Capítulo 21 de 31
—Ya veo. —murmuró Conrad.
Se encontraba reacio ante la reciente noticia brindada por el peliblanco.
—¿Me permites un momento? Es... difícil de digerir. — Se levantó, yendo camino a su dormitorio.
Mientras caminaba, su mente procesaba las fatídicas palabras que acababa de escuchar. Era imposible que su hija acepte tal crueldad, no podría ser esa la única solución. Necesitaba caer en los brazos reconfortantes de su mujer. Su pobre corazón no estaba preparado para dar esa noticia. Lamentaba no haber podido ayudar en su momento a aquella familia de su clan. En aquel entonces, él también había creído que el destino otorgado por la Diosa debía respetarse, sin cuestionarlo.
—Amor mío, ¿qué te ocurre? —Ginebra se levantó de la cama apenas su esposo entró a la habitación.
Al verlo avanzar lento y con la mirada caída supo que algo estaba mal.
—¿Qué fue lo que te dijo?
—Oh Ginebra... acaban de romper mi corazón. — Se lamentó, mientras se apresuraba a llegar a los brazos de su esposa. —Crueldad, nada más que eso.
—¿Tan terrible es? Dime cariño, ¿qué te aqueja? — Levantó la cara hundida de su marido y esperó a que hablara.
—Es lo más horrible que he escuchado en mi vida. Y lo peor es que debo ser yo quien se lo comunique a Lyssandra. — Suspiró, apretando fuertemente los puños. —Te lo contaré todo, mi amor.
La mujer asintió y juntos se sentaron en la cama. El alfa le comentó todo lo que el hombre le informó, incluyendo cómo la joven pareja pudo librarse de la maldición sin ser conscientes de sus actos. Aquellas palabras fueron puñaladas para el corazón de la mujer. Y es que a estas alturas nadie entendía. ¿Por qué la Diosa Luna era tan cruel con sus hijos?
—Una noticia así debe ser dada en persona. Déjame acompañarte, cariño. Nuestra hija nos necesita.
—Es tan cruel... son jóvenes aún. — Se levantó y con algo de duda le habló a su mujer. —Ginebra... Si una opción era el sacrificio de los destinados, y ahora tenemos otra, ¿crees que haya la posibilidad de que existan varias maneras? — Preguntó esperanzado.
No quería que su cachorra tuviera que pasar por eso y sacrificar a su propia descendencia.
—No perdemos nada con intentarlo, querido. Varios de nuestros miembros viajaron por distintos lugares, no nos conformemos solo con esto. — Besó su rostro, confortándolo. —Pero aun así es algo que debemos decirles. Aunque sea cruel, solo ellas deberán decidir qué hacer.
—Esperemos esta semana. Si nadie más nos trae noticias le comunicaré que iremos para hablar del tema.
Ambos se miraron y regresaron al salón, donde el peliblanco los esperaba pacientemente. Aunque él no lo haya pedido, Conrad y Ginebra sentían que debían recompensarlo de alguna manera por el apoyo brindado.
————
Conrad y Ginebra esperaron pacientemente el transcurso de la semana sin noticias de por medio. Ya había llegado el día en que hablarían con su hija, y sin más opción, deberían informarle de la única solución que habían encontrado hasta el momento.
Hicieron una breve llamada, mencionándole que estarían llegando a la academia al anochecer. Una vez terminada la llamada, subieron al auto y emprendieron el viaje.
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Ya habían pasado diez días desde la noche en que Erza se había dejado llevar y, como era de suponer, los síntomas empezaron a pasarle factura. Por suerte, había aprendido a controlar su cuerpo y su aroma, lo que hacía más fácil disimular cuando se encontraba en presencia de su alfa. Esa noche vendrían sus padres, y no quería preocupar de más a su pareja. Ya habría momento para hablar del tema.
Ese mismo día, Lyssandra había amanecido con un mareo más intenso que los días anteriores. Silenciosamente se dirigió hacia el baño y abrió la ducha para disimular el sonido de sus arcadas. Lo que menos quería era despertar a su pareja y tener que darle explicaciones. Cuando su cuerpo ya no tenía más que expulsar se quitó sus prendas y entró a bañarse.
Al salir, como cada mañana, vio cómo su alfa dormía plácidamente, roncando y con baba cayendo por la esquina de sus labios.
Instintivamente llevó una mano a su vientre, sonriendo ligeramente mientras se dirigía a la cama de su novia. Se sentó a su lado y empezó a moverla para despertarla.
—Erza, despierta. Llegaremos tarde nuevamente. — Sus movimientos se volvieron más bruscos al sentir que la alfa no despertaba. —¡Alfa!
La alfa se despertó de golpe, lista para atacar por el grito de su omega. Sacó las garras y observó a su alrededor. Al ver que solo estaban ellas, retrajo sus garras y le sonrió cálidamente mientras bostezaba.
—Todas las mañanas te despierto así, Erza, pero estos días estás más a la defensiva. — Bromeó por la constante reacción de la alfa en los últimos días.
—Buenos días, Lyss. — Se estiró, aún con sueño y la atrajo hacia ella para besarla. —Estos días me he sentido rara. Como si algo me llamara a protegerte, incluso más de lo normal, ¿sabes?
Lyssandra desvió la mirada sabiendo el porqué del instinto protector de su alfa, pero no estaba lista para decirlo, no aún. Se levantó y se dio la vuelta para ir a su escritorio y acomodar sus pertenencias, sin devolverle la mirada a la alfa.
—Tal vez te sientes alerta por Ryker. — Hizo una pausa para que respondiera, pero al no obtener ninguna respuesta de su parte, continuó. —No te olvides que hoy vienen mis padres. Nos dirán todo lo que averiguaron.
—Con suerte el día de hoy vuelvo a marcarte, amor. — Se acercó por atrás abrazándola y besando su cabeza. —No me gusta que más alfas te anden mirando como si estuvieras disponible. —Gruñó.
—Estarían locos si alguno se atreve siquiera desafiarte. — Sujetó los brazos que la tenían rodeada y apoyó su cabeza en el cuerpo de la alfa. —Tú eres la alfa más fuerte de la academia, y yo soy tuya de cualquier manera, incluso... — Cerró la boca rápidamente antes de dejar escapar algo de lo que aún no estaba lista para hablar. —Olvídalo.
—¿Olvidar? Lyss, ¿qué me ibas a decir?
—No es nada Erza. Sabes bien que no dejaría que nadie más que tú me toque. Te lo he demostrado.
La alfa estaba a punto de reprocharle algo cuando la omega la interrumpió.
—Apúrate y arréglate que ya empezarán las clases. — Se soltó del agarre y regresó a su lado de la habitación. —Si no terminas pronto, me iré adelantando.
Rápidamente Erza obedeció y fue a asearse para correr a sus clases. Con un poco de suerte el día pasaba rápido y, con más suerte, la reunión con sus suegros traería buenas noticias.
—————
—Llegamos querida.— Conrad salió del vehículo primero rodeando el vehículo para abrirle la puerta a su esposa. Le ofreció la mano y la ayudó a bajar con cuidado.
—Ahora viene lo más difícil. — Le recordó. —No debemos mostrar debilidad. Tenemos que apoyar lo que decidan.
—Aunque me cueste, lo haré, cariño.
Los Velkam entraron a la academia y se dirigieron primero al despacho de la directora. Zyla ya los esperaba con las llaves de una cabaña cercana a las instalaciones, donde pasarían la noche.
Una vez estuvieron reunidos, la directora comenzó a explicarles lo ocurrido con las chicas. También les habló de la aventura de su hija y de cómo había tenido que regresar a su alfa transformada, pasando su celo junto a ella.
Conrad y Ginebra permanecieron en silencio por unos segundos. Habían llegado para dar malas noticias, no para recibirlas.
Los padres salieron del despacho todavía más preocupados que antes, intentando asimilar la imagen que acababan de construir en sus cabezas sobre su inocente cachorra.
—Nuestra hija… —murmuró Ginebra, llevándose una mano al pecho.
Conrad suspiró profundamente, negando con la cabeza.
—No puedo aceptarlo. —dijo sintiendo como su lobo gruñía. —Mi pequeña…
—Tienes razón. No volveremos a hablar de esto.
El alfa asintió y continuaron caminando por el pasillo en silencio, intentando recomponer sus expresiones antes de encontrarse con su hija.
Al llegar a la habitación, respiraron profundamente y tocaron la puerta.
Unas pisadas ansiosas se escucharon del otro lado y, en menos de un segundo, Erza los recibió con una enorme sonrisa, invitándolos a pasar.
Conrad y Ginebra intercambiaron una mirada fugaz. Decidieron actuar normal y saludaron animosamente a la alfa.
Caminaron hacia una de las camas para sentarse luego de saludar cariñosamente a su hija, mientras Erza se acomodaba al lado de Lyssandra y pasaba un brazo por detrás de ella, dejándolo caer sobre su espalda baja.
—Mamá, papá, espero que lo que nos tengan que decir sean buenas noticias y haya valido la pena el largo viaje. —dijo esperanzada.
Ambos padres intercambiaron una rápida mirada y asintieron levemente. La primera en hablar fue Ginebra.
—Hija mía, lo que nos informaron no es algo agradable de oír. Y sin embargo, aquí estamos, porque esa decisión solo les pertenece a ustedes.
—¿Qué tan malo puede ser? — Erza le ganó la palabra.
—Algo demasiado difícil de procesar como para venir después de esperar una semana completa. Estuvimos esperando que alguien más llegara con alguna otra noticia. — Esta vez fue Conrad quien continuó. —De verdad queríamos que alguien más llegara, hija mía.
—Entonces continúen. Escucharemos atentamente lo que tengan que decir.
Fue entonces que Conrad comenzó a relatar una vez más lo que le había dicho el peliblanco. Les contó todo, guardándose su dolor. Dolor que solo un padre puede sentir al imaginar lo que esa joven pareja tuvo que pasar. Sin poder hacer nada al respecto, sin poder detenerse, sin su consentimiento.
Lo que el alfa no sabía era que, cada palabra que salía de su boca era un puñal para su hija. Porque ella llevaba dentro un cachorro. Su primer cachorro.
Erza fue la primera en darse cuenta que el aroma de su pareja cambiaba a medida que el hombre hablaba. La tristeza y ansiedad la invadían sin que pudiera controlarlas, haciendo que sus feromonas se intensificaran y llenaran el ambiente. La atrajo más hacia ella y la abrazó fuertemente para calmarla. Fue entonces cuando Lyssandra ya no pudo ocultar el nuevo aroma que se empezaba a formar en ella.
Erza, al darse cuenta, abrió más sus ojos en sorpresa y miró a su omega.
—Entiendo.
Lyssandra apretaba sus pantalones mientras su mirada solo apuntaba al suelo, aguantando las lágrimas que se esmeraban en salir. No quería que se enteraran de esta manera. Pero su aroma, ya perceptible incluso para sus progenitores, no pudo ayudarla esta vez.
—Entonces Erza y yo debemos habl...
—¡¿Estás esperando un cachorro?! —gritó Erza interrumpiéndola.
Lyssandra palideció y maldijo a su propio cuerpo por haberla delatado al no poder controlar sus feromonas. Su mirada aún perdida se tornó borrosa. Sus lágrimas comenzaron a caer sin su consentimiento y un fuerte mareo se hizo presente en la joven omega.
Erza al darse cuenta de esto, sujetó más fuerte a su pareja, limpiándole las lágrimas. La cargó y llevó al baño bajo la atenta mirada de sus suegros. Esperó con ella pacientemente hasta que pudo calmarse para llevarla nuevamente a la cama y recostarla con cuidado.
Conrad y Ginebra se encontraban bajo una mezcla de sentimientos: por las noticias y por el trato que aquella alfa tenía con su hija. Se notaba cuánto amor había entre ellas.
Era tan diferente a Ryker y al detestable trato que había tenido con su cachorra desde el primer día. Maldecían una y otra vez el que su hija no pudiera amar libremente sin recibir un castigo a cambio.
—Creo… que debemos retirarnos. —Ginebra se acercó a su hija, quien al verla, rompió a llorar otra vez. —Ustedes necesitan hablar, cariño.
—Perdón, mamá... yo...
Lyssandra no sabía qué decir, después de todo, también estaba asustada.
—Oh mi cielo, no te lamentes. Tal vez no fue algo planeado, pero sabes que estaremos siempre para apoyarte. — Conrad tomó la mano de su hija y la apretó fuertemente. —Ahora ustedes deben hablar con respecto a qué harán ahora.
—Estaremos en la cabaña cerca de las jaulas por si nos necesitas.
Ambos padres se dirigieron a la salida acompañados de la rubia.
Erza, al igual que ellos, se encontraba en conflicto. No quería asustar a Lyssandra y generarle malos entendidos. Por el momento, solo se ocuparía de tranquilizarla.
La pareja iba saliendo de la habitación cuando pidieron a Erza que los siguiera antes de que pudiera cerrar.
—Tenemos una conversación pendiente, niña. — Conrad endureció sus facciones, intimidando a la alfa. —Es momento de que nos demuestres lo que estás dispuesta de hacer por nuestra cachorra.
—Cla...claro señor. La cuidaré siempre. Su hija es lo más preciado que tengo. — Negó con la cabeza,, y regresó la mirada al alfa. —Me corrijo, Lyssandra y el cachorro que lleva dentro son lo más preciado que tengo en la vida.
El hombre sonrió dentro de sí, debía mantenerse firme para intimidar a la alfa. Sabía que lo que habían hecho no era lo ideal, pero les daría el beneficio de la duda. Había algo en ella que le transmitía confianza, y su instinto le decía que no habría mejor alfa para su hija que aquella chica parada frente a él, manteniéndose firme ante su presencia.
—Ve con ella. Te necesita en este momento. —dijo Ginebra, tomando la mano de su esposo para comenzar a caminar. — Ya habrá tiempo para hablar.
Asintió y antes de que pudiera entrar a su habitación, el alfa volvió a hablar.
— Y Erza, bienvenida a la familia.
La alfa los siguió con la mirada hasta que desaparecieron de su vista y cerró la habitación. Se acercó a su omega quien seguía llorando, dejando que sus feromonas ambientaran el cuarto. Con su pulgar limpió dulcemente su rostro y la obligó a verla al echarse junto a ella.
—Lyss... ¿por qué no me lo dijiste?
—Tenía pensado hacerlo luego de la noticia de mis padres. Solo que... — Suspiró y hundió su rostro en el cuello de su alfa, tratando de calmarse con su leve aroma. —No me esperaba ese tipo de solución.
Erza entonces dejó salir sus feromonas para calmar a su pareja y la abrazó protectoramente, acariciando su espalda de arriba abajo mientras le daba besos en la cabeza.
—Es por eso que me despertaba siempre a la defensiva. — Dejó escapar una pequeña risa al recordar sus recientes despertares, calmando el ambiente.
Lyssandra la miró con duda.
—¿No estás molesta? Quiero decir... estuviste muchos días desesperada con la idea de que esto pase y...
—No, molesta no... solo...estoy asustada.
La alfa pudo ver el dolor reflejado en sus ojos., tal vez no usó las palabras correctas.
—Lo que trato de decir, Lyss, es que tengo miedo de que pasemos lo mismo que aquella pareja. No puedo permitir que nada les pase ahora.
—Ryker no debe saber esto, enloquecería.
Lyssandra analizó la situación por un segundo. Edmund ya no estaba. De nada les servía tenerlo encerrado.
—¿No sería lo mejor eliminarlo? Si llegara a escapar, sería una amenaza constante hacia nuestro cachorro. —dijo, endureciendo la mirada, dejando escapar pequeños gruñidos.
—Creo que es algo que debemos consultarlo con tus padres y mis hermanos. Tampoco es que matemos porque sí, amor. Antes teníamos un propósito.
—Que él se encargó de arruinar. No pienso poner en peligro a nuestro cachorro a cambio de su vida.
Sus ojos comenzaron a brillar y cambiaron a una tonalidad de amarillo, dejando que su omega salga a la luz, defendiendo a su cría.
—Hey... tranquila, lo solucionaremos. No dejaré que nada les pase.
Sujetó su rostro y la obligó a mirarla, cambiando sus posiciones. Se acercó a ella dándole un suave beso mientras con sus brazos la acariciaban con amor calmando a su pareja.
—Ya lo vencimos muchas veces, no es amenaza para nosotras. Ahora descansemos, desde mañana no te dejaré sola ni un segundo. Nadie se acercará a mi chica ni a mi cachorro. — Aseguró, besándola nuevamente.
Ambas chicas se acomodaron en la cama quedando Lyssandra de espaldas siendo rodeada por los fuertes brazos de su alfa y con una mano en su vientre aún plano.
La habitación esa noche fue el lugar más cálido y reconfortante para ambas. Habían llegado a una nueva etapa de sus vidas y, aunque era muy pronto para ese paso, el temor que sentían minutos antes se transformó en esperanza.
Estaban seguras de que debería haber otra manera. Mientras esperaban la llegada del cachorro, ellas seguirían buscando y esperando alguna otra noticia de parte del clan.
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