Capítulo 19 de 31
En la oscuridad de su habitación, Lyssandra esperaba impacientemente a su alfa para continuar aquello que habían dejado pendiente días atrás en aquella cueva. Se mordió el labio inferior al imaginarla sobre ella
El sonido de la ducha cesó, y Erza salió ya vestida. Al posar su mirada en la omega, se percató de cómo esta la miraba intensamente.
—¿Pasó algo, Lyss? — Caminó hacia ella, sin despegar su mirada.
—Te estaba esperando, alfa. — Bajó su mirada a sus labios y habló con una voz sensual. —Tienes algo pendiente conmigo.
La rubia tragó saliva pesadamente. La mirada de su pareja había cambiado. Tenía las pupilas dilatadas y el rostro enrojecido. El aroma dulce que salía de su cuerpo impregnó la habitación. El ambiente había cambiado, la temperatura subió y comprendió lo que su omega quería.
Lyssandra se encontraba sentada en la orilla de su cama. La alfa caminó hacia ella y se agachó para quedar cerca de su rostro.
Pasó su vista por la piel pálida del rostro de su pareja, bajando hasta sus labios entreabiertos, que parecían esperar su beso. Sin poder evitarlo, desvió su mirada a la unión de su cuello y hombro, pudiendo observar cómo su marca ya no estaba. Su pecho se contrajo, y su lobo aulló por la pérdida del vínculo.
Erza cerró los ojos evitando pensar en eso y centrándose en su novia. Regresó la mirada a sus labios y, subiendo una de sus manos hacia su cuello, la atrajo hacia ella, acortando la distancia que las separaba hasta unir sus labios en un beso dulce al comienzo.
A medida que el beso avanzaba, los recuerdos de los últimos días llegaron a su mente, perturbándola. Fue entonces cuando dejó que su lobo tomara el control por un momento, haciendo que el beso se volviera más agresivo y hambriento. La brusquedad del beso le arrancó un grito de sorpresa a la omega. Con su mano libre, apretó de forma brusca y necesitada su cadera, haciéndola gemir con más fuerza.
La alfa rompió el beso. Sus ojos naranjas la miraban con hambre, recorriendo cada detalle de su cuerpo. Con un pequeño gruñido, se levantó y tomó las manos de la pelinegra para pararla de la cama.
Sus manos se dirigieron a su cintura y bajaron hasta sus caderas. Lyssandra, cegada por el aroma y rudeza de su alfa, subió sus brazos a su cuello dejándose dominar, iniciando nuevamente un beso desesperado.
La alfa llevó sus manos a la parte trasera de la omega, apretándola y procediendo a cargarla. La omega la rodeó con sus piernas y se dejó guiar hacia el escritorio.
La sentó sobre el escritorio, besándola como si fuera la última vez que la tendría cerca. Apretó sus muslos, dejándose llevar por los sonidos que su omega liberaba con cada apretón.
Sus manos se aventuraron a tocar su piel por debajo de la blusa y, al igual que en la cueva, sacó sus garras, destrozando la prenda y dejando al descubierto el torso de la omega. Lyssandra suspiro por la pérdida de otra prenda, pero arqueó su espalda ante sus caricias, mientras recorrían su piel desde el abdomen hasta sus pechos.
—No te contengas, omega. — Besaba y lamía su cuello y su clavícula, descendiendo hasta la entrada de sus pechos. —Te recordaré que sigues siendo mía.
Erza dirigió sus labios hacia su abdomen, lamiendo la zona y dejando pequeños besos mientras, con sus manos, apretaba los muslos de esta, haciéndola gemir. La omega la sujetaba del cabello, acercándola más a su cuerpo.
—Mírame. —Ordenó con su voz dominante.
La omega abrió sus ojos y bajó la mirada hacia ella.
Su lengua ascendía lentamente hacia sus pechos mientras sus ojos la miraban fijamente, mostrándole el dominio que ejercía sobre su cuerpo. Una de sus manos dejó su muslo para subir hasta su pecho y apretarlo con cierta fuerza. Su lengua alcanzó al pezón libre y trazó círculos a su alrededor, envolviéndolo con sus labios, lamiendo y chupándolo con rudeza. Dejaba pequeñas mordidas, alternando sus movimientos en ambos pechos para no desatender las necesidades de su omega.
—E..Erza... Ne..necesito más...— Gimió, mientras sentía que su cuerpo temblaba.
La alfa, en un movimiento rápido, tomó entre sus dedos las orillas del pantalón de la omega y, junto con su ropa interior, las arrancó de un solo tirón, dejándola expuesta. Luego se separó un poco de su cuerpo para comerla con la mirada.
La respiración de la omega se encontraba acelerada y sus pensamientos se nublaban. Necesitaba el calor y las caricias de su alfa, que se habían detenido durante los últimos segundos.
—Alfa... — La llamó, completamente necesitada.
—Abre tus piernas para mí, omega. — Ordenó con una sonrisa dominante.
Lyssandra, quien comenzaba a recuperar la cordura, se avergonzó y sintió cómo su rostro adquiría un leve tono rojizo. Sin embargo, obedeció a la petición de su alfa. Desvió la mirada de la alfa y, lentamente abrió sus piernas, dejando a la vista su entrada húmeda por el juego previo.
La alfa desvió la mirada hacia la entrada de su omega. Su lobo gruñó satisfecho mientras salivaba, dejando que sus instintos se sincronizaran con los de ella. Su olfato se había intensificado desde que permitió que su lobo tomara el control, haciendo que percibiera con mayor claridad el dulce aroma de los jugos que la omega liberaba.
Bajó su rostro hacia su omega para besarla salvajemente, mordiéndole el labio hasta hacerla sangrar. Acomodó las caderas de la omega, atrayéndola más hacia el borde del escritorio para darle mayor comodidad. Se agachó y colocó sus piernas sobre sus hombros.
Una vez estuvo a escasos centímetros de su entrada, dio una fuerte olfateada deleitándose de aquel aroma. Como la omega aún se encontraba en su etapa fértil, le era más difícil contenerse.
Con una mano, separó sus labios menores y pasó su lengua sobre estos para saborearla finalmente.
La recorría de arriba hacia abajo y en círculos, para no dejar ni una gota de ella desperdiciada, mientras con su pulgar libre jugaba con su clítoris.
—Ahh... Erz.. — Arqueó su espalda, sujetando con fuerza la cabeza de su alfa, evitando se aleje. —Más... más fuerte...
Al escuchar las peticiones de su omega, dejó pequeñas mordidas en su centro y apretó un poco más su clítoris. Con una mano apretaba sus muslos mientras su lengua entraba y salía de ella.
El cuerpo de la omega se encontraba sobreestimulado y, sin poder aguantar más, dejó escapar un grito, terminando en la boca de la alfa, quien gustosamente lo recibió, limpiando su zona.
Lyssandra se encontraba recuperando el aire cuando la alfa se levantó y se acercó a ella. La volvió a besar bruscamente, impidiendo que se recuperara por completo. Sus manos vagaban por el cuerpo de la omega, repitiendo sus acciones y apretando sus caderas.
—Aún no acabamos, omega. — Se separó y la cargó nuevamente, llevándola de regreso a la cama.
La dejó caer en la cama y se colocó encima de ella. La vista era un deleite para sus ojos. Tenía el cuerpo sudado, sus piernas temblaban y sus pechos subían y bajaban, luchando por recuperar el aire. Amaba verla tan vulnerable, solo para ella.
Erza se quitó sus propias prendas superiores, juntando sus pechos. Cortó la distancia y volvió a besarla desesperadamente. Bajó una de sus manos hacia su entrada y, sin previo aviso, metió su dedo medio, haciéndola gemir por la intrusión.
—Eres mía. — Afirmó, sin dejar de besarla. —Mi lobo te reclamó. Eres mi omega.
Lyssandra solo gemía por las estocadas de su alfa. Sin darse cuenta, ya tenía dos dedos en su entrada, que entraban y salían a un ritmo constante y duro. Sus caderas se movían siguiendo el ritmo de la alfa, quedando completamente a su merced. Se entregó completamente, reafirmando que le pertenecía.
—Soy.. ahh, soy tuya, alfa, mmm... — Se dejó guiar por su loba, que a gritos le pedía entregarse totalmente, desesperada por darle sus cachorros.
Erza se apoderó de su pecho, saboreándolo mientras sus estocadas subían el ritmo. Después de una última lamida, sacó sus colmillos. Dejando un camino de besos, se dirigió al costado de la omega, mordiendo y enterrando sus colmillos por la zona de las costillas, ocasionándole un dolor que, para ella, resultaba placentero.
Sus dedos aceleraban y sus mordidas no paraban, dejando rastro de sus colmillos por la extensión de su cuerpo, evitando su cuello. El dolor de las mordidas duplicó su excitación, haciéndola terminar por segunda vez.
Pero sus dedos no salían de la entrada de la pelinegra y siguió con su ritmo, dándole a entender que aún no acababa.
—Alfa... mmm. — Gimió cansada.
—No creo poder controlarme, omega. — Retiró sus dedos para quitarse sus últimas prendas.
Y al igual que la reclamó por primera vez en aquella cueva, Erza la volteó, colocándola boca abajo y levantando sus caderas. Sus ojos brillaban de lujuria, y sus manos se dirigieron a sus caderas, sujetándola con fuerza.
Con rudeza juntó sus partes, comenzando a embestirla y nalguearla, mientras su omega contenía sus gemidos entre las sábanas.
Sus garras salieron, arañándole la espalda con las puntas, haciéndola sangrar y dándole placer. La alfa lamía las heridas, saboreando la sangre de su amada, sin detener sus embestidas. El sabor metálico entrando en su cuerpo la excitaban aún más.
—¡Alfa!... Ya no aguanto.... ahhh — Sentía sus piernas flaquear por terminar varias veces seguidas sin descanso..
—Dime que me perteneces, omega. — Ordenó, sin dejar de embestirla.
—Soy tuya, ahh... ¡alfa!.. ahh
Erza aceleró sus embestidas, sujetando con fuerza sus caderas para no dejarla caer. Su clímax estaba cerca, lo sentía, debía separarse de ella, pero sus instintos no se lo permitían.
Un par de movimientos más y ambas llegaron en conjunto. La alfa mantenía sus caderas levantadas, dejando que su líquido entre en la intimidad de la omega. Una vez que se aseguró de llenarla por completo, se dejó caer junto a su pareja.
Sus ojos regresaron a su habitual azul, abrazándola y juntando sus cuerpos desnudos.
Lyssandra, con cansancio, se volteó para quedar frente a su alfa, sonriéndole exhausta.
Al verla, la besó dulcemente en la frente, para luego darle un corto beso en sus labios y dejarla descansar. Su brazo rodeó a la pelinegra. Acarició su espalda dibujando pequeños círculos y cerró los ojos para dormir.
<<¡Oh no! ¡Me dejé llevar!>> — Abrió los ojos asustada.
Después de unas horas, sin decir nada, desvió su mirada hacia su novia, quien se encontraba profundamente dormida. Al darse cuenta de lo que su lobo había hecho deseó que nada malo pasara con su encuentro.
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—Como todos saben, les pedí que vinieran para buscar respuestas por el castigo de mi hija. — Conrad los saludó cordialmente, continuando con su pedido. —No dejaré que no pueda estar con quien realmente ama. Mi hija no se merece eso.
Cada uno de los representantes del clan Velkam escuchaba atentamente las palabras de su líder. Era bien sabido entre los lobos que los Velkam hacían lo que fuera necesario por aquellos que amaban, y ésta no sería la excepción.
Conrad los convocó con urgencia para encontrar otra forma de librarse del castigo de la Luna, ya que los alfas enviados anteriormente habían encontrado la misma respuesta.
—Si no me equivoco, en las tierras del este hubo una situación parecida, pero deberíamos confirmarla personalmente. —mencionó uno de los representantes, dirigiéndose hacia su líder. —Puedo ir personalmente si me lo permite, mi señor.
—Cualquiera que pueda brindarnos una ayuda, tiene la libertad de viajar en busca de respuestas. Serán bien recompensados si encuentran alguna posible solución. — Miró a su esposa, quien afirmó la petición de su marido. —Nosotros mismos cubriremos los gastos del transporte y hospedaje que usen. Solo les pedimos su apoyo como el clan unido que somos.
Todos en la sala comenzaron a llamar a familiares lejanos en busca de alguna respuesta para su líder. En el transcurso de las horas, cada miembro avisaba hacia donde partiría y salía de la mansión en dirección a sus destinos, quedando únicamente Conrad y Ginebra en la sala.
—Confiemos en ellos querido. —mencionó su esposa. —Sabemos que siempre encontramos la manera de estar al lado de quienes nosotros elegimos.
—Lo sé, mi amor. Pero me preocupa que ahora mi cachorra llame la atención de los alfas cuando Erza no se encuentre con ella. Me dijo que ya pasó por su primer celo. Eso hará que llame más la atención de los alfas por el cambio de su aroma.
—Y también sabes que nuestra niña es capaz de defenderse de cualquier alfa como hasta ahora lo estuvo haciendo. — Tomó las manos de su esposo, tranquilizándolo.
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Ryker se encontraba encerrado en la jaula de la cabaña del clan Faolan, recuperándose de sus heridas y extremidades rotas por la rubia. Su ira crecía cada minuto que pasaba, sintiendo las miradas de odio de los lobos que lo veían a lo lejos. Se había encargado de asesinar a su sobrino y a su "amigo" y no tuvo el resultado que esperaba.
Tenía tan cerca a su omega, tan indefensa. Y por confiado, perdió su oportunidad.
Pero no todo estaba perdido, sabía que su marca había desaparecido y era cuestión de tiempo de encontrar una forma de escapar. Una distracción de sus guardias, y él sería libre.
Su propósito aún no se cumplía y mientras su omega permaneciera al lado de esa alfa, podía asegurarse que solo competiría con ella.
—Espera un poco más, omega mía. —dijo para sí mismo, entrando poco a poco en la locura. —Te libraré de esa alfa que osó engañarte para apartarte de mi lado.
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