Capítulo 16 de 31
El viento soplaba con fuerza. Las hojas caídas se levantaban del suelo con facilidad, arrastradas sin un rumbo fijo, mientras las ramas de los árboles luchaban por mantenerse en su sitio. Los animales se encontraban refugiados y, en medio de aquel espectáculo de la naturaleza, Ryker permanecía oculto en una cabaña abandonada que había encontrado durante su huida.
Su piel erizada, el sudor cayendo por su cuerpo tenso y su respiración entrecortada eran el reflejo de las horas que había dedicado únicamente a escapar de sus perseguidores. Su mente solo recordaba mil y una veces las palabras de la Luna, sin poder entender qué fue lo último que quiso advertirle.
Debía regresar, debía averiguarlo, pero sabía que era muy peligroso ahora que lo buscaban.
Con pasos lentos, exploró el interior de la cabaña, encontrándose con muebles viejos y comida caducada. Las manchas de lodo y el olor a humedad se esparcían por toda su extensión.
Subió al segundo piso, encontrándose con un par de cuartos. En uno de ellos había una cama muy desgastada; el colchón se encontraba reventado y la madera ya estaba podrida. Pero para un fugitivo como él, era el lugar perfecto para esperar a su presa.
Se tiró en la cama, tratando de descansar. Su cuerpo solo quería dormir, no le importaba no haber comido. Estaba obsesionado con su único objetivo, recuperar a su destinada. Cuando estaba a punto de quedarse profundamente dormido un aullido lo alertó.
Era un aullido potente, fuerte y rabioso. La bestia que lo emitía se encontraba sedienta de sangre. Por el sonido pudo saber que se encontraba a kilómetros de él. Aquella bestia no lo encontraría y podría pasar la noche con tranquilidad. Pero por más que intentaba cerrar los ojos, cada aullido que soltaba la bestia lo sobresaltaba y alertaba. Hasta que se dejaron de escuchar.
Aprovechó la ausencia de estos para rendirse en un profundo sueño, pero no pudo descansar más que un par de horas. Despertó de mala gana y sintió cómo los aullidos se transformaban. Ya no transmitían fiereza, reflejaban ahora dolor, la bestia estaba sufriendo.
¿Cuál sería la causa para que aquella bestia esté sufriendo?
Su lobo estaba descontrolado, ansioso por salir y cazar algo para la bestia. Quería complacerla, demostrarle que aún era fuerte y valioso.
En ese momento Ryker se extrañó ante el comportamiento de su lobo. Él era un alfa y su lobo quería complacer a otro como si fuera un omega. Pero la insistencia en su pecho por salir e ir tras la bestia fue suficiente para que volviera a enlobarse.
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El castigo llegó de un momento a otro en los cuerpos de la loba y Lyssandra.
Por un lado, la omega se encontraba en su dormitorio tomando un baño cuando el dolor le recorrió cada nervio. Sin avisar y sin las pequeñas punzadas habituales. Llegó de una manera violenta haciéndola caer al piso y retorcerse de dolor.
En ese estado no podría llamar ni a la directora ni a la enfermera. Tendría que pasar por ese sufrimiento sin la compañía de su alfa. Lo peor era que seguía sin poder sentirla.
Un día ya había pasado, y su marca no dejaba de brillar causando que su vínculo se perdiera. Podía sentir cómo su marca se debilitaba cada hora que pasaba. Sin poder sentir ni ver a su alfa, sabía que pronto desaparecería de su cuello, volviendo a estar vulnerable. Tampoco tenía noticias por parte de Erik y Mark sobre el paradero de Ryker, incrementando su frustración.
Erza, en cambio, se encontraba cazando un gran oso. Gruñía y mostraba sus colmillos haciendo temblar a aquel gran animal frente a ella. Sus aullidos eran más fuertes y fieros e intimidaba a toda criatura que se cruzara en su camino.
Se abalanzó hacia el animal cuando su aullido lo sometió obligándolo a mostrar la yugular y, de una sola mordida, destrozó su cuello para comenzar a devorarlo.
Apenas pudo alimentarse cuando el castigo comenzó y sus aullidos furiosos pronto se convirtieron en lamentos de sufrimiento. El dolor de sus huesos rompiéndose y las punzadas que este le causaba, solo la hacían enfurecerse más con la Diosa por no dejarla vivir tranquila.
En ese momento, su conciencia regresó por unos breves minutos. Se preguntaba cómo estaría su omega. Sola y vulnerable, sin poder compartir con ella el dolor. Ahora aullaba a la Luna por ella, solo por ella. Necesitaba saber cómo estaba.
Los minutos pasaban y el castigo estaba cerca de culminar cuando a lo lejos escuchó que un lobo se le acercaba con curiosidad. Las patas del lobo chocaban con la tierra desesperadamente, como si no quisiera perder el rastro que dejó, arrastrando un pequeño venado consigo.
Cuando llegó con la bestia, este solo le entregó al animal como ofrenda, con las orejas gachas y sin poder verla a los ojos. Aun sufriendo, el lobo no era capaz de levantar su vista; no se sentía digno del poder que emanaba de su presencia.
Erza se acercó con cautela y reconoció en él el olor del alfa que más odiaba. Le pareció extraño que hubiera ido hacia ella si lo estaban cazando. Pero cuando el dolor del castigo cesó, dirigió su vista al alfa sometido y, sin que lo pudiera anticipar, le lanzó un gruñido mortal mostrándole sus colmillos.
Ryker entendió entonces, que aquella bestia era la loba que tantos problemas le estaba causando. Un escalofrío recorrió sus huesos y sus ojos se abrieron de golpe al ver cómo se abalanzaba hacia él. Se dio la vuelta y comenzó a correr desesperado, encontrándose nuevamente en una persecución.
Su estúpido lobo se había sometido ante la causante de todas sus desgracias. No podía creerlo, se sentía humillado y traicionado por su propio lobo.
<<Lobo patético, si salgo de esta, te mataré>> —pensaba mientras escapaba por su vida. Tras él corría la alfa furiosa, sedienta de su sangre.
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El día del celo había llegado y Lyssandra despertó con un leve dolor en el vientre y la temperatura elevada. Sus sentidos se habían intensificado y los olores se volvieron más intensos, ocasionándole leves mareos al percibir aromas agrios.
Como pudo se levantó y colocó la ropa más cómoda que tenía. Ese día había solicitado salir para ir en busca de su alfa. Alistó en una mochila prendas de Erza, calmantes para soportar el calor del celo, comida y una que otra daga por si llegara a necesitarla.
Se dirigió a la salida de la academia donde ya la esperaban Lyra y Eliana. Ellas serían quienes la acompañarían hasta cierto punto, no dejaría que se arriesgaran más de lo necesario. Eliana, al ser omega, ayudaría a disimular su aroma para pasar desapercibidas, y Lyra se aseguraría de ahuyentar a cualquier alfa que lograra sentir el celo de la heredera Velkam.
La marca en su cuello cada vez se notaba menos y cualquier alfa podría acercársele intentando cortejarla y conseguir pasar el celo con ella debido a que su cuerpo se encontraba más vulnerable.
Cuando llegaron a las cercanías de la cueva, les pidió a sus amigas que regresaran, por esa zona ya no había lobos y ella seguiría buscando a su pareja. No quería ponerlas en peligro, Erza estaba descontrolada por el momento y no sabía cómo podría reaccionar ante ellas. No tenía certeza de que la reconociera tampoco, pero con paso firme siguió avanzando, intentando localizar el aroma de su alfa.
Se dirigió a la cueva y logró descansar durante unos minutos, pero el dolor en el vientre se intensificó, obligándola a tomar los calmantes. Aprovechó también para alimentarse, permaneciendo atenta por si llegaba a escuchar el aullido de su alfa.
Las horas pasaron y prosiguió su búsqueda. Su cuerpo liberaba sin control sus feromonas y mucho líquido en lugares donde se volvía incómodo al caminar.
Cuando llegó cerca de un lago, escuchó los necesitados aullidos que fácilmente pudo reconocer. La loba ya la había localizado por el aroma fuerte que escapaba de ella a causa del celo y era cuestión de minutos para que llegara a reclamarla.
Caminó hacia una pequeña cueva escondida en un claro cercano donde la esperaría. Respiraba profundo, intentando relajar su cuerpo al escuchar cada vez más cerca los aullidos de su alfa.
Cuando la loba llegó, no pudo ver esa mirada asesina con la que la había perseguido días atrás. Ahora sus ojos brillaban y su hocico soltaba cantidades enormes de baba por las feromonas dulces que desprendía de su cuerpo.
La loba olfateó el aire con los ojos cerrados, saboreando indirectamente a su omega. Ella por su parte se mantenía atenta a los movimientos de su alfa.
Poco a poco la loba se iba acercando y Lyssandra sentía cómo los latidos de su corazón se agitaban. La nariz mojada de la alfa rozó su mejilla haciendo que cerrara los ojos, susurrando suavemente el nombre de su amada.
La omega sentía cómo el dolor y la incomodidad de su vientre regresaban al sentir a su alfa cerca. Su loba rasgaba su pecho y se movía inquieta por la atención de la alfa, pidiéndole con desesperación que se entregue a ella y le dé a sus cachorros.
Su cuerpo temblaba y cerró con más fuerza sus ojos al sentir la fuerte respiración de la loba recorriendo su cuello. Instintivamente la omega inclinó el cuello dejando expuesta la marca para que la alfa la reconociera. Al verla y reconocerla, la alfa pasó su lengua por toda su extensión ocasionándole un pequeño cosquilleo por la textura áspera que tenía.
La loba procedió a caminar a su alrededor, expulsando sus feromonas intentando calmar los dolores de su pareja. Sin dejar de rodearla, examinaba cada parte de su cuerpo y se quedó quieta al tener de espaldas a la pelinegra.
La omega no se movió y respiró profundo llamándola por su nombre nuevamente, pero sin resultado alguno. Su alfa no se transformaba y eso podría ser un problema cuando ya no pudiera controlar lo que venía a continuación.
La loba avanzó quedando a centímetros de su cuerpo y la acercó por la cintura con una pata. Al sentir el cuidadoso tacto de su alfa, abrió los ojos y aprovechó el agarre, acariciándola de arriba a abajo, demostrándole que estaba allí por ella y que no huiría.
La alfa comprendió el mensaje, acercándola más a su cuerpo, abrazándola y apoyando su enorme cabeza sobre su hombro.
Lyssandra supo en ese momento que ya no había vuelta atrás. Si quería recuperar a Erza, debía aguantar cualquier cosa que le hiciera en estado salvaje y, para lograrlo, debía dejarse llevar por su instinto.
La alfa sacó una garra y procedió a rasgar su polera partiéndola a la mitad con una delicadeza impensable para una bestia de su tamaño. Lo hacía así, con cuidado, para no asustar a su pequeña omega. Aunque la loba no pudiera hablar, necesitaba comunicarle que estaba presente, que nunca le haría daño.
Los aromas de ambas se mezclaban logrando que la excitación aumentara cada vez más en las dos.
La pata que sujetaba su cintura subió hasta su pecho, acariciándolo con dificultad por la diferencia de tamaño, pero sin llegar a ser brusca, haciéndole soltar un ligero gemido a la necesitada omega.
—Erza... debes regresar. — Suplicaba a medida que la situación avanzaba. Una parte de ella aún temía hasta dónde podría llegar estando su alfa enlobada.
La loba la cargó y la llevó más profundo en la cueva, apoyándola en la pared y sentándola en una roca plana para que pudiera verla. Se acercó y comenzó a frotar su cabeza contra su cuerpo. Lyssandra reaccionó y la abrazó, demostrándole todo el cariño que le tenía.
La alfa procedió a meter su pata por debajo de su polo y ella se lo sacó para que no le rompiera más prendas, dejando a la vista su pecho semidesnudo, cubierto solamente por la tela de su sostén.
La cola de la loba comenzó a moverse de un lado a otro al verla de esa manera. Acercó su cabeza hacia su abdomen, pasando la lengua desde el vientre hasta los pechos de su pareja, olfateando cada parte de su cuerpo y pidiéndole permiso con la mirada para poder avanzar. La omega asintió, dejándose ganar por su loba, quien necesitaba con ansias que su alfa calme sus necesidades.
Se sacó la última prenda superior que le quedaba, revelando así su desnudez solo para aquella alfa que necesitaba incluso en ese estado. La alfa soltó un aullido de satisfacción al haber pasado el cortejo con su pareja acomodándose encima de ella para seguir con el apareamiento. Intentó bajarle los pantalones y la ropa interior, pero se le dificultaba por su tamaño, haciendo que soltara gruñidos de frustración.
Fue la omega quien nuevamente se desvistió para ella, olvidándose de la vergüenza inicial y quedando por completo a disposición de su alfa. Esta, después de recorrerla con la mirada de pies a cabeza, procedió a voltearla y colocarla boca abajo, dejándose llevar por la emoción sin ser consciente de la rudeza de sus movimientos.
La omega dejó salir el aire contenido de sus pulmones. Sin querer, la alfa había aplicado más fuerza de la necesaria al realizar ese movimiento, tomándola desprevenida.
Ella ya había investigado la situación en la que se encontraba. Erza la estaba preparando para poder aparearse con ella y, al ser alfa y estar enlobada, las probabilidades de cría aumentaban. Aun si el castigo implicaba no poder tener cachorros, no quiso dejarlo a la suerte, por lo que antes de salir había tomado algunos medicamentos lupinos para prevenir cualquier accidente.
Pudo sentir que la alfa se preparaba y acercaba para poder montarla. Dejó de pensar y permitió que su cuerpo y sus instintos actuaran. Levantó las caderas y le dio paso libre para seguir.
La loba se acomodó y juntó sus cuerpos frotándose en su omega, primero lento, con miedo de lastimarla, y poco a poco incrementando el ritmo al ver que su pareja también lo disfrutaba. La mente de la loba comenzó a nublarse y pasó su lengua por la espalda de su omega mordiendo ligeramente su cuello y hombros haciéndola sangrar. Por más delicada y cuidadosa que quería ser, sus instintos la dominaban y su tamaño no le ayudaba.
Sus patas, sujetas a la cintura de su pareja debido a las embestidas, dejaron escapar sus garras por la gran excitación, hundiéndose en su carne. Pero cuando sintió cómo los gemidos de su pareja se intensificaron por el dolor provocado se sintió aliviada, y comprendió lo que su pareja necesitaba.
—Erza... es—esto es raro. Ah!... Solo espero que valga la pena y puedas regresar... mmm... — No podía concentrarse mucho por el placer que le brindaba.
Al acabar, de la alfa salió un líquido espeso que fue directo a la entrada de su pareja y se quedó unos minutos así, levantándole más las caderas, asegurándose de que no se escapara ni una gota de su interior.
Sin soltarla, se dedicó a lamerle las heridas provocadas, evitando que saliera más sangre de la debida.
Al cabo de un rato, el peso que sentía tras suyo se aligeró, dando paso a la transformación. Lyssandra se dejó caer, y se volteó para encontrarse con su alfa desnuda tras su cambio, abrazándola sonrojada.
—Volviste... — Acercó una mano a su mejilla, pasando su pulgar por sus labios, acercándola para darle un largo y necesitado beso.
—Lyss... regresé gracias a ti. — La abrazó ocultando su cara avergonzada en el espacio de su cuello al darse cuenta de lo que acababan de hacer, sin embargo, al ver sus heridas, sus ojos se abrieron y se apartó. —¡Oh no! ¿¡Te lastimé!?
—Tranquila, para haber estado enlobada fuiste muy…cuidadosa. — Desvió la mirada mordiéndose el labio. Las sensaciones placenteras aún recorrían su cuerpo. —La directora me dijo que podía correr peligro, pero era mayor mi deseo de traerte de vuelta, alfa. — Regresó su mirada a la rubia y se acercó a su oído. —Pero aún no acaba mi celo...
Erza la miró con dulzura y comprendió. Capturó los labios de su novia, besándola al principio con ternura, para luego devorarlo con mayor intensidad. Mordió su labio inferior mientras sus manos sujetaban su cintura, cuidando de no abrir las heridas que le había ocasionado poco antes.
La omega pasó sus manos por el cuello de la alfa y dejó caer su cabeza hacia atrás arqueando un poco su espalda debido a las nuevas sensaciones.
Una de las manos de la rubia subió hasta su pecho y comenzó a masajearlo con rudeza, disfrutando de aquello que no había podido hacer mientras estaba enlobada. Mientras tanto, sus labios descendieron al otro pecho recorriéndolo con la lengua, jugando con su pezón antes de terminar con una pequeña mordida.
—¡¡Erza!! ¡Mmm! — Se mordió los labios para reprimir más gemidos que querían escaparse. —Tómame, alfa… Te necesito…
La rubia dejó de saborear el pecho de su amada para subir nuevamente a sus labios, profundizando el beso y bajando su mano hasta su muslo, sintiendo cómo la piel de su chica temblaba bajo su tacto. Su mano se dedicaba a masajearle el muslo interno subiendo lentamente a su entrada y volviendo a bajar en un juego de provocación para la omega. Erza quería y necesitaba que Lyssandra ruegue por ella.
—¡Ahhh! Erza... por favor… hazme tuya... — El celo no le permitía aguantar más aquel jugueteo.
La alfa dejó su mano en la entrada de la omega, masajeando por encima su punto más sensible haciendo que arqueara la espalda en clara señal de necesidad. Metió un dedo en su entrada ya lubricada por el exceso de fluidos y comenzó a mover su mano de adentro hacia afuera con delicadeza. Quería que la primera vez de su omega fuera digna de recordar.
Recordó que también tenía otras necesidades y, con su otra mano, subió hasta su cuello apretándolo para generarle el dolor y sensación de falta de aire que su pareja necesitaba.
Procedió a meter dos dedos más, subiendo el ritmo, disfrutando de sus gemidos y la vista bajo ella.
Sus pechos moviéndose al ritmo de sus estocadas, su respiración débil por la pequeña asfixia que le causaba, su rostro sonrojado y sudado. Todo eso generaba en la alfa el deseo de volver a aparearse con ella, pero tenía que contenerse para hacerla disfrutar lo más que podía.
—Erza... estoy al límite... ¡mmm!
—Vente para mí, amor mío. — Aceleró las estocadas y ejerció un poco más de presión en el cuello para hacerla llegar, lográndolo al instante.
El cuerpo de la pelinegra soltó una gran cantidad de fluidos y retiró sus dedos de su interior para saborearlos mientras la miraba lascivamente. Sin dejar de mirarla directamente, bajó su rostro hasta su entrada y comenzó a limpiarla, pasando su lengua por sus labios inferiores, bebiendo sus fluidos y haciendo sonrojar a la omega.
—Eres deliciosa... Me volveré adicta a tu sabor.
—Yo ya soy adicta a ti, alfa. — La atrajo hacia ella y volvió a besarla, saboreándose ella misma en el beso. —Te extrañé demasiado.
—También te extrañé. — Juntó sus frentes y se percató de la débil marca parpadeante, haciéndola reaccionar. —Debemos apurarnos en buscar a Ryker. Tu marca corre riesgo de desaparecer...
Ambas chicas se apuraron a cambiarse y regresaron a la academia para alistar todo lo necesario. Ya no podían esperar más tiempo, era una carrera contra el tiempo, y Ryker lo sabía muy bien.
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