Capítulo 22 de 31
Después de días buscando, al fin di con el rastro del asesino. Se encontraba enjaulado en una de las cabañas del clan Faolan. No podemos irrumpir así como si nada o generaríamos una disputa entre clanes por algo tan insignificante como la vida de ese traidor. Sé que ellos no lo sacarán de esa jaula antes de que volvamos. Regresaré nuevamente a Lowolf. Solo la autoridad podrá ayudarnos a sacarlo de ahí sin alguna oposición del clan.
Me transformo y me dirijo con rapidez al pequeño pueblo donde está esperándome mi esposa. Aún seguimos con el corazón roto, pero sé que se calmará cuando hagamos justicia por la vida de nuestro cachorro. Claro que eso no se lo diremos a la policía.
Aullé todo el camino hasta llegar al pueblo. Mis lamentos fueron escuchados por mi mujer, quien no dudó en darme alcance cerca de la entrada, llevándome ropa para estar presentable.
—Lo encontré, cariño. Encontré al hijo de puta que mató a nuestro pequeño.
Abracé a mi mujer mientras las lágrimas volvían a asomarse en su rostro. Desde ese día no ha parado de llorar, y me mata verla así.
—¿Qué haremos ahora? ¡Quiero hacerle pagar por todo! ¡Nuestro niño lo admiraba y mira cómo acabó!— gritó furiosa.
Yo también lo estaba, pero debía calmarla. Debía mantenerme fuerte para ella.
—Lo sé mi amor, pero no podemos enfrentarnos a otro clan. No sabemos por qué lo tienen enjaulado.
Besé su frente y limpié sus lágrimas, ofreciéndole mi mano para continuar. Solo los policías podían sacarlo de ese lugar.
Ella asintió, sujetó firmemente mi mano y emprendimos camino hacia la estación de policías. El plan era sencillo. Dejar que nos acompañen a la cabaña con órdenes de arresto para Ryker y, en el camino, nos lo llevaríamos para finalmente consumar nuestra venganza. No nos importaba qué pasaría de ahora en adelante. Solo queríamos hacerlo sufrir tanto como sufrió nuestro pequeño. Solo nos dominaba el dolor.
—————
Ginebra y Conrad se encontraban en la oficina de la directora para agradecerle por el lugar que les ofreció para pasar la noche, pero también para hablar sobre lo que estaba pasando con su hija.
—Gracias por tu hospitalidad, Zyla. No sabemos cómo agradecerte por todo lo que has hecho por nuestra cachorra desde que empezó este asunto del castigo. —dijo Conrad, preparando el terreno.
Ginebra miró a su marido con cierta inquietud.
—Oh, no hay de qué preocuparse. Es una Velkam después de todo.
Ambos padres sonrieron ante el comentario, recordando sus vivencias pasadas y todo lo que tuvieron que atravesar para estar finalmente juntos al ser alfas. Pero ni siquiera eso se igualaba con lo que su hija tuvo que pasar en este corto periodo de tiempo por haberse finalmente enamorado.
—No queremos abusar más de tu confianza, pero, ¿recuerdas que ayer nos comentaste que Lyssandra pasó su celo con la alfa?
Zyla asintió, mirando a ambos padres, esperando que continuaran. Empezó a tener un mal presentimiento.
—Pues, nuestra hija está a la espera de un cachorro y queríamos preguntarte si, en unos meses, podrías permitirles continuar las clases desde nuestro hogar.
La cara de la directora palideció, sus ojos se abrieron a más no poder y su cuerpo se congeló, dejando de hacer lo que estaba haciendo. Ginebra le apretó el hombro sacándola del trance en el que se encontraba.
—¿Zyla?
—Emm, sí, perdón. Solo me tomó por sorpresa. — Negó con la cabeza, tocándose el puente de la nariz.
—Pero… no logro comprenderlo, su hija se fue preparada de aquí. Yo misma le brindé lo necesario para evitar algún accidente. — Cruzó los brazos y se levantó del asiento con una idea cruzando por su mente. —Tal vez no funcionó al estar la alfa enlobada.
<<O... se entregaron más de una vez>>. —pensó.
No quería sacar conclusiones equivocadas con sus padres ahí presentes.
—Entonces... ¿Nos ayudarás con ese tema? — Recalcó Ginebra.
—Creo que no habría problema, mientras cumplan todas sus obligaciones. ¿Cuándo estarían pensando hacerlo?
—En cuatro meses regresaremos por ambas. No nos arriesgaremos a separarla de su alfa. Aunque no tenga su marca, sé que mi hija sufrirá sin ella y no será nada bueno para el cachorro.
—Entonces, comencemos el papeleo.
————
Al llegar, notificamos de nuestro hallazgo a las autoridades. Las pruebas eran suficientes, varios pueblerinos vieron a Ryker salir del pueblo con nuestro hijo. Pero como no lo estaba forzando a ir con él, nadie hizo nada, malditos.
Cuando no llegó a casa seguimos el rastro de su aroma, guiándonos hacia una cueva. Lo peor de todo fue lo que encontramos en su interior. La sangre y los huesos carbonizados de nuestro pequeño. ¡Oh, demonios! ¿Qué puede ser más desgarrador que encontrarte con los restos de tu pequeño usado como un vil sacrificio?
<<No te librarás de esta Ryker, oh tú, traidor>>.
No pude dormir en toda la noche. Me encontraba ansioso por tener a ese malnacido en mis brazos y hacerlo sufrir. Solo me calmaba la compañía de mi esposa, sin ella estaría perdido. Sé que una vez que lo hagamos pagar, nuestros corazones estarán más aliviados y podremos seguir adelante.
No me di cuenta en qué momento ya había amanecido. La dulce voz de mi esposa me llamó para levantarme a desayunar. Lo necesitaríamos. Será un largo día.
—Ya estamos todos. Súbanse al carro. Iremos en busca del asesino.
Un oficial nos abrió la puerta de su coche, esperando a su compañero para comenzar nuestro recorrido.
El viaje por carretera no fue muy largo. En cierto punto del camino, paramos y seguimos el recorrido a pie. La cabaña estaba escondida en el bosque, perfecto para que los Faolan no fueran ubicados tan fácilmente. Tomé la mano de mi mujer, y en todo el trayecto, no me separé de ella, procurando mantenerla segura.
Los oficiales iban tras de mí. Yo los guiaba sabiendo perfectamente el camino que debíamos seguir.
El corazón me latía rápido y mi sangre comenzaba a calentarse. La excitación de tener al traidor a escasos metros y poder enfrentarlo crecía en mi interior.
—Llegamos.
Miré a los oficiales, pidiéndoles que no queríamos conflictos con el clan que lo resguardaba. Los omegas que se encargaban de patrullar se alertaron ante nuestra presencia y llamaron a quien, creo, es el líder del lugar. Nos miró con duda, pero no había malicia en su mirada.
—¿En qué puedo ayudarles, oficiales? —preguntó amablemente.
Era joven pero prudente. Él tampoco quería empezar una pelea en vano.
—Nos informaron que tienen enjaulado a Ryker Gerwulf. — El sheriff caminó hacia el alfa líder con naturalidad. —Está bajo arresto por secuestro y asesinato de un menor.
Esperaba ver alguna reacción del tipo, pero no mostró ni un ápice de sorpresa. ¿Ellos también lo sabían?
—Entiendo. Con mucho gusto se los entregaré. — Se dio la vuelta y nos hizo señas con la mano para que lo sigamos. —Pero primero debo comunicar que se lo estarán llevando. ¿Le parece, sheriff?
—¿Hay algún motivo especial por el por qué lo tienen encerrado aquí?
El líder cambió su expresión por un segundo al ser completamente ignorado por el sheriff. Pero tampoco parecía querer brindar esa información y necesitábamos saber qué hizo que el prodigio de nuestro clan hiciera tales actos sin remordimiento alguno.
—Erik, llama a tu hermana. Dile que los oficiales se llevarán a Ryker.
Pude ver cómo se acercó al joven para susurrarle. Este asintió y corrió hacia uno de los cuartos de la cabaña sin mirar atrás.
—Sólo se metió con uno de los nuestros, sheriff. Lo capturamos para tenerlo vigilado, nada importante.
Respondió, mirando de reojo al oficial. Pude sentir que ocultaba algo más. La conversación terminó ahí, y seguimos hacia donde lo tenían encerrado.
Cuando lo vi estaba irreconocible. Su cuerpo estaba más delgado, presentaba ojeras y sus ojos estaban rojos. Su cara era todo un poema, parecía que se estaba volviendo loco. Tenía marcas por todo el cuerpo, sin duda le dieron una buena paliza que lo dejaría marcado para siempre.
Sonreí, me era placentero verlo de esa manera, pero necesitaba más. Mi lobo aullaba con furia. Quería ver a ese maldito sufrir ante mí.
—Todo suyo, oficiales. — El alfa se dirigió a la jaula, esperando a que el sheriff lo liberara.
—————
—Debo llamar a mis hermanos. No sé cuándo Mark regresó a la cabaña. Les contaré del cachorro y me aseguraré que Ryker siga encerrado. Antes de que se vayan tus padres veremos qué hacer con él.
Erza habló atropellando sus palabras apenas abrió la puerta de la habitación, entrando apresurada y nerviosa. Su instinto le decía que algo estaba mal.
—Bien... sigo pensando que debemos eliminarlo. — Se encogió de hombros.
Erza buscó su teléfono. Algo estaba mal, lo presentía. Buscó el contacto de Erik y marcó. Esperó unos segundos antes de escuchar su voz del otro lado.
—¡Hermana! Vaya, que casualidad, justo te iba a llamar.
—Erik, debemos hablar. — Tomó aire para soltar aquella bomba.
—¿Hermana? ¿Pasa algo? —preguntó preocupado.
—Bueno... — Suspiró, necesitaba a ambos. —Por favor, dime, ¿estás con Mark? Los necesito a ambos para esto.
—Amm, dame un momento, lo iré a buscar. No me cortes.
Salió corriendo a las afueras de la cabaña donde Mark se encontraba junto a Marcus, mirando cómo Ryker estaba siendo encadenado por los oficiales, bajo la atenta mirada de la pareja, que le gritaba y lo observaba con furia. Erik se acercó a Mark para poder hablar con su hermana.
—Pondré el altavoz, ya estoy con él. Dinos hermana.
—Bueno... yo... ¡Lyssandra... Lyssandra está esperando un cachorro mío! — Soltó fuerte y rápido con la cara roja de vergüenza. Después de todo, era ella la menor.
Silencio. Ambos jóvenes se quedaron helados ante la confesión de su hermana. Erik iba a decir algo cuando un fuerte aullido se escuchó, ocasionando que todos los presentes caigan al suelo, tapándose los oídos y cerrando los ojos con fuerza.
—¿Erik? ¿Mark? — Se escuchó del otro lado, sin obtener respuesta alguna.
—————
Minutos antes
Los oficiales se dirigieron al joven alfa, quien se encontraba débil por la falta de alimentos, la pérdida de sangre y los huesos rotos que Erza le había provocado antes de irse.
—Bien muchacho. No se te ocurra escapar o tendrás una bala de plata directa al corazón.
Lo encadenaron y sacaron de aquella jaula para trasladarlo hacia la joven pareja que lo esperaba junto con los demás oficiales. Ryker, por primera vez desde que llegaron a buscarlo, levantó la vista y pudo ver a sus familiares viéndolo con odio.
Ya se habían enterado de lo que había hecho y por un momento, la culpa inundó su ser. Todo estaba perdido, sus ganas de luchar fueron disminuyendo con los días que pasaban.
Su destinada se había marchado con la alfa y ahora su familia sabía lo que había hecho. Estaba seguro de que no eran los únicos enterados de sus acciones. Su lobo interior estaba dormido. Se había rendido ante la pérdida de su omega, aceptando su derrota.
Avanzó lentamente hacia la pareja con la mirada gacha, esperando su castigo.
Cuando levantó la vista, pudo ver a un alfa rubio que se acercaba corriendo, llamando a un tal Mark.
Todo a su alrededor dejó de tener importancia. Su mundo estaba acabado.
Fue entonces que un grito diferente y el nombre Lyssandra lo hizo reaccionar. Su oído se agudizó y dirigió su atención a los alfas detrás de él al reconocer la voz de la alfa que más odiaba.
—¡Lyssandra está esperando un cachorro mío!
Su lobo despertó, gruñendo. Sintió cómo su sangre comenzó a hervir, y la sed de sangre regresaba a él.
En menos de un minuto, la bestia había despertado. Esquivó el disparo del sheriff y aulló con rabia, haciendo que todos a su alrededor se cubrieran los oídos y cayeran al suelo con dolor. El lobo lo dominaba y la furia comenzó a recorrer sus venas.
Uno, dos, tres arañazos bastaron para acabar con la vida del oficial que tenía al frente. El olor de la sangre fresca en su pelaje acabó por llevar a la perdición al joven lobo.
Usó sus colmillos y garras contra todos los que tenía a su alrededor. Uno por uno, los oficiales iban cayendo ante él.
Cuando Marcus y los hermanos se dieron cuenta del peligro, alertaron a los demás para escapar. No podían arriesgar más vidas. Aprovecharían que la bestia estaba concentrada en acabar con cada oficial. Los oficiales disparaban, pero no lograban darle un tiro mortal. Vieron cómo la pareja se transformaba y ambos se lanzaron a atacarlo, dándoles el tiempo suficiente para huir del lugar.
Erick y Mark, sin dudar, se transformaron y corrieron hacia la academia. Su hermana estaba en peligro. Eran conscientes de que el alfa había escuchado el anuncio de Erza y de que esa había sido la causa que desató tal furia. Ya no permitirían que tomara ventaja sobre ellas.
Mientras ellos corrían hacia la academia, el alfa se encontraba luchando con la pareja. Su cuerpo estaba lastimado, varias balas lo habían alcanzado y el veneno comenzaba a extenderse por su cuerpo. Pero aquello no impedía que, al estar dominado por su alfa, siguiera dando pelea. Después de todo, era un prodigio, no se dejaría vencer tan fácilmente con seres inferiores como los que lo rodeaban.
Siguió atacando, saltando en todas las direcciones para desmembrar a cada oficial que lo apuntaba.
Cuando solo quedó la pareja, aulló una última vez antes de saltar hacia la loba con tal velocidad, que su pareja no pudo llegar a tiempo para detenerlo. La sujetó fuertemente de las patas y la lanzó al piso. La inmovilizó y colocó sus fauces en el cuello desprotegido de la loba, mordiéndola y desgarrando su carne, mientras sus garras se enterraban en su pecho haciendo presión, perforando sus pulmones y acabando con la vida de la loba.
Enfurecido, aulló una vez más y corrió hacia su último objetivo.
Este, al ver el cuerpo inerte de su pareja, perdió toda voluntad de pelear y seguir con vida.
Su hijo y ahora su esposa. Lo había perdido todo. Aulló de dolor rindiéndose ante la bestia, esperando su amargo destino. Se sometió y entregó su vida a aquella bestia sedienta de sangre. Cuando el dolor en su pecho se hizo presente, supo que había llegado su final.
Dejó su forma lobuna para ver que de su pecho sobresalía el brazo entero del lobo, mientras su corazón bombeaba en aquellas garras del que alguna vez consideró su familia.
Cerró los ojos, dejándose llevar por el cruel abrazo de la muerte. Al menos donde sea que vaya, su familia se reuniría de nuevo.
El alfa recuperó el control de su conciencia y, sin rastro alguno de culpa, sonrió ante el escenario. Cada cuerpo desmembrado y desgarrado era obra suya. Se había vuelto más poderoso y había dejado que la bestia lo dominara.
Ya no habría salvación para él, pero tampoco quería que lo salvaran. Él solo quería acabar con Erza y su estirpe.
Ya no le importaba si lastimaba o no a su destinada. Se encargaría de asesinar a esa alfa y acabar con la vida de ese cachorro impuro. Poco a poco, su humanidad lo iba abandonando para dar paso a la locura de la bestia. Aquella que se encargaría de terminar con su dolor.
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