Capítulo 14 de 31
Edmund esperaba inquieto caminando de un lado a otro en la entrada de la cueva. Estaba realmente angustiado y nervioso observando a su alrededor, esperando que nadie los hubiera seguido. Se debatía si debía seguir ayudándolo o resignarse finalmente a dejar libre a su destinada para siempre. Lo que acababa de presenciar fue demasiado fuerte como para poder dejarlo pasar, y se preguntaba si realmente había sido esa la única opción que tenían.
Estaba tan sumido en sus pensamientos que no notó cuando el alfa iba acercándose a la entrada de la cueva. Este se encontraba callado, con los puños y mandíbula apretados, luchando consigo mismo por sus acciones egoístas. Estaba seguro de que no habría redención para él, traicionó la confianza de su sobrino, lo usó y lo entregó en bandeja de plata para ser devorado. Esperaba que aquellas respuestas valieran realmente la pena; de lo contrario, habría actuado en vano.
Desvió su vista hacia el alfa. Tenía la mirada perdida, su cuerpo estaba tenso y sintió cómo su aroma se volvía agrio, pero lo que más le llamó la atención fue la ausencia del niño. Entendió que al final sí había decidido hacerlo. Se acercó con prudencia, el aroma que brotaba del alfa no era nada amistoso, y cualquier error podría costarle la vida.
—Ryker, ¿qué hacemos acá? — Al ver que no reaccionaba, volvió a preguntar con cautela. —¿Qué le pasó al niño?
Aquella pregunta hizo volver al alfa de su trance, mas no se atrevía a mirarlo directamente. Respiró profundamente, intentando tranquilizarse y regular su aroma. Comenzó a avanzar sin importarle si el omega lo seguía, pero aun así le respondió, endureciendo su voz.
—Te dije que querían un sacrificio y es lo que les di. — Paró por un momento sus pasos, volteando un poco su rostro sin llegar a verlo del todo, amenazándolo. —Y si piensas que ahora eres libre de irte, lamento informarte, omega, que ahora eres mi cómplice. Así que deja de temblar y sígueme.
El moreno entendió rápidamente a lo que se refería. La opción de abandonar al alfa ya no era posible, y por su estupidez y cobardía, se había involucrado en algo terrible. Se resignó entonces a seguirlo, aunque antes necesitaba saber si había valido la pena.
—Eso significa que ya tienes las respuestas, ¿verdad? —preguntó con algo de timidez, no quería hacerlo enojar con su curiosidad.
—No, aún no. — Respondió secamente. —Mañana regresaremos a la misma hora y sabremos qué hacer. Por ahora regresemos al pueblo, necesito una ducha y un merecido descanso. —dijo como si nada, no necesitaba de la lástima del omega.
Asintió y no volvió a decir nada más en todo el camino. El alfa fue claro con su respuesta y tenía un semblante serio. Se notaba que estaba afectado, pero sabiendo lo orgulloso que era no buscaría consuelo en su persona, ya que ni siquiera podrían considerarse amigos.
El alfa se transformó a voluntad y con una pata sujetó al moreno subiéndolo a su espalda. De esa forma tardarían menos en llegar al pueblo y podrían descansar.
El tiempo de viaje se redujo considerablemente y llegaron más rápido de lo pensado. Regresó a su forma humana y se colocó las prendas que guardaba en su mochila. Aprovechando la oscuridad de la noche, caminaron con discreción, manteniendo cierta distancia entre ellos, atentos por si alguien los reconocía.
Al llegar al hospedaje, el moreno le ofreció compartir la habitación que había rentado horas atrás para no dejarlo solo sin entender del todo por qué lo hacía. Sabía que había cruzado una línea, pero le causaba lástima verlo de esa manera. El alfa aceptó solo porque estaba muy agotado para pensar en otra cosa y no podía arriesgarse a rentar otro lugar con su nombre si quería pasar desapercibido.
Entraron al hospedaje, y se encargó de pedir la cena al ver que el alfa parecía completamente perdido y culpable. Con los alimentos servidos, regresó y lo guio hacia su habitación.
Era un cuarto pequeño. En él había una mesa con dos sillas, una sola cama y un baño. Ryker observó fríamente la habitación, sintiéndose cada vez peor, pero sin querer bajar la guardia, se dirigió directo a darse un baño.
Sabiendo que el castaño demoraría, comenzó a comer. Estaba muy cansado por todo lo que había caminado y se sentía culpable al orillarlo en busca de respuestas, cuando él solamente había querido huir y rendirse.
Ya había pasado un buen tiempo y el alfa no salía. Aun así, el ambiente se sentía pesado. Se recostó en la cama, no era tan pequeña y bien podían entrar ambos sin llegar a tocarse en el transcurso de la noche. Pero su preocupación por él no dejaba que pudiera descansar, así que se acomodó en el borde de la cama para esperarlo y, en el peor de los casos, entrar si se alargaba el tiempo que se mantenía encerrado.
Ryker aprovechó las gotas que caían sobre sí para dejar salir pequeñas lágrimas silenciosas. Aunque no hubiera pasado mucho tiempo con el niño, era parte de su familia, y se sentía peor que basura al haberlo traicionado por su egoísmo.
Pasó con brusquedad el jabón por su cuerpo, dejando marcas en su piel con sus uñas al restregarse intentando liberarse del aroma del cachorro que se le había impregnado con el abrazo. Estaba roto, era culpable y su mente no se callaba. Necesitaba distraerse.
Cerró la llave de la regadera, se secó a duras penas el cabello y se cubrió descuidadamente con la toalla, sin preocuparse si se caía en el camino, siendo consciente de lo que necesitaba. Abrió lentamente la puerta del baño, y se apoyó en el marco de madera con la mirada aún perdida. De su cuerpo brotaban pequeñas gotas de sangre producto de sus arañazos, sus puños comenzaron a relajarse y comenzó a liberar sus feromonas, llenando el cuarto con ellas.
Al verlo inmóvil, el moreno se acercó hacia la mesa lentamente para no alertarlo. No sabía lo que podía estar pasando por la mente del alfa en estos momentos.
—Deberías comer algo. — Sugirió mostrándole la cena. Sin embargo, no le respondió ni volteó a mirarlo.
—Ryker... — Volvió a insistir, esta vez acercándose a él.
—Cállate. — Por primera vez desde que salieron de la cueva lo miró. Sus ojos reflejaban dolor, cansancio… y deseo. —No necesito tu lástima, si vas a servirme de algo, yo decidiré en qué.
Guardó silencio, no quería que volviera a usar su voz de alfa. Su cuerpo aún no se recuperaba por completo.
El alfa lo observó de arriba hacia abajo, poniéndolo nervioso. No sabía qué hacer realmente en esa situación más que retroceder apretando los bordes de su camisa con temor.
—¿Qué… qué quieres decir con eso? —preguntó con la voz temblorosa, sintiendo un escalofrío por la forma en que lo miraba.
—Ven aquí, omega. — Ordenó, sujetando su toalla con una mano, mientras estiraba la otra, con la intención de que se acercara. —No me obligues a usar mi voz de mando nuevamente. Te conviene acatar mis órdenes por voluntad propia.
Edmund obedeció por instinto, sintiendo el peligro en el que se encontraba, sin poder hallar las fuerzas necesarias para escapar. Cuando estuvo frente a él, levantó la mirada.
—¿Para qué? — Su cuerpo temblaba, jamás había estado tan cerca de alguien en esa situación, porque sí, podría ser tímido, pero no era tonto, entendía qué es lo que el alfa buscaba.
El castaño lo sujetó fuertemente del brazo impidiendo que escape, causándole dolor al jalarlo bruscamente hacia él. Podía ver el miedo en su mirada, era justo lo que necesitaba. Él no lo deseaba pero tampoco lo había abandonado. Permaneció a su lado aun sabiendo lo que estaba haciendo, y eso le hizo creer que de alguna forma el omega no lo juzgaba.
—Te dije que no hagas preguntas. — Acercó su rostro al cuello del moreno, inhalando su aroma.
Era cítrico, un aroma muy fuerte y raro para un omega. Saboreo con lentitud la zona, colocando su otra mano en la espalda del chico, acción que hizo que la toalla se le desprendiera.
Edmund sintió que su cuerpo se tensaba al sentir la lengua y los colmillos del alfa recorrer su piel sin pena alguna.
—Ryker, yo... — El alfa regresó su mirada hacia él, frunciendo el ceño por aquella interrupción.
Sin embargo no pudo terminar de hablar, ya que el más alto acortó la distancia entre los dos, besándolo con amargura. Abrió los ojos completamente ante la acción del alfa, y comenzó a sentir cómo sus feromonas lograban marearlo al entrar en su sistema.
El alfa movía sus labios con brusquedad buscando ser correspondidos, pero al no obtener la respuesta que quería, comenzó a morderlo hasta hacerlo sangrar.
Se dio cuenta entonces que no tenía ni la más mínima oportunidad de escapar. El castaño no lo besaba con cariño, ni ternura. Sabía incluso que era un reemplazo de Lyssandra. No era más que carne fresca para el alfa, que actuaba meramente por instinto, pues solo quería callar todo lo que tenía dentro y dejar de sentirse tan miserable por un momento.
Intentó apartarse, pero las manos del castaño se sujetaron con más fuerza sobre su cuerpo, hundiendo parte de sus garras en su espalda. Cuando dejó libre sus labios para llevarlo hacia la cama, intentó una vez más escapar al sentir cómo el miembro del alfa comenzaba a despertar.
—Espera... — No quería entregarse de esa manera y luchaba por soltarse del agarre.
Pero el alfa no lo escuchó. Al ver la resistencia que ponía para dirigirse hacia la cama, simplemente lo cargó y lo soltó como un saco de basura, logrando distraerlo al haberlo hecho rebotar en el colchón. Aprovechó esa pequeña distracción para acomodarse entre las piernas del omega, ciego por el deseo, sin importarle lo que el otro sintiera en ese momento.
—Ryker, por favor, basta. — Volvió a intentar alejarlo, esta vez con mayor fuerza, logrando empujarlo unos cuantos centímetros.
El alfa finalmente lo observó con fastidio, odiaba que se lo pusieran difícil. Suspiró cansado y forcejeó con él, logrando sujetarle ambos brazos con una sola mano mientras que con la otra le tapaba la boca. Sus ojos no mostraban arrepentimiento alguno de lo que hacía, y ese vacío en su mirada fue el detonante para que se diera cuenta que no había escapatoria. Estaba perdido.
—Shhh, te dije que no hablaras. No me importa lo que pienses de mí en este momento. — Retiró su mano de la boca del moreno y comenzó a desabotonarle la camisa, muy tortuosamente, arañando su piel cada vez que avanzaba. —No me importa si piensas que soy un monstruo o un asesino. — Seguidamente desabrochó sus pantalones dejando expuesta su ropa interior, pero su mirada se mantenía fija en los ojos del omega. —Realmente no me interesa si te llego a lastimar, pero tú. Tú vas a quedarte callado y recibirás con gusto toda mi frustración sin replicar. ¿Entendido, omega?
Asintió, temblando bajo su cuerpo. Se estaba sometiendo contra su voluntad.
Él solo había querido ayudarlo, hacerle sentir que no estaba solo, y sin medir las consecuencias, ahora se encontraba acorralado.
—No entiendo por qué lo haces. — Intentó distraerlo hasta el último momento, preparándose mentalmente para lo que le esperaba.
—No necesito que lo entiendas. — Lo liberó del agarre para retirarle por completo la camisa, tumbándolo nuevamente al tenerlo semidesnudo. —Solo debes aguantar. — Frotó con una mano su miembro erecto, y pasó su lengua por sus labios, saboreando el temor del omega.
Edmund sintió un escalofrío al sentir cómo sus pantalones eran retirados junto con sus interiores con urgencia. Desvió la mirada del alfa hacia una de las paredes. No podría volver a verlo a los ojos después de lo que le haría. Lágrimas silenciosas comenzaron a salir de sus ojos al sentir cómo la punta del miembro del alfa rozaba su entrada, y el dolor comenzó a recorrerlo cuando comenzó a forzar sus embestidas sin haberlo al menos preparado.
Por primera vez desde que habían abandonado la academia, comprendió que no estaba frente al chico que pensó conocer. El alfa estaba completamente consumido por la culpa. Y, en lugar de enfrentarse a sus penas, había decidido utilizarlo como refugio para escapar de su dolor.
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Mark y Erik ya se encontraban con algunos miembros de la manada Faolan a las afueras del bosque. Habían acudido para informar sobre la situación y la búsqueda de los dos jóvenes que se habían "escapado" de la academia. Sin dudarlo la manada se ofreció a ayudarlos y envió a uno de los alfas a cargo y a dos omegas ´para colaborar en la búsqueda.
Se dividirían en dos equipos. Unos irían a los pueblos cercanos a revisar el perímetro y los demás recorrerían el bosque transformados para cubrir más distancia.
Cada hermano iría con un grupo y, apenas encontraran algún rastro, se comunicarían con el otro grupo para reunirse y capturarlos.
Reunieron cambios de ropa y suministros y emprendieron la búsqueda.
Los primeros en partir fueron los del grupo de Mark que se encargaría de recorrer todo el bosque con el otro alfa y un omega, transformándose y recorriendo cada rincón de este.
Por otro lado, Erik y el omega restante debían ir a los pueblos cercanos, Erik se transformó y llevó al omega en su espalda.
Debían ser veloces, alrededor del bosque se encontraban dos pueblos aparte de Lowolf. Por fortuna eran poblados vecinos. Para ellos, ir a Lowolf era innecesario, la policía ya había sido informada de la desaparición de los alumnos y comenzaron su búsqueda en aquel pueblo cercano a la academia.
<<Aguanta, hermana. Los encontraremos.>> —pensaba Erik, faltaba poco para que cayera la noche y sabía que su hermana y su pareja debían recibir el doloroso castigo en cualquier momento. —<<No dejaré que sufras más>>.
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La noche había llegado nuevamente, recibiendo con su dosis diaria de dolor a las chicas. Ya sabiendo la rutina, se buscaron para soportarlo juntas. Pero esta noche fue diferente, la marca brillaba a la par del dolor que sentía, haciendo que no puedan compartir el dolor, solo podía sentir su tacto.
Horas antes habían pedido a la enfermera que no les suministraran los sedantes, debían estar atentas y en sus cinco sentidos por cualquier noticia de Mark o Erik con respecto a la búsqueda.
Pasaron exactamente diez minutos y el dolor cesó de golpe. Ambas se quedaron en el piso unos minutos más recomponiéndose. Erza fue la primera en pararse ofreciéndole la mano a su pareja para ayudarla a levantarse. La omega la recibió con gusto y, aún con sus manos entrelazadas, se dirigieron a las afueras de la academia donde darían encuentro a su padre.
Cuando su hija le había informado del castigo que sufría por haberse atrevido a aceptar sus sentimientos dejándose marcar por una alfa, se dispuso a alistar todo lo solicitado. Después salió lo más rápido posible en dirección a la academia.
Lyssandra, al verlo apoyado en su coche esperando por su llegada, soltó el agarre que tenía con su alfa para correr y abrazarlo. Pocas veces era ella quien iniciaba tales demostraciones de afecto, pero ver a su padre luego de tanto sufrimiento la impulsó a esta vez hacerlo.
—Cachorra mía, ¿cómo te encuentras? — Conrad devolvió el abrazo levantándola un poco del suelo brindándole su total apoyo.
—Perdón por llegar tarde papá, estuvimos retorciéndonos diez minutos por el dolor y no pudimos salir antes. — Informó con su forma tan directa de hablar, haciendo que una risa se escape de su pareja, llamando la atención del hombre.
—Disculpa mi falta de modales. Tú debes ser la alfa que finalmente logró enamorar a mi rebelde cachorrita. — Dejó escapar una carcajada al ver cómo su hija cruzaba sus brazos y desviaba la mirada, mientras extendía la mano hacia la rubia.
—Un gusto señor. Quería disculparme con usted por no pensar si habría consecuencias por mis acciones, y ahora Lyss y yo debemos sufrir un castigo impuesto. — Contestó nerviosa mirando al piso unos segundos para después volver a verlo. —Pero haré lo que sea para poder librarnos de esta maldición y hacerla feliz cada día que pase. Protegerla siempre será mi prioridad.
—Espero así sea, cachorra. Tienes buenas intenciones con ella, lo puedo ver en tu mirada. Pero ahora debemos enfocarnos en cazar a esos jóvenes. — Regresó con la omega entregándole un maletín. —Hija, traje todo lo que me pediste. Cuídate por favor y cualquier cosa que necesiten, no duden en pedírmelo.
—Gracias pa. Siempre puedo contar con tu ayuda y discreción. Por favor, cumple tu promesa y no le digas nada a mi madre aún.
El viejo lobo asintió y le dio un último abrazo, para después subir a su vehículo y regresar a su hogar.
Las chicas se despidieron moviendo sus manos y emprendieron camino a su habitación antes de que algún profesor se pudiera dar cuenta de su ausencia. Una vez dentro, Erza se acercó curiosa a su omega.
—Lyss, ¿qué es todo eso que trajo tu padre?
—Alfa, soy consciente de que tú podrás acabar con Edmund sin el más mínimo esfuerzo. Lastimosamente, yo no podré enlobarme por tu marca, así que tendré que enfrentarme a Ryker por otros medios. Y para tu buena suerte, soy muy buena con esto. — Presumió— Mi padre se encargó personalmente de enseñarme.
Lyssandra abrió el maletín dejando a la vista varias cuchillas y dagas de plata pura, algunos calmantes para licántropos, bombas de gas e inhibidores de aroma. Estos últimos le ayudarían en gran manera para que el castaño no fuera capaz de rastrearla con su olfato.
La única manera de enfrentarlo era hacerlo en su territorio, algo que no se esperaría.
—Ahora solo debo planear cómo atraerlo sin que sospeche cuando lo encontremos. Erza, no quiero que me veas como alguien vulnerable, soy capaz de hacerlo. — La alfa entendió el mensaje, tal vez no debió decir esas palabras a su suegro.
—Bien, entonces solo debemos esperar alguna noticia de parte de la manada por su paradero. — Se acercó por detrás y la atrajo hacia ella en un abrazo. —Ahora debemos descansar. Mañana puedes acompañarme con el entrenamiento. Te pondré como mi pareja. — Le susurró al oído, mordiéndole el lóbulo de la oreja y haciéndola estremecer.
—Alfa... contrólate. — Sujetó sus manos que ya habían empezado a recorrerla de arriba a abajo.
—Imaginarme cómo le darías caza al estúpido de Ryker hizo que sintiera muchas cosas... — Le dio la vuelta para tenerla cara a cara. —Te quiero demasiado Lyss, soy capaz de enfrentar lo que sea por ti.
Se perdió en esos ojos azules que la miraban intensamente, llenos de cariño, y el tiempo pareció congelarse para ella. No sabía cómo había llegado a enamorarse tan pronto de su compañera de habitación, aquella alfa tan hermosa y fuerte. Sus personalidades eran tan distintas... No comprendía cómo había sucedido, pero tampoco quería hacerlo.
La alfa, por su parte, bajó la mirada hacia sus labios y comenzó a acercarse a ella, robándole un cariñoso beso antes de separarse lentamente de su amada. En ese momento, Lyssandra la sujetó por el cuello y la jaló de vuelta, sellando sus labios en un beso más urgente y agresivo, tomando el liderazgo y moviendo sus labios al ritmo de los de su compañera. Estaba hambrienta de su alfa.
Pasó su lengua por sus labios pidiendo permiso para entrar en ella comenzando una batalla por el control.
La alfa bajó sus manos hacia su cintura y la atrajo más a ella, pasando sus manos por las caderas y regresando a la cintura, saboreando cada segundo el sabor de su pareja.
La temperatura del cuarto había aumentado. La omega dejaba escapar pequeños gemidos cada vez que su alfa deslizaba sus manos por su cuerpo, intensificando más sus besos, separándose solamente para tomar aire, y volviendo a sus labios, gustosa del sabor de la otra.
Pasados unos segundos, la alfa dejó sus labios para besar su cuello, dando pequeñas mordidas que le causaban placer a la omega.
De pronto se detuvo en la marca, aquella mordida que demostraba que la había reclamado y era suya ante los demás lobos. La besó tiernamente, pasando su lengua sobre esta.
—¡Erza! — Gimió con la respiración entrecortada. —Yo…
No la dejó continuar y volvió rápidamente a sus labios, intensificando sus besos y llevando sus manos un poco más abajo de las caderas.
Mientras dominaba los besos provocándole pequeños gemidos, una de sus manos se movió lentamente hacia la parte baja de la blusa de la omega y deslizó su mano suavemente por debajo de la prenda para acariciar su piel con temor.
El toque de la mano de su alfa le causó una corriente eléctrica en la espalda, haciendo que se aferre más al cuello de esta.
Erza regresó sus labios al cuello de su amada, comenzando a subir su mano hasta llegar a la base del pecho, dando ligeras caricias por su cuerpo.
La joven heredera sintió cómo su cuerpo temblaba bajo una mezcla de nervios y deseo por el tacto en su piel desnuda. Pero el sentirla tan cerca con sus manos explorando su cuerpo, aún le causaba temor.
Cuando sintió que subía su mano para sujetar uno de sus pechos, reaccionó y la detuvo, separándose un poco de ella. Pudo ver cómo la alfa inclinaba la cabeza y la veía confundida.
—Lo siento, yo... Aún no estoy lista. — Bajó la mirada y se apartó un poco de su novia.
—No Lyss. Discúlpame tú a mí. Me dejé llevar. — Se acercó y la abrazó. —No te forzaré a hacer nada si no estás lista.
Lyssandra volvió a mirarla, sonriéndole tímidamente. Besó a su alfa una vez más, pero esta vez solo lo hizo como un agradecimiento silencioso, dejándola desconcertada.
—Creo que deberíamos descansar. — Le dio un fugaz beso en la mejilla y se dirigió hacia su cama.
<<¡Que idiota eres! >> — Se reprendió a sí misma. —Descansa, amor mío. Mañana posiblemente tengamos noticias de mis hermanos.
Suspiró y fue directo a su cama, después de lo ocurrido, no se encontraba en condiciones para dormir junto a su omega. Ambas cerraron sus ojos, pero las sensaciones de hace un momento aún seguían recorriendo sus cuerpos y no les permitían descansar, pensando en qué hubiera ocurrido si se dejaban llevar.
——————
La noche pasó y dio paso a un nuevo día. Edmund se encontraba despierto, no pudo dormir en toda la noche a causa del dolor de su cuerpo y el peso que había sobre él. Cuando los rayos comenzaron a filtrarse por la habitación, el castaño despertó, encontrándose encima del omega, ambos desnudos. Se levantó lentamente, esperando que le dijera algo, sin embargo, este ni siquiera volteaba a mirarlo.
Bufó molesto y comenzó a vestirse, no tenía tiempo de solucionar las cosas con el omega. Su prioridad era llegar a la cueva y obtener sus respuestas. Le lanzó sus prendas y salió de la habitación, esperándolo afuera.
Cuando el más joven salió de la habitación, Ryker por fin le habló. Le comentó lo que harían, esperando que entendiera y siguieran con sus vidas como si nada hubiera pasado.
—Escucha, cuando lleguemos a la cueva, preguntaré todo lo que necesitemos saber para recuperar nuestro destino. Solo debes obedecerme en todo lo que te diga si quieres que también te ayude.
Aquellas frías palabras le recorrieron el cuerpo causándole escalofríos, recordando la noche anterior sin poder evitarlo.
—¿Otra vez me quedaré afuera? —susurró.
—No estoy seguro de si eres bienvenido, pero mejor no arriesgarnos.
—Entiendo... — Miró al suelo y procedió a seguirlo en silencio, aguantando el dolor que sentía al caminar.
Ambos chicos se dirigieron a la salida del pueblo sigilosamente. No deseaban que nadie los reconociera, mucho menos después de la desaparición del niño, a quien seguramente ya estarían buscando.
—Creo que los tenemos. — El rubio se encontraba a una distancia prudente observando a los jóvenes sin levantar sospechas.
—Erik, creo que deberíamos seguirlos. Se ven muy sospechosos. — Mencionó el omega que lo acompañaba, al ver cómo el castaño observaba a su alrededor con cuidado. —Debemos ocultar nuestro aroma y ser silenciosos.
Ambos se inyectaron un inhibidor de aroma y sin despegar la vista de sus objetivos, comenzaron a seguirlos.
—Me comunicaré con mi compañero cuando estemos seguros de lo que planean.
Erik asintió y siguió a su compañero. Sea lo que sea que estuvieran planeando, no los dejaría continuar. Si sus muertes eran necesarias para la felicidad de su hermana, él ayudaría sin dudarlo.
Al cabo de un par de horas de caminata, el alfa decidió dar un pequeño descanso. Pero en realidad era una excusa para analizar el terreno. Desde que habían salido del pueblo, sintió pasos tras de ellos, pero no pudo ver nada, y no había más aromas que el de ellos y del bosque.
Quizá su paranoia lo perseguía, su culpa lo acechaba en cada paso que daba y le hacía sentir presencias a su alrededor que lo buscaban.
Debía obtener esas respuestas antes de que se volviera loco.
Claro, ese comportamiento no pasó desapercibido para el moreno, ocasionando que su miedo crezca al no ver absolutamente nada alrededor de ellos y escuchando al alfa mencionar que los seguían.
—Mejor sigamos, creo que solo andas nervioso. — Habló dándole la espalda, se sentía como un prisionero siendo fiel a su verdugo.
—Si... creo que tienes razón, es imposible que nos estén siguiendo. — Trató de convencerse para continuar tranquilo.
—Vamos, ya falta poco, alfa...
Los chicos siguieron su camino y al cabo de una hora llegaron a la dichosa cueva. El castaño observó el cielo, quedaba aún tiempo para el encuentro con los lycans, así que entró con el omega hasta una parte para esperar.
—No quiero pensar que me volví loco. En unos minutos me adentraré en la cueva, si ves algo raro en el exterior o si sientes alguna presencia, necesito que dejes de ser un miedoso y me llames. — Lo miró fríamente. —La cueva es muy profunda y oscura, pero creo que si gritas podré escucharte. Recuerda que es nuestra única oportunidad de saber qué podemos hacer.
—No soy tan miedoso, ¿sabes? Solo que soy omega y siempre seré sometido ante ustedes. — Con esas palabras esperaba alguna reacción de su parte, pero el alfa simplemente las ignoro y se alejó de él.
—Ujum, como digas. — Había entendido a la perfección aquella indirecta. Lo había usado para su propio beneficio. Pero no le daría el gusto de disculparse con él. Dejaría que el tiempo haga lo suyo.
A metros de ellos, en las ramas de un árbol, Erik y el omega se comunicaron con los demás dándoles su ubicación para acorralarlos y evitar que escaparan.
—Sin duda, algo traman, ya llevan buen rato en esa cueva y ninguno de los dos muestra señal de vida. —Erik se encontraba desesperado por ir tras ellos y acabar de una vez con el suplicio de su hermana. —Esperemos a la manada, no desesperes.
—Eso intento.
La hora pactada llegó y Ryker se levantó para dirigirse al interior de la cueva, mientras el moreno salió al exterior de esta para vigilar.
El alfa avanzaba con paso firme. Cuando llegó al punto de las imágenes de las criaturas dio paso a su lobo cediéndole el control de su cuerpo. Aún transformado, mantenía un ritmo calmado mientras avanzaba hacia el altar.
—Bien, cumplí con traerles un sacrificio, necesito respuestas. — Exigió.
De repente, el altar comenzó a brillar tras él mientras la temperatura de la cueva bajaba. Confundido, giró su cuerpo para encontrarse con los hermanos, pero en vez de ellos, la figura que se presentó ante él fue la de una dama vestida de blanco, de ojos rojos y cabellos azules.
—¿Quién eres tú? — El lobo inclinó la cabeza hacia un lado gruñendo con desconfianza.
—No te preocupes, hijo. Soy la Diosa Luna. Vine a darte tus respuestas. — Respondió calmándolo al instante —Mis hijos estuvieron satisfechos con el festín que les diste.
Gruñó con la sola mención del sacrificio. Aún no se perdonaba por lo que había hecho y la Diosa se lo recordaba sonriendo ampliamente.
—Sacrifiqué a mi propia sangre, mi señora. Quiero respuestas, saber qué debo hacer y no sentir que me equivoqué con mi decisión.
—Y las tendrás, joven lobo. Dime, ¿qué es lo que deseas saber?
—¿Hay manera de recuperar mi destino? Tengo entendido que cuando un alfa marca a un omega, el lazo es irrompible.
—Exactamente, el lazo es irrompible cuando alfa y omega se eligen para pasar sus vidas juntos. — Afirmó. El alfa se tensó ante esta respuesta, pero antes de que dijera algo más, la Luna siguió. —Pero en este caso, el lazo que formaron esas lobas está corrupto. Va contra mi voluntad.
—¿Quiere decir que puedo recuperar a mi omega?
—Recuperarla no será sencillo. La marca que tiene tu omega lentamente irá desvaneciéndose y desaparecerá. Cuando eso pase, tú deberás tomarla bajo la luz de una luna llena o de sangre. — No le parecía complicado. Podría enfrentarse nuevamente a la loba. Se encontraba más preparado. —Pero esa misma noche, la alfa que marcó a tu omega deberá marcar a su destinado.
Claro, eso era lo complicado. ¿Cómo lograría que Erza marque al estúpido omega por voluntad propia, cuando la sola idea de hacerlo le causaba rechazo?
Sin embargo, su prioridad era su destinada, no Edmund.
—Mi diosa, ¿es necesario que la alfa también complete su vínculo con su destinado? ¿No basta con que solo yo la marque?
—Bueno, hay otra manera, pero pensaba que querías ayudar a tu amigo.
—Dígame, ¿qué otra opción tengo?
—Deberás matar a la alfa. Con su muerte la marca de la omega desaparecerá automáticamente y tendrás la oportunidad de marcarla. Pero debes saber que...
—¡Ryker! ¡Ryker! — Gritaba el omega desesperado. —Nos siguieron, ¡estamos rodeados!
Al llegar con él, la Luna desapareció, dejándolo con la duda por la advertencia incompleta.
—Vamos, debemos salir de aquí. — Volvió a decir.
Se dirigieron a la entrada con rapidez, encontrándose con los hermanos y sus compañeros. Cuando vieron al alfa transformado, ellos también lo hicieron y se lanzaron hacia él. Pero Ryker no era un alfa común. Fue capaz de darle batalla a Erza estando a punto de ganarle, y en ese momento se encontraba furioso. Dejó que la ira lo dominara para poder incrementar el tamaño y poder de su lobo, dándole una ligera ventaja en la pelea.
En cambio los omegas peleaban torpemente con el moreno, quien desesperado buscaba la ayuda del alfa. Ambos chicos mostraban resistencia a ser capturados, pero él fue el primero en caer, siendo atrapado sin oportunidad de escape.
Al observar la escena, el alfa supo que tarde o temprano harían lo mismo con él. Por más fuerte que pudiera ser, seguía siendo una pelea de tres contra uno y al dejar a su lobo tomar el control, su cuerpo se agotaba más rápido.
Edmund ya no le era útil. Se libró de las garras de sus oponentes y corrió fuera de aquella cueva lo más rápido que sus patas le permitían sin mirar atrás, sin remordimiento alguno de dejarlo a su suerte.
Frotaba su pelaje con cada planta o animal que se le cruzaba en el camino, mezclando sus aromas para confundir a los lobos que lo perseguían.
Ya no había vuelta atrás. Tenía su respuesta y sabía que pronto la marca desaparecería. Solo debía esperar, y para eso, debía desaparecer del radar del mundo. Debía ser cuidadoso ahora que lo estaban buscando y encontrar la manera de interceptar a Lyssandra sola para marcarla, o matar desprevenida a la alfa.
Esta vez nadie le impediría reclamar lo que le pertenecía. Sin embargo, las palabras de la Luna resonaron una vez más en su cabeza. ¿Qué era lo que debía saber si llegara a marcar a la omega?
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