Capítulo 1 de 13
La tarde era ensordecedora; el estruendo de los motores acelerando, las conversaciones mezcladas de las personas, los golpeteos de las pisadas que la gente hacia al caminar.
Era hora pico en el centro de la ciudad, un torrente humano donde cada uno tenía prisa, mirando los celulares, cada persona pérdida en sus pensamientos; como Amelie cuya mente era un completo caos.
Adrián Valmont no era ajeno a ese caos. Él con su imponente presencia no pasaba desapercibido para nadie,
de apariencia salvaje y atractiva, con cabello largo y oscuro, una ligera barba y una estructura facial fuerte,Sus ojos son de un tono marrón claro - ámbar -, su mirada intensa y seria no solía perderse en distracciones innecesarias.
Pero en ese instante fue, sin duda, diferente.
El choque fue un accidente puro,un movimiento torpe entre tanta gente, un paso mal calculado.
De pronto ambos quedaron paralizados, cara a cara.
— ¡Lo siento muchísimo! — exclamó Amelie, su voz le salió un poco más aguda de lo que hubiera querido por el susto. Se apresuró a dar un paso atrás, sintiendo sus mejillas arder.
Adrian por su parte, iba a responder con una simple disculpa automática, un simple "no se preocupe". Pero, las palabras se le atascaron en la garganta.
No era solo su apariencia, aunque sus detalles físicos rompían con su estándar habitual: su cabello corto undercut bob rojo vibrante, le daba un aire atrevido y diferente a las mujeres que solían estar a su alrededor por interés y/o por su apellido.
No, lo que realmente llamó la atención fue la reacción de ella. No coqueteó con él, no reconoció al CEO de uno de los más prestigiosos inmobiliarios más importantes del país. Para ella, él era simplemente un hombre alto – y muy grande – con quien acababa de chocar.
Los ojos de Adrián, agudos e inquisitivos, recorrieron detalles que nadie más se tomaría el tiempo de notar: la seguridad que había detrás de cierta timidez, la forma exquisita de su cuerpo llena de curvas y rollitos. Alzó la vista para encontrarse con su rostro; mejillas redonditas, resaltaban esos grandes ojos cafés oscuros, labios jugosos con dos perforaciones negras.
Pero lo que más llamó su atención fue la naturalidad con la que ella se movía, esa falta de pretensión en cada gesto que ella hacía.
— No pasa nada — logró decir Adrián finalmente, su voz grave y tranquila, sonó mucho más suave de lo que su presencia sugería. — El descuido es mutuo —.
Pero ella ya se estaba alejando, perdiéndose entre la gente.
Adrián se quedó plantado allí, estorbando en medio de la banqueta.
Siguió su figura con la mirada de entre la multitud, sin entender porque aquel encuentro, tan simple, había conseguido romper su concentración.
Hacia dos años que no se permitía que nadie, absolutamente nadie, despertara el más mínimo interés – o su curiosidad – de esa manera.
Pero entonces, ocurrió algo inesperado.
Después de caminar pocos metros, ella se detuvo.
Adrián pensó que simplemente continuaría su camino, que se perdería entre la gente.
Pero no fue así. Ella se giró lentamente para buscarlo entre la gente.
Sus miradas se encontraron de nuevo, a pesar de la poca distancia. Fue como si un interruptor se hubiera prendido. Por un instante el ruido de la calle parecía desaparecer, silenciado por la intensidad de ese contacto.
Ella le regaló una pequeña y sencilla sonrisa, espontánea, de esas que no piden nada a cambio.
Después de esa naturalidad se dio vuelta y desapareció definitivamente entre las personas.
Adrián seguía sin moverse, esos segundos los sintió interminables. Aquello no era simplemente normal para él.
Ese gesto, esa mirada, esa sonrisa; se quedaron grabados definitivamente en su memoria. Adrián frunció el ceño, intentando descifrar por qué ella logro llamar su atención de esa manera.
« No sabe quién soy »... – pensó él, intrigado y confundido.
Y esa idea permanecía rebotando en su cabeza con una mezcla de incredulidad y fascinación.
Durante años, él era ' Adrián Valmont Reyes ', el CEO, fundador de Valmont Group, cuyo apellido podría abrir puertas y cerrar contratos sin ningún problema.
Pero ella no sabía nada de eso. Simplemente había chocado con él, se disculpó con verdadera pena y sin esperar nada a cambio, ella simplemente se volteó únicamente para verlo y regalarle una tierna y sincera sonrisa.
Adrián bajó la mirada, soltando una exhalación y una risa casi silenciosa e incrédula dirigida para si mismo.
— ¿ Qué demonios fue eso? — se preguntó.
Se pasó una mano por su cabello con un gesto inusualmente nervioso y molesto consigo mismo por algo tan mínimo; – una desconocida de cabello teñido de rojo y curvas pronunciadas con un estilo único – tan lejos del estándar de pasarela que él veía a diario. Le resultaba tan ajena como fascinante.
Después de su largo y doloroso divorcio, Adrián construyó una barrera infranqueable alrededor de su vida, y él, fríamente decidió que, abrir su corazón para confiar en alguien era una debilidad en la que juró no volver a caer.
Pero ella; aquella mujer desconocida, simplemente había aparecido como una ráfaga de color en su mundo completamente gris, solo bastó chocar con él y regalarle una sonrisa.
Adrián volvió la mirada por donde ella se fue, con una ligera esperanza y una pequeña resignación, intentando inútilmente verla de nuevo.
— Ni siquiera se tú nombre — se habló así mismo resignándose, — ¿ Quién eres?.
El hecho de no saber nada de ella, ni siquiera su nombre, debería ser suficientes motivos para restarle importancia.
Pero no lo fue.
No funcionó.
Y por primera vez en mucho tiempo, Adrián sintió una punzada de curiosidad única por alguien, aunque no sabía nada de ella; ni su nombre, ni su historia, ni sus problemas, ni su vida, nada.
— me recuerdas a las pequeñas cerezas — dijo sonriendo para sí mismo, y entonces ocurrió. — Cherry, mi pequeña Cherry —.
A partir de ese momento,solo podía llamarla ' Cherry ', ' mi pequeña Cherry'.
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