Capítulo 23 de 31
Después de llamar a sus hermanos y contarles de su cachorro, no obtuvo ninguna respuesta del otro lado de la línea. Solo se escuchaban aullidos, disparos y gritos de fondo. Su piel se erizó y el presentimiento de que algo malo estaba a pasando se confirmó.
—¿Erik? ¿Mark?
Comenzó a caminar en círculos mientras seguía llamando sus hermanos.
—Por favor respondan...
—¿Qué sucedió? — Se acercó a ella al ver cómo no dejaba de moverse por la habitación.
—Mis hermanos no contestan, Lyss. Algo pasó, escuché gritos y aullidos... — Colgó la llamada. —Creo que debería ir a la cabaña. Desde hace horas siento que algo está mal.
—Erza, si escuchaste aullidos y gritos, lo más probable es que haya sido Ryker. — Se acercó y se dejó caer en la cama. —Debió escapar de alguna manera. No me parece buena idea que vayas.
—Pero… mis hermanos... No puedo dejarlos solos.
—No están solos, alfa. Pronto sabremos qué pasó, pero por favor, no te vayas. — Alcanzó su mano y la jaló para sentarla a su lado. —Debemos estar preparadas para lo que pase.
—Esperaré hasta el anochecer. Si no obtengo respuesta de ellos, iré.
Lyssandra asintió, llevando una mano a su boca. Se levantó corriendo al baño, los mareos habían regresado.
—¡Les diré a tus padres que aún no se vayan! —gritó y salió de la habitación para darle alcance a los señores Velkam.
La loba corrió hacia la oficina de la directora. Si no se encontraban ahí, podría preguntar dónde ubicarlos. Su corazón empezó a latir fuerte. Aunque los señores Velkam habían tomado bien la revelación de su cachorro, esta vez estaría sola con ellos.
Tenía presente lo que Conrad le había dicho la noche anterior: "Aún tenemos una conversación pendiente." Esa frase se repetía en su mente una y otra vez.
Cuando se encontró frente a la puerta, respiró profundamente y dejó salir el aire, tratando de calmarse. Tocó dos veces y esperó pacientemente a que esta se abriera.
—Erza, querida. ¿Qué sucede? No esperábamos tu presencia. — Ginebra se hizo a un lado para que pudiera pasar.
Tragó saliva pesadamente, entrando al lugar. No sabía con qué estar más nerviosa, si con la ausencia de sus hermanos o estar en esa habitación con sus suegros.
—Sr y Sra. Velkam, quería pedirles que se queden un día más. Lo que pasa es que llamé a mis hermanos para comunicarles de... mi cachorro...
Desvió su mirada lentamente hacia la directora, pero al no ver señal de asombro, supuso que ya la habían informado.
—Ya me dieron de la noticia, señorita Faolan. Luego hablaremos. —dijo con un semblante serio.
Erza dejó escapar una risita nerviosa, mientras sus dedos no paraban de moverse en sus costados.
—Bueno, lo que pasa es que les grité de mi cachorro, pero no obtuve respuesta. Luego se escucharon aullidos, gritos y disparos. Temo que algo les haya pasado y quisiera dirigirme a su encuentro al anochecer. — Continuó, dirigiéndose a los padres. —Y de verdad quisiera que Lyss no esté sola en mi ausencia. Siento que algo malo está por venir.
—Me parece que no habrá ningún problema. ¿Verdad, Zyla? —preguntó Conrad.
Zyla negó sonriendo y volvió a entregarle las llaves de la cabaña. La tensión se hizo presente en la habitación y Ginebra decidió romperlo.
—Erza, ayer no pudimos hablar correctamente. ¿Quisieras acompañarnos a un lugar más privado para hablar?
La rubia se tensó y asintió con la cabeza sin despegar la vista de Conrad, quien la miraba desafiante.
Ambos adultos se despidieron de la directora y fueron a la salida seguidos por la alfa. Caminaron por los largos pasillos y salieron de la academia, para dirigirse a la cabaña.
—Ponte cómoda querida, si quisiéramos lastimarte por hacerle un cachorro a nuestra hija… Créeme, ya lo habríamos hecho.
Un escalofrío recorrió su espalda al escuchar cómo Ginebra la amenazaba con tanta calma.
Se sentó en uno de los asientos y se acomodó bajo la atenta mirada de los señores, esperando que alguno de los dos comenzara con su tortura. Ella solo quería que se quedaran a cuidar a Lyssandra y ahora tenía a ambos suegros sobre ella.
Ginebra le ofreció un poco de agua, encontrando divertido cómo la alfa temblaba ante sus miradas.
—Queremos sacarnos de dudas. — Suspiró. —Lyssandra nos contó que eres una destinada, al igual que ella. —Erza asintió, sabiendo que con esas preguntas, preparaba terreno para lo más vergonzoso. —¿Nos podrías decir cómo es que terminaste marcando a nuestra hija?
Miró hacia ambos padres y soltó un fuerte suspiro. La charla con los suegros había comenzado.
—Pues... desde un comienzo rechacé la idea del destino. Quiero decir, ni siquiera lo conocía, no podían obligarme a juntar mi vida con alguien a quien yo no elija. Pero mi madre no pensaba igual y me arregló una cita para conocerlo, pero...
Sonrió al aire al recordar cómo la había conocido. Desde el primer momento, el aroma de Lyssandra no dejó de rondar en su mente. Relajó su cuerpo al pensar en que ahora formaría una familia con ella.
—Una omega chocó conmigo, estaba huyendo de alguien. Nuestras miradas se encontraron... y su aroma me atrapó. Sentí una conexión inexplicable. — Regresó su mirada a los señores. —Esa omega era Lyssandra.
Los padres se sorprendieron por aquel detalle. Ahora tenían incluso más curiosidad.
Con un movimiento de manos, Conrad indicó a la joven alfa que continúe con su relato. Sentía que una historia de amor se venía y él, como todo un romántico empedernido, estaba ansioso de saber más de su historia.
—Luego de esa noche, no pude sacarla de mi cabeza. Era raro, pero sentía una calidez recorriendo mi cuerpo.
Se llevó una mano al pecho sin dejar de sonreír.
—Entonces llegaron las clases y, para sorpresa de ambas, nos volvimos a encontrar siendo compañeras de habitación. Fue ahí cuando le propuse… fingir una relación para alejarnos de nuestros destinados. — Desvió la mirada y se frotó la nuca, sonrojándose. —Pero… en realidad lo usé de excusa para acercarme a ella y conocerla más.
Conrad tomó la mano de su esposa, completamente emocionado, mientras Ginebra la miraba enternecida.
—Cuando vi que Ryker se acercó a ella e intentaba marcarla a la fuerza, mi lobo se enfureció y luché con él. — Dejó escapar un gruñido y cerró los puños.
—Con los días comencé a sentirme extraña, era muy complicado, es decir, se supone que teníamos destinados. No podía comprender por qué mis feromonas la afectaban tanto. Al comprender que quería que ella fuera mi omega, me sinceré y le declaré mis sentimientos.
Conrad abrazó a su esposa, intentando no interrumpirla al sentirse tan emocionado. Aquella alfa estaba tan enamorada de su cachorra.
—Ella tuvo miedo pero, terminó correspondiéndome y me dio permiso para marcarla... Pero Ryker nos interrumpió y volvimos a luchar.
Conrad no pudo aguantar más, quería preguntarle tantas cosas.
—¿Fue después de esa pelea que marcaste a nuestra hija? — Erza asintió, sonrojada.
—Una vez que la marqué, la luna se tiñó de rojo y la maldición comenzó.
—¿Qué me dices de cuando mi esposo les llevó armas en medio de la noche? —Conrad miró con sorpresa a su esposa. Realmente nada se le escapaba.
—Bueno, la directora fue en busca de respuestas y nos dijo que una manera de librarnos de la maldición era sacrificando a nuestros destinados bajo la luz de la luna llena. El problema era, que cada una debía acabar con el suyo.
Ginebra asintió, entendiendo rápidamente lo que habría planeado su hija.
—El plan salió mal. Teníamos al mío encerrado en una cabaña, pero Ryker lo asesinó primero y ese día mi marca desapareció. Decidí no volver a marcarla hasta encontrar una salida, no quería que vuelva a sufrir de esa manera.
—Comprendo. Puedo ver por la manera que hablas de mi hija, que tu amor es sincero y sin malas intenciones. También noté que estás dispuesta a enfrentar cualquier cosa por ella sin dudarlo.
Asintió orgullosa por aquellas palabras. Se sentía digna de ella.
—Zyla nos mencionó que fueron a una cueva, terminaste enlobada e intentaste matar a mi hija.
—Amm... si... — Bajó la mirada, sin atreverse a mirarlos. —Junto a uno de mis hermanos fuimos a ese lugar al enterarnos que Ryker había estado ahí y queríamos averiguar por qué. Entonces sentí unas voces en mi cabeza y me transformaron. Mi instinto quería ir tras ella y matarla… pero luché todo lo que pude para que eso no sucediera.
—¿Recuerdas algo más de lo que hiciste enlobada?
—No tengo recuerdos de qué hice exactamente en ese tiempo.
—¿Y cuándo… mi cachorra… — Suspiró. — Lyssandra te fue a buscar en medio de su celo, tu conciencia regresó? — Conrad levantó la ceja y se cruzó de brazos.
Erza se estaba preparando mentalmente para lo que seguía. Los Velkam leían muy bien cada gesto que hacía, no podía mentirles.
—Cuando olí su aroma... parte de mí volvió, pero no podía regresar a mi forma humana y... yo...— Su voz se debilitó. —La cortejé y ella me permitió seguir adelante, entonces... la ayudé con su celo... ya sabe... — Cubrió su rostro con las manos, sin ganas de dar más detalles.
—Erza, no estamos molestos con... el asunto del cachorro. Pero como sus padres necesitamos saber. — Ginebra le habló con dulzura, dándole la confianza que necesitaba. —Nos dijo que había mandado a mi hija preparada para que ningún accidente pasara.
La alfa seguía con su cara atrapada en sus manos negando, la vergüenza la estaba matando. ¿Debía decirles lo que pasó? ¿Cómo pasó? ¿O sólo decirles que son cosas que pasan y dejar el asunto?
—Lo siento... yo...
Hablaba con su rostro aún enterrado en sus manos. No había forma de que pudiera volver a mirarlos.
—Cuando mi marca desapareció, nuestros lobos se deprimieron y... nos dejamos llevar... Sentí a mi lobo tomar el control y no reaccioné a tiempo para evitarlo… Lo siento, en serio. Siempre tengo el control total. No sé qué me pasó.
Estaba al borde de las lágrimas cuando sintió una mano sobre su hombro.
—No te atormentes, mi niña. Eso tiene una explicación. Por eso queríamos que seas sincera con nosotros.
—¿De verdad? — Con pena levantó su mirada hacia la mujer quien acarició su cabeza con delicadeza.
—Tú elegiste a mi hija como pareja. Es entendible que la hayas marcado porque cuando tu lobo siente esa conexión, no hay forma de negarlo. Pero a causa de que hayan perdido su lazo, tu lobo hizo lo único que se le ocurrió en su primitivo instinto. —mencionó la mujer. —Necesitaba procrear con su omega, alejando así a cualquier alfa que quisiera acercársele.
—No te negaremos que nos tomó por sorpresa. Jamás imaginé a mi hija alguna vez enamorada. —Conrad caminó hacia ellas. —¡Y ahora tendrá un cachorro! —dijo emocionado.
Los adultos la abrazaron y se despidieron de ella asegurándole que para la noche estarían en el cuarto de su hija para cuidarla.
Erza salió de la cabaña, más tranquila por la relación que ganó ahora con sus suegros. Al llegar a su habitación, se recostó en su cama y volvió a llamar a su hermano, sin obtener respuesta. Su instinto le pedía que vaya a buscarlos, pero ya le había prometido a Lyssandra que esperaría hasta el anochecer.
Después de un sin fin de llamadas sin respuestas, decidió ir en busca de ellos. Estaba alistándose cuando escuchó unos desesperados aullidos, reconociéndolos de inmediato.
Eran sus hermanos. Rápidamente tomó unas mantas y salió corriendo del cuarto para darles encuentro.
Cuando llegó, les lanzó las mantas esperando que sus hermanos cambiaran para preguntarles por los aullidos y gritos que escuchó horas atrás.
—¡Erza! ¡Deben salir de aquí pronto! — Erik la tomó por los hombros moviéndola con desesperación.
—¿Qué? ¿Dime qué pasó Erik?
—Ryker, está libre.
Su cuerpo se tensó y su lobo saltó con furia dentro suyo. <<Proteger, cachorro>> <<Pareja>>
—Exactamente qué fue lo que paso.
Lyssandra se acercó. Al notar cómo su alfa corría desesperada, salió tras ella.
—Vinieron oficiales a llevárselo. Al parecer lo iban a arrestar, debo suponer que por el sacrificio del niño, ya que había una pareja con ellos. — Erik informó, recordando lo que habían encontrado en la cueva.
—Hermana, Ryker se había rendido. Yo vi como aceptaba su castigo cuando se lo llevaban. Pero la noticia de tu cachorro ocasionó que su bestia tome el control y masacró a todos ahí. No lo pensamos mucho y vinimos corriendo a advertirte. —Mark resumió para que escaparan lo más pronto posible.
—Debemos avisarles a tus padres. No puedo dejar que nada les pase. — Agarró la mano de su omega y, junto a sus hermanos, corrieron hacia la cabaña de los Velkam.
El peligro las acechaba y no sabían en que momento podría aparecer. La alfa tocó desesperadamente la puerta y una vez que esta fue abierta les advirtió del peligro. Ambos adultos guardaron con prisa sus pertenencias y las jóvenes corrieron a su habitación por las mismas. Los planes habían cambiado de un momento a otro.
Ginebra fue al despacho de Zyla para informarle que se llevaría a su hija y a Erza con ellos por unos días, explicándole el peligro que corrían.
Una vez reunidos todos, se subieron al carro de los Velkam y partieron hacia su mansión. Ya no era una simple lucha de amor por una omega, ahora corría peligro también su cachorro, y aunque le cueste la vida, no dejaría que ese maldito le pusiera un solo dedo a su omega ni al cachorro que esperaban.
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