Capítulo 20 de 31
Los tenues rayos de luz entraban sigilosamente a la habitación, advirtiéndoles a las amantes que un nuevo día comenzaba. Erza seguía tan sumergida en sus pensamientos sobre la noche anterior que no se dio cuenta de que su novia comenzaba a despertar.
Los ojos ámbar se abrieron lentamente y lo primero que vio fue el rostro preocupado de su alfa. Sentía sus caricias por la espalda, pero su mente no estaba con ella esa mañana. Soltó un pequeño suspiro y, apoyándose en un codo, levantó levemente el cuerpo para confrontar a su distraída pareja.
—Alfa... ¿Qué es lo que te está preocupando? — Se acercó a ella y pasó su mano por su rostro para obligarla a mirarla a los ojos.
La rubia permaneció en silencio por unos segundos, perdiéndose en la mirada de su acompañante. La calidez en su pecho creció al verla de aquella manera: desnuda y vulnerable, solo para ella. Su mirada se fue relajando con las pequeñas caricias que la omega le brindaba en el rostro, permitiéndose disfrutar de aquel momento por unos segundos antes de confrontarla.
—Lyss... me dejé llevar anoche. Aún estás en celo y mi lobo me dominó por completo. — Bajó la mirada, avergonzada, y suspiró. —Solo espero que no pase nada.
Lyssandra se sonrojó al recordar los acontecimientos de la noche. Se había dejado llevar por completo, hasta el punto de descuidarse y no pensar en las consecuencias. No había tomado los medicamentos lupinos como aquella tarde en la cueva. Solo se dejó llevar por el dolor de la pérdida de su marca y el placer de pertenecerle.
—No pensemos en eso ahora. Yo tampoco te detuve. No te atormentes. — Se impulsó y saltó de la cama.
La sábana que la cubría cayó, dejando al descubierto su cuerpo desnudo, resaltando cada marca y mordida que su alfa le había dejado. Menos en el cuello.
La omega intentó restarle importancia para darle tranquilidad mientras se dirigía al baño para asearse. La alfa observaba embobada mientras el cuerpo de su omega se alejaba y desaparecía tras la puerta. Sin duda, había ganado la lotería con ella y no descansaría hasta encontrar la manera de reclamarla ante todos.
—Sólo debemos ser pacientes y encontrar la manera. —susurró para sí misma, mientras se dirigía a hacerle compañía a su omega.
—————
El camino se hacía más estrecho y el paisaje, que una vez fue colorido y lleno de vegetación, comenzó a desaparecer a medida que se acercaban al pueblo de Nidria. Según sus fuentes, allí se encontraba una de las familias del clan que había pasado por lo mismo que la heredera de los Velkam. La lealtad que le tenían a Conrad y Ginebra era irrompible y recorrerían el mundo entero solo para que ellos y su familia vivieran tranquilos. Nadie lo hacía por dinero.
—Llegamos señor.
Un hombre bajito abrió la puerta del coche, permitiendo que el peliblanco bajara mientras observaba el pueblo con curiosidad.
—Gracias. Por favor, recógeme mañana al anochecer. — Apretó la mano del hombre en señal de despedida y se dirigió a la entrada de aquel pueblo sin color.
Las personas caminaban sin prisa a su alrededor. El ambiente era tranquilo y los únicos ruidos que se escuchaban eran las risas de los niños y los sonidos de los animales. Se dirigió a una posada para reservar una habitación y, con algo de suerte, poder preguntar por la pareja.
—Una habitación por favor. — Pidió a la anciana encargada.
El hombre pagó y tomó las llaves de su habitación. Entonces aprovechó para preguntar por su objetivo.
—Disculpe señora. Estoy buscando a un integrante del clan Velkam. No sé si podría brindarme información sobre dónde encontrarlo, si lo conociera.
La anciana levantó la vista hacia el desconocido. Pudo ver cierta desesperación en su mirada y, sonriendo, le brindó la información solicitada. El peliblanco le agradeció y, después de dejar sus pertenencias y darse un baño, salió directamente hacia el lugar que la anciana le había indicado.
Después de una larga caminata por el pueblo llegó al lugar. Era una casa mediana, con el emblema de los Velkam, que resaltaba entre las demás.
Pudo apreciar a dos niños jugando en el pequeño patio que daba hacia las calles, bajo la atenta mirada de su madre. Se acercó a la mujer con una sonrisa cordial.
—Disculpe, señora. ¿Es el domicilio de los Velkam, acaso? — La mujer lo recorrió de pies a cabeza con el ceño fruncido. —Estoy en busca de algunas respuestas para el clan.
Al escuchar que pertenecía al clan Velkam, relajó el rostro y le sonrió amablemente, indicándole que su esposo estaba por llegar. El peliblanco asintió y esperó en silencio al hombre.
Pasados unos cuarenta minutos, escuchó a los niños gritar de emoción por la llegada de su padre. Corrieron hacia él y lo abrazaron y su esposa le dio un cálido beso de bienvenida. Al separarse, el hombre se percató de la presencia del peliblanco y le extendió la mano en señal de saludo para luego presentarse.
La mujer les pidió que pasaran al interior del hogar para ofrecerle algo de beber al invitado. Una vez el peliblanco les explicó el motivo de su visita, pudo ver cómo los rostros de la pareja palidecían y sus ojos reflejaban nostalgia y tristeza, reviviendo algo que ambos se habían prometido olvidar.
—Y ese sería el motivo de mi visita. Lamento si los estoy incomodando. Puedo verlo reflejado en sus miradas, pero nuestros líderes nos necesitan y no deseo regresar sin alguna posible solución. — Sentenció, esperando no sonar demasiado duro con sus anfitriones y lograr que se apiadaran de él lo suficiente como para hablar.
—Sin duda, nos toma desprevenidos, señor. — Soltó un largo suspiro mientras miraba fijamente la jarra de agua. — Lo que pasamos no nos trae más que malos recuerdos. — Agachó la mirada y tomó la mano de su esposo.
—Sin embargo, por la lealtad que tenemos hacia el clan, entendemos la urgencia y le contaremos lo sucedido. — Intervino el hombre. — Si no es mucha molestia para usted, nos gustaría hablarlo sin la presencia de los niños. ¿Le parece volver mañana por la mañana, cuando nuestros cachorros se encuentren en la escuela?
—No habría ningún inconveniente. — Asintió. —Entonces me retiro, señores. — Se levantó de su asiento y se despidió de la pareja. —Vendré lo más temprano posible.
A amanecer, salió de su habitación y caminó hasta un local cercano para desayunar. Podía sentir cómo el pueblo entero irradiaba amabilidad. Al estar muy alejados de los demás pueblos, la comunidad era como una enorme familia.
Pasadas las nueve de la mañana, emprendió el camino nuevamente hacia la vivienda de la pareja Velkam. Tocó la puerta de madera y esperó pacientemente a que le abrieran, ansioso por conocer aquella posible solución que tanto necesitaba la heredera del clan.
—Por favor, tome asiento. — Pidió el hombre, acomodándose al lado de su esposa en el sillón. —Como bien me indicó ayer, vino en busca de posibles soluciones para el castigo de la Luna. Según lo que nos contó ayer, la marca de la heredera desapareció, ¿verdad?
—Correcto, y el predestinado de su alfa fue asesinado, impidiendo que se pueda cumplir con el sacrificio necesario. — Concluyó el peliblanco.
—Entiendo. Es irónico que la historia se repita. — La mujer observó a su marido, quien se encontraba un poco incómodo. A ninguno de los dos le gustaba hablar del tema.
—¿Cómo lograron ustedes estar juntos, formar un lazo y tener familia, si la Diosa se los impedía?
—La Diosa solo busca sangre, y nos enteramos de eso de la peor manera. Intentamos de todo para deshacernos de nuestros predestinados. El mío falleció en un accidente antes de que pudiéramos concretar sus muertes bajo la luz de la luna.
—Fue ahí cuando pensamos que nunca podríamos encontrar alguna solución para poder estar juntos sin ese sufrimiento. Nuestro deseo siempre fue también formar una manada propia y buscamos desesperadamente poder amarnos sin culpa.
La mujer dejó las palabras en el aire para que su esposo continuara. Aún era doloroso para ella.
—Después de mucho tiempo de que mi marca desapareció de su cuello, mientras buscábamos cómo librarnos del castigo para poder marcarla nuevamente, nos enteramos que esperábamos un cachorro. La felicidad nos invadió en ese momento. Todas nuestras preocupaciones se fueron por unos instantes y supimos que haríamos lo que fuera para vivir tranquilos, con la aceptación de la Luna. — El hombre suspiró y se frotó la sien. —Pero la felicidad no nos duró mucho, porque, sin querer, la solución llegó a nosotros sin avisar.
El ambiente en el hogar se hacía cada vez más denso. El aroma de la pareja había cambiado, volviéndose agrio y picante, reflejando la pena que aún llevaban después de tantos años. La mezcla de aromas se volvió tan fuerte que al peliblanco empezó a dolerle la cabeza, aguantándolo para no ser descortés con los sentimientos de la pareja.
—El sacrificio que hicimos no es algo que se lo deseáramos a nadie. Hasta el día de hoy nos lamentamos de lo que tuvimos que hacer, aun sin ser conscientes de ello, para llegar a donde estamos ahora. Pero, en el fondo, sabemos que, de haberlo sabido, no lo habríamos permitido.
El hombre buscó la mano de su esposa, entrelazando sus dedos con los de ella. El peliblanco permaneció en silencio, atento a cada palabra.
— Durante el embarazo, marqué una vez más a mi señora para alejarla de los alfas. La maldición volvió a golpearnos como el primer día.
La mujer cerró los ojos y apretó la mano de su esposo.
—Hasta ese momento, nada había cambiado. Pero, durante los días siguientes, el embarazo comenzó a acelerarse hasta dar paso al nacimiento de nuestro cachorro.
El hombre hizo una pausa. Su mirada se perdió durante unos segundos, aguantando sus lágrimas, intentando reunir las fuerzas para continuar.
—Se podría decir que fue un nacimiento instantáneo y milagroso. Es imposible que un cachorro nazca sano después de tan poco tiempo de gestación.
El peliblanco frunció el ceño. Aquello le resultaba extraño, pero decidió no interrumpirlo.
—Sin embargo, eso no fue lo peor.
La voz del hombre se quebró y las lágrimas finalmente comenzaron a recorrer su rostro.
—Nuestra conciencia se perdió aquella noche. Nuestros lobos tomaron el control y agacharon la cabeza ante las órdenes de la Diosa.
El peliblanco sintió un nudo en el estómago. No apartó la mirada, aunque cada palabra comenzaba a pesarle.
—Terminamos… devorando el fruto de nuestro amor bajo la atenta mirada de la Luna. El cielo se tiñó de rojo y nuestro castigo fue perdonado. Le habíamos entregado lo más valioso que teníamos.
La mujer rompió a llorar y apoyó su frente en el hombro de su esposo. Él la rodeó con un brazo, intentando contener su propio dolor.
—Cuando nuestra cordura regresó, pudimos comprender lo que habíamos hecho. Su pequeño cuerpo estaba incompleto, desgarrado y lleno de sangre. Nosotros fuimos los culpables de su prematura muerte.
El hombre bajó la mirada y respiró profundamente antes de continuar.
—Cuando nos dimos cuenta de lo ocurrido, la marca dejó de brillar. Mi omega pudo enlobarse esa misma noche conmigo, y el dolor y la desconexión nunca más nos persiguieron.
El peliblanco se quedó sin palabras ante aquella confesión. La mirada de los esposos parecía suplicarle que no los juzgara. No necesitaban que nadie lo hiciera. Bastaba con cargar durante años con lo que habían vivido y volver a recordarlo por su causa.
Las lágrimas no tardaron en aparecer en los ojos de los presentes, y él se sintió todavía más culpable por haberlos obligado a revivir aquel acontecimiento.
Con pesar y dolor, se despidió de la pareja y esperó a que llegaran por él. Sin duda, sería difícil comunicar aquello a los líderes y a la heredera.
——————
Las chicas pasaron los siguientes días con normalidad, asistiendo a clases y disfrutando de su compañía en la tranquilidad de su habitación. Las palabras de amor, los gestos y las miradas sobraban entre aquellas paredes. Sin embargo, después de aquella última entrega, no volvieron a tocar el tema.
Erza seguía avergonzada por haberse dejado llevar y haber permitido que su lobo tomara el control, sin pensar que este solo buscaba engendrar cachorros. Mientras tanto, Lyssandra buscaba el calor de su alfa sin éxito. Únicamente recibía pequeñas caricias y besos, sin llegar a más, haciendo que su loba gimoteara por la falta de atención de su pareja después de haberse entregado por completo. Por primera vez, comenzó a preguntarse si había hecho algo mal o si, después de todo, no había sido lo que la alfa esperaba.
—¿Aún no tienes noticias de tu padre? —preguntó la alfa al entrar a la habitación, después de haber pasado el tiempo con Lyra
Se acercó a ella por detrás, la abrazó y apoyó el rostro en su cabeza para depositar un beso cariñoso.
—De hecho, me llamó hace un rato. Estaba esperando que llegaras. — Respondió dándose la vuelta para encontrar su mirada.
—¿Cuáles son las noticias?
—Me dijo que vendrá en una semana. Se le escuchaba un poco desanimado. Dijo que debía arreglar primero un asunto del clan y luego vendría a informarnos sobre lo que uno de sus miembros descubrió.
—¿No podía decirlo por llamada?
—Intenté que lo hiciera, pero solo me repetía que lo esperemos.
—Será una semana larga entonces. — Suspiró. Se moría por volver a marcarla.
—Solo nos queda esperar. No quiso darme más detalles. — Se levantó y se dirigió hacia su cama, dando unas palmadas a su lado para indicarle a la alfa que se sentara junto a ella.
Erza la siguió con la mirada, esperando que su cuerpo reaccionara. Lentamente, se acercó a la omega y se sentó a su lado. Entrelazó sus manos y apoyó su cabeza en su hombro, permitiéndose disfrutar del aroma de su amada.
—Erza, ¿aún sigues pensando en lo que pasó esa noche?
Bajó la mirada hacia la alfa, quien se había escondido en su cuello. Erza asintió sin atreverse a mirarla a los ojos.
—Sé que no es seguro, pero creo que debemos dejar de pensar en eso. Mi loba siente que la estás rechazando. — Dejó escapar un suspiro cargado de emociones mientras acariciaba la cabeza de su pareja. —Y yo también estoy comenzando a sentirlo.
—Lo siento... pero... tengo miedo... — Levantó la mirada hacia su pareja, pero no pudo continuar.
—Alfa, yo…
—Quiero decir, no es que no quisiera eso contigo en un futuro, pero…
—Entiendo.
La tomó por la espalda y ambas cayeron sobre la cama. Lyssandra se volvió hacia ella y la besó con ansiedad.
—Esperemos esta semana y veamos qué pasa. Pero de verdad…te extraño.
Erza asintió, aún asustada. Sin embargo, la tranquilidad de la omega logró relajarla un poco. Se dejó llevar por las pequeñas caricias que esta le proporcionaba. El tacto frío de la omega sobre su piel la llevó a otro mundo, donde solo estaban ellas dos y nada más importaba.
Después de varios días rechazando el calor que su omega quería brindarle, terminó cediendo y volvieron a entregarse a su amor, demostrándose lo mucho que se necesitaban y que, pasara lo que pasara, estarían dispuestas a afrontarlo juntas.
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