Capítulo 24 de 31
Ryker, cegado por los celos, la rabia y la impotencia que sentía en ese momento olvidó su ya casi inexistente sentido de la moral. Después de haber rechazado alimento por varios días, su cuerpo le pedía a gritos alimentarse. Debía recomponerse, el enfrentamiento con Erza sería inminente y no volvería a perder.
Satisfecho con su poder y con lo que acababa de hacer, comió primero los corazones de la pareja. El mayor premio de la noche. Sin poder detenerse por el sabor, devoró cada corazón de cada cuerpo caído por sus garras.
Aceptando sus bajos instintos y su latente bestialidad, dio paso libre a su lobo para unirse en uno solo. No se opondría cuando él quisiera tomar el control, ya no le importaba si actuaba mal. Tenía un objetivo, y lo cumpliría. Por la Diosa. Y por su orgullo.
Una vez terminó su banquete, dudó entre regresar a la cueva por el asunto pendiente con la Luna o localizar de una vez a la alfa y arrebatarle la vida.
La frase inconclusa con la Diosa le llenaba de curiosidad. Confiaba en su poder, sobre todo ahora que se había unido con su lobo por completo. Daría prioridad a la Luna, luego iría por la alfa y su cachorro.
Sin dejar su forma lobuna, inició su marcha en dirección a la cueva. No estaba muy lejos y gracias a la unión con su bestia, sus sentidos y habilidades se habían agudizado.
Una vez frente a la entrada paró en seco, permitiéndose un momento para ordenar sus pensamientos. Al haberse enterado de que era un destinado, su ego creció por haber sido elegido por la Diosa. Su valor en la manada había aumentado y no dejaría que su omega destinada ni la rubia se burlen de él.
El rechazo de la omega lo había llevado a cometer actos que, en su momento, lo habrían horrorizado. Sin embargo, ahora ya no lo veía de esa manera. Para él, sus acciones estaban justificadas; solo intentaba recuperar su destino.
Su vida había cambiado en poco tiempo y sabía que ya no podría regresar con su clan. Erza tenía que pagar con su vida por haber arruinado su existencia.
Se adentró al lugar, dudoso de que la Diosa acudiera a su llamado. Ya habían pasado días desde su encuentro y esta vez no llevaba ningún sacrificio. No perdía nada con intentarlo. Después de haber traicionado a su clan y matar al cachorro, ya no tenía un lugar al cual regresar.
Se sentía destrozado. Al querer cumplir con su destino y buscar a su omega, jamás imaginó que su vida terminaría reducida a la soledad, el dolor y el rechazo. Él, heredero de los Gerwulf, el lobo más deseado de su clan, había sido rechazado.
Llegó hasta el fondo de la misma, recordando una vez más su egoísta acción. Cerró los ojos y se sentó en el frío piso de la cueva, concentrándose en escuchar las voces molestas de los lycans una vez más.
A su alrededor no sentía ninguna presencia y su lobo comenzaba a impacientarse. Con su voz interna, llamó desesperadamente a la Diosa, suplicándole su presencia una vez más, pero no obtuvo respuesta.
—¡Diosa, vengo por su consuelo! ¡Busco saber qué fue lo que no pudo advertirme en su momento! —gritaba el alfa. —¡Por favor! ¡No me ignore!
Permaneció en el lugar unas cuantas horas, esperando por alguna respuesta de la deidad.
——————
La familia Velkam y los hermanos Faolan habían llegado a la mansión. Apenas pusieron un pie adentro, Conrad llevó a ambas chicas a la habitación más protegida por si Ryker llegaba a irrumpir en su hogar. Ginebra, por su parte, guio a los jóvenes hermanos a una de las muchas habitaciones de la mansión.
Se encargaron de solicitar la presencia de algunos miembros de su clan para que los apoyaran con la vigilancia. En ese momento se lamentaban de que la mayoría de sus miembros se encontraban de viaje, buscando alguna solución para su hija.
—Erza, una vez terminen de instalarse, solicito tu presencia en mi despacho. — Conrad habló con firmeza. —Desde hoy aprenderás lo que significa ser parte de esta familia.
Al darse cuenta que su hija corría con urgencia al baño por sus mareos, se acercó a la rubia para susurrarle en el oído:
—Sé que eres capaz de protegerla, pero no te vendrá nada mal aprender de mis enseñanzas.
Sin apartar la mirada de la puerta del baño, Erza asintió
—Estaré ahí lo más pronto posible, señor. Siento el miedo en Lyssandra, aunque ella me lo niegue y oculte. — Respondió mientras ambos se dirigían hacia la salida de la habitación. —Haré lo que sea necesario para protegerla.
—Te estaré esperando. — Sonrió.
Dio por terminada su pequeña charla y caminó hacia su despacho.
Erza cerró la puerta y corrió hacia el baño para aliviar los síntomas de su pareja. Se adentró al pequeño cuarto, donde la encontró devolviendo lo que había comido. Se sentó a su costado, acariciando en círculos su espalda y liberando sus feromonas aliviando su malestar. Pero también lo hacía para calmar el miedo latente que iba creciendo en la omega por la vida de su cachorro.
Ella, como alfa, debía ser fuerte por ambas y se encargaría de que su pareja no tuviera duda alguna que era más que capaz de defenderla ante cualquier cosa que se les presentara.
—Tranquila Lyss... Sabes bien que no dejaré que Ryker te ponga un dedo encima o siquiera se te acerque.
Lyssandra se recargó en su cuerpo al sentirse más aliviada, y la alfa le dio un delicado beso en la cabeza.
— No olvides que tu alfa es muy poderosa. — Bromeó, aligerando un poco el ambiente.
—Eso lo tengo más que presente. —Sonrió. — Pero aun así no deseo que algo te ocurra a ti. Tus hermanos dijeron que Ryker estaba descontrolado.
—Te prometo que nada me pasará, yo seguiré preparándome para enfrentarlo… Más bien… en un momento iré con tu padre, creo que quiere enseñarme algo.
La tomó en sus brazos con delicadeza y la levantó para llevarla a la cama.
—Mientras tanto, necesito que descanses, amor. Aún tenemos la ventaja y no voy a desaprovecharla.
—¡Erza! ¡Bájame! —gritaba mientras se retorcía tratando de librarse del agarre. —No me trates como si fuera débil.
—Te equivocas, amor mío. Jamás pensaría que eres débil. Pero déjame consentirte y amarte a mi manera, que para mí ustedes son lo más valioso que tengo en este momento.
La alfa sonrió con tanta dulzura y seguridad, provocando que se perdiera en aquellos ojos azules que brillaban cada vez que la miraba. Se sonrojó por cómo su alfa la hacía sentir con cosas tan simples, pero con tanto significado.
La alfa la depositó con delicadeza en la cama y la besó lentamente, transmitiéndole en aquella pequeña acción todo el amor que sentía por ella. Mientras continuaban besándose, liberó sus feromonas para relajarla y ayudarla a descansar.
Los ojos de la omega se fueron cerrando poco a poco. Erza se apartó para besarla en la frente y se quedó unos segundos contemplándola. Su rostro sonrojado, su respiración tranquila... verla así hizo que el calor en su pecho aumentara al recordar que dentro de ella crecía su cachorro.
—Los protegeré, incluso con mi vida, mi amor. — Susurró.
Se inclinó una última vez. Besó sus labios y luego bajó lentamente hasta su vientre. Apoyó una mano sobre él y depositó un suave beso, cargando una promesa que estaba dispuesta a cumplir.
—A ustedes dos —murmuró.
Se levantó en completo silencio y dejó que sus pasos la guiaran hacia el despacho donde Conrad la estaba esperando. Los pasillos eran largos y varios cuadros de la familia y sus antepasados colgaban a lo largo de las paredes, mostrándole el poder de aquel clan. A medida que avanzaba, el pasillo se hacía más oscuro y su corazón comenzaba a latir con más rapidez.
Cuando llegó al despacho, notó que la puerta estaba entreabierta, pero aun así tocó por educación. Desde el interior, se escuchó la voz del hombre.
—Pasa, Erza.
Se adentró en el despacho y encontró a Conrad sentado, revisando unos papeles. Los dejó sobre la mesa sin darles mayor importancia y centró toda su atención en la alfa.
—¿Cómo se encuentra mi cachorra?
—La dejé descansando. Se encuentra más tranquila.
—Perfecto. Te agradezco por eso.
El hombre se levantó y caminó hacia un cuadro que se encontraba a su derecha. En él apreciaba un retrato actual de su familia.
—Sé que eres una buena alfa, capaz de mantenerla segura. —Hizo un gesto con la mano para pedirle que se acercara. —Tu aroma te delata, niña. Eres una loba prodigio.
Erza escuchaba atenta las palabras del alfa. Desde que descubrió que era un prodigio, había sabido que sus habilidades y su vínculo con su lobo estaban por encima de los demás. Sin embargo, aquello jamás la hizo sentirse superior a nadie.
Al principio incluso intentó ocultarlo. Prefería pasar desapercibida, pero a lo largo de su vida había sido retada una y otra vez sin perder jamás ninguna batalla. Con el tiempo, su madre y los miembros de su clan comenzaron a verla como la futura sucesora del liderazgo.
Terminó aceptando aquella parte de sí misma. Aprendió a confiar en su fuerza y en su naturaleza, convencida de que nadie podría hacerle frente.
Hasta que Ryker apareció en su vida. Él también era un prodigio.
Pero había algo en él que los diferenciaba.
—Pero tu amabilidad y falta de experiencia en este tipo de enfrentamientos podrían ser la causa de tu caída. Sé que en este momento estás decidida a acabar con Ryker, pero tu bondad te hará dudar cuando más lo necesites.
Erza lo vio con duda y Conrad colocó una mano sobre su hombro.
—Él hace tiempo que ya perdió su cordura y le está dando pase libre a sus bajos instintos. Un lobo así no dudará ni un segundo en matarte.
—¿Cómo...? — Quedó a media frase, siendo interrumpida.
—Créeme niña, lobos así son muy peligrosos. Ya he lidiado con ellos en el campo de batalla años atrás.
El alfa se descubrió una parte del pecho, mostrándole las cicatrices de las heridas mortales que había recibido. Erza sintió un escalofrío al verlas. Las cicatrices de su propio cuerpo palidecían ante las que cubrían el pecho del alfa. Conrad volvió a cubrirse, ocultando una pequeña sonrisa al ver la palidez de la alfa.
—El chico probablemente entregó el control a su bestia con cada matanza que realizaba. No me sorprendería que ahora esté perdiendo la cordura.
—¿Cómo sabe eso?
—Ginebra habló con tus hermanos cuando llegaron. Erza, ese chico matará a quien se le ponga delante sin remordimiento alguno. Puedo asegurarte que su lobo es un sanguinario y ya no buscará sólo marcar a mi hija.
—¿Qué debo hacer? Ya lo enfrenté una vez y lo derroté. Incluso Lyss con su arsenal de armas lo pudo acorralar para capturarlo.
—Al dejar que su lado humano y su lobo se unan por su furia, su poder ya no es el mismo con el que alguna vez luchaste. Debes encontrar la forma de conectarte de igual manera con tu lobo, pero sin dejar que la ira te domine y podrás estar a la par con él. — Negó con la cabeza y dejó salir un largo suspiro. —El muchacho ya no tiene salvación. Su parte humana está desapareciendo bajo sus instintos y, tarde o temprano, solo quedará la bestia. Pero tú debes encontrarte y unirte a tu lobo, sin temer a perder tu humanidad.
—¿Y cómo lo logro?
—No será tan difícil para ti. Como futura cabeza de los Faolan habrás tenido entrenamientos para calmar la ira de tu lobo y evitar que te domine, ¿cierto?
Erza asintió, frunciendo el ceño.
—Bien. Aquí deberás hacer lo contrario. Debes conectar con él y darle libertad para actuar junto a ti. Ninguno debe tener el control. Deben compartirlo. Así podrás liberar todo tu potencial.
—Mi madre siempre me enseñó que no debía confiar por completo en mi lobo, sin embargo, usted me lo está pidiendo.
—Es completamente entendible el temor de tu madre, más aun al saber que eres un prodigio. No todos pueden lograrlo, y la mayoría de alfas sufre las consecuencias cuando se dejan llevar por sus malos deseos.
—¿Y si pierdo el control?
—Sé que no lo harás, niña. Aprende a escucharlo y entender lo que busca, no lo ignores. Abraza tu parte animal sin temerle y pronto tus cambios serán notorios.
Erza se hallaba confundida. Nunca tuvo algún conflicto con su lobo, creía que se encontraban en constante comunicación. Pero si tenía conocimiento de que su lado humano dominaba a su bestia.
Sólo una vez lo dejó dominar y ahora se encontraba a la espera de un cachorro. Se sonrojó al recordar la vez que su lobo le pedía a gritos tomar el control de su cuerpo, y ahora que sabía la razón, pudo entenderlo.
—Recuerda que tu lobo tiene sus propios deseos. Deberás descubrirlos.
—Lo haré. — Se levantó de su asiento y empezó a caminar hacia la salida. —Pero mientras lo averiguo, regresaré con Lyssandra. Quiero brindarle mi calor a ella y al cachorro. Y… le agradezco por no matarme… cuando se enteró del embarazo.
Conrad soltó una fuerte carcajada y negó.
—Ya te lo dijimos, cachorra. Tal vez se adelantó, pero me alegra saber que mi hija al fin dejó de cerrarse ante la posibilidad de tener una pareja. Y me alegra que hayas sido tú quien lograra hacerlo.
—Gracias… — dijo sonrojada.
—Descansa cachorra. Se acerca tu primera batalla real y debes tener tu cuerpo y mente descansados para lo que se viene. Cuenta con nosotros, haremos lo posible para que ese maldito no ponga un solo pie en mi mansión.
Ya estaba llegando a la salida cuando Conrad la llamo una vez más.
—Y… Erza, recuerda quién eres y qué deseas. Te ayudará con tu conexión.
—Hasta mañana, señor.
Sonrió, retirándose del lugar, para regresar al lado de su omega, pensando en aquello que alfa le había confiado.
Al entrar a la habitación, vio a su pareja acostada de lado y destapada. Se acercó y se echó a su lado. La rodeó con sus brazos acercándola más hacia ella, brindándole su calor. Cerró los ojos y pudo sentir el nuevo aroma que se empezaba a formar dentro de ella.
Cayó dormida con una sonrisa en su rostro, dejándose envolver por ese olor que poco a poco se había convertido en su favorito.
—————
Ya habían pasado exactamente cuatro horas y no obtenía respuesta alguna. Resignado, Ryker comenzó a levantarse para emprender el viaje y buscar a la omega.
Cuando quiso retirarse del lugar, sintió una brisa que sacudió con fuerza su pelaje, y un escalofrío recorrió fugazmente su cuerpo. Del altar surgió aquella esperada figura.
—Me encuentro aquí, pequeño lobo. — Su voz retumbó en las paredes.
—Diosa... —susurró el alfa.
Sacudió la cabeza, dejando salir un jadeo. Se acercó lentamente, con las orejas gachas y se inclinó, dándole una reverencia.
—Mi diosa, agradezco su presencia. Regresé por la advertencia que me dio. No pude dejar de pensar en sus palabras.
—Joven lobo, aquella advertencia ya no tiene importancia.
Ryker gruñó.
—El destinado de la alfa murió bajo tus garras, ¿qué esperabas? —preguntó con burla. —Pero creo que tú estás aquí por algo más que acecha tu ser.
—Sé que debo matar a la alfa, solo así podré marcar a mi destinada. Pero diosa, ella carga con un maldito engendro, fruto de la traición cometida con aquella alfa. — Gruñó furioso.
Se llenó de celos al mencionar cómo su omega se entregó totalmente a alguien más, y a él lo había rechazado.
—¿Y qué destino deseas para la cría? —preguntó, ansiosa por la respuesta.
Sentía que el lobo estaba sediento de sangre, y ella estaría gustosa de ayudarle.
—Ya no me importa nada. Sé que nunca me corresponderá, aún si llevara mi marca. —Apretó las fauces. —Solo busco librarme de este tormento que me tiene atrapado. Matar a la causante de este dolor y a su asquerosa cría.
—¿Y eso no lastimaría o mataría también a tu destinada, joven lobo?
—Si tengo que matarla para calmar mi dolor, lo haré. Le ofreceré ese regalo, mi Diosa. Su vida a cambio de que me libre de este martirio.
Su sed de sangre crecía cada segundo y de forma equivocada, buscaba acabar con su sufrimiento.
—Aceptaré el intercambio gustosa. La sangre de una destinada siempre es el mejor sacrificio que me puedan ofrecer. Sobre todo si en vida se dedicó a rechazar mi regalo.
La Diosa se acercó al alfa, y juntó su frente a la de la bestia.
—Todo el dolor desaparecerá mi pequeño lobo, y podrás empezar de cero.
<<Porque tu vida también la tomaré>>
Sonrió internamente, ansiosa por tomar la vida de ambos destinados. Después de todo, solo con la muerte podría calmar su tormento.
Un viento fuerte entró al lugar y la Diosa desapareció, dejando solo al lobo quien estaba decidido a consumar su venganza.
Aún no hay comentarios
Inicia la conversación sobre esta publicación.