Capítulo 18 de 31
A lo lejos se escuchaban voces acercándose, alertándolo para dejar el lugar. Usó su fuerza y abrió las ventanas selladas para saltar y buscar un lugar donde ocultarse.
Cuando confirmó que no había nadie cerca, comenzó a correr en dirección a su refugio, pero un aroma conocido lo paralizó repentinamente. Era su omega. Lyssandra estaba cerca y, además, estaba en celo.
Su alfa estaba excitado por el reciente asesinato y el olor de la omega solo lo incrementaba. Jamás pensó matar a no ser que fuera en batalla, pero fue algo necesario para completar su misión. Aunque ella lo odiara toda la vida, él la obligaría a permanecer a su lado. Después de todo, le pertenecía desde el día que la luna los había destinado.
Sin pensar en nada más que marcarla, se apresuró para encontrarla. No sentía por ningún lado el aroma de la alfa. Podría ser su única oportunidad. De todas maneras, la luna llena estaba próxima a salir y, como le dijo la Diosa, tendría que marcarla bajo la luz de la luna.
Al estar completamente concentrado en el dulce aroma del celo, no se fijó cuando pisó una de las trampas, activándola de inmediato. Un fuerte gas salió disparado por el bosque y llenó de humo la zona, haciendo difícil localizar el aroma de su omega.
Lyssandra se encontraba cerca, pendiente de si alguna de sus trampas se activaba. Al notar que la bomba de humo se expandía por el terreno hacia el oeste, se dirigió hacia ella, con un par de dagas ocultas en sus botas.
El alfa logró escapar de la zona, pero, al estar desorientado, volvió a pisar otra trampa. Esta, en cambio, hizo que su pata trasera se hundiera en el suelo, cayendo sobre unos pinchos de plata. Estos atravesaron su carne y lo hicieron rugir de dolor. Mientras tanto, el veneno de la plata comenzaba a expandirse por las pequeñas heridas, adormeciendo ligeramente la zona.
La heredera encontró al alfa y se colocó frente a él, provocándolo. Caminó hacia una trampa cercana, esperando que el alfa la siguiera y cayera sobre ella.
Al estar dominado por su bestia, se guiaba únicamente por sus instintos, deseando marcar a la bella omega que tenía frente a él.
Sin importarle el dolor que sentía, corrió en su dirección, provocando que la omega saliera corriendo del lugar, cayendo en la siguiente trampa.
Esta vez, cuchillas de plata salieron disparadas hacia él, incrustándose en su espalda y desgarrando su piel. El veneno empezaba a expandirse por su cuerpo, debilitándolo y adormeciéndolo.
Su mirada buscaba desesperadamente a Lyssandra, quien había desaparecido de su vista. Su olfato fallaba y su vista se volvía borrosa, mientras comenzaba a sentir náuseas. En ese momento, la omega apareció tras él y, con furia, le clavó dos dagas con veneno paralizante.
El alfa sintió cómo sus patas dejaron de responderle y cayó a los pies de la heredera. La omega sonrió con satisfacción al ver cómo el alfa le gruñía, esforzándose por recuperar el control de su cuerpo.
Solo le quedaba esperar a que Erza llegara con Edmund para poder realizar el sacrificio.
—¡Mark! –gritó, y el alfa se le acercó. —Ayúdame a llevarlo al punto de encuentro.
—No puedo creer que en una noche lo atraparas. —mencionó, impresionado. —Es más que obvio por qué mi hermanita se fijó en ti. — Bromeó.
Lyssandra desvió la mirada, sonrojada, y comenzó a avanzar.
—Mmm... Apurémonos. El veneno no durará mucho.
Al llegar, la omega clavó otra daga en el cuerpo del alfa cuando notó que comenzaba a moverse. No correría riesgos. No dejaría que se volviera a escapar.
Los minutos pasaron y el cielo se preparaba para la entrada de la luna llena. Sin embargo, no había rastro de Erza.
—¿Dónde estás, alfa...? Se nos agota el tiempo... —susurró para sí la omega.
—Tranquila, ya debe estar por llegar. — Intentó calmarla, aunque él también se encontraba ansioso.
El silencio reinó unos cuantos minutos más, hasta que escucharon pasos acercándose. Ambos voltearon a la vez, pero se llenaron de dudas al verla completamente sola, asustada y desesperada.
—¡Hermana! ¿Qué pasó? ¡Debías llegar con el omega!
—Muer..muerto. ¡Edmund está muerto! — Soltó la alfa..
—¡¿Qué?! —gritaron al unísono.
—¿De qué hablas, hermana? Él estaba bien en la cabaña.
—Lo encontramos sin corazón, Lyss... Alguien lo mató.
—¿Y Erik? — Se atrevió a preguntar su hermano. —¿Dónde está él?
—Me dijo que me adelantara, que buscaría con los demás al causante.
Lyssandra iba a responder cuando, detrás de ellos, comenzaron a escucharse risas. Ryker había regresado a su forma humana, y el solo hecho de ver desesperada a la alfa le causaba mucho orgullo.
Todos desviaron su atención hacia el alfa tirado en el piso, quien desafiaba con la mirada a la rubia.
—¿Que pasó, lobita? Ya no podrán lograr su cometido, ¿verdad? — Escupió, riendo más fuerte.
—¡Maldito seas, Ryker! — gritó Lyssandra con furia, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
La luna llena ya estaba saliendo, y su marca comenzó a brillar con intensidad.
—¡Solo reclamaba lo que es mío! — gritó, completamente enloquecido, moviendo uno de sus brazos con dificultad en dirección a la heredera. —¡Tú me perteneces!
Erza, furiosa, corrió sin pensarlo hacia él para golpearlo, sin notar que el alfa iba perdiendo los efectos del veneno. Ya no había más que hacer. Todo se había arruinado y el causante era aquel alfa que Lyssandra miraba con odio.
¿Cómo ese ser tan repugnante podía ser su destinado?
—Dispárenle los calmantes. No lo dejaremos escapar nuevamente. —Ordenó a los omegas que se encontraban ocultos en la zona.
De los arbustos salieron tres omegas, disparándole calmantes para impedir que escapara. Ya no había caso. No ganarían nada matándolo sin la presencia de Edmund con ellas.
—Hermana, debemos llevarlo a la jaula. De ahí no podrá escapar hasta que encontremos otra solución.
—Vamos... —Erza trató de recuperar su compostura, pero su corazón estaba lastimado. Sin ambos sacrificios, las posibilidades de estar con su omega en paz eran cada vez más nulas.
Mark cargó el cuerpo inconsciente del alfa. Seguido de Erza y Lyssandra, y de los demás miembros de la manada, se dirigieron hacia la cabaña.
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Erik se hallaba sosteniendo con fuerza el cuerpo inerte del moreno, llorando silenciosamente por tan cruel partida. Se sentía ridículo. De todas maneras, su hermana iba a matarlo. Pero encontrarlo así, lo hizo sentir culpable. No estuvo con él en sus últimos momentos y no pudo despedirse.
—No debí encariñarme contigo… — Pasó una de sus manos por el rostro apagado del moreno. —De todas maneras, no hubiera sido posible. — Negó con la cabeza y se rio de sí mismo al siquiera imaginarlo. —Desde el principio sabía cómo terminarías… Ojalá las cosas hubieran sido diferentes. — Acercó lentamente su rostro hacia el omega. —Perdóname, Edmund.
Depositó un suave beso en sus labios y se levantó, cargando el cuerpo del omega para enterrarlo. Sus pasos eran lentos, y sentía su cuerpo pesado. Su lobo estaba sufriendo y el odio hacia la Diosa comenzó a crecer dentro de él.
——————
Cuando la luna llena estuvo en su punto más alto, la marca de Lyssandra simplemente desapareció. Nuevamente era libre, no le pertenecía a nadie, ni siquiera a Erza, quien la miraba con dolor.
Las ganas de volver a marcarla estaban presentes en la alfa, pero no quería causarle más sufrimiento a su pareja. Si la ausencia de la marca les daba tranquilidad, lo haría por ella.
Cuando llegaron a la cabaña, Mark encerró a Ryker en una de las jaulas que tenían en caso de emergencia. Dos omegas serían los encargados de vigilarlo diariamente, rotando turnos e informando sobre el estado del alfa. Para ese punto, todos ya sabían del castigo que habían sufrido las chicas y querían ayudar a Erza, por ser la próxima cabeza de su clan.
Al salir, se encontraron con Erik, quien cargaba el cuerpo de Edmund. Mark y Lyssandra lo miraron, entendiendo el dolor que sentía el alfa. Sin embargo, Erza, al ver sus ojos rojos y sentir su aroma agrio, pensó lo peor de él.
—¿Por qué llorabas por él? — Gruñó, adelantándose hacia su hermano.
Erik no pudo sostenerle la mirada y cerró los ojos, bajando la cabeza, sometiéndose ante su hermana.
—¿Te enamoraste de él? —Volvió a insistir, molesta. —¿Es que pensabas traicionarme y escapar con él?
—Erza… Mi lealtad siempre estuvo contigo, hermana. — Levantó la mirada, sin poder evitar que una lágrima se le escapara. —Jamás pasaría por mi mente traicionarte.
—¡Explícame entonces qué haces con…!
Mark estaba dispuesto a intervenir, pero la omega se le adelantó.
—¡Ya basta, alfa!. — Interrumpió Lyssandra, jalándola hacia ella. —Erik dice la verdad. Pero ahora me dirás, ¿acaso lo culpas por haberse enamorado? ¿Cuándo tú y yo pasamos por lo mismo?
La rubia desvió su mirada, aguantando sus gruñidos.
—Él no tiene la culpa de cómo pasaron las cosas. —Lyssandra liberó su aroma, calmando a su alfa, y se acercó para rodearla con sus brazos. —No le provoques más dolor. Déjalo pasar su pérdida en silencio.
Erza respiró profundamente, calmando a su lobo y se acercó hacia Erik.
—Lo siento, yo… No sé qué me pasó.
—Descuida. Yo… denme un momento. Necesito despedirme de él. — Miró suplicante a la alfa, quien asintió, permitiéndole seguir con su camino.
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Los hermanos y Lyssandra emprendieron camino de vuelta hacia la academia.
—Encontraremos otra manera, Lyss... —decía una desanimada alfa, tratando de darle ánimos a su pareja.
—Le diré a mi padre que consulte con la manada. — Recordó las historias que había escuchado de su clan. —Seguramente un caso parecido ocurrió antaño.
—Yo hablaré con la directora. Igual debo reportar la muerte de Edmund.
—Bien... entonces... ¿Ahora qué? —dijo mirando hacia el piso. Ya no le pertenecía a Erza a ojos de los demás y, por lo visto, ella no se arriesgaría a marcarla de nuevo.
—Sigo contigo, Lyss... Que no tengas mi marca no quiere decir que nos vayamos a separar. — Buscó la mano de la omega y la acarició con la suya. —Sabes que te amo demasiado. No te dejaré por nada del mundo.
La heredera levantó la mirada al escuchar nuevamente aquellas palabras. Su corazón latió desbocado y su loba se agitó con fuerza en su pecho.
—Alfa… — Se colocó frente a ella. —También te amo, Erza. Eres lo que más quiero y necesito en el mundo.
Acercaron sus rostros, besándose dulcemente, reafirmando sus sentimientos. Al separarse, sonrieron y entrelazaron sus manos para seguir su camino en completo silencio. Las palabras ya no eran necesarias.
Al llegar a la academia, Erza se dirigió al despacho de la directora para comentarle lo sucedido: la muerte de Edmund en manos de Ryker y la desaparición de la marca de Lyssandra. Solo omitió un pequeño detalle. Le hizo creer que el alfa había escapado nuevamente.
Por otro lado, la heredera se encontraba en su habitación, llamando a su padre. Si algún Velkam había pasado por esta situación necesitaría toda la ayuda posible. Quería pertenecerle a Erza, la única alfa que se ganó su confianza y corazón. No quería ser de nadie más, así lo había decidido.
—Hija mía, ¿a qué se debe tu llamada? —preguntó curioso.
—Papá, todo salió mal. — Aclaró su garganta, su voz se entrecortaba. —Ryker mató a Edmund durante un descuido nuestro, y el sacrificio no podrá seguir. Por otro lado, la marca de Erza desapareció. Y ahora tenemos a Ryker encerrado hasta encontrar otras respuestas.
—Lamento oír eso, mi niña. Dime, ¿en qué puedo ayudarte?
—Padre, necesito que averigües si hay algún miembro de la manada o alguien que haya pasado por lo mismo.
Conrad ya había mandado a buscar respuestas a escondidas de ella, pero todavía no había obtenido algina. Era momento de reunir a los más importantes de su clan.
—Lo hablaré con tu madre, querida. Apenas tengamos respuestas, te llamaré. No te desanimes cachorra, esa alfa podrá con cualquiera que quiera acercarse a ti. Hasta entonces, cuídate de los alfas que querrán cortejarte.
—Lo haré. Adiós, padre.
Después de colgar, se dirigió al baño para darse una ducha. Estaba exhausta por la caminata de regreso y necesitaba relajarse.
La alfa entró minutos después, encontrando a su novia saliendo del baño con ropa ligera para descansar. Se acercó a ella y plantó un beso en sus labios.
—Me meteré a la ducha, salgo en un momento. — La besó nuevamente, esta vez más feroz. Apretando su cintura, provocándola.
Erza se separó después de escuchar un pequeño gemido, sonrió satisfecha y se dirigió al baño, dejando a la heredera confundida.
Lyssandra se dirigió a su cama, y colocó una de sus manos sobre la ya inexistente marca para mover sus dedos en círculos alrededor de su cuello.
Luego de pensarlo por un momento, se dio cuenta de que había varias maneras de seguir perteneciéndole a su alfa.
Pero para hacerlo, debía esperar que terminara su baño. Ella ya era suya, y se lo demostraría nuevamente.
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