Capítulo 15 de 31
Tras haber perdido el rastro del alfa, el grupo regresó a la cueva. Al menos habían logrado capturar a uno de ellos. Erik se adelantó y se acercó al moreno, quien temblaba y aguantaba sus ganas de llorar, para interrogarlo.
—¿A dónde se dirige tu compañero? ¿Qué hacían en este lugar?
Edmund permaneció callado por un largo tiempo. No sabía hacia dónde se había dirigido, y se encontraba triste y decepcionado por haber sido abandonado a su suerte como si su vida no importara. De lo único que tenía conocimiento era lo que había hecho el día anterior. Pero aun así, dudaba de brindarles esa información.
—Si no colaboras conmigo, te entregaré a la policía. — Mencionó molesto. —Deberías saber que los están buscando.
El omega abrió los ojos y su aroma se intensificó. Comenzó a hacerse mil ideas sobre por qué los buscaban, pero la más lógica para él era que los habían reconocido en el pueblo.
Intentó zafarse de los omegas que lo tenían sujeto, sin ningún resultado, pues uno de sus captores lo golpeó fuertemente en las costillas para detener sus movimientos. El rubio lo vio con algo de lástima, pero dejó a un lado ese pensamiento y les pidió a los omegas que comenzaran a caminar para encontrarse con el resto de la manada.
Tenía que informarle a su hermana y averiguar qué hacían en esa cueva. De todas maneras, el alfa no pudo ir tan lejos. Volverían a buscarlo al día siguiente.
Al caer la noche llegaron al punto de reunión. Una cabaña escondida donde se encontraban por lo menos diez lobos entre omegas y alfas. Erik se dirigió al líder del grupo mientras sujetaba del brazo al omega, y le pidió prestado uno de los cuartos para que descansara. Él se haría responsable de que no escapara y, de paso, intentaría nuevamente sacarle información. Cuando estuvieron solos, soltó al omega, quien retrocedió hasta chocar contra la pared, alejándose lo más que pudiera de él.
El rubio levantó la ceja y lo observó con curiosidad. Esa actitud no le decía nada bueno.
—No pienso hacerte daño. — Le aseguró, dando lentamente un paso. —Solo necesito que colabores conmigo para poder atrapar a tu compañero.
El moreno cerró los ojos fuertemente negando con la cabeza. Quería delatarlo y decir todo lo que había hecho, pero no sabía si podía confiar en otro alfa. Y el estar encerrados no ayudaba.
—Escucha. — Se acercó cuidadosamente. —No te llevaré con la policía, pero de verdad necesito que me respondas algunas cosas. —dijo más calmado. Aquel omega parecía inofensivo ante sus ojos.
Le daba la impresión de que solo seguía las órdenes del castaño.
Edmund intentó relajar su cuerpo. De nada le servía seguir resistiéndose. De todas maneras Ryker se había deshecho de él.
—Bien… — Levantó la mirada y se rodeó con sus brazos. —Pero no sé mucho. No podré ser de mucha ayuda.
—Comienza a hablar, omega. — El moreno tragó fuertemente y asintió.
—Hui de la academia cuando me enteré que mi alfa había marcado a otra omega, aun cuando yo era su destinado. — Apretó los puños aguantándose algunas lágrimas y desvió la mirada. —No fui lo que ella esperaba... y días después decidió marcar a una tonta omega desconocida pff.
—¿Por qué huiste? — Estaba a punto de perder la paciencia por la forma en que se refería a la pareja de su hermana sin darle la información que realmente buscaba. —¿Qué estabas pensando realmente hacer?
—Cuando vi cómo se retorcían en el suelo y la marca empezaba a brillar, me di cuenta de que algo pasaba, eso no era normal. Necesitaba respuestas, por eso escapé. Sin saber a dónde me dirigían mis pasos, llegué a un pueblo cercano para tomar un descanso y alimentarme. Fue ahí cuando me encontré con Ryker... — En ese momento calló. ¿Debería hablar del niño?
—Continúa. — Frunció el ceño y se cruzó de brazos, acercándose al omega.
—Bien... mira… no me culpes. No sé por qué razón lo hice. Yo… yo solo lo acompañé sin preguntar. ¡No tengo la culpa de nada!
—¿De qué estás hablando?
—Ryker... cuando lo vi estaba como si quisiera que nadie lo reconociera. Se encontraba esperando afuera de un colegio. — Poco a poco las lágrimas iban cayendo por su rostro. —Cuando lo confronté me dijo que le ayudara, que había encontrado la manera de poder recuperar a nuestras destinadas. Así que yo, tonto y esperanzado, decidí confiar en él. — Se limpió los ojos con la mano y su cuerpo no dejaba de temblar. Tal vez lo llevarían con la policía al ser cómplice. —Llevamos a su sobrino a la cueva donde nos capturaron. Yo no sabía nada, lo juro. Me quedé afuera esperando.
—Omega, no te distraigas. ¿Qué hicieron ahí? ¿Qué buscaba Ryker en ese lugar?
—Yo..., él me dijo que esperara afuera y entró con el niño. Me dijo que debía hacer una especie de sacrificio para obtener respuestas, pero no me quiso contar los detalles. Después de un rato, regresó solo y me amenazó diciendo que no podía escapar de él. Que era su cómplice. Luego… regresamos al pueblo a descansar. — La voz del omega empezaba a apagarse. —Yo había pagado por una habitación antes de encontrármelo. Al verlo tan destrozado, le ofrecí que la compartiéramos y, él...
No pudo aguantar más. Su cuerpo cayó al suelo. Apoyó la espalda contra la cama y abrazó sus piernas.
Erik lo miró con detenimiento entendiendo lo que pudo haber pasado. Tuvo un repentino impulso de acercarse a consolarlo pero se detuvo cuando escuchó que volvía a hablar.
—Hoy regresamos a la cueva y nuevamente me quedé esperando. No tengo idea de lo que hizo ahí dentro ni si consiguió alguna respuesta, yo solo corrí a advertirle cuando ustedes llegaron y me abandonó. —Finalizó. Sus ojos reflejaban el miedo ante lo que pudiera pasarle ahora.
El rubio lo miró y suspiró, lo encontraba débil y cansado. Ahora con más razón debían encontrar al alfa y averiguar qué había encontrado.
—Omega, vas a quedarte aquí como mi prisionero. No trates de escapar o yo mismo te buscaré y traeré de vuelta. — Su mirada se endureció. —Te estarán vigilando. Encontraremos a Ryker y los llevaremos de vuelta a la academia.
Sin darle oportunidad de responder, salió de la habitación y pidió a otro lobo que vigilara la habitación. Era hora de darle las noticias a su hermana. Si el alfa había encontrado alguna respuesta, nada impedía que su hermana corriera peligro.
——————
Lyssandra se encontraba planeando su estrategia para cuando tuviera que enfrentarse a su destinado. Primero lo guiaría al bosque, haciéndole creer que se encontraba indefensa para que bajara la guardia y así poder atacarlo con todo su arsenal.
Su ágil mente le daba una gran ventaja en ese terreno. Por otra parte, había empezado con los entrenamientos de defensa que su alfa le había pedido que hiciera, siendo ella quien le enseñaba.
Las horas habían pasado y ellas ya se encontraban preparadas para la llegada de su castigo diario. Soportaron nuevamente el dolor sin los calmantes, pues algo le decía a la rubia que tendría respuestas de su hermano muy pronto.
Al llegar la media noche, su instinto había acertado. Escuchó un aullido cercano y reconoció en él a su hermano. Alertó a su novia del llamado y salieron a darle encuentro.
El alfa abrazó a su hermana al ver su piel enrojecida y los ojos hinchados. Pudo darse cuenta que había pasado el castigo poco antes de su llegada.
—Erik, dime que los encontraste. — Pidió esperanzada, si era así, sus noches de sufrimiento acabarían por fin.
—Tenemos al omega en la cabaña de la manada. Ryker se nos escapó, pero los otros lo siguen buscando.
—¿Cómo se pudo escapar? — Gruñó molesta. —No es tan fuerte, lo vencí.
—No sé cómo lo hizo, pero no es un alfa común y corriente. Me atrevería a decir que está a tu altura, hermana. — Se puso serio y siguió. —Pero eso no es lo que venía a decirte. Edmund… El omega me contó que estaba buscando respuestas sobre la marca y sus destinos. Debes tener cuidado.
Erza se dio cuenta del desliz de su hermano, pero decidió dejarlo pasar.
—¿A qué te refieres con eso? — Lyssandra preguntó esta vez.
Desvió su mirada hacia la omega y la miró seriamente.
—Sospecho que Ryker estaba buscando la manera de recuperarte como su destinada. — Las chicas se tensaron. Eso significaba que, así como ellas, el alfa también había descubierto la forma de separarlas y reclamarla.
—Hermano, debemos encontrarlo lo más pronto posible. Mi marca puede desaparecer en cualquier momento.
—Lo sé hermana, lo estamos buscando. — Colocó una mano en su hombro brindándole su apoyo. —También creo que debemos averiguar qué es lo que buscaba. El omega dijo que le darían sus respuestas en la cueva donde los interceptamos.
—Muéstranos. Solicitaré un pase de salida para mañana con la directora y te seguiremos.
—Claro. Las espero entonces aquí a primera hora.
Se despidieron y se dirigieron nuevamente a la academia. Sin que nadie las notara, llegaron a su habitación. La alfa alistó un par de mudas de ropa por si debía transformarse y la heredera preparó sus armas. Una vez tuvieron todo listo, se dirigieron a sus camas y se dispusieron a descansar.
Al día siguiente, ambas chicas se dirigieron a la oficina de la directora para solicitar el pase de salida. Zyla firmó el pase con desgano, sabía que estaba próxima la batalla que ambas debían enfrentar y no estaba en su derecho interponerse.
Ambas jóvenes tomaron sus pertenencias y se dirigieron al encuentro. Debían actuar rápido y detener los planes del alfa para no perder la ligera ventaja que tenían.
—Bien, el camino es algo largo. Transformémonos para llegar más rápido. — Sugirió el rubio.
En segundos los dos hermanos se enlobaron, y Lyssandra cargó las pertenencias de ambas antes de subirse a la espalda de su alfa.
Al cabo de unas horas, los tres jóvenes llegaron a la entrada de la cueva. Volvieron a su forma humana y se vistieron para entrar sigilosamente en ella.
El olor a humedad y cenizas se sentía con intensidad a medida que bajaban. Lograron ver las pinturas de la pared y, al adentrarse más, llegaron al altar del cual surgían llamas sobre de los símbolos.
Los chicos, curiosos, se acercaron y pudieron observar sangre fresca y algunos huesos pequeños carbonizados.
Erik recordó rápidamente que se trataba de aquel niño mencionado por Edmund.
—¡¿Qué pasó aquí?! —gritó la alfa asqueada.
—El omega me dijo que Ryker entró con un niño pero que salió solo. Creo... que ahí están los restos del niño. — Señaló los restos carbonizados mientras caminaba lentamente hacia la mesa.
—Tratándose de un sacrificio, este debe ser algún templo antiguo de la Diosa Luna. —mencionó Lyssandra de golpe, y ambos hermanos la miraron con miedo. Acercó su mano hacia el altar y pasó sus dedos por los símbolos. —Esta lengua…
De pronto, las llamas se apagaron, sumiéndolos en total oscuridad. Las voces de los lycans comenzaron a penetrar las mentes de los jóvenes con fuertes ruidos. Erik y Lyssandra cayeron desmayados, dejando a Erza luchando con su lobo interno, que quería salir. Los ruidos eran tan potentes y dolorosos que terminó dándole el control.
—¡¿Qué hace aquí la traidora?! — Habló el primero.
—¡¿Cómo se atreve a pisar estos lugares?! — Continuó el segundo.
—¡Y se atrevió a traer a la omega impura! — Finalizó el tercero.
—¡¿Quiénes son ustedes?! —gritó la loba con furia, mostrando los colmillos al ver a su pareja y hermano desmayados.
—No tienes derecho a estar en uno de los santuarios de madre. —dijo el primero.
—Rechazaste su regalo. — Siguió el segundo.
—Madre está furiosa. — Terminó el tercero.
—¿Hablan del destino? — Les reclamó gruñendo. —¡No podía aceptar a alguien que no quería! ¡Es muy injusto! ¡No tiene derecho!
—Falacias, estás insultando a madre en su propio hogar. — Reclamó el primero.
—La desgracia te perseguirá a ti y a la omega traidora. —dijo el segundo.
—Les daremos un empujón. —rio el tercero. —Nadie se burla de madre.
—¿Qué? Yo no...
No pudo decir nada más. Sentía que su lobo la abandonaba. Seguía transformada, pero ya no podía sentir aquella conexión entre ambos. Ninguno de los dos tenía el control. Solo quedaba el instinto.
Las voces desaparecieron y Lyssandra y Erik despertaron. Pudieron escuchar aullidos cerca. Al pararse y visualizar la escena, se encontraron con Erza transformada con las manos en la cabeza. Estaba sufriendo por controlarse. Pudieron ver cómo los miraba desesperada, pidiéndoles que escaparan. Ya no podía aguantar más.
Erik sujetó del brazo a la omega obligándola a escapar con él. No estaba seguro de qué le pasaba a su hermana, pero esa mirada ya no era ella. Los ojos de la loba estaban anaranjados, le había dado control total a su bestia interior.
Los chicos llegaron a la entrada de la cueva y empezaron a correr hacia la academia. Debían advertirle a la directora del problema.
La alfa no pudo aguantar más. Su lado humano perdió y la bestia solo podía sentir el fuerte olor de su omega. Dispuesta a cazarla, salió disparada de la cueva, necesitaba su sangre.
Erik se había transformado nuevamente y corría con la omega en su espalda, necesitaba ponerla a salvo de su hermana. No sabía con certeza qué le pasaba, pero no tenía tiempo para averiguarlo. Si algo le ocurría, su hermana jamás se lo perdonaría. Al haberla marcado, se había vuelto demasiado importante para ella. Ni ellos, que eran mayores, habían marcado a alguien. La alfa aullaba con dolor. En lo más profundo de sí, solo quería detenerse, pero su cuerpo ya no respondía a sus deseos.
Lyssandra liberó sus feromonas y las impregnó en su chaleco para entregárselo al rubio antes de colocarse uno de los inhibidores que tenía guardados para su lucha con Ryker.
—Erik, iré hacia la academia, tú corre hacia otra dirección. Ella seguirá mi aroma.
Sin esperar respuesta del lobo, saltó de su lomo y se escabulló con sigilo, emprendiendo su camino hacia la academia. Su marca brillaba nuevamente. No era capaz de sentir a su alfa y eso la angustiaba el doble. ¿Qué le había ocurrido a Erza? ¿Por qué actuaba de esa manera?
Pasaron las horas y pudo llegar a la academia. Ya estaba por anochecer, así que se dirigió lo más rápido posible al despacho de la directora para comentarle lo sucedido en el trayecto. Abrió la puerta sin preguntar y entró con suma desesperación.
—Directora. —dijo con las manos en las rodillas, intentando recuperar el aire. —Encontramos una cueva. Había un altar y un sacrificio reciente. Erza perdió el control y ahora está persiguiendo a su hermano porque tiene mi olor. Yo era el objetivo.
Zyla la miró, recordando las palabras de los sabios. El que la alfa la desconozca solo era una posibilidad y sin embargo, estaba pasando. Caminó hacia la omega y le informó.
—Había una posibilidad de que la señorita Faolan te desconociera. Se los dije aquella vez en la habitación. Debes cuidarte, o podría llegar a matarte. — Se acercó hacia la omega para consolarla. —No es ella ahora mismo, la bestia tiene el control.
—Debe haber algo que podamos hacer. ¡No puedo dejarla así! —gritó apartándose de la alfa, negando con la cabeza y aguantando sus lágrimas.
—Correrías muchos riesgos.
—No me importa. Si no es ella, será Ryker. Él también estará al acecho e intentará marcarme cuando mi marca desaparezca. — Llevó una mano a su marca brillante. —Debe haber una manera de hacerla regresar.
Zyla pudo ver una mezcla de miedo y determinación en los ojos de la omega. No tuvo más opción que informarla.
—Necesito que me diga cuándo comienza su celo. Hasta entonces no tendrá permitido acercarse al bosque.
—En dos días... ¿Por qué? —Desvió la mirada.
—La única manera conocida de que un alfa enloquecido se tranquilice es calmando el celo de su omega. En vez de querer matarte, querrá darte una camada. — Hizo una pausa al ver cómo la omega se sonrojaba. —Pero no es seguro que durante el proceso se transforme. Si entiende que, de todas maneras su vida está en riesgo, ¿no? La alfa te cortejará y, si no se transforma en el cortejo, deberás pasar tu celo en su estado bestial. Una vez haya finalizado, regresará a su forma humana.
Lyssandra no podía estar más avergonzada frente a aquellas palabras. Tendría también que pasar dos días sin Erza, aguantando el dolor por sí sola. No sabía si volvería a sentir su conexión porque ya habían pasado horas y su marca seguía brillando, impidiéndole poder sentirla.
Y, para colmo, la única forma de hacerla regresar era pasar su celo con ella, en circunstancias que ni siquiera había imaginado.
Le dio las gracias y regresó a su habitación. Tendría que enfrentarse a su miedo y avanzar un paso más en su relación. Debería aguantar la fuerza de su alfa o no sería capaz de traerla de vuelta.
En minutos, todo fue un descontrol.
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