Capítulo 17 de 31
Los planes habían cambiado, el tiempo se les agotaba y debían encontrar a al alfa lo más pronto posible.
Alistaron varios cambios de ropa, provisiones y las armas y venenos que Lyssandra estuvo preparando en los días que estuvo sin la compañía de su novia.
Cuando terminaron, fueron hacia la oficina de la directora para comunicarle que debían buscar a Ryker, quien ya se había convertido en un potencial peligro para ellas.
Zyla les dio solo tres días para ausentarse o de lo contrario podrían ser expulsadas. Ambas aceptaron y sin esperar más tiempo salieron en dirección al bosque donde los miembros del clan Faolan las esperaban.
Lejos de los terrenos de la academia, la alfa comenzó a desvestirse para transformarse libremente, mientras la omega guardaba sus prendas en la mochila antes de subir al lomo de la loba y comenzar el viaje. La loba recorría el bosque lo más rápido que sus patas le permitían, cada minuto que pasaba las ponía en desventaja frente al castaño. No dejaría que se volviera a acercar a su pareja.
No sería muy fácil darle caza. El alfa ya había escapado dos veces: de su manada y de ella. Por lo tanto, no sabían qué podía estar tramando.
Al llegar a la cabaña, la alfa volvió a su forma humana, se alistó y guio a la omega al interior para encontrarse con el líder del grupo.
—Marcus, un gusto verte. — Se acercó al alfa moreno quien se sorprendió al verla.
—Mi líder. — Respondió agachando la cabeza en señal de respeto. —¿A qué se debe su presencia?
Erza miró de reojo a su novia esperando una reacción por la manera en que la recibían. Al ver que la omega no la veía diferente, relajó su cuerpo y la tomó de la mano acercándose al alfa.
—Marcus, aún no soy la líder, no me llames de esa manera. — Sonrió y acercó a la omega. —Te presento a Lyssandra Velkam. — Los ojos del alfa se abrieron al reconocerla. —Mi omega.
Marcus pasó la mirada de la omega a la alfa y nuevamente a la omega, causando diversión en ambas. Por unos segundos pareció incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. La heredera de los Velkam… ¿era la pareja de su próxima líder? Al darse cuenta que estaba haciendo el ridículo, se aclaró la garganta y se agachó exageradamente hacia la pelinegra.
—Mucho gusto, es un honor tenerla en este lugar.
Lyssandra dejó escapar una pequeña risa y negó con la cabeza acercándose al alfa.
—El gusto es mío. Es bueno saber que Erza cuenta con tu lealtad sin ser cabeza de clan todavía.
La rubia se acercó para cambiar de tema. No estaba preparada para conversaciones políticas en esos momentos.
—Marcus. — Llamó desviando la atención del alfa. —Mandé a mis hermanos a buscar a Ryker, pero aún no tenemos ninguna respuesta por parte de ellos.
—Mark volverá en unas horas, se llevó a dos alfas con él. Llevamos varios días recorriendo el bosque pero no damos con el fugitivo. Ese alfa sí que sabe esconderse. — Dio la vuelta y comenzó a caminar haciendo un gesto con la mano para que lo siguieran, señalando el segundo piso de la cabaña. —Por otra parte, Erik está aquí, con el omega.
Aquellas palabras causaron extrañeza en la omega. Erik ya se había encargado de sacarle toda la información necesaria a Edmund. ¿Qué tanto podría estar haciendo con él entonces?
—Ok, iré a hablar con él entonces. —dijo la alfa restándole importancia a aquellas palabras, caminando hacia la habitación donde tenían al moreno. —Avísame apenas llegue Mark, por favor.
Al llegar a la habitación, tocó un par de veces y gritó el nombre de su hermano, quien tardó unos segundos más de los necesarios en abrir.
—Erik, la directora nos dio tres días para faltar. Debemos ser rápidos y capturarlo. Mi hermosa marca ya casi no puede verse. —mencionó mientras hacía un puchero.
—Lo siento mucho hermana. Llevamos días persiguiéndolo pero siempre se nos escapa.
Mientras los alfas hablaban, Lyssandra pudo percibir un leve aroma cítrico en el cuerpo del rubio. Levantó la ceja y, sin hacerse notar, abrió un poco la puerta para ver cómo el omega descansaba tranquilo en la cama, dándole la espalda a la puerta. Sus pensamientos fueron interrumpidos al sentir cómo la alfa la mencionaba.
—En realidad vinimos a ayudar con la captura. Lyss preparó unas trampas que colocaremos por los alrededores. Con eso no se nos volverá a escapar. — Afirmó segura, pidiéndole con la mirada que continuara con la explicación.
—Traje unos cuantos inhibidores totales. Son más duraderos y eliminan el olor incluso de la ropa. Al ser demasiado caros imaginaba que no contarían con ellos. Es por eso que Ryker puede saber dónde se encuentran y saca ventaja escabulléndose. — Se acercó al alfa y le entregó uno de ellos. —Necesito que reúnas a todos y antes de salir nos colocaremos esto.
Erik asintió, dio una disimulada mirada al interior de la habitación y salió en busca de los omegas para que ayudaran con las trampas, dejando solas a las chicas a la espera del otro hermano.
—¿Crees que deba hablar con Edmund? —preguntó.
—Tu hermano dijo que la información que tenía no era de mucha ayuda. — Frunció el ceño y se cruzó de brazos al mirarla. —¿Para qué quieres hablar con él?
—Quizá no le dijo todo lo que sabía. Puedo aprovechar que soy su alfa destinada para hacerlo hablar. — Quiso entrar a la habitación pero la omega la detuvo.
Erza notó cómo la sujetaba del brazo impidiéndole avanzar e inclinó su cabeza hacia un lado mirándola con curiosidad. La omega soltó su brazo y llevó sus manos hacia los tirantes del top de la rubia tirando de ellos para estar a su altura.
—¿Qué quieres decir con que te aprovecharás por ser su destinada? — Tenía el ceño fruncido y su aroma comenzaba a ponerse agrio al pensar en las cosas que podría hacer la alfa.
—Lyss...
Sonrió, divertida al notar los celos de su novia. Se acercó y le dio un beso en la frente.
—Solo usaré mi voz de alfa, nada más. No tienes por qué preocuparte. — Dejó escapar una pequeña risa y abrazó a su pareja quien la soltó inmediatamente ruborizándose al pensar mal. —No tardaré, ¿está bien?
La omega asintió mirando al suelo y entró en la habitación.
—Edmund. — Llamó despertándolo para luego acercarse al moreno. —Tenemos que hablar.
Se levantó lo más rápido que pudo al escuchar voz de su alfa llamándolo y caminó hacia ella. Su respiración se entrecortó y sus latidos aumentaron al ver a la rubia parada frente a él. Destinada o no, la encontraba demasiado bella.
—Alfa... — Detuvo sus pasos al encontrarse relativamente cerca. —¿Qué haces aquí? —preguntó con el ceño fruncido.
Por desgracia al estar lo suficientemente cerca de la rubia, pudo notar el aroma de la otra omega envolviendo su cuerpo, recordándole que ella no lo había elegido. Agachó la mirada y retrocedió, dejando que su aroma se liberara y volviera agrio el ambiente.
—Vengo a hablar contigo, omega.
—¿De qué quieres hablar? Ya le dije todo lo que sé a tu hermano. — No la miraba, pero se atrevió a alzar la voz, apretando sus puños.
—¿Qué respuestas le dieron a Ryker en la cueva? — Usó su voz de alfa, no podía arriesgarse a que le ocultara información.
El omega se quedó en silencio, apretando la mandíbula, tratando de que nada saliera de su boca. Su loba le pedía a gritos obedecer las órdenes de la alfa para cesar el dolor, pero reprimió las palabras con esfuerzo. Él había escuchado una parte de la conversación del alfa con la Diosa, pero le había prometido a Erik que no la alertaría de más de lo necesario. Él era el único que lo trataba bien en ese lugar. Solo debía resistir.
La garganta le quemaba y sus puños se pusieron blancos por apretarlos con tanta fuerza mientras sus ojos comenzaron a lagrimear.
—Contesta, omega. — Se acercó y levantó más la voz, gruñendo.
Sin poder aguantar más, confesó lo poco que había escuchado aquella tarde en la cueva. Ningún omega podía oponerse a la voz autoritaria de su alfa y aun así lo había intentado.
—Él... hablaba de matarte. Así podría marcar a Lyssandra sin tu intervención. — Subió la vista a la alfa y continuó. —Él sabe que tu marca está por desaparecer, alfa. — Escupió, ya no le importaba.
La rubia confirmó sus sospechas y se retiró de la habitación con prisa sin darse cuenta de cómo el cuerpo del omega comenzaba a temblar. Apretó los puños y salió en busca de su amada. La solución que les habían dado también era conocida por el alfa y haría lo mismo que ellas. Por eso no se arriesgaba a salir. Estaba esperando el momento exacto que su marca desapareciera para marcar a Lyssandra.
Se dirigió a la habitación donde la esperaba la omega y le contó lo que había descubierto.
—————
Erik había terminado de informar a los demás sobre el plan, quedando en reunirse en unos minutos en la sala de reuniones. Regresó a la habitación del moreno y pudo ver cómo este temblaba y aguantaba sus lágrimas. Se apresuró en cerrar la puerta con seguro y corrió en su ayuda.
—Edmund, ¿qué ocurrió?
El moreno al percatarse de su presencia, se limpió los ojos y desvió la mirada.
—Tu hermana lo sabe. — El alfa se tensó. —Usó su voz de alfa, y tuve que decirle que Ryker planea matarla.
Erik dejó escapar el aire en sus pulmones y se relajó. No podía culparlo si su hermana había usado su voz en él.
—Tranquilo… Iré con ella. Descansa, ¿sí? Volveré al anochecer.
El moreno asintió y el rubio se apartó para dirigirse hacia la habitación que había separado para las chicas y llevarlas hacia el salón. En este se encontraban esperando Marcus y tres omegas. La pelinegra se acercó al grupo y sacó los inhibidores de la mochila entregándoselos a cada uno y procediendo a explicar su estrategia.
—Esperaremos a que Mark y los alfas que faltan lleguen. Una vez estemos todos reunidos, me acompañarán a Erza y a mí hacia los alrededores de la zona para colocar las trampas.
De la mochila comenzó a sacar cada objeto necesario para explicar el funcionamiento de las trampas.
—Erik, junto a Marcus y un alfa más deberán patrullar por donde estaremos para alertarnos si llegaran a avistar a Ryker. Cuando todas las trampas estén colocadas, se pondrán los inhibidores y todos se ocultarán. En cambio, yo aumentaré la intensidad de las feromonas de mi celo para atraerlo.
Miró fijamente a su alfa quien la miraba con preocupación y le tomó una mano acariciándola con sus dedos.
—Cuando lo haga, deberás alejarte y dejarme sola. Ryker debe creer que estaré vulnerable y se acercará a mí para marcarme. — La alfa apretó su agarre y asintió al no encontrar miedo alguno en su mirada. —Confía en mí, las trampas lo debilitarán y podremos capturarlo. No podemos dejar pasar esta oportunidad.
El silencio en la sala duró unos segundos mientras todos comprendían el peligro al que la heredera se estaba exponiendo, pero no podían decir nada. Su líder estaba de acuerdo y debían respetar la palabra de ambas.
—Bien, prepárense chicos. Saldremos a cazar apenas Mark llegue.
Se dispersaron y las chicas regresaron a su habitación. La alfa se dispuso a descansar mientras la omega se preparaba. Sacó una pequeña botella de veneno de su mochila y dejó caer con cuidado unas gotas del líquido en el filo de las armas que usaría.
Las horas pasaban y ya había anochecido. Mark y los demás no llegaban, lo que significaba que deberían esperar hasta el día siguiente para poner en marcha el plan. En cualquier momento el castigo llegaría y se encontrarían muy débiles para poder continuar.
—————
Ryker se encontraba cerca de la cabaña abandonada que había usado de refugio cuando escuchó a la bestia lamentarse. Se encontraba herido. Había podido escapar por suerte de una muerte segura a manos de la alfa enloquecida.
Su piel tenía varios arañazos profundos, moretones por todo el cuerpo y un brazo muy herido. Si no se trataba, podría empeorar, pero tampoco podía correr el riesgo de que lo reconocieran.
Faltaba un día para la luna llena y no quería perderse el momento de marcar a su omega. Podía sentir que aquella marca se debilitaba cada día, confiaba en la palabra de su Diosa.
Escuchó a lo lejos los aullidos de los lobos. Llevaban días buscándolo y ya le estaba hartando. Sin embargo, los aullidos anunciaban la retirada. Al igual que él, los demás debían descansar.
Llegó a la cabaña, hizo una fogata fuera de esta y comenzó a cocinar las pequeñas presas que había capturado. Una vez cocidas todas, se alimentó y se dirigió al cuarto que ya había reclamado como suyo para descansar.
Faltaba poco para recuperar su destino.
——————
Mark llegó a la cabaña con los dos alfas que lo acompañaban. Nuevamente habían perdido el rastro del castaño. En ese momento, Marcus le informó que su hermana había llegado junto a su omega. También le explicó de la estrategia que la heredera Velkam había armado para ponerla en marcha al amanecer.
Iba camino a su cuarto para descansar cuando unos gritos agonizantes llamaron su atención. Pudo reconocer a su hermana en ellos.
Preocupado, corrió hacia donde las voces lo guiaban, abrió la puerta y su corazón se encogió al ver cómo Erza se retorcía de dolor junto a su omega en el suelo.
—¡Erza! —exclamó corriendo hacia ella. —Dime qué puedo hacer para ayudarlas, hermana.
—M...Mark... cal—calmantes, trae calmantes.
Salió corriendo de la habitación y se dirigió al almacén donde guardaban todos los suministros y medicinas. Buscó a un omega para que le ayudara a colocar los inyectables y subieron de prisa a la habitación.
La omega se dirigió a las chicas y les aplicó la dosis a cada una.
Un minuto después la pareja se encontraba cerrando los ojos y pudieron descansar después de noches seguidas de dolor.
Mark se dirigió al cuarto de su hermano para informarle de lo sucedido, pero al entrar pudo ver que este se encontraba vacío. Aquello le causó extrañeza y, con pasos agigantados, se dirigió a la habitación del omega capturado. Al llegar, paró en seco al sentir cómo el aroma de su hermano salía fuertemente de la habitación. Apretó los puños y tocó la puerta con una mano, esperando equivocarse.
Dentro del cuarto, se encontraba el alfa abrazando e intentando aliviar el dolor que aún seguía presente en el cuerpo del moreno. No entendía qué lo obligaba a permanecer a su lado, pero sabía que no podía seguir de esa manera. Era el destinado de su hermana, era consciente de por qué lo tenían capturado. Sin embargo, su instinto protector no le permitía dejarlo solo.
Al escuchar golpes en la puerta se alertó, y se separó de golpe del omega. Se levantó pidiéndole al moreno que no se preocupara y se dispuso a abrir. Del otro lado, Mark se encontraba con los brazos cruzados, una ceja levantada y el ceño fruncido, causando que el rubio se avergonzara por haber sido descubierto.
—¿Qué haces a estas horas en la habitación del prisionero?
Erik suspiró y con una señal silenciosa pidió a su hermano que lo siguiera. Cuando salieron al pequeño balcón, el rubio quiso empezar a explicar sus motivos, pero no supo qué decir.
—¿Y bien? — Insistió. —¿Me dirás qué hacías ahí?
—Erza usó su voz de alfa con él. Yo solo… —Desvió la mirada sin poder entender del todo por qué lo hacía.
—Erik. Es el destinado de nuestra hermana. — Su voz se endureció y llevó una mano al hombro de su hermano. —Sabes lo que ocurrirá con él.
—Lo sé. Y no es nada de lo que estés pensando. — Retiró la mano de su hermano y se cruzó de brazos, apartándose un poco de él. —No pienso fallarle. Mi lealtad siempre estará con ella.
—Entonces deja de mirarlo de esa manera.
—¿Qué…?
—Por favor, no me lo niegues. No a mí. He notado cómo lo miras, cómo estás pendiente de él, no puedes negarlo.
—Te equivocas. Solo me causa lástima. — Se mordió el labio y le dio la espalda, pensando en retirarse.
—Si solo es eso, ¿dónde estaba tu instinto protector cuando Erza y Lyssandra se retorcían de dolor en su habitación? — Se acercó, poniéndose frente a él. —Ese omega te está distrayendo de tus verdaderas obligaciones. Erza y su omega son nuestra prioridad. — Le recordó, endureciendo su mirada.
No hubo más palabras por parte de ambos. Él sabía que en cualquier momento el castigo llegaría y, por consolar al omega, se había olvidado de su hermana.
—Descuida, hermano. No volverá a pasar. — Cerró los puños hasta lastimarse, aguantando sus ganas de gruñirle.
—Mañana es luna llena. Erza será el doble de poderosa. Ese alfa no podrá ni siquiera tocarla. Pero debemos cuidar a Lyssandra.
El rubio asintió sin devolverle la mirada y, con la sangre hirviendo, se dirigió hacia su habitación.
—————
Al llegar la mañana, los omegas y las chicas se dirigieron hacia los alrededores para empezar a colocar las trampas. Mientras tanto Erik y otros alfas patrullaban la zona por si Ryker pasaba cerca del lugar. Y Marcus, junto a Mark se mantenían vigilando a Erza y Lyssandra.
—Hoy habrá luna llena. Ryker aprovechará su incremento de fuerza. —decía mientras aseguraba unos cables a los árboles cercanos. —Debemos acabar antes del anochecer o podría ser una desventaja para mí.
—Prométeme que no te arriesgarás cuando lo encontremos, Lyss. No me gusta dejarte sola con él.
—Lo sé, pero es necesario. Si percibe tu presencia todo se arruinará y volverá a huir.
—Me preocupa que te haga algo Lyss...
—Confío en que llegarás en el momento justo con Edmund para acabar con esto de una vez. —mencionó seria. No le gustaba que siguiera viéndola como alguien frágil.
La alfa entendió el mensaje y se dispuso a seguir ayudándola con las trampas en silencio. Debía aprender a confiar más en ella.
Las horas pasaron y ya cerca del anochecer, todas las trampas habían sido colocadas con éxito. Cada uno comenzó a dispersarse hacia diferentes zonas colocándose los inhibidores para ocultarse con más éxito. En ese momento, Lyssandra tomó las pastillas que aumentaban la intensidad de sus feromonas y con un cariñoso beso, se apartó de la alfa para adentrarse en el bosque y esperar a que su destinado captara su aroma.
Pero mientras todos se encontraban reunidos, un joven lobo se acercaba sigilosamente hacia la cabaña donde tenían al moreno encerrado. Aprovechando que no había nadie vigilando, se escabulló y dejó que su olfato lo guiara.
Cuando estuvo frente a su puerta, controló su aroma y, con delicadeza, la abrió. Metió su cabeza para dar un rápido vistazo y observó al moreno descansando de espaldas a la puerta.
Edmund sintió cómo la puerta de su habitación era abierta y sonrió cerrando los ojos.
—Alfa… Llegaste temprano.
El castaño sonrió y entró a la habitación con el corazón latiéndole a mil.
—¿Alfa? — Se burló, riendo fuertemente. —¿Te cansaste de ser ignorado y te buscaste una nueva pareja? Ridículo.
Al reconocer la voz del castaño, se levantó de golpe de la cama ignorando sus últimas palabras.
—¿Ryker? ¿Qué haces aquí? — preguntó confundido, pensando que tal vez estaba ahí para liberarlo.
El alfa no contestó e iba acercándose cada vez más. Su mirada estaba vacía y el cansancio pesaba sobre su cuerpo. Deseaba que todo acabara de una vez.
Al verlo de esa manera, la esperanza del omega desapareció. Un escalofrío recorrió su espalda y su cuerpo comenzó a temblar. Si no había ido a liberarlo, entonces ¿qué hacía ahí con él?
El aroma del castaño se incrementó a causa de la excitación que empezaba a crecer en él al saber lo que estaba a punto de hacer. El omega comenzó a retroceder al reconocer esa mirada y aroma del alfa.
—Ya no hay vuelta atrás, amigo. — Tenía los ojos inyectados en sangre.
—¿De qué estás hablando? — Siguió retrocediendo, apartándose lo más que podía del castaño. —¿A qué viniste? — Sin poder decir nada más, chocó contra la pared.
Al quedarse sin escapatoria, el alfa le dedicó la sonrisa más sádica que alguna vez pudo ver en alguien, mientras sus ojos cambiaban a un color naranja. Lo sujetó del cuello y lo levantó del suelo, apretándolo fuertemente con la intención de asfixiarlo. El omega luchaba con todas sus fuerzas por liberarse del agarre con puños y patadas, mas nada solía hacerle daño al alfa.
—Mi Diosa Luna me dio las respuestas que necesitaba, y no esperaré más para reclamar lo que es mío por derecho. — Comenzó a transformarse sin soltar al moreno. —Y tú, amigo mío, solo eres un obstáculo en el camino.
Apretó un poco más su agarre, sin llegar a matarlo. Porque él no quería que muera sin reclamar algo primero. Con su mano libre hundió sus garras en el pecho del moreno, para desprender toda su carne y dejar a la vista su preciado corazón.
Los gritos del moreno no se hicieron esperar por el dolor que le causaba su carne expuesta.
El alfa, bien excitado a causa de la sangre y el olor del omega, tomó el órgano vital de quien alguna vez fue su compañero y de un tirón lo arrancó de su pecho, dejando caer el cuerpo inerte de Edmund.
Al tener el botín en sus garras, lo olfateó relamiéndose los colmillos y, de un solo bocado, tragó el órgano que aún se encontraba bombeando.
Nuevamente sus ojos cambiaron de color. Ahora se volvieron rojos, su bestia era quien dominaba. Sonrió satisfecho por arruinar cualquier plan que tuvieran pensado que involucrara al omega.
Una vez más, la ventaja era suya, y estaba deseoso de que llegara la hora para matar a la alfa que se atrevió a desafiarlo quitándole a su destinada.
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