar juntos. Parte instintiva y parte racional.
El lobo negro gruñó a los hermanos, pidiéndoles que pararan, al darse cuenta de la presencia de la rubia. Levantó una pata y la señaló, diciéndole que sería su turno de pelear.
Cerró los ojos y respiró profundo, concentrándose para comunicarse con su bestia.
<<Debemos unirnos, ni tú ni yo dominaremos. Juntos protegeremos a nuestra familia.>> — Intentó razonar con su bestia.
<<Cachorro es prioridad. Mi furia será suficiente para matar al alfa.>> — Replicó.
<<Debemos estar juntos, como dijo el señor Conrad.>> — Pidió.
<<Yo soy superior a él. Ya lo vencí una vez.>> — Gruñó, comenzando a enfurecerse.
<<Nunca hemos matado a nadie antes y él está fuera de control.>>
<<¡Podría matar si me dejaras!>> — Reclamó.
<< No somos así, somos mejores. Pero tampoco quiero que nos descontrolemos y acabemos como él>>
<<¡Él intentará acabar con nuestra familia!>>
Guardó silencio por unos segundos. Su lobo no estaba equivocado en una cosa: Ryker ya no era el mismo al que había enfrentado antes. Si quería proteger a Lyssandra y al cachorro, necesitaría confiar en él.
«Podemos hacerlo juntos. Pero ninguno dominará al otro.»
El lobo guardó silencio y ella respiró profundamente antes de continuar.
<<Luchemos juntos contra Ryker. Defendamos a nuestra familia y… te dejaré ser libre en ciertas ocasiones>> — Negoció, ya sabiendo lo que el lobo buscaba con su omega.
El lobo aulló internamente y se unió con ella, dándole paso a su transformación. Los huesos rotos, gemidos de angustia y gritos de dolor se hicieron presentes mientras la loba cambiaba. Su tamaño y musculatura aumentó. Se veía más imponente. Sus colmillos habían crecido a comparación de su transformación regular, sin embargo, sus ojos no cambiaron de color. Seguían siendo azules, pero ahora tenían un brillo más salvaje.
<<Pervertido>> — Rio, al terminar convenciéndolo con eso.
El aullido del alfa la sacó de sus pensamientos y lo vio posicionarse frente a ella para dar comienzo a su entrenamiento. Erza, en alerta, se colocó en cuatro patas, con su vista fija al mayor. Esperaba paciente a cualquier movimiento para contraatacar.
Conrad corrió hacia ella por su lado izquierdo, dispuesto a atacar a la loba con sus garras. No le mostraría piedad. En el fondo deseaba saber la fuerza de la pareja de su hija. Probar su valor como alfa y prepararla para su pelea.
La loba saltó hacia atrás y se impulsó con sus patas traseras para derribar al mayor.
El alfa reaccionó rápido y con sus patas delanteras agarró fuertemente a la loba, tirándola hacia un costado, estrellándola contra los árboles.
No fue tan fácil, él ya era un lobo mayor y la alfa le superaba en tamaño, pero sus años de experiencia lo compensaban. Por algo era muy respetado en su clan y temido por los demás. Ningún lobo estaba tan loco como para meterse con su manada. Gracias a él y su esposa, los Velkam eran respetados en cualquier parte del mundo.
La loba gruñó y se puso de pie al instante para correr hacia el alfa. Cuando se encontraba a una distancia considerable vio que el alfa la recibiría por arriba con sus garras. Agachó medio cuerpo tomando impulso y arañó varias veces el estómago y pecho del alfa, quien al no reaccionar a tiempo, retrocedió y aulló de dolor.
Las heridas eran superficiales. La loba sabía que debía luchar en serio con el alfa, pero no quería lastimarlo más de lo necesario. Tampoco quería que pensara que no lo tomaba en serio.
La diferencia de poder era notoria, sin embargo, ninguno cedería.
La pelea siguió unos minutos más, dejando a ambos cansados y con varias heridas superficiales. Finalmente, Conrad retrocedió ante el último ataque de la loba y ella permaneció firme frente a él.
Ginebra se acercó hacia ellos llevándoles mudas de ropa.
—Vaya, vaya... —Sonrió mientras se acercaba a su esposo. —Parece que ahora eres el segundo lobo más fuerte de la manada.
Conrad soltó una carcajada.
—No exageres. Esa cachorra solo tuvo suerte.
—¿Suerte? —Arqueó una ceja. —Lyssandra no estaría de acuerdo con eso.
—¿Acaso no me crees?
—Todos pudimos ver cómo te tenía contra el piso, querido.
Conrad negó con la cabeza entre risas. Lyssandra y los hermanos se acercaron a ellos, divertidos.
—Me dejé ganar, cariño. Tenía que comprobar de qué era capaz la pareja de mi cachorra.
—¡Padre! — Se quejó. —Acepta que Erza te venció limpiamente.
El alfa sonrió avergonzado y Ginebra lo abrazó con cariño, acercándose a él para susurrarle en el oído:
—Tú siempre serás el alfa más fuerte para nosotras, querido.
Entre bromas y risas, ambos adultos fueron los primeros en dirigirse a la mansión, seguidos de Mark y Erik, quienes los miraban con diversión.
Al quedar solas, Erza se acercó a Lyssandra, con una sonrisa gigante en el rostro por su reciente victoria.
—¿Qué tal estuve?
Se acercó a ella tomándola de la cintura para besarla.
—Admito que al comienzo pensé que mi padre te daría una paliza.
—Pude controlar a mi lobo. Ahora somos uno. ¿Lo viste?
Conectarse con su lobo también le había conectado con su entorno. Y lo mejor fue que era consciente de todo.
—Escuché que no es simple la conexión con tu lado salvaje. ¿Cómo lo lograste tan rápido? —preguntó curiosa.
No era ajena de aquella información gracias a su padre.
—Amm... — Se sonrojó recordando lo que le había prometido. —Bueno, Lyss... yo... — Se rascó la nuca desviando la mirada.
Levantó la ceja y se cruzó de brazos, analizando sus reacciones.
—Erza... ¿Qué fue lo que hiciste?
La alfa sonrió tímidamente y tomó su mano.
—Yo... le prometí... que sería libre en... ciertos momentos...
Lyssandra no pudo comprender a qué se refería. Pero luego sintió cómo la alfa la devoraba con la mirada, captando por completo el trato que había hecho con el lobo.
—¿Me vendiste a tu lobo pervertido? — dijo, fingiendo estar ofendida.
—En mi defensa, no pusiste ninguna resistencia cuando él salió la última vez. — Argumentó. —Es más, creo que lo preferiste a él en aquella ocasión.
Se cruzó de brazos y se acercó a ella juguetonamente, logrando que Lyssandra se sonroje y baje la mirada al recordar las diferentes formas en que la alfa la tomaba.
—Nos están esperando. — Cambió de tema y caminó rápidamente en dirección a la mansión para dar alcance a su familia.
Erza rio y corrió tras ella. La pelea la había dejado hambrienta y necesitaba recomponerse. En cualquier momento Ryker aparecería y debía estar preparada. Su prioridad ahora era únicamente defender a su familia.
—————
Ryker se encontraba de camino a la mansión. Al llegar a la academia no percibió el aroma de Lyssandra o de la alfa. Supo que se enteraron de su escape y se habían marchado antes de su llegada.
Debía ser cuidadoso, no sería fácil encontrar a sus presas y más de uno lo esperaba para cazarlo.
Mientras corría por el bosque cercano a la carretera, reconoció el aroma de Lyssandra. El rastro era reciente, se encontraban cerca, a medio día de camino.
No importaba quién lo recibiera primero, les daría a todos el mismo destino. Su lobo se había vuelto loco al imaginar en el festín que se llevaría con el cuerpo destrozado de Erza una vez acabara con ella.
En su mente solo estaba cumplir con su venganza y la promesa hacia la Luna. El dolor que albergaba en su corazón seguía creciendo y su parte humana cada vez se hacía más débil.
Después de horas corriendo, por fin, había llegado. Se escondió cerca de los alrededores de la mansión que alguna vez visitó al encontrar a su destinada.
Recordó en ese momento con frustración. ¿Qué había hecho mal para no obtener más que la fría mirada y el rechazo de su destinada?
Seguía sin poder comprenderlo. Siendo un alfa tan poderoso y deseado. ¿Por qué su destinada no quiso aceptarlo?
Si Lyssandra no lo aceptaba esta última vez, cumpliría su promesa y la ofrecería como sacrificio para su Diosa, junto a su bastardo.
Avanzó sigilosamente entre la maleza del bosque y se sentó a observar. Podía sentir varios aromas de omegas que se encontraban vigilando las entradas. Esperó el momento adecuado para atacar. Esos omegas no serían nada para él.
Pudo ver cómo se iban dispersando y varios de ellos se fueron adentrando hacia la maleza.
Su primera víctima pasó muy cerca de donde se encontraba. Saltó sobre él, sin darle oportunidad de gritar al desgarrar su garganta de un solo tajo, matándolo al instante. Se relamió los colmillos y arrancó el corazón del hombre.
La segunda se encontraba desprevenida por haber respondido una llamada. Ocultó su presencia y lo atacó por la espalda. La omega intentó defenderse y enlobarse, pero antes de que pudiera hacerlo, el alfa le saltó encima y le abrió el estómago con las garras.
Ryker siguió matando a cada omega que encontraba. Ya no lo hacía solamente para abrirse camino hacia su destino. Su locura se iba consumando por cada muerte que hacía, volviéndose una adicción.
Necesitaba más, necesitaba una presa más grande.
Fue entonces cuando lo vio. Un alfa había salido de la mansión. Era joven, tenía recuerdos vagos de haberlo visto.
Al ya no haber omegas que pudieran alertar de su presencia fue en dirección al alfa, escondiéndose cerca del camino. Esperaría paciente a su llegada, incluso le daría la ventaja de enlobarse.
Estaba ansioso por jugar con su presa.
—————
—Iré a darle alcance a nuestra madre, Erza. No sabe al detalle lo que ocurre, pero se escuchaba molesta cuando traté de explicarle.
Mark le avisó caminando hacia la salida. Sus padres habían llegado al territorio para reunirse con los Velkam.
—¿Y Erik? ¿Por qué no va contigo?
—Esta ayudando a la señora Velkam a preparar la cena. — Se encogió de hombros.
—Deja que te acompañe, Mark. No es seguro que salgas solo. — Sujetó uno de sus brazos. —Ryker puede venir en cualquier momento, necesitamos estar juntos.
—No te preocupes, hermana. No tardaré.
—Ten cuidado, por favor.
Este asintió y se soltó de su agarre.
Salió corriendo al encuentro de sus padres, que no se percató que a metros de él se encontraban los cuerpos de varios omegas cruelmente asesinados. Cuando se adentró en el bosque escuchó gruñidos cerca de su dirección.
Alarmado, rápidamente se transformó y aulló llamando a sus hermanos. Pero su aullido fue interrumpido por Ryker quien, por detrás, clavó las garras en sus hombros, haciéndolo a caer.
En la mansión, poco después de que Mark saliera, se escuchó su aullido. Al notar que había sido interrumpido, Erza, Erik y la familia Velkam se alertaron. Los hermanos y Conrad salieron disparados en dirección hacia el joven lobo.
Mark se recompuso y esquivó los siguientes ataques del alfa. Su tamaño no se comparaba con la bestia que tenía al frente. Era una máquina de matar.
Al escapar del lobo pudo reconocer los cadáveres de los omegas que, minutos antes, habían sido privados de su vida a manos de aquella bestia.
Los zarpazos que lograban alcanzarlo no eran mortales, pero eso no les restaba lo doloroso. La bestia se estaba divirtiendo con él, humillándolo.
Se lanzó a atacarlo un par de veces, pero los reflejos de la bestia eran superiores, recibiendo mordidas y arañazos.
Mark se encontraba debilitado, había perdido mucha sangre. No era rival para Ryker. Pero debía resistir, ya había alertado a sus hermanos, era cuestión de tiempo para que lo encontraran.
Cuando la bestia se disponía a acabar con él, escuchó el aullido de quien más esperaba. Frente a él se encontraba la causante de su locura. La responsable de llevar su vida por un abismo y dejarlo caer. La maldita alfa que le había robado la vida que él más deseaba.
Su furia incrementó y su lobo quería su sangre. La excitación por tenerla de frente crecía. Su locura ya había tomado por completo su ser.
Era todo o nada y en esta pelea solo habría un vencedor. No lo volverían a capturar. Solo había una forma de acabar con todo y esa era la muerte de alguno de los dos.
Ryker mostró sus colmillos, sonriendo sádicamente a la loba. Con furia clavó sus garras en el cuerpo de su hermano, atravesándolo por el costado y tirándolo hacia ella.
Erik corrió con prisa, alcanzándolo en el aire. Aún respiraba, pero se encontraba muy débil. Debían tratarlo lo más rápido posible.
Conrad se acercó y cargó al lobo herido y antes de que Erik pudiera acercarse para ayudar a Erza en la pelea, esta le gruñó, pidiéndole que vaya con su hermano. Esta era su pelea.
Erik y Conrad volvieron a la mansión para que el curandero de la familia tratara las heridas del lobo. No podían arriesgarse a llevarlo al hospital del pueblo. Se encontraba muy alejado y no era seguro que el lobo aguantara hasta llegar.
Erza estaba furiosa, pero no caería en las provocaciones de la bestia. Sabía que si se descontrolaba no podría manejar correctamente sus instintos. Lo único que importaba ahora era acabar con el alfa y proteger a su familia.
Ella y su lobo se encontraban conectados y no dejarían que nada ni nadie los perturbara. Ahora eran uno solo y debían luchar juntos para derrotarlo.
Las miradas de ambos lobos chocaron. Mientras que una mostraba furia y protección, la otra reflejaba su sed de sangre y su locura.
Mientras ambos se preparaban para atacar, atentos a los movimientos del otro, la luna observaba desde el cielo, esperando la caída de alguno de los dos.
Ansiosa por reclamar su sangre y su vida.
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