Capítulo 2 de 13
Amelie
El ruido de las calles se quedo atrás, reemplazado por el sepulcral silencio de la casa de Amelie. Un silencio que asfixiaba, que pesaba.
Amelie dejo las llaves en la mesa sintiendo el cansancio acumulado en cada fibra de su ser.
Sus hijos... Ian (el mayor de 10 años) estaba viendo el televisor, mientras tanto, Liam (el peque de un añito) dormía la siesta mientras su padre lo mesia en la carriola.
Sus hijos eran su mundo; la razón por la cual seguía atrapada en esa jaula, y no de oro precisamente.
Amelie se dejó caer de espaldas sobre la cama, sintiendo el cómodo colchón sobre su espalda.
— ¿ Cómo te fue mami? — pregunto Ian, corriendo a su lado para abrazarla.
— Bien mi amor, un poco cansada — le contesto, mientras le correspondía el abrazo a su hijo, un poco más fuerte mientras le daba un beso en su frente.
Ian le dio otro abrazo más fuerte, se levantó y se fue a seguir viendo la televisión, dejando sola, mientras Amelie se perdía en sus pensamientos.
El techo de su habitación se convirtió en el único testigo de su derrota, de su cansancio.
Ella cerró sus ojos, pero la imagen de aquel hombre regreso.
— ¿Quién eres? — susurro al aire, rompiendo el silencio mientras se quitaba sus tenis para descansar.
Su voz salió rota, cargada de una fatiga que no debía pertenecerle, o tal vez si.
— ¿Cómo un completo desconocido pudo haberme sacudido tanto? — se pregunto Amelie mientras se entrelazaban sus dedos sobre su estómago. — Es estúpido —.
— Que tontería. Alguien como él; alguien tan atractivo y con esa presencia, nunca, nunca se fijaría en alguien como yo —. Se trataba de convencerse a sí misma intentando sacarlo de su cabeza.
Pero no podía.
Amelie recuerda su reflejo tras el espejo: sus curvas, rollitos, su cabello rojo que a veces sentía como lo único diferente del gris que se volvió su existencia.
Pero eso no importaba ya.
Ella ya no estaba para juegos, ni romances, mucho menos para que alguien se fijara en ella.
— Estúpida, qué haces fantaseando — se recriminó internamente. — Tienes una responsabilidad, y estás atada.
Las lágrimas estaban por salir, pero no se lo permitió. Ella estaba agotada, demasiado como para permitirse llorar. Su matrimonio hace mucho que era como un cadáver, un lugar vacío donde solo quedaban las obligaciones y sus sueños rotos.
¿ Cómo iba a salir de ahí?
No tenía a nadie, no podía conseguir un trabajo, no tenía ningún apoyo, mucho menos un lugar donde podía llegar con sus hijos y pedir ayuda.
Amelie giro de lado abrazada a la almohada. Sentía el peso de saber que estaba renunciando a ella misma día tras día.
— Estoy rendida - murmuró, y está vez las lágrimas salieron. — Estoy tan cansada —. Mañana será otro día igual, otro día fingiendo que estoy bien. ¿ Por qué tenías que aparecer ?, ¿ Por qué me miraste así ?, Y , ¿ Por qué mierda tenía que sonreírte?.
La noche transcurre silenciosa, pesada, punzante. Amelie, una vez más no podía dormir, Ian dormía en su cuarto junto con su papá, y ella dormía con el pequeño Liam. Cada uno en un cuarto diferente.
— ¿Por qué fui tan tonta? — se recriminó a sí misma, mientras apretaba sus ojos con fuerza mientras la culpa se apoderaba de ella. — ¿Por qué regrese?, ¿Por qué le creí a Sergio? —.
Las promesas vacías volvieron a su mente, como un eco doloroso.
Le había prometido que las cosas serían diferentes, que saldrían adelante, que buscaría mejorar; y ella en un momento de vulnerabilidad, falsas esperanzas, le creyó.
Estaba atrapada con un hombre conformista, un hombre que no quiere superarse, al igual que su familia y Sergio no cambiaría de trabajo mucho menosejorar.su situación.
Pero lo peor era que Sergio lo hacía a propósito, con ligero control de que Amelie no trabaje, que no tenga dependencia, y lo peor, que no tenga a dónde huir.
— Estoy sola — se dijo a sí misma, con una sinceridad brutal, sintiendo como las lágrimas quemaban sus ojos y mordía la almohada para ahogar su llanto para no ser escuchada. — absolutamente sola —.
Esa dependencia económica es la cadena más pesada que lleva atada al cuello, y Sergio lo sabe, por eso se mantiene indiferente, sabiendo que ella no tiene a dónde ir.
Amelie se encogió más sobre la cama, sintiendo cómo su vida estába estancada y sin salida.
Y Amelie lloro, lloro hasta que se quedó completamente dormida debido al cansancio.
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