Capítulo 13 de 31
En un pueblo cercano, al atardecer, Edmund llegaba cansado de caminar durante días. Su cabeza permanecía gacha y sus pasos eran lentos y silenciosos. Sin llamar la atención, buscó un lugar donde pasar la noche.
Después de escapar de la academia, solo había podido descansar en pequeñas cuevas que encontraba durante el camino.
Se acercó a una posada donde ofrecían comida y hospedaje, pidió algo para comer y alquiló el cuarto más barato. Su cuerpo le exigía descanso y en ese lugar podría reponerse.
Se sentó cerca de la esquina donde había un ventanal que daba a la calle, esperando por sus alimentos. A las afueras del local, se podía observar un pequeño colegio, casas a su alrededor y pequeños negocios de los pueblerinos. La gente caminaba de un lado a otro, con amables sonrisas en sus rostros y saludos de por medio. Daba la impresión de que todos ahí se conocían.
Una señora algo mayor se le acercó interrumpiendo sus pensamientos y colocó delante de él una hamburguesa con un café. Acto seguido, agradeció y se dedicó a disfrutar su alimento. Su mirada seguía perdida en las calles mientras degustaba la hamburguesa, cuando una figura conocida apareció entre la gente.
Si su vista no le fallaba, aquel chico era al que había ayudado a escapar de las jaulas en la academia. ¿Qué hacía por ahí?
Se encontraba encapuchado, con la mirada atenta a su alrededor, pendiente de que nadie lo reconociera. Estaba cerca de la escuela esperando algo o a alguien. No perdió de vista al alfa. Se sorprendió de que sus caminos se hubieran cruzado nuevamente y sentía curiosidad por saber qué hacía en ese lugar. Una vez terminada su comida, decidió salir de la posada para acercarse a su compañero.
—¿Ryker? ¿Qué haces por aquí? — Se mantuvo a una distancia prudente pero sin levantar la voz.
El alfa se tensó al escuchar la voz conocida del patético omega detrás de él. Lo vio con disgusto, pero debía actuar lo más normal posible, no dejaría que se arruinara su misión. Recuperó su compostura y le extendió la mano en señal de saludo. Edmund aceptó, aunque con cierta duda.
—Éste es el lugar de donde vengo. —mencionó tranquilo.
—¿No quieres que nadie sepa que estás aquí? —preguntó mirándolo extrañado. —Lo digo porque andabas viendo a tu alrededor como si no quisieras que nadie notara tu presencia.
—Solo estoy esperando a alguien. — Era mejor seguirle la corriente, así desviaría fácilmente la atención del omega. —Tenías razón. — Soltó de repente, ocasionando que lo mirara con curiosidad.
—¿Eh? ¿A qué te refieres?
—Lo que me dijiste en la academia, antes de irme. Posiblemente exista alguna solución para recuperar nuestros destinos. — Relajó su cuerpo entonces, sintiendo que había nuevamente ganado su confianza.
Al escuchar esto, quedó helado sin decir nada por unos segundos, dejando escapar una tímida sonrisa, acercándose con cautela al alfa. Si él sabía algo, entonces estaría dispuesto a ayudarlo.
—¿Encontraste respuestas?
—Bueno, no sé aún con certeza. — Lo miró, inclinado la cabeza. —Pero debo llevar algo para poder obtenerlas. Y aprovechando que estás aquí, me ayudarás.
—¿Qué es lo que debes llevar? ¿A dónde? — Las preguntas comenzaban a inquietarlo, no podía arriesgarse a que alguien más escuche lo que tenía planeado, así que endureció su tono para que no tuviera más opción que obedecerlo.
—Mira omega, deja de cuestionarme y sólo dedícate a hacerme caso. — Entrecerró los ojos y apretó los labios, recortando un poco la distancia entre ellos. —Espérame en las afueras del pueblo, al final del camino, no dejes que nadie te vea y escóndete en la maleza. Yo te llamaré cuando esté cerca.
—Pero... — No entendía su cambio de actitud, mucho menos el tener que salir del pueblo. Iba a replicar pero entonces el castaño usó su voz de alfa contra él, harto de tener que soportarlo.
—Solo obedece, omega. ¿O no quieres recuperar tu destino? — Finalizó ya sin paciencia, causando temblores y un creciente dolor en el cuerpo del moreno.
—Bien… — Se dio la vuelta y comenzó su camino hacia el exterior.
Aún se encontraba exhausto, pero tener una opción para recuperar su destino le hizo dejar a un lado por un momento su cansancio.
Ryker esperó unos minutos más en aquel lugar. Cuando los gritos y risas de varios niños comenzaron a oírse, supo que había llegado la hora. Un ligero resortijón le recorrió todo el cuerpo mezclado con los nervios de lo que estaba a punto de hacer. Respiró hondo intentando calmarse, debía actuar bien para no generar sospechas.
Con la mirada inquieta buscó a su objetivo, un pequeño castaño de ojos azules. Era hijo de uno de sus primos lejanos, no tenía mucha relación con su familia, pero el pequeño lo apreciaba demasiado. Desde que su manada lo reconoció como un alfa prodigio, el pequeño lo admiraba y soñaba con llegar a ser tan fuerte como él. Siempre que lo veía buscaba mostrarle cuánto había crecido, aunque él solo fingía su interés.
La inocencia del niño le serviría en estas circunstancias para llevar a cabo su plan sin sospechas.
Se ubicó cuidadosamente cerca de las puertas del colegio, alejado un poco de los demás y silbó una tonada que solo los Gerwulf conocían. Al reconocer aquel sonido, el niño buscó su procedencia y encontró a su tío favorito. Feliz de volver a verlo, salió corriendo emocionado hacia él.
—Hola pequeño. — Saludó fingiendo una enorme sonrisa, mientras comenzaba a caminar.
—¡Tío! — El pequeño corrió hacia él dándole un abrazo, pero él lo alejó rápidamente. No supo realmente si había sido por miedo o culpa.
—Te tengo una sorpresa. ¿Quieres verla? — Siguió con el juego, convenciéndose a sí mismo de que debía hacer lo necesario para regresar a ser quien era antes.
—¡Siii! — El pequeño comenzó a seguirlo con toda la confianza del mundo.
—Bien, camina conmigo y no te separes. Ya avisé a tus padres que llegaríamos tarde. Vamos.
Guio al pequeño por unas calles medio vacías. Caminaba con las manos en los bolsillos y la mirada hacia el suelo impidiendo que alguien lo reconociera. Detrás de él, el pequeño lo seguía emocionado. Le había ordenado que no caminara a su lado por obvias razones. El niño no dijo nada. Se encontraba alegre y comenzó a seguirlo por detrás hasta que llegaron a las afueras del pueblo, entrando al bosque.
Cerca de ahí ya se encontraba Edmund, quien pudo ver cómo el alfa se acercaba con un niño. Se mantuvo en su lugar y esperó a ser llamado para salir del escondite, preguntándose por qué lo seguía un niño tan pequeño.
—Bien, voy a llamar a un amigo que está esperando por nosotros e iremos por tu sorpresa, ¿sí? — Le dijo con una gran sonrisa revolviéndole sus cabellos, pero desviando la mirada.
—Ok tío. — Le devolvió la sonrisa, encontrándose muy ilusionado.
—Edmund, ya puedes salir. Vámonos. — Ordenó el alfa.
El omega salió y saludó educadamente al pequeño. Con la mirada le preguntó por el niño, pero éste solo le indicó con una señal que no hablara y lo siguiera. Sin atreverse a replicar, como en toda su vida, bajó la cabeza y los siguió en silencio. Tampoco quería que volviera a usar su voz de alfa, aún le dolía el cuerpo a causa de eso.
El camino era largo. Edmund estaba agotando las pocas energías que le quedaban y ni hablar del niño, que andaba caminando dormido por la gran distancia que ya habían recorrido, chocándose con el alfa por detrás. Este al verlo le dio la mochila a su compañero y procedió a cargarlo en su espalda. Debían llegar pronto, no había tiempo para descansar. Necesitaba las respuestas ya.
Caminaron durante horas a través del extenso bosque. El cachorro seguía dormido en su espalda, y las piernas del omega se encontraban temblorosas por caminar tanto tiempo sin descanso. Ryker aceleró sus pasos con urgencia, les quedaba aproximadamente una hora de viaje y debía llegar a la hora pactada si no quería que el viaje fuera en vano.
——————
Luego de que hubieran soportado su dosis de dolor nocturno del día anterior y haber decidido enfrentar a sus destinados, Erza salió de la habitación en busca de sus hermanos. Necesitaría la mayor ayuda posible ahora que tenían los días contados. Los encontró entrenando en secreto a las afueras de la academia. Corrió hacia ellos y, sin saludos de por medio, soltó lo necesario para llamar su atención.
—Necesito su ayuda.
Los jóvenes lobos dejaron su lucha familiar para centrarse en la voz de su hermana. Por lo general, ella era una alfa independiente y fuerte, incluso más que ellos, por esa misma razón había sido elegida para ser la futura cabeza del clan.
El hecho de necesitar su ayuda y ver su rostro determinado, pero angustiado, hizo que estuvieran dispuestos a aceptar cualquier cosa que pudiera pedirles.
—¿Qué necesitas hermana? Te noto muy preocupada. —mencionó el mayor analizándola de cerca, lucía fatigada.
—Erik, necesito que encuentren a dos chicos que se fugaron de la academia. Es muy importante y los necesito con urgencia aquí. — Se dirigió a sus hermanos, mostrándoles las fotos de los carteles de búsqueda de ambos. Carteles que la policía comenzó a poner en el pueblo tras la desaparición de ambos.
—Hermana, explícanos qué sucede. — Observó a uno de ellos y preguntó. —¿Ese no es acaso tu destinado? — Refiriéndose a Edmund. —Pensé que no querías nada con él.
—Y sigo sin quererlo. Pero necesito encontrarlos. — Necesitaba ser sincera con sus hermanos si quería su ayuda. —Sé que es confuso pero… Espérenme aquí, regreso en unos minutos para explicarles con más detalle.
Se dio la vuelta y corrió hacia su habitación donde se encontraba su hermosa omega leyendo como siempre hacía cuando algo la perturbaba. A la vez que se alejaba, sus hermanos, al estar acostumbrados a su comportamiento, retomaron su entrenamiento mientras esperaban su regreso.
Al llegar a su habitación, abrió fuertemente la puerta causando que su pareja se sobresalte por la repentina interrupción. Con molestia, cerró su libro para ponerle total atención a su alfa, quien recuperaba el aire apoyándose en el marco de la puerta.
—Lyss, necesito que me acompañes. Mis hermanos me ayudarán a buscar a Ryker y Edmund, pero debemos explicarles todo. —dijo de repente, atropellando sus palabras por el apuro que tenía de regresar.
—A este paso toda la academia sabrá lo que hicimos. — Respondió molesta e incómoda.
—Mis hermanos son de confianza, cariño. No dirán ni una sola palabra a nadie. — Se acercó a su novia, sujetándole la mano para llevarla al lugar pactado con sus hermanos.
La alfa comenzó a correr nuevamente, tirando de Lyssandra quien comenzaba a contagiarse de su forma de ver la vida. A ella le gustaba la energía y la impulsividad de su alfa, y ocasiones como estas le permitían despejar su mente y seguirla sin dudar.
—Erik, Mark, ella es Lyssandra. — Los chicos miraban con confusión a la joven. —Ella es mi omega, es a quien realmente amo. —dijo de inmediato sin dudar, sorprendiendo a sus hermanos e incluso a la omega con esas palabras.
Posteriormente les mostró la marca brillante en el cuello de la pelinegra que se encontraba cubierta por su cabello.
Lyssandra sintió cómo aumentaba su temperatura y su aroma escapaba, buscando mezclarse con el de su alfa. Erza reaccionó de inmediato atrayéndola hacia sí de forma posesiva.
Los hermanos no pasaron por alto la escena, mirando a su hermana y luego a la pelinegra con asombro y diversión, pero entendiendo a donde quería llegar con el favor que les estaba pidiendo. Aun así, se mantuvieron callados esperando las explicaciones para con la búsqueda.
Al darse cuenta de las miradas burlonas de sus hermanos, aligeró su agarre en la omega para comenzarles a explicar toda su situación. Les mencionó también su pelea con Ryker y que, después de derrotarlo, había marcado a la omega, finalizando con el castigo que les había impuesto la Luna.
Ambos hermanos escucharon atentos, se encontraban realmente preocupados y tristes por todo lo que debían pasar cada día simplemente por haberse enamorado.
También procedió a contarles la posible solución dada por los sabios y, al escucharlo, entendieron la gran importancia de encontrar a los desaparecidos lo más rápido posible para que su hermana pueda vivir tranquila con su omega. Ellos harían lo que sea por su manada.
—No te preocupes hermanita. Reuniré a la manada para comenzar con la búsqueda. Nadie sabrá los detalles, solo mencionaremos que se escaparon y que nos pidieron ayuda para ubicarlos. — Erik se acercó y la abrazó dulcemente.
—Cuenta con nosotros, Erza. Los cazaremos y los traeremos para que puedas recuperar tu libertad. — Mark también se acercó colocando un brazo sobre su hombro.
Luego de eso, ambos lobos corrieron en busca de la manada como si sus vidas dependieran de ello.
—No entiendo por qué tuve que salir si yo no dije nada. —mencionó la pelinegra recuperando su compostura con una ceja levantada mirando a su alfa, fingiendo que nada había pasado minutos atrás.
—Tu marca es importante Lyss. Ellos debían saber y comprender la importancia que tiene el encontrarlos. — Se dio cuenta de que la omega no hablaría más del tema, y le causó ternura ver cómo regresaba a su actitud orgullosa. Ya habría otro momento para decirle correctamente lo que sentía. Entrelazó sus manos y la guio de regreso a su habitación. —No todos los días se ve una marca brillante. Además, debía presumirles que esta hermosa omega me pertenece.
Lyssandra desvió la mirada y apretó el agarre de su mano. Aún le costaba mantener la compostura con los coqueteos que su alfa le daba. Realmente había caído rendida ante ella. Sin embargo, cambió de tema con facilidad.
—Entonces debería también comunicarme con mi padre. Le pediré que me traiga lo necesario. —La miró con una sonrisa tenebrosa. —Es hora de cazar.
——————
Los chicos ya habían llegado a las cercanías de la cueva. La hora pactada se acercaba y el alfa se venía repitiendo que lo que estaba haciendo era por su bien. Por su felicidad y su orgullo.
Su pequeño sobrino comenzaba a abrir los ojos lentamente, dándose cuenta que se encontraba en los brazos de su tío sin saber en dónde estaban o por cuánto tiempo estuvieron caminando. Edmund se encontraba más alejado, sus pasos eran lentos y débiles, estaba próximo a caer rendido.
—Ryker, ¿cuánto falta para llegar? Ya no puedo más. — Cansado, su voz apenas se escuchaba.
—Ya casi llegamos. Le damos la sorpresa y descansamos. Ahora muévete, o no te diré nada más.
¿Sorpresa? Se preguntó. ¿Por qué debían darle una sorpresa al niño? ¿Qué tenía que ver con sus destinos? Aun así no dijo nada más, solo quería llegar, tumbarse al suelo y dejar que su cuerpo se relajara.
—Mira por allá, ya no falta nada. — Señaló la cueva.
—Tío. ¿Dónde estamos? ¿Cuánto caminamos? —preguntó adormitado, aferrándose a la espalda del alfa.
—No mucho, ya estamos cerca y podrás ver lo que te tengo preparado. — Sabía que era la última vez que lo vería. Por eso, y por única vez, se permitiría despedirse bien de él.
—Ok... — Regresó su vista para ver cómo el moreno estaba a punto de desfallecer, dejando escapar una pequeña risita.
Los jóvenes llegaron y pararon en el exterior de la cueva. Ryker bajó con delicadeza a su sobrino, mirándolo en silencio y agachándose para quedar a su altura. Le sonrió y extendió los brazos invitándolo a un abrazo, el último que daría. El niño, emocionado, le correspondió el gesto, al fin sentía que tenía su aprobación.
—Bien campeón, necesito que te vendes los ojos. — Sacó un pedazo de trapo roto de sus ropajes arruinados y procedió a vendarlo. —Quédate aquí, le diré a mi amigo unas cosas y regreso. Sé buen niño y no hagas trampa o ya no habrá sorpresa, ¿ok?
El niño asintió sonriendo y dando pequeños saltitos sin poder aguantar su emoción.
Se dirigió al omega y lo apartó para poder hablar con él a cierta distancia, sin despegar su vista del cachorro.
—Escucha, necesito que estés atento por si alguien se acerca. — Lo miró desafiante. —Esta puede ser nuestra única oportunidad para saber cómo recuperarlas.
—¿Me dirás qué hace el niño aquí? —preguntó armándose de valor. Ya no sabía qué pensar en ese momento, pues el alfa se había comportado de manera muy sospechosa todo el camino.
—Es el regalo para los hijos de la Luna, ellos me darán las respuestas que necesitamos. — Las facciones del lobo se endurecieron y apretó sus puños, controlando su aroma. No debía alertar al cachorro del peligro. —Nadie debe ingresar, ¿entendido?
—¿Un sacrificio? — Se espantó, claro que quería recuperar a su alfa, pero…¿llegar a esto? —Ryker, ¿estás seguro? Es tu sobrino...
—¡Exacto! — No pudo evitar subir la voz, sabiendo lo que estaba a punto de hacer. —Tiene que ser de mi sangre. — Miró hacia abajo, por un momento arrepintiéndose de sus actos, pero el rencor que sentía por haber sido derrotado hizo que recuperara su expresión dura, ocultando sus verdaderos sentimientos. —Y ni una palabra a nadie o tú serás el siguiente. — Amenazó con dureza.
Nuevamente el omega agachó la cabeza y asintió, era un fracasado que no tenía ni voz ni voto con nadie. Ni siquiera sabía por qué había salido de la academia en primer lugar. ¿Qué esperaba encontrar? ¿Realmente pensó que Erza le daría una oportunidad?
Ryker regresó con su sobrino, le dio una última mirada, y lo cargó para continuar su camino hacia el interior de la cueva donde los hermanos lo estaban esperando.
Caminaba sin prisa. Sabía que el niño confiaba en él, y eso lo hacía sentirse culpable. Pero su alma realmente necesitaba las respuestas y recuperar su orgullo y su destino. Para él eso era más importante que cualquier cosa.
—Tío, hace frío. ¿Falta mucho? — El pequeño se aferró a él buscando el calor que su cuerpo brindaba.
—Sí, ya llegamos. Pero aún no te quites las vendas. Necesito que te recuestes aquí, déjame ayudarte.
Recostó el cuerpo del niño en el altar, procediendo a transformarse para comunicarse con los lycans que estaban en silencio, esperándolo.
—Vaya, el alfa perdedor logró su cometido. —mencionó el mayor.
—Y sin un rasguño. — Siguió el segundo.
—Se ve apetecible. — Terminó el tercero.
—Cumplí con su mandato. Espero que lo disfruten y nos vemos mañana con las respuestas. — Gruñó, dándole una última mirada al cachorro.
—Sigue tu camino, joven lobo. Descansa del dolor que te acoge el corazón. —dijo el primero.
—Ten por seguro que disfrutaremos tu regalo. — Procedió el segundo.
—Tío… realmente hace mucho frío aquí… ¿Puedo ya quitarme la venda? — No respondió, se alejó del altar desviando la mirada un momento hacia el cachorro, su corazón se estrujó al verlo temblar. Levantó una pata para ir en su dirección, cuando la voz del tercer hermano lo interrumpió.
—Si no sintieras nada en este momento, no valdría nada este sacrificio.
El lobo asintió entendiendo la orden. Hizo un gesto en señal de sumisión, les dio la espalda y siguió con su camino.
Los minutos pasaban y el pequeño comenzó a dudar, pero al no querer quedarse sin sorpresa, no se quitó la venda de los ojos.
—¿Tío? —preguntó con duda. —Tío, tengo mucho frío. — Suplicó, no entendía por qué su tío había dejado de contestarle.
Nada, no obtuvo ninguna respuesta, solo se escuchaba el eco de su voz.
Cuando el sonido de los pasos del alfa desaparecieron y la cueva volvió a quedar en silencio, los espíritus se acercaron juguetones alrededor de la mesa, rozando su cuerpo a propósito.
El cachorro comenzó a sentir pequeños hormigueos rozando su piel, y el silencio comenzaba a alertarlo.
—¿Tío? ¿Tío, dónde estás? — Una respiración se sintió muy cerca a su oído, haciendo que se sobresaltara. —¿Hay alguien ahí? — Intentó incorporarse, quería llorar, pensaba que su tío se estaba burlando de él.
Los lycans sonrieron mostrando los colmillos y, antes de que el cachorro se levantara por completo y el miedo comenzara a recorrer su pequeño cuerpo, los tres se abalanzaron sobre él al mismo tiempo mientras sus cuerpos se volvían tangibles y cada uno se aferraba a una parte del cuerpo del cachorro. El grito del niño rebotó en la cueva, aferrándose a la mesa al sentir el dolor de las mordidas.
Cuando el grito lo alcanzó, el alfa apretó sus puños, deteniendo su andar para mirar atrás una vez más, sintiendo su cuerpo temblar al ser consciente de que había cruzado una línea de la que ya nunca podría volver. Pensaba dar la vuelta, regresar, salvar lo que quedara del cachorro. Pero no lo hizo, se quedó inmóvil. Y cuando los gritos se detuvieron, supo entonces que ya estaba hecho. Cerró los ojos fuertemente, aguantando las lágrimas al ver en qué se había convertido, antes de continuar su camino.
El menor se aferró a sus piernas, el segundo hundió sus colmillos en su vientre y el mayor alcanzó su yugular. Salpicando de sangre sus alrededores. Los símbolos de la mesa de piedra comenzaron a iluminarse mientras el sacrificio era devorado. El cachorro intentó gritar una vez más, pero sus cuerdas vocales habían sido ya arrancadas.
El pequeño ya no pudo aguantar por más tiempo el dolor y mientras su vida se escapaba lentamente, lágrimas brotaron de él, sin poder entender qué había hecho para que su tío favorito lo traicionara de esa manera, dejándolo morir a manos de unas bestias tan sanguinarias.
Cuando su corazón dejó de latir y los hermanos saciaron su hambre, del altar surgieron llamas azules, quemando los huesos y la carne restante de aquel cachorro.
Los hermanos aullaron con satisfacción, y cuando el cuerpo del pequeño terminó de carbonizarse, dejaron de ser tangibles para regresar con su madre.
La Diosa los esperaba satisfecha, sabiendo que al día siguiente debería bajar y darle respuestas al alfa. Le había demostrado que agradecía su regalo, y que en ningún momento él la había rechazado.
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