Capítulo 11 de 31
Las malas noticias del castigo ya habían sido reveladas, solo les faltaba comunicar la posible manera de librarse del castigo. Era una posibilidad, no sabían con certeza cómo actuaría la Diosa, y por esta misma razón los ancianos dudaban en comunicarlo.
—Existe una posible solución para contrarrestar el castigo. —mencionó uno. —Pero no podemos asegurarle que realmente funcione. Los registros antiguos han sufrido pérdida de información.
—Tampoco es una solución ética. —comentó otro. —La decisión caería en las estudiantes. Nuestro trabajo solo es informarle, y el de usted será comunicarles a las jóvenes lo que deberán realizar.
Zyla dudó por un momento antes de girar su vista hacia ellos. ¿Qué podría ser tan grave? Pudo ver en sus rostros cierta incomodidad, como si aquella solución fuera lo peor del mundo.
—Entiendo, sabios. Sé que requerirá algún sacrificio de parte de las jóvenes. — Habló sin imaginarse el peso de sus palabras. —Pueden comunicármelo sin ningún problema.
—Verá. – Continuó el líder. —Es muy sabido por nuestro pueblo que cuando una pareja joven se enamora y nuestros lobos se eligen, no hay lazo que pueda romper ese vínculo. Es por eso que marcamos a nuestras parejas, para reconocernos, completar nuestros lazos y formar nuestra manada. — Hablaba lentamente, como si de una leyenda se tratase, debía ser sutil con aquella información. Para ellos era importante no intervenir con las decisiones de la Diosa. —Pero desde siempre existieron unos pocos lobos con la suerte, o en el caso de estas jóvenes, el infortunio, de recibir el regalo de nuestra Luna sin tener elección. Nuestra raza siempre aceptó gustosa lo que nos brindaba sin rechistar, volviéndose símbolo de orgullo para nuestros clanes.
Los sabios asentían con cada palabra que salía de su líder, gracias a la Luna eran la raza poderosa que los diferenciaba del resto. Aceptar con gratitud a los destinados era lo menos que podían hacer los elegidos
—Eso fue así, hasta que dos parejas se rehusaron a obedecer. Les parecía injusto que la Diosa pueda decidir sobre su libertad de amar. Así que, atreviéndose a rechazar aquel regalo y eligiendo a quien realmente querían, fueron castigados.
El líder relataba la historia lentamente, como si ella no tuviera conocimiento de los lazos sagrados de los lobos. Sentía que la historia nunca acabaría, y entonces el líder miró directamente a sus ojos y prosiguió.
—El motivo por el cual esta información fue ocultada al público era para que no volviera a repetirse la historia. Nuestro deber siempre fue recalcar que el destinado debía ser aceptado con gusto. Y por muchos años fue así. Parejas de destinados aprendieron a convivir y quererse. — Zyla asintió ante la información. —Lamentablemente las jóvenes renegaron de su destino y al seguir a sus corazones todo cambiará en sus vidas de ahora en adelante.
El líder sabía que comenzaba a desesperarse por una respuesta, pero el tema era tan delicado que le costaba soltarlo.
—La única posible solución para que la Luna las perdone y las deje vivir tranquilas... es romper su destino.
—Pero señor, la alfa ya marcó a la omega. ¿No rompieron su destino con el vínculo que crearon? —preguntó levantando la ceja, acercándose al anciano.
—Lamentablemente, no es así de sencillo. Sus destinos aún están atados a sus correspondientes destinados, por eso existe la posibilidad de que la omega pierda la marca en cualquier momento.
—¿Entonces cuál es la solución? Dígamelo, líder, por favor.
—En otras palabras, directora, los destinados de las chicas deberán morir. — Completó otro anciano.
Zyla se heló con la inesperada noticia y cerró los puños con fuerza. El sudor frío comenzó a cubrir su frente y un escalofrío le recorrió toda la espalda. Como dijo no era nada ético. La vida de sus estudiantes corría peligro. Procesó la información con dificultad, sus pensamientos y emociones entraban en conflicto.
Por un lado, para ella no había nada más sagrado que un lazo existente entre alfa y omega. Por el otro, estaba en juego la vida de dos chicos que no tuvieron la culpa de tener un destino no correspondido y ser rechazados. Al no haber respuesta alguna de parte de la directora, otro anciano decidió completar la información de su compañero, empeorando incluso la situación.
—Las muertes deben ser a manos de sus respectivos destinados. Es decir, la alfa deberá acabar con la vida de su omega destinado, para lo cual no tendría dificultad alguna al ser por obvias razones más fuerte. Pero por otro lado... para la omega será más costoso, si no es que imposible acabar el alfa.
—Pero deberán hacer el sacrificio bajo el manto de la luna y esperar por su perdón.
—Es completamente necesario comunicarles la noticia cuanto antes para que puedan tomar una decisión. — El tono del sabio se volvió más firme, la decisión era solo de ellas. —Bajo nuestras leyes no habrá consecuencias si eligen hacerlo, ya que se interpretará como batalla por reclamo de pareja. Pero estamos seguros que esa decisión marcará sus vidas para siempre.
Zyla no podía emitir una sola palabra. Se encontraba en trance. Al buscar respuestas, jamás imaginó que la solución sería tan desgarradora. Era consciente de que tenía que comunicarle a sus alumnas lo que debían hacer, pero simplemente no podía aceptar la muerte de otros estudiantes.
Agradeció por la información y, aún pensativa, salió lentamente del lugar para regresar a la academia.
——————
La noche transcurrió con calma, la joven heredera ya se encontraba completamente recuperada, pero el brillo de su marca aún no cesaba e iluminaba con su tenue luz la habitación. Por otro lado, Erza se encontraba descansando en la cama de la enfermería. Sus heridas se iban recuperándose lentamente, gotas de sudor caían de su frente y su cuerpo comenzó a temblar.
Se levantó de la cama rápidamente al percatarse del dolor de su alfa y fue junto a ella. Agarró su mano con firmeza, lista para compartir su dolor como horas antes en el patio. Pero no sintió nada, nuevamente la conexión se había perdido causándole angustia y temor.
Empezó a desesperarse porque no podía ayudarla y, por más dolor que sintiera, la alfa no era capaz de abrir sus ojos. Sin poder hacer nada más, la abrazó impidiendo que se mueva y gritó por ayuda.
La enfermera llegó corriendo tras escuchar el llamado. Se dirigió hacia la alfa y le colocó calmantes. Su cuerpo se relajó y ambas esperaban que para el día siguiente las heridas de la alfa se hubieran curado por completo.
Lyssandra regresó a su cama, observando la pacífica respiración de su alfa. Algo dentro de ella le decía que debían encontrar una solución rápido para liberarse de aquel castigo. No podría soportar verla sufrir sin poder compartir su dolor. Su loba se encontraba inquieta por verla tan herida, quería estar junto a ella, brindándole su calor, pero se contenía ya que debía dejarla descansar para que pudiera recuperarse.
Mientras tanto, en las afueras de la enfermería, se encontraba Edmund observando por las ventanas exteriores a su alfa herida por causa de una omega que no era él. Su rabia podía sentirse en el aire. Por ser un patético omega miedoso y nada interesante había causado su propio rechazo. Se maldecía una y mil veces por haber espantado a su destinada, aunque en el fondo, sentía que podía revertirlo y unirse a su alfa sea como sea. Le demostraría que estaba equivocada eligiendo a esa omega por encima de él.
Tal vez alejarse por un tiempo sería buena idea. Seguir los pasos del alfa y buscar alguna forma de debilitar o romper el lazo de las chicas sería lo ideal. La miró por última vez, luego pasó su vista a la omega frunciendo el ceño dejando escapar un bufido y desapareció por la oscuridad del pasillo.
Después de esa noche, los rastros de Ryker y Edmund habían desaparecido.
——————
La mañana llegó y con esto una rubia despertaba con energía renovada observando a su alrededor, buscando con la mirada a su omega sin éxito alguno. Sus heridas ya habían sanado, dejando nuevas cicatrices que permanecerían en su cuerpo debido a la brutal pelea con otro alfa. Apoyó sus codos en la cama, deslizándose más a la cabecera para poder estirarse respaldando la mitad de su cuerpo en esta.
Lyssandra entró a la habitación trayendo consigo el desayuno de la cafetería. Se dirigió a su pareja y le entregó un par de emparedados y café. Se sentó a su lado y comenzaron a comer. Al acabar, la enfermera las revisaría para asegurarse de que todo estuviera bien y las enviaría a su habitación.
Por otro lado la directora, aún pensativa, ya había llegado a la academia. Aún no había encontrado la manera de contarles aquella solución, pero tampoco podía callarlo más tiempo.
Estaban en su derecho de saber lo que les pasaría en los próximos días. Se dirigió a su despacho para tratar de calmarse, debía ser lo más neutral posible para poder comunicarles la noticia.
——————
Ambas lobas ya se encontraban en su habitación, Lyssandra se dirigió automáticamente a su cama para descansar un poco luego de pasar la noche velando por su alfa. Por otra parte, Erza se dirigió a darse un baño, había dormido durante horas y aún se encontraba exhausta.
Los minutos pasaban y en la habitación solo se escuchaba el sonido del agua cayendo por la regadera y la pacífica respiración de la omega dormida. Pero no pasó mucho tiempo de eso cuando despertó de golpe, asustada. Los acontecimientos de la noche anterior la estaban afectando, quería volver a sentir todo vínculo con su alfa, y su loba andaba decaída por la desconexión de la marca.
Las sensaciones compartidas habían desaparecido desde hace horas y el brillo de la marca no disminuía. Frustrada, dirigió su mano hacia la herida recién hecha. Pasó delicadamente sus dedos por encima de esta, sintiendo las hendiduras de los colmillos, sin poder creer que después de tantos años, finalmente había formado un lazo por voluntad propia cuando siempre juró no querer un alfa en su vida.
Sus pensamientos fueron interrumpidos al escuchar su nombre.
—Lyss... — La llamó saliendo de la ducha, vestida solo con una camiseta larga. —¿Quieres salir más tarde por los alrededores?
—¿Otra cita? — Se dirigió a ella, levantando una ceja burlonamente, intentando disimular la inquietud que sentía por su marca.
—Solo si tú lo deseas, omega mía. — Respondió con una sonrisa ladina, provocándola.
Se acercó a su omega, quien se dirigía hacia su escritorio, abrazándola por detrás posesivamente y apoyando su mentón en el hombro donde no tenía la marca.
Las sensaciones compartidas por el vínculo regresaron, la marca se volvió a activar y su loba comenzó a revolotear al sentir el calor de su alfa tras ella.
Volvía a sentir lo mismo que su alfa, volvían a estar conectadas.
La rubia aspiraba en el cuello de la omega, embriagándose de su aroma y depositando pequeños besos por la zona. Podía sentir cómo iba cediendo ante sus pequeñas muestras de cariño, relajándose al sentir el tacto de una de sus manos que recorría lentamente su cuerpo hasta llegar a su cintura.
—Erza... controla tus feromonas... —susurró, completamente perdida entre sus brazos.
—Pero... me gusta estar así contigo. — Indicó, procediendo a seguir con su camino de besos, subiendo hasta su rostro y llegando hasta el lóbulo de su oreja, mordiéndolo y haciéndole escapar un ligero gemido. —Me gusta este nuevo lado tuyo, tan sumisa, solo para mí.
El agarre de la rubia se fue deshaciendo, permitiéndole a Lyssandra darse la vuelta y abrazar con cariño a su alfa, dejándose llevar por el instinto de su loba. Su rostro se dirigió en búsqueda de su compañera, acercándose lentamente a sus labios, deseosos de probar nuevamente esa dulzura de la alfa que tanto bien le hacía aunque no quisiera admitirlo en voz alta.
Erza rompió la distancia que la separaba de sus labios, inclinándose hacia un costado para moverlos libremente y saborear a su omega. Sus manos regresaron a la cintura de la más baja, atrayéndola más a ella con delicadeza y posesividad, como si aquel ser frente a ella fuera a romperse en cualquier momento.
Las manos de la omega instintivamente subieron al cuello de la alfa, sin romper aquel beso que las tenía hipnotizadas, liberando sus feromonas y mezclando sus aromas. Dejándose llevar por sus lobos que andaban ansiosos por avanzar con su vínculo.
Empezó a retroceder hacia su lado de la habitación sin soltar su agarre de la omega, mientras sus besos iban intensificándose, introduciendo su lengua agresivamente, demostrando su dominio y posesión. Sus manos recorrían con urgencia la espalda de su pareja de arriba a abajo, explorando su cuerpo.
Sin calcular hasta dónde debía retroceder, tropezó con su cama, haciendo que ambas cayeran sobre esta, pero en ningún momento sus labios se separaron y sus manos seguían explorándose.
Fue entonces cuando Lyssandra separó sus labios y se acomodó más en la cama, colocando sus piernas alrededor de la alfa, volviendo a besarla. Estaban tan extasiadas y en su mundo, que no sintieron cuando la puerta fue abierta por la directora encontrándolas en el acto.
—Ejem... señoritas. — Se aclaró la garganta, presenciando tal escena.
Ambas se separaron de golpe y se pararon mirando hacia el piso, con sus rostros avergonzados de solo pensar que podría estar imaginando la directora.
—Vengo a darles una noticia. — Procedió, dejando pasar el vergonzoso momento, lo que venía a decirles era más importante. —Como le dije el día de ayer señorita Velkam, saldría en busca de respuestas para lo que les sucedió ayer. Efectivamente, la Luna las está castigando por desobedecer sus deseos y rechazar a sus destinados.
Ambas subieron la mirada hacia la directora, curiosas por saber qué era lo que les pasaría por elegirse.
—Primero les mencionaré el castigo que la Luna les impuso. Al ustedes haber creado un lazo impuro a través de su marca estando destinadas a otros lobos, deberán soportar algunas consecuencias que fueron registradas años atrás. — Dejó escapar un pequeño suspiro para continuar. —Señorita Velkam, será la más afectada en esto, le sugiero que se siente.
Se dirigió hacia su cama, siendo acompañada por su alfa, quien pasó su mano por su cintura en señal de apoyo.
La directora ignoró la muestra de cariño, tomó el asiento del escritorio y lo dirigió hacia donde se encontraban las chicas, sentándose en él para estar a su altura.
—Lo primero es para ambas. Cada noche a cualquier hora, un dolor las recorrerá de pies a cabeza, no será como el dolor que sintieron ayer, pero sí será muy fuerte y no podrán evitarlo. Deberán ser el apoyo de la otra para poder soportarlo. — Desvió su mirada a la omega y continuó. —Usted, al ser la omega y llevar la marca, lo normal es que pueda ser capaz de sentir las emociones y el vínculo con su alfa. Pero al igual que el dolor, van a haber momentos de bloqueo en los cuales poco a poco comenzaras a sentir angustia y melancolía por no poder sentirla, incluso cuando estés a su lado, y posiblemente habrá un momento donde perderás tu marca.
Ambas jóvenes se miraron tras escuchar eso. Erza y su lobo no podían estar más devastados. El saber que su marca podía desaparecer en cualquier momento no era algo fácil de asimilar, quería dejar a su lobo salir y expresar su molestia, pero debía mantener la calma y seguir escuchando lo que la directora había averiguado. Aun así no fue capaz de ocultar su amargo aroma.
—Señorita Velkam, su derecho a enlobarse por ser marcada por un alfa te será negado. Es decir que bajo ninguna circunstancia podrás enlobarte.
La omega apretó la mano de su novia. Si bien no era del todo su deseo el enlobarse, ahora no tendría la oportunidad de hacerlo. Sentía que le quitaban cada vez más su libertad. Primero un destino el cual ella nunca pidió y rechazaba totalmente y ahora le privaban su transformación. Y aún podía ver en su mirada que no había mencionado lo peor.
—Y bueno... si alguna vez hablaron o pensaron en formar una nueva manada... — Esta vez dirigió la vista a ambas.
Al ser Erza una alfa, tenía la capacidad de embarazar. Un alfa, ya sea macho o hembra podía dejar descendencia a su omega en los ciclos de celo de ambos.
—La Luna también les quitará el derecho de procreación mientras estén enlazadas.
Instintivamente la omega gruñó. Su loba aullaba de dolor y rasgaba su pecho con tristeza y desesperación, no sería capaz de darle cachorros a su alfa. No era que quisiera tener cachorros en este preciso momento, pero sí se lo había planteado ahora que había encontrado una alfa que realmente se ganó su corazón. Su capacidad de procrear junto a su alfa había sido arrebatada.
Las lágrimas comenzaron a salir de aquellos ojos dorados de repente. Erza la acercó más hacia ella intentando consolarla. Su lobo también se retorcía por dentro, se encontraba furioso con la Diosa por no dejarlas amarse libremente y castigarlas sin descendencia. Pero debía mantenerse fuerte por ella. Era en estos momentos cuando el alfa debía demostrar seguridad y protección hacia su manada, no podía mostrar debilidad alguna por más que estuviera muriéndose por dentro.
No pudo más con la pena de su omega, desvió su vista hacia la directora, encontrando que ella aún tenía más que decir. ¿Qué más les arrebataría la Luna?
—Directora, ¿hay alguna forma de liberarnos del castigo? —preguntó rechinando sus colmillos
—De hecho, si, la hay. — Con pesar, empezó a relatar lo que había averiguado. —Los ancianos me dieron una posible solución. No estoy muy de acuerdo con esta, pero es decisión de ustedes si lo harán. — Suspiró fuertemente para continuar. —Cada una deberá acabar con la vida de su respectivo destinado. Esto debe ocurrir bajo el manto de la luna llena para que puedan mostrarles su sacrificio y puedan ser perdonadas. Si la Luna los acepta, recibirán su perdón y todos los castigos se borrarán automáticamente.
Silencio. Era demasiada información para procesar. No solo debían soportar el hecho de haber sido destinadas y su castigo por rechazarlo. Ahora deberían convertirse en asesinas para poder estar tranquilas por haberse elegido.
—Esta decisión será solo de ustedes. Recuerden que no es algo que se deba tomar a la ligera. — Decidió no comunicar que estarían libres de pecado por las leyes de los lobos, aun en el fondo, no le parecía que fuera lo ideal. —Entiendo que es algo que deben procesar en pareja, las dejo.
Sin más, se levantó dejando a la joven pareja impactada con aquellas noticias que se les acababa de brindar. Erza estaba segura de poder acabar con Edmund sin dificultad, pero no se imaginaba cómo podría su pequeña omega enfrentarse a la bestia de Ryker cuando incluso ella, que era superior a él, acabó bien herida.
En el silencio de la habitación, ambas amantes procesaban el rumbo que su relación deberá tomar para poder vivir tranquilas.
Esperar que los castigos de la Luna puedan ser soportables aun sin la oportunidad de tener una manada propia y correr el riesgo de perder su marca, o terminar acabando con la vida de sus destinados.
Una decisión que, sin saberlo, cada día sería más difícil poder tomar, ya que ellos ya no se encontraban en la academia. Cada uno había tomado caminos diferentes, y si realmente elegían esa opción, el tiempo comenzaba a correr y deberían apresurarse en recuperar su libertad.
Aún no hay comentarios
Inicia la conversación sobre esta publicación.